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5 de diciembre de 2001


Tribuna de opini�n

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MABEL GIAMMATTEO:
El aprendizaje l�xico necesita de un contexto
(Primera parte)

No bastan las palabras, hay que entender el contexto
La palabra es fundamental para que crezca el pensamiento
Desarrollando el l�xico se conoce el mundo
Los universitarios saben menos de l�xico espec�fico
Quienes leen asiduamente comprenden mejor las palabras
El vocabulario se aprende mejor dentro de un texto
Los problemas de comprensi�n comienzan en la escuela
Los estudiantes definen las palabras a trav�s de lo concreto

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No bastan las palabras, hay que entender el contexto

Las palabras con las que nos comunicamos y mediante las cuales aprehendemos los conceptos necesarios para desenvolvernos en el mundo que nos rodea poseen un doble estatus, ya que, seg�n Jakobson (1967: 49): �...est�n ligadas necesariamente con el c�digo por una relaci�n interna y con el mensaje por una relaci�n externa� (1).

As�, por un lado, la lengua, que es una totalidad que se realiza en cada uno de nuestros actos individuales de habla, posee una compleja estructura interna que hace posible transmitir nuestros pensamientos a trav�s de sonidos.

Dentro de esa organizaci�n, actualmente el l�xico se concibe como una interfaz en la que se entrecruzan diferentes niveles, de modo que en todo �tem l�xico se  reconoce �una correspondencia entre fragmentos bien formados de la estructura fonol�gica, sint�ctica y conceptual� (Jackendoff 1990: 18).

Pero, por otra parte, y he aqu� el segundo aspecto a considerar, para dar cuenta de los contenidos que transmiten las palabras no se pueden dejar de lado �los factores pragm�ticos y contextuales que determinan los significados �nicos y espec�ficos de cada pieza l�xica� (Varela 1993: 25).

En consecuencia, quien aprende una lengua no s�lo debe conocer c�mo pronunciar las palabras y comprender su significado, sino que necesita dominar la dimensi�n significativa que �stas adquieren en los contextos en que pueden aparecer.

Cuando se inserta en el texto, cada palabra requiere de otras no s�lo para precisar su significado, sino tambi�n para completar la significaci�n de sus vecinas con las que se relaciona para ir configurando conceptos cada vez m�s complejos.

Por eso, aunque la consideraci�n del l�xico puede partir de la forma, como un medio a trav�s del cual se manifiestan y concretan los aspectos del significado, debe necesariamente proyectarse al texto. 

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La palabra es fundamental para que crezca el pensamiento

Un concepto central para la ling��stica actual es que el hablante (2) posee (si bien de modo no consciente o subliminal) un conocimiento internalizado de su lengua, denominado competencia, que le permite primero adquirirla y luego comprender y producir seg�n sus reglas, si bien �sta debe estar suplementada por una competencia pragm�tica que atienda a los distintos contextos de uso.

Por otra parte, adem�s de esa competencia, que podr�amos llamar general, existen competencias particulares, relativas a distintas esferas de la actividad ling��stica: fonol�gica, sint�ctica, etc.

Desde esta perspectiva, la competencia l�xica representa el conocimiento de la estructura y funcionamiento del sistema l�xico de la lengua, en funci�n de la cual �ste, sujeto a las consideraciones pragm�ticas pertinentes, puede ser eficazmente utilizado por los hablantes.

En la investigaci�n que hemos realizado hemos buscado poner en relaci�n esta competencia, no con la etapa de adquisici�n propia de la infancia, sino con el proceso continuo de su desarrollo, producto del aprendizaje a trav�s de la educaci�n sistem�tica, especialmente tal como se da en los ciclos superiores de la ense�anza.

En estos niveles, como la mayor�a de los estudiosos est� de acuerdo en aceptar (Piaget 1983, Luria 1984, Vigotsky 1992), resulta sobremanera manifiesto que la palabra no es s�lo un correlato externo del pensamiento, sino una herramienta fundamental para su crecimiento.

