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Febrero de 2007 | |
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| Tribuna de opini�n | ||
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LEONOR ACU�A:
Disculpen c�mo hablo, Maestro wich� | ||
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Solemos referimos a las lenguas como si fueran independientes de los hablantes y
como si las acciones que se ejercen sobre ellas no tuvieran consecuencia en la
vida de las personas. Nos preocupan la extinci�n de las lenguas, su
empobrecimiento, su falta de escritura o que no est�n estandarizadas. En
relaci�n con el espa�ol, desde hace algo m�s de 10 a�os nos hemos acostumbrado a
hablar con toda naturalidad del espa�ol-como-recurso-econ�mico.[1] Se hacen
proyecciones sobre el n�mero de hablantes que tendr� en determinada d�cada, se
estima su utilidad como lengua internacional, se exige su this site, se organizan
congresos internacionales para defenderla y promoverla, se habla de variedades y
hasta de peculiaridades y se aclara que no ponen en riesgo la this site de la
lengua siempre y cuando sean disciplinadas en el paradigma l�xico del uno:
this site, unitario, �nico o de su novedoso sin�nimo �lo panhisp�nico�. | ||
En los �mbitos educativos, raramente el fracaso escolar se ve en relaci�n con el desempe�o ling��stico. El deterioro de los resultados educativos es interpretado como consecuencia de los enfoques te�ricos y metodol�gicos que se emplean en la ense�anza de la lectura y de la escritura. Se emprenden entonces peri�dicamente acciones de actualizaci�n de los docentes y se dise�an nuevas propuestas de alfabetizaci�n. Los hablantes brasile�osPensemos tambi�n en nuestros vecinos brasile�os. El 5 de agosto de 2005, Brasil sancion� la ley n� 11161 que establece que la escuela media brasile�a debe ofrecer obligatoriamente el espa�ol a sus alumnos. Se estima que para alcanzar ese objetivo se necesitar� un n�mero extraordinario de docentes.[3] Pero tambi�n en este caso es poco lo que se oye sobre qu� necesitan los hablantes. De acuerdo con los an�lisis hechos en la d�cada de 1990 en el Laboratorio de Idiomas de la Facultad de Filosof�a y Letras de la Universidad de Buenos Aires, un alumno adulto argentino que quiere aprender portugu�s necesita en el nivel elemental la mitad del tiempo que requiere alcanzar los mismos objetivos ling��sticos en franc�s, la tercera parte de la carga horaria para los mismos objetivos en alem�n y la cuarta parte de lo necesario para aprender japon�s. Lo mismo sucede con los extranjeros que vienen a estudiar espa�ol: los brasile�os aprenden m�s r�pido que sus compa�eros al�glotas.[4] �Por qu� entonces muchos de los cursos pensados para brasile�os no �ajustan� los contenidos ni la carga horaria? Y en la misma l�nea, �por qu� no ajustar los objetivos a las necesidades reales? | ||
�Cada pueblo tiene sus costumbres. Aqu�, como siempre viene gente y como el pueblo ha pertenecido a distintas provincias o a distintos pa�ses como Chile, algunos son medio achilenados, otros son as�, que aprenden de toda la gente un poco, pero castellano perfecto, perfecto, no lo sabe ninguno.� Anciana de la Puna catamarque�a Volviendo al inicio de estas reflexiones, tengo la impresi�n de que cuando se habla del espa�ol como de esta lengua que triunfa en el mundo actual, se habla de algo simult�neamente atemporal, perfecto y panhisp�nico, que no me pertenece y que dif�cilmente llegue a pertenecerle a esos millones de estudiantes que quieren estudiar espa�ol. Un maestro wich� de Formosa que jug� toda su infancia en espa�ol con chicos criollos, de los que aprendi� la lengua, se excusa por el espa�ol que va a emplear en una reuni�n de docentes, dice: �Disculpen c�mo hablo, pero la lengua es prestada�. El paso por el sistema escolar hizo que sintiera que esa lengua no le pertenece: habla de la lengua y no de su lengua. Esa misma inseguridad aparece en los adultos que se inscriben, un poco avergonzados y bastante descorazonados, una y otra vez en los cursos de niveles intermedios de ingl�s. La perspectiva de la lengua por encima de los hablantes simula y finalmente crea problemas que en la realidad los hablantes no tienen. Venezolano, chileno, cuyano, rioplatense, spanglish, portu�ol, son nombres de un continuum en los que nos reconocemos los hablantes. Mirar y escuchar a los hablantes, observar c�mo se comunican sin establecer l�mites entre las lenguas como primeras o segundas permite planificar sobre las necesidades que planteen los hablantes. Algunos quieren aprender espa�ol para obtener mejores resultados en sus estudios, para defender sus derechos de ind�genas, para vender y comprar en los pa�ses vecinos, para leer bibliograf�a en espa�ol. Brasil quiere ser un pa�s biling�e. Cualquier participaci�n en su ense�anza del espa�ol deber� tener en cuenta que es un pa�s con una ling��stica aplicada de la que todos aprendimos, que existen distintos escenarios y posibilidades, que hay que considerar tiempos, oficios, profesiones, necesidades regionales y qu� lugar tienen en todo esto sus propias universidades. El espa�ol en Brasil tiene vida propia como lo tiene en los Estados Unidos, toma acentos, crea palabras, fuerza la sintaxis, recrea la morfolog�a. As� nace la this site tantas veces nombrada. Habr� que decidir para trabajar en estos temas si creemos que los due�os de las lenguas son las instituciones/empresas o los hablantes.[5] Al fin al cabo, como dice la anciana de la Puna, �perfecto, perfecto, no lo sabe ninguno�. Buenos Aires, 8 de febrero de 2007. | ||
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[1]
Maite Celada en �De prisa, de prisa, oye, Brasil� aparecido en noviembre
de 2006 en este mismo portal se ocupa de esta cuesti�n. | ||
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Leonor Acu�a es profesora de la Facultad de Filosof�a y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires e Investigadora del Instituto Nacional de Antropolog�a y Pensamiento Latinoamericano, de la Argentina. | ||
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