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19 de diciembre de 2001


Tribuna de opini�n

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MABEL GIAMMATTEO:
El aprendizaje l�xico necesita de un contexto

(Segunda parte) � Primera parte

El l�xico es fundamental para articular el aprendizaje superior
La interfaz l�xica en el sistema de la lengua
La realidad de la palabra es su uso en los textos
Las  estrategias de los estudiantes y la paradoja de la flexibilidad
La lectura interactiva puede ayudar a la desautomatizaci�n

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El l�xico es fundamental para articular el aprendizaje superior

Si partimos de la consideraci�n de que un buen aprendizaje apunta a expandir constantemente el conocimiento, puede pensarse que el vocabulario constituye el elemento primario del que depende este proceso.

Es el orden material sobre el que se construyen los mecanismos de la comunicaci�n, que son los que permiten hacer comunes las ideas o pensamientos. Por lo tanto, de su amplitud o precisi�n depender�, sin duda, el grado de efectividad que se alcance en la transmisi�n, hasta lograr el poder comunicativo requerido en la comunicaci�n acad�mica, lo que se ir� haciendo posible a trav�s de la integraci�n de terminolog�as cada vez m�s especializadas.

Por esto mismo, realizar una propuesta relativa al vocabulario no significa separarlo de su contexto m�s que con fines operativos, ya que es precisamente all� donde encuentra su significaci�n y su utilidad.

En el nivel universitario, el l�xico tiene una funci�n fundamental como herramienta para articular el aprendizaje superior. Se diferencia del l�xico coloquial cotidiano, que tolera mayor imprecisi�n y amplitud sem�ntica, mientras que el acad�mico-cient�fico exige un alto rigor en su expresi�n y presenta caracter�sticas espec�ficas dentro de cada disciplina.

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A la vez, tanto para comprender como para producir los diferentes tipos de texto que demanda esta actividad, es necesario poseer una competencia m�nima que posibilite acceder a un discurso racional, abstracto e intelectual sobre el que puedan integrarse paulatinamente las terminolog�as especializadas que permiten expandir los conocimientos.

Por otro lado, resulta fundamental reconocer que el �xito de la comunicaci�n t�cnica depende no s�lo de acceder a un significado, sino tambi�n de saber organizarlo en funci�n de otros conocimientos adquiridos, relacionarlo y aplicarlo seg�n las exigencias contextuales y textuales

Preocuparse por la necesidad de un manejo claro y preciso de este tipo de l�xico, es reconocer una cierta restricci�n de uso en funci�n de una situaci�n comunicativa espec�fica. De hecho, el registro acad�mico impone determinadas coerciones tanto en el uso de t�rminos generales y disciplinares como en la recepci�n y producci�n de sus textos.

Antes de presentar los lineamientos b�sicos sobre los que orientar una did�ctica del l�xico y plantear los aspectos generales relativos a la capacitaci�n, creemos necesario introducir algunos de los supuestos b�sicos que nos han permitido delinear una caracterizaci�n del aprendizaje l�xico, de su funcionamiento y modalidades de incorporaci�n, as� como tambi�n presentar algunas hip�tesis y conclusiones surgidas en el desarrollo de nuestro propia investigaci�n. 

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Los supuestos sobre los que se asienta la propuesta son los siguientes(1):

1)   El l�xico resulta del entrecruzamiento sistem�tico de diferentes niveles de representaci�n de la lengua  -fonol�gico, morfol�gico, sem�ntico-  de los que, sin embargo, se diferencia porque su posibilidad de crecimiento es continua y potencialmente infinita. Por otra parte, su incorporaci�n se produce tanto incidentalmente como mediante instrucci�n;

2)   Se reconoce una fuerte interrelaci�n entre l�xico y comprensi�n, y una estrecha dependencia de ambos respecto del conocimiento de mundo, por lo que el aprendizaje del l�xico, sobre todo cuando es espec�fico, depende del conocimiento de la organizaci�n conceptual en la que los t�rminos se incluyen;

3)   Existen grados de dominio l�xico, de los cuales destacamos, principalmente, el de manejo instrumental, que es el soporte de la funci�n comunicativa, y el de dominio cognitivo, relacionado con la funci�n representativa; en consecuencia, la funci�n de la instrucci�n vocabular implica un pasaje a trav�s de diferentes niveles hasta lograr un manejo �ptimo.