Por lo tanto, si bien un manejo eficiente del l�xico es necesario en todas las etapas de aprendizaje, las m�s avanzadas, relacionadas con los procesos superiores de conocimiento, exigen a los estudiantes tanto una utilizaci�n muy precisa del l�xico general como la incorporaci�n y dominio de t�rminos espec�ficos de distintos �mbitos.

Sin embargo, los resultados de nuestra investigaci�n han puesto de manifiesto que en los diferentes niveles de escolarizaci�n, hasta el presente no se ha logrado trabajar con los estudiantes el l�xico, de modo tal que no s�lo puedan incrementar su dominio cuantitativo, sino que logren servirse de �l como instrumento para penetrar en las distintas �reas del conocimiento.

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Desarrollando el l�xico se conoce el mundo

En este sentido, desarrollar el l�xico no s�lo implica conocer m�s palabras, sino aumentar nuestros conocimientos del mundo.

Por lo tanto, la hip�tesis general que subyace a la investigaci�n realizada es que conocer  las dificultades que los estudiantes enfrentan respecto del uso del l�xico, as� como tratar de entender la organizaci�n y funcionamiento del l�xico mental, y su incidencia en la comprensi�n y producci�n de los estudiantes permite colaborar en la elaboraci�n de una propuesta did�ctica que se extienda m�s all� de la mera incorporaci�n de nuevas piezas l�xicas en el vocabulario.

El objetivo que perseguimos es desarrollar estrategias cognitivas conducentes a que las unidades incorporadas puedan ser utilizadas en la comprensi�n y creaci�n de textos para diferentes contextos de uso, lo cual, a su vez, se espera que redunde en un mejor desempe�o curricular de los estudiantes..

Entre 1992 y 1997, mientras trabaj�bamos en proyectos (3) de la c�tedra de Gram�tica de la Facultad de Filosof�a y Letras de la Universidad de Buenos Aires dedicados a estudiar la competencia comunicativa de los estudiantes universitarios, algunos de nosotros pudimos comprobar que, entre otras muchas deficiencias, los alumnos ten�an serias dificultades tanto para la utilizaci�n precisa del l�xico general como para emplear el metalenguaje de las disciplinas universitarias que se encontraban estudiando (4).

En consecuencia, a partir de 1998 decidimos formar un nuevo equipo y estudiar particularmente los problemas que el vocabulario general y espec�fico plantea a los estudiantes en los inicios de los estudios superiores.

Para ello, nos propusimos realizar un diagn�stico general y por ciclos, del grado de dominio l�xico de los estudiantes que nos permitiera identificar dificultades comunes y propias de cada nivel (5). 

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Los universitarios saben menos de l�xico espec�fico

En una primera etapa aplicamos una encuesta diagn�stica a estudiantes iniciales de la carrera de Letras, en Filosof�a y Letras de la Universidad de la Universidad de Buenos Aires y, comparativamente, a alumnos del mismo nivel de Ciencias Econ�micas, en la misma Universidad (6).

En esta primera prueba  nuestro objetivo era corroborar el dominio de los estudiantes en cuanto al nivel de acceso y reconocimiento l�xico mediante ejercicios de apareamiento, selecci�n y completamiento

En primer lugar, y como era de esperar, en cuanto a las diferencias entre  vocabulario general y disciplinar, las pruebas mostraron que (7), en t�rminos generales, en el acceso a la universidad, los alumnos tienen mayores dificultades con el l�xico espec�fico que con los t�rminos generales.

Sin embargo, al comparar ambas facultades se encontraron algunas diferencias, ya que los alumnos de Letras mostraron mayor dominio del vocabulario general y abstracto, mientras que los de Econ�micas resultaron m�s competentes para los t�rminos de su especialidad (8).

Por otra parte, dentro de los t�rminos generales, en ambos grupos se plante� una diferencia en el dominio entre los que son de uso m�s corriente y los m�s abstractos y propios de la comunicaci�n cient�fica

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Quienes leen asiduamente comprenden mejor las palabras

En segundo lugar, los resultados de esta primera encuesta mostraron:

1) la existencia de correlaciones entre los problemas l�xicos, la frecuencia de uso y las dificultades de lectura. Al respecto observamos que:

a) las dificultades en el manejo de t�rminos del l�xico general utilizados con valor instrumental en la comunicaci�n acad�mica disminuyen si se trata de lexemas con los que los alumnos han estado en contacto frecuente a trav�s de la escuela o de los medios;

b) la falta de entrenamiento en la lectura del contexto lleva a los estudiantes a responder con t�rminos aprendidos antes que a prestar atenci�n al contexto para inferir a partir de all� el significado de los lexemas que desconocen.