4)    La instrucci�n vocabular es necesaria, aun en etapas avanzadas de los estudios, a fin de:
a) facilitar la incorporaci�n de nuevos significados espec�ficos para t�rminos ya conocidos, y b) posibilitar una efectiva incorporaci�n de nuevos t�rminos a trav�s de su integraci�n en esquemas l�xico-conceptuales.

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La interfaz l�xica en el sistema de la lengua

Como sostiene Jackendoff (1997: 109) �Para producir la ilimitada variedad de oraciones posibles en una lengua, el usuario del lenguaje debe tener en la memoria a largo plazo no s�lo las reglas de combinaci�n sino tambi�n algo para combinarlas�. Ese �algo para combinar� no es otra cosa que las palabras, las cuales, seg�n hemos visto, constituyen �triples� que establecen correspondencias entre los niveles fonol�gico, sint�ctico y conceptual de la lengua. Si adherimos al planteo de Jackendoff en cuanto a que los tres niveles de estructura tienen igual centralidad para la gram�tica (1990: 19), aprender una lengua no s�lo implica la adquisici�n de principios sint�cticos para producir oraciones bien formadas, sino tambi�n la incorporaci�n de principios para construir conceptos lexicales. Es decir, de las reglas propias de las estructuras fonol�gica, morfosint�ctica y sem�ntico que posibilitan que un contenido conceptual pueda manifestarse en la lengua. El conocimiento de las partes significativas de una palabra, que integran su significado l�xico interno o inherente �ra�ces y elementos de derivaci�n� y externo o de relaci�n �elementos flexionales�, permite su conexi�n con las otras con las que conforma una estructura mayor transmisora de un contenido conceptual global m�s amplio. 

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La realidad de la palabra es su uso en los textos

Si bien, entonces, como ya hemos planteado, la palabra es el producto de la interrelaci�n entre diferentes niveles de representaci�n ling��stica, aislada y considerada en s� misma, no es m�s que una abstracci�n, es decir, el resultado del an�lisis efectuado por el ling�ista.

La realidad de la palabra es su uso en los textos, lugar desde donde genera complejos procesos de comprensi�n, los cuales, en gran medida dependen del conocimiento del mundo. Cuanto menos familiares y m�s alejados sean los conceptos que las palabras transmitan, mayor elaboraci�n ser� necesaria para su interpretaci�n.

En esta perspectiva, los estudios superio�res suponen acceder a nuevas estructuras conceptua�les por medio de vocabularios especializados. Y, aunque dominar un vocabulario especializado no garantice tener internalizadas las estructuras conceptua�les de una disciplina, dif�cilmente podr� considerarse especialista quien no maneje el aparato l�xico con que se denominan sus conceptos.

Aunque, por lo general, la ense�anza superior persigue ambos fines; sin embargo los estudian�tes muchas veces tienen dificultades en la comprensi�n de nuevas �reas tem�ticas porque no poseen el marco conceptual en el que insertar las nuevas piezas l�xicas. De este modo el  vocabulario aprendido permanece aislado y no constituye, como dir�an Drum y Konopak (1987: 78), �una red nodal apoyada sobre una estructura�.

En consecuencia, dada la estrecha relaci�n entre comprensi�n, producci�n y conocimiento de mundo, as� como ninguna incorporaci�n de vocabulario se produce a partir de �tems aislados o descontextualizados, tampoco puede resultar efectiva cuando los nuevos conocimientos no se insertan en una red conceptual m�s amplia, de modo que puedan conectarse con los saberes y experiencias previas de los estudiantes.

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Existen distintas posturas acerca del aprendizaje del significado de las palabras, que podemos condensar en tres corrientes principales:

- Algunos autores que se ocupan especialmente de per�odos iniciales de la ense�anza y toman como objetivo principal el recuerdo de vocabulario, consideran que aprender el significado de las palabras implica tanto apelar a procedimientos mnem�nicos, como al contexto discursivo.

- Otros, cuyo inter�s por el aprendizaje de vocabulario est� en funci�n de la comprensi�n

lectora, sostienen que la mayor parte del l�xico se aprende fundamentalmente a partir del contexto.

- Una tercera l�nea, emparentada con la anterior, pero con intereses m�s generales, est� formada por autores que, junto con la funci�n del contexto discursivo, destacan tambi�n la del contexto social.

Desde la perspectiva que nos ocupa, el aprendizaje de t�rminos espec�ficos o generales utilizados con sentidos especializados en las distintas disciplinas acad�micas, sobre todo en los inicios de los estudios superiores, �cu�l creemos que debe ser el enfoque?

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Un acercamiento puramente memor�stico, sin duda no es el adecuado. Pero, por otra parte, tambi�n la funci�n del contexto social se presenta muy reducida en relaci�n con t�rminos que fundamentalmente ingresan por la v�a acad�mica a trav�s de lecturas bibliogr�ficas o exposiciones docentes.

Si bien, entonces, recordar lo aprendido es necesario, apelar exclusivamente a procedimientos de base mnem�nica puede considerarse un desprop�sito y  sin embargo, gran parte de la rutina propia de los estudios consiste en enfrentarse a la doble necesidad ya enunciada a fin de lograr incorporar nuevos t�rminos especializados y tambi�n adquirir nuevos significados para otros ya conocidos, que muchas veces pertenecen a un doble registro: general y t�cnico.

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Las  estrategias de los estudiantes y la paradoja de la flexibilidad

En el desarrollo de la investigaci�n, el an�lisis de las respuestas fallidas (2) nos llev� a plantear algunas hip�tesis explicativas que dieran cuenta de c�mo enfrentan los estudiantes las tareas relacionadas con el l�xico.

Como ya vimos, las pruebas de completamiento revelaron que los estudiantes se inclinan al recuerdo de �tems aprendidos, ya que al buscar en su l�xico mental tienden a aplicar estrate�gias inferenciales de tipo conceptual.

La desventaja de este procedimiento es que cuando el recuerdo no se produce, como no han tenido un entrenamiento previo para inferir del contexto los significados que no conocen, optan por dejar el espacio en blanco.

Otro caso que tambi�n puso en evidencia la desatenci�n por el contexto de muchos estudiantes, surgi� en las pruebas en que los alumnos ten�an que proporcionar un sin�nimo contextualmente adecuado para un �tem dado.

En una de estas pruebas, uno de los lexemas que mostr� un promedio menor aciertos fue depresi�n, que, aunque aparec�a en el contexto �[...] la crisis de 1929 y la gran depresi�n econ�mica que le sucedi� [...]�, tuvo como sin�nimo predominante tristeza, lo que evidencia que muchos alumnos no consideraron el contexto, que apuntaba al significado t�cnico de la palabra como �crisis econ�mica o desactivaci�n� (3).

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De modo semejante, en la encuesta aplicada en el nivel polimodal, el sin�nimo elegido por casi la mitad de los estudiantes para evaluaci�n fue prueba, aunque el contexto de la palabra era: �[el art�culo editorial...] Hace una interpretaci�n y evaluaci�n de hechos ya conocidos, de acuerdo a la orientaci�n ideol�gica del peri�dico�.

�C�mo deben entenderse estas dificultades en estudiantes avanzados? �Puede hablarse de fallas en la comprensi�n lectora? Los ejemplos presentados indican que un buen n�mero de los encuestados, a�n en las etapas finales de la escuela media o en los inicios de la universidad, no hab�a aprendido a aprovechar las �pistas� contextuales.

En principio, estos fallidos se pueden explicar por falta de entrenamiento en una lectura integradora que permita al alumno superar el seguimiento lineal del texto y la interpretaci�n aislada de las palabras, de modo que el significado de cada �tem sea interpretado en funci�n del sentido total del texto.