En la prueba de Econ�micas, por ejemplo, cuando los alumnos ten�an que completar el enunciado �La reducci�n del precio de una cosa debido al uso o al paso del tiempo se conoce como...�, la respuesta derivable del contexto: depreciaci�n, aparec�a muy poco. La preferida, en cambio, era amortizaci�n, conceptualmente correcta, pero derivada �por recuerdo� por haber sido aprendida previamente.

Sin embargo, la falta de entrenamiento en la lectura del contexto y en la interpretaci�n de las �pistas� que �ste ofrece hace que los estudiantes con menor dominio de la disciplina, que no tienen en su mente un t�rmino aprendido para recuperar, opten o por dejar el espacio en blanco o por colocar un lexema equivocado en funci�n de una afinidad sem�ntica m�s o menos difusa con un elemento oracional o localmente dominante.

As� para el enunciado antes mencionado, en vez de depreciaci�n aparecen otros lexemas como oferta o rebaja, que manifiestan un mecanismo de inferencia parcial, ya que s�lo se derivan de la primera parte del enunciado  -la reducci�n del precio de una cosa-  y no tienen en cuenta el final, que explicita la causa  -debido al paso del tiempo-.

c) el predominio de las dependencias locales, hace que, puesto que muchas veces no existe una lectura previa del p�rrafo donde deben ubicarse los lexemas, los alumnos escojan una opci�n que satisface las conexiones sint�cticas o sem�nticas en funci�n del significado inmediato, pero sin considerar el sentido global del fragmento.

De este modo la selecci�n l�xica opera en serie y las palabras se escogen unas tras otras. 

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2) las redes asociativas entre las palabras guardadas en el l�xico mental. En este sentido, muchas de las respuestas fallidas de los estudiantes ponen en evidencia las asociaciones con que las palabras se almacenan en el l�xico mental y su organizaci�n en campos sem�nticos y relaciones de sentido (opuestos, sin�nimos, superordinados, etc.).

Por ejemplo. cuando en la prueba se busca como respuesta el equivalente a �el proceso opuesto a la inflaci�n�, o sea deflaci�n, entre las fallidas aparecen otros lexemas, pero siempre del mismo campo sem�ntico  -estabilidad, estanflaci�n, hiperinflaci�n, recesi�n-.

En la encuesta de Letras, donde los alumnos deb�an insertar hom�nimos  -en �Ll�manse... a las palabras que se escriben igual, pero cuyo significado es diferente � en su lugar aparecen los cohip�nimos de la palabra  -ant�nimos, sin�nimos, par�nimos-, que son t�rminos de su mismo �mbito sem�ntico.

Aunque parezca sorprendente, tambi�n las respuestas fallidas muestran la caracter�stica de escoger en el l�xico mental, el lexema opuesto al buscado; por ejemplo, en vez de una forma con prefijo negativo como devaluar se selecciona otra con uno positivo como sobrevaluar o super�vit

El vocabulario se aprende mejor dentro de un texto

En una segunda prueba (9) que se aplic� s�lo a los mismos estudiantes de Letras a los que se les hab�a tomado la primera encuesta, como nuestro objetivo era corroborar el nivel de utilizaci�n controlada del l�xico, lo que evaluamos fueron t�rminos disciplinares previamente estudiados por los alumnos.

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Para armar la prueba utilizamos textos expositivos referidos a temas vistos durante el curso en los que cada t�rmino espec�fico que los estudiantes deb�an suplir se encontraba desplegado conceptualmente en el contexto o se ubicaba entre palabras que facilitaban su b�squeda en el l�xico mental.

Aunque todas las pruebas exig�an en sus respuestas lexemas ya estudiados, el porcentaje de aciertos en cada una de ellas variaba en relaci�n a la frecuencia con que los t�rminos hab�an sido utilizados en el curso, pero tambi�n en funci�n a c�mo hab�an sido presentados a los estudiantes.