Por el contrario, los ejemplos mostraron que muchos estudiantes hacen una lectura serial del texto, encuentran depresi�n o evaluaci�n y asocian con el significado que primero han aprendido para esas palabras, que en nuestros ejemplos son, respectivamente, tristeza y prueba. Estos resultados (4) nos llevaron a postular que, a diferencia del �tem textual que se adapta al contexto en el que se inserta, las piezas almacenadas en el l�xico mental no son flexibles.

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Los desaciertos estar�an revelando que para resolver una situaci�n, nuestra tendencia m�s inmediata es apelar al conocimiento adquirido en desmedro de la proyecci�n contextual del �tem.

Pero, �qu� es lo que tenemos almacenado respecto de un �tem l�xico? Lo que la entrada del l�xico mental parece proveernos de inmediato es el significado protot�pico (5) con que el �tem fue almacenado � depresi�n como tristeza y no como desactivaci�n econ�mica, evaluaci�n como prueba y no como estimaci�n �.

En este sentido, varios autores (v. Taylor 1995: 53) han reconocido que el primer significado que se incorpora suele ser el que queda fijado en la mente. Este prototipo asociado a la pieza l�xica desempe�a un papel cognitivo fundamental porque siempre ofrece al hablante un significado adosado a cada pieza l�xica que ha incoporado, de modo que evita esfuerzo y dispersi�n a la mente, permiti�ndole desenvolverse en la vida cotidiana de forma casi autom�tica (Bern�rdez 1999: 312).

No obstante, a la hora de ampliar el vocabulario integrando nuevos significados para t�rminos ya conocidos, el proceso de ense�anza debe romper este automatismo para que el estudiante pueda avanzar hacia la ampliaci�n o especificaci�n de los significados posibles para las distintas unidades l�xicas, que vayan surgiendo en funci�n de los contextos de especialidad con los que vaya poni�ndose en contacto. 

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La lectura interactiva puede ayudar a la desautomatizaci�n

De acuerdo con la hip�tesis propuesta, el camino recorrido por los estudiantes en las pruebas de manipulaci�n l�xica se puede caracterizar de la siguiente manera:

En primer lugar, los estudiantes acuden al repertorio de conceptos que tienen disponible en su l�xico mental y asocian el m�s prominente de ellos con alguna palabra clave o cadena de significantes. Como se ve, la preeminencia de lo conceptual se encuentra vinculada con un mecanismo de recuperaci�n l�xica de base mnem�nica, que tiene que ver con la necesidad de dar una pronta respuesta a la demanda planteada por una prueba o situaci�n determinada.

En segundo lugar, se abren dos caminos alternativos:  a trav�s de su recuerdo, el alumno puede haber dado con la respuesta correcta por lo que queda conforme y ya puede darse por satisfecho; o bien, si descubre un desajuste, tendr� que volver sobre lo hecho y buscar otras posibilidades de respuesta, m�s all� de lo almacenado para el �tem en su repertorio mental.

No obstante, para que este desajuste sea percibido por el alumno, el proceso de aprendizaje debe haberlo dotado previamente de un mecanismo de desautomatizaci�n que, en principio, le permita desconfiar del significado que tiene almacenado cuando no se corresponde con el requerido por el sentido del texto y, consecuentemente, lo impulse a buscar otro m�s adecuado en el lugar que puede proporcion�rselo, que es el contexto en el que funciona la palabra . 

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Para lograr este cometido el alumno tendr� que haber internalizado mecanismos inferenciales que le permitan superar la resistencia a modificar los conocimientos ya establecidos en su mente en forma de significados conocidos y lograr tanto una ampliaci�n como una reducci�n o variaci�n respecto del significado previamente fijado.

En las etapas superiores del conocimiento, ser un buen lector implica estar predispuesto a la desautomatizaci�n y a reaccionar r�pidamente frente a los lexemas discordantes cuyos significados almacenados no concuerdan con el exigido por el contexto.

Desde el punto de vista del proceso de ense�anza-aprendizaje, para que este mecanismo sea eficaz debe resultar tan accesible al estudiante como para que acuda a �l de forma tan inmediata como en nuestra vida cotidiana recurrimos al prototipo conceptual.