En este sentido, cuando los t�rminos hab�an sido introducidos mediante un texto o exposici�n did�ctica y sistem�tica, la incorporaci�n de vocabulario resultaba efectiva, mientras que lo contrario suced�a con su introducci�n mediante listas o taxonom�as (10).

De este modo se pudo corroborar que el aprendizaje met�dico, al familiarizar al alumno con el l�xico acad�mico y conducirlo a su uso reflexivo, facilita la incorporaci�n.

En relaci�n con el nivel de dominio efectivo del l�xico, en esta misma prueba, un �ltimo ejercicio de producci�n, en el que se ped�a a los estudiantes elaborar una par�frasis explicativa de la definici�n, que se les proporcionaba en la misma prueba, de un t�rmino espec�fico (11), nos sirvi� para verificar el uso semilibre de vocabulario aprendido.

Al analizar las producciones de los estudiantes (12) tuvimos en cuenta las estrategias utilizadas por los estudiantes, el tipo de par�frasis desarrollado, el grado de coherencia interna logrado en la exposici�n, etc.

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Por otra parte, tambi�n estudiamos en qu� medida se relacionaban estos aspectos con las dificultades presentadas para insertar los t�rminos nuevos en contextos discursivos m�s amplios y c�mo repercut�an en la eficacia comunicativa del texto producido.

El an�lisis sirvi� para comprobar que cuando el manejo del l�xico disciplinar es deficiente o escaso incide negativamente en la producci�n textual, y que, por el contrario, su mayor dominio no s�lo favorece la comprensi�n, sino que tambi�n permite una mejor utilizaci�n general del lenguaje en un texto expositivo.

En suma, los resultados mostraron la estrecha correlaci�n existente entre el dominio l�xico y las otras habilidades del �mbito comunicativo.

En funci�n de esta prueba, las  producciones de los estudiantes pudieron organizarse en dos grupos:

1) textos satisfactorios que reproduc�an adecuadamente el contenido conceptual de la definici�n, constituidos por producciones con buen grado de cohesi�n interna marcado por la utilizaci�n de frases cortas, empleo apropiado de coordinantes, par�frasis ampliadas con ejemplos pertinentes e informaci�n adicional; y

2) textos no satisfactorios, que desde el punto de vista conceptual no acertaban con la par�frasis de la definici�n, o s�lo comentaban una parte, y brindaban informaci�n imprecisa o irrelevante, incluyendo oraciones agramaticales y reiteraciones confusas (12).

Los ejemplos �no satisfactorios� pusieron en evidencia que un escaso dominio de la terminolog�a resulta correlativo de textos poco organizados, con bajo grado de cohesi�n interna, comunicativamente poco efectivos y con abundante interferencia del registro oral.

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En relaci�n con este �ltimo aspecto, el an�lisis de estas producciones nos mostr� que todav�a en la etapa universitaria, en la producci�n escrita acad�mica o formal un 45% de los estudiantes encuestados no s�lo empleaban expresiones, sino tambi�n formas de estructuraci�n del mensaje propias de la lengua oral.

El an�lisis de estos textos nos permite afirmar que, a pesar de las etapas previas de escolarizaci�n, un buen n�mero de los que ingresan a la universidad todav�a no domina la distinci�n b�sica entre oralidad y escritura, como dos modos diferenciados, por lo cual tampoco pueden concebir la dimensi�n espec�fica de lo escrito, como una �tecnolog�a� (13) que responde a condiciones espec�ficas de producci�n, y menos a�n, reconocer la particularidad del texto acad�mico-cient�fico como propio  de un g�nero que deben dominar si quieren producir textos eficaces en sus respectivos �mbitos disciplinares.

Los problemas de comprensi�n comienzan en la escuela

Si bien, en principio, nuestra propuesta apuntaba a trabajar con los niveles iniciales de la universidad, algunas de las deficiencias observadas en las pruebas administradas nos llevaron a preguntarnos c�mo se manifiestan las dificultades en el �ltimo tramo de la escuela media: el Polimodal, y cu�l era su posible incidencia en las etapas superiores. Para responder a esas preguntas primero aplicamos pruebas muy semejantes a las de la universidad (13) que mostraron (14) que muchos de los problemas detectados, ya est�n presentes en los estudiantes del nivel polimodal previo.

Por un lado, respecto del vocabulario general, por ejemplo, aparecen problemas cuando los estudiantes tienen que aparear t�rminos con sus definiciones.

As�, los del nivel polimodal confundieron las definiciones de caracterizar y describir del mismo modo que los universitarios hab�an cruzado las de caracterizar y evaluar. Ambos ejemplos ponen de manifiesto que la dificultad radica en que los estudiantes tienen problemas para reconocer diferencias de matices entre t�rminos de un mismo campo con rasgos sem�nticos en com�n.

En ambos casos, tampoco la inclusi�n en contexto facilit� la distinci�n entre t�rminos colindantes; por ejemplo, los del grupo preuniversitario encontraron dificultades para explicar las diferencias entre comunica y comenta en un texto como el siguiente en el que claramente aparec�an marcando matices diferentes: �[...] no comunica noticias ni relata acontecimientos p�blicos, sino que comenta y argumenta acerca de un tema de actualidad.[...]�.

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Esta tendencia, aunque puede no ocasionar inconvenientes en el uso cotidiano, manifiesta un conocimiento poco preciso de los t�rminos, que en el registro acad�mico resulta inadecuado (15).

Por otra parte, para la investigaci�n result� muy interesante comprobar que, en disidencia con los resultados mencionados, un �grupo de control�, formado por 150 alumnos del Nacional Buenos Aires, que reciben un alto nivel de entrenamiento orientado hacia la universidad, no s�lo produjo respuestas aceptables, sino que defini� con exactitud palabras de uso espec�fico, reconoci� matices sem�nticos diversos y utiliz� terminolog�a m�s t�cnica, caracter�sticas pr�cticamente inexistentes en el resto de los grupos.

Fue posible as� verificar la importancia de la instrucci�n vocabular y su fuerte relaci�n con la comprensi�n y producci�n textual

Como s�ntesis de la problem�tica com�n presentada por ambos grupos �universitario y polimodal-, es posible afirmar que:

-     Los estudiantes dominan un sentido general de las palabras en funci�n del cual las comprenden y utilizan, pero tienen dificultades para distinguir matices y valores m�s precisos o espec�ficos, as� como para discriminar entre t�rminos pr�ximos sem�nticamente.

-     No suelen hacer inferencias contextuales para descubrir palabras que no conocen, ni para identificar significados relativos a contextos determinados � por ejemplo,  �leen� evaluaci�n como �prueba� aunque el contexto haga referencia al significado de la palabra como �estimaci�n o valoraci�n�.

-     Como lo han mostrado, sobre todo las pruebas de producci�n, la competencia l�xica es correlativa del resto de las habilidades ling��sticas y textuales.

-     Seg�n puso en evidencia el �grupo de control� considerado, una instrucci�n sistem�tica y sostenida, con miras a la continuaci�n de los estudios, permite mejorar no s�lo el manejo l�xico sino la competencia comunicativa general de los estudiantes, facilit�ndoles el acceso a las distintas �reas del conocimiento .  

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Los estudiantes definen las palabras a trav�s de lo concreto

Por �ltimo, con el fin de probar un modelo de diagn�stico previo que sirviera para detectar en qu� nivel comenzar el entrenamiento para superar las dificultades, s�lo en este ciclo se realiz� una experiencia piloto (58 casos) que brind� mucha informaci�n acerca del tipo de estrategias que usan los alumnos en relaci�n con el l�xico (16). Al respecto observamos que;

1) las definiciones  que producen los estudiantes se mantiene en el orden de lo concreto, ya que por lo general definen por ejemplos, utilizando la palabra en una oraci�n  Por ejemplo:

Suspensi�n: Cuando te sacan de un partido o del colegio por un par de d�as

Era: Cuando dialog�s con alguien y le dec�s no, no �era� as�, quiere decir que no hab�a pasado como lo contaba

Por el contrario, para definir muy poco frecuentemente recurren a procedimientos m�s formales, para los que tengan que poner en juego su capacidad de abstracci�n, como podr�a ser incluir el �tem en una clase y se�alar sus caracter�sticas espec�ficas. Esto evidencia que el pensamiento en este nivel todav�a se muestra muy dependiente de la realidad inmediata.