En este sentido, el proceso educativo, a lo largo de todos sus ciclos, tiene que encargarse de ir familiarizando al estudiante con procedimientos inferenciales, de distinto grado de complejidad y niveles de abstracci�n crecientes, de modo que pueda ir adquiriendo la destreza que necesita para �descurbrir� un significado a trav�s de las se�ales contextuales.

El punto de partida de su instrucci�n debe ser siempre el texto al que se enfrenta, el cual puede incluir una o varias palabras cuyo significado no conoce.

De este modo, una vez que identifica la palabra (o palabras) cuyo desconocimiento le impide comprender el texto, tendr� que apelar al contexto escrito para entenderla; pero cuando este no sea suficiente, tambi�n tendr� que recurrir al contexto extraling��stico.

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Deber�, entonces, convertirse en un eficaz manipulador de la cara y contracara de una misma realidad: la polisemia, por un lado, y su reducci�n o limitaci�n, por el otro. Para operar deber� tener en cuenta, en primer t�rmino, el significado de la palabra que tiene internalizado, si es que conoce alguno, y si no, se ver� conducido a  recurrir a los datos que le da el contexto.

La pregunta es �qu� se entiende por contexto? Aqu� cabe considerar varias cosas: a) el contexto interno o la morfolog�a de la palabra, que en muchos casos, como pueden ser los derivados abstractos o las palabras formadas con temas cultos, puede ser una pista muy orientadora; b) el contexto externo, en cuanto a las conexiones que la palabra establece sint�ctica y sem�nticamente con otras; c) el significado global o tema del texto; d) el contexto extratextual, o sea, su conocimiento de mundo.

Seg�n hemos visto, los fallidos analizados en nuestras pruebas hallan su explicaci�n completa en la falta de entrenamiento en una lectura integradora que permita superar el seguimiento lineal del texto y la interpretaci�n aislada de las palabras, y en la que el significado de cada �tem sea interpretado en funci�n del todo.

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En suma, no producir una inferencia contextual y dejar el espacio en blanco o no dar con el sin�nimo adecuado al contexto, revelan no s�lo falla de comprensi�n lectora, sino tambi�n no haber adquirido la disposici�n de sujeto activo capaz de interactuar con el texto e interpretar los indicios de todo tipo que �ste provee.

M�s adelante, veremos como una propuesta para el aprendizaje l�xico, debe hacer uso de estos conceptos clave. Ahora veamos un poco m�s en detalle la importancia del l�xico en los textos acad�mico-cient�ficos.

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Notas

1. Estos supuestos se han presentado en Giammatteo, Albano, Trombetta y Ghio (1999)

2. Desde la perspectiva de la configuraci�n del l�xico mental con que se ha trabajado en esta investigaci�n, no hablamos de errores en un sentido estricto, sino de respuestas fallidas.

3. Este ejemplo est� tomado de las pruebas aplicadas por algunos miembros de equipo en el proyecto FEPI 1998 El desarrollo de estrategias de comprensi�n y producci�n de textos expositivos a nivel universitario, realizado en la Facultad de Ciencias Econ�micas de la Universidad Nacional de Lomas de  Zamora. Para los resultados de este proyecto se puede consultar Albano, Ghio, Stern y Hall (1999).

4. Esta hip�tesis se desarrolla en Giammatteo, Albano y Trombetta (2000b)

5.  Kleiber (1995: 47), define prototipo como �el ejemplar m�s id�neo e incluso el mejor caso, el mejor representante o caso central de una categor�a�.


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Mabel Giammatteo es Profesora Adjunta de Gram�tica y Sintaxis en la Facultad de Filosof�a y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

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Este art�culo s�ntetiza los principales resultados de la investigaci�n realizada por el equipo dirigido por Mabel Giammatteo, con la codirecci�n de Hilda Albano, e integrado por Mar�a Basualdo, Paula Bonorino, Mariana Cu�arro, Adalberto Ghio, Patricia Gubitosi, Beatriz Hall, Marta Lescano, Alejandra Parentella, Mar�a In�s Romero y Augusto Trombetta.


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