2) para la asociaci�n de palabras la estrategia predominante es la que tiene en cuenta el nivel sem�ntico-conceptual, que para los estudiantes se encuentra en muy estrecha dependencia del contexto sociocultural. Por ejemplo, cuando se les ped�an los distintos significados de una palabra, en el caso de suspensi�n los estudiantes reconocieron tres: a) �sanci�n�; b) �en relaci�n con lo automovil�stico�; y c) �el estado de mantenerse en el aire�.

Al mismo tiempo, suspensi�n como �sanci�n�, se relacion� con tres �mbitos en donde puede aplicarse: la escuela, el trabajo y el deporte. La definici�n como �sanci�n en el trabajo� fue proporcionada por un grupo perteneciente a una escuela de zona perif�rica y estrato sociocultural m�s bajo, por el contrario, esta definici�n no apareci� en la escuela de nivel m�s alto.

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Raramente suspensi�n como �sanci�n deportiva� o en �relaci�n con lo automovil�stico� fue una definici�n proporcionada por las mujeres.. La tercera definici�n apareci� en un n�mero relativamente bajo de casos tanto en una como en otra escuela.

La vinculaci�n por �clases de palabra�, en cambio, no siempre fue tenida en cuenta; as�, por ejemplo, pod�an aparecer asociados como sin�nimos condenar/inocencia..

3) en cuanto a la �inferencia morfosem�ntica�, es decir, la identificaci�n del significado de una palabra a partir del contexto en que se inserta, una vez m�s se comprob� que como estrategia pr�cticamente no es empleada.

En estos casos, como ya se hab�a visto en los universitarios, los alumnos que desconocen una palabra, optan por dejar el espacio en blanco.

En suma, las habilidades que requieren un conocimiento m�s abstracto, como proporcionar una definici�n, o reconocer la clase de una palabra o extraer informaci�n de su estructura morfol�gica, son las menos utilizadas.

Asimismo, los significados que reconocen los estudiantes son siempre fuertemente dependientes de la frecuencia de uso y del contexto sociocultural que los rodea.

Como dijimos, los an�lisis realizados ten�an como primera finalidad diagnosticar el estado de la competencia l�xica de los estudiantes de los ciclos mencionados, a la vez que determinar el nivel b�sico de vocabulario que deber�a poseer un ingresante a los estudios superiores.

Asimismo, los estudios efectuados tambi�n sirvieron de base para reflexionar sobre los factores que facilitan o dificultan la adquisici�n de vocabulario, as� como para discriminar las  diferencias entre la incorporaci�n incidental y la instrucci�n programada.

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Como consecuencia, los resultados de estas investigaciones nos llevaron a delinear una caracterizaci�n operativa del funcionamiento del l�xico en los estudios, que considera tanto su empleo instrumental como su funci�n cognitiva en la adquisici�n, transmisi�n y creaci�n de conocimiento.

Finalmente, sobre la base de los an�lisis realizados, esbozamos una propuesta general para orientar una did�ctica del aprendizaje l�xico.

En este sentido, dado que las distintas pruebas y diagn�sticos aplicados han puesto de relieve la fuerte correlaci�n existente entre dominio l�xico y comprensi�n y producci�n textual, estamos convencidos de que cualquier propuesta para mejorar la competencia l�xica de los estudiantes debe plantearse en estrecha vinculaci�n con el nivel textual.

Por otra parte, la interrelaci�n entre estos niveles -l�xico y textual- tambi�n alienta a pensar que dicha capacitaci�n no s�lo beneficiar� la  competencia ling��stica general de los estudiantes, sino que posibilitar� un mejor desempe�o curricular y facilitar� el acceso al conocimiento superior.


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Mabel Giammatteo es Profesora Adjunta de Gram�tica y Sintaxis en la Facultad de Filosof�a y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

Este art�culo s�ntetiza los principales resultados de la investigaci�n realizada por el equipo dirigido por Mabel Giammatteo, con la codirecci�n de Hilda Albano, e integrado por Mar�a Basualdo, Paula Bonorino, Mariana Cu�arro, Adalberto Ghio, Patricia Gubitosi, Beatriz Hall, Marta Lescano, Alejandra Parentella, Mar�a In�s Romero y Augusto Trombetta.

Leer art�culo

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Notas:

1.   Esta y las dem�s traducciones de textos en ingl�s o franc�s son nuestras.

2.   Para Chomsky (1965:6),  quien ha formulado esta teor�a, la competencia corresponde a un hablante-oyente ideal. 

3.   Proyectos Estudio de la comprensi�n y la producci�n ling��stica de estudiantes que ingresan en la Universidad (Letras) (UBACyT FI 024/1992-94) y Programa de ling��stica aplicada a la comunicaci�n acad�mica en la Universidad (UBACyT FI 078/199597),  dirigidoa por O. Kovacci y subsidiados por la Secretar�a de Ciencia y T�cnica de la Universidad de Buenos Aires.

4.   Para m�s detalles se pueden consultar los informes correspondientes a ambos proyectos: Kovacci  y colaboradores (1992- 1994 y 1995-1997).

5.   Los datos obtenidos en las distintas pruebas aplicadas durante el desarrollo del proyecto fueron codificados e ingresados en bases de computaci�n.

6.   Se aplic� un total de 2.179 encuestas autoadministradas en 46 cursos de Ciencias Econ�micas y Letras. Para que la comparaci�n entre facultades fuera posible, se eligieron dos materias de posici�n equiva�lente dentro de las respectivas curr�culas: Microeco�nom�a del segundo a�o del Ciclo de Formaci�n General de Ciencias Econ�micas, y Gram�tica, obligato�ria para el Ciclo de Grado (segundo a�o de estudios) de Letras. Para la metodolog�a aplicada, v. Giammatteo, Albano y Trombetta (1999 a)

7.    El an�lisis general de resultados se encuentra en Giammatteo, Albano y Trombetta (1999-2000). La comparaci�n entre facultades se public� en Giammatteo, Albano y Trombetta (2000a).

8.   Los estudiantes de Letras  pasaban del 88,1 % de alta efectividad en vocabulario com�n al 14,8 % en el particular,  mientras que los Econ�micas iban del 79,1 % de alta efectividad en el vocabulario general al 35,5 % en el espec�fico.

9.   Esta muestra inclu�a 98 encuestas.

10.   Un an�lisis m�s detallado de estos resultados se .encuentra en Giammatteo, Albano y Trombetta (1999b).

11.  Ver Ap�ndice al final.

12.  Estos resultados se pueden consultar en Gubitosi (1999 y 2000).

13.  En el Ap�ndice al final, se ofrecen ejemplos de cada grupo.

14. Para esta concepci�n de la escritura como �tecnolog�a�, puede consultarse Ong (1993)

15. En este nivel se aplicaron 331 encuestas en distintos colegios p�blicos y privados de la Ciudad de Buenos Aires (en que las pruebas se administraron en el �ltimo a�o de la escuela media) y del conurbano de la Provincia de Buenos Aires. A esta primera muestra, se suman luego las 150 pruebas del denominado grupo de control, constituido por estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires.

16. El an�lisis se describe en Basualdo (1999).

17. Estos resultados y la comparaci�n con el grupo de control se encuentran en Basualdo (2000 y 2001).

18. Los resultados figuran en Bonorino y Cu�arrro (2000). Las autoras desarrollaron una propuesta para superar las dificultades en Bonorino y Cu�arrro (2001)

19. Este art�culo s�ntetiza los principales resultados de los proyectos Competencia l�xica y aprendizaje de t�rminos especializados de las disciplinas acad�micas por estudiantes universitarios (UBACyT AF 11/1998-1999) y El dominio l�xico como herramienta cognitiva en los estudios superiores (UBACyT AF 28/2000),  desarrollados con subsidio de la Secretar�a de Ciencia y T�cnica de la Universidad de Buenos Aires. 


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