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Enero de 2007


Tribuna de opini�n

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Francisco A. Marcos-Mar�n:
Retos y m�rgenes del espa�ol

 

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El ilustre idioma dorm�a la siesta. S�lo una acci�n decidida, sostenida y coordinada a favor de la lengua espa�ola castellana podr� mantenerla como lengua internacional, por muy difundida que est� y por muchos millones de hablantes que contabilice. Decenas o centenares de millones de usuarios de una lengua, entre las muchas que cuentan con ellos, no garantizan esa internacionalidad, aunque sirvan perfectamente para las necesidades de comunicaci�n dentro de sus comunidades culturales y s�lo dentro de ellas.

�nicamente una acci�n decidida, sostenida y coordinada en educaci�n e investigaci�n mantendr� el cultivo de la lengua, la cultura que en ella se expresa, los valores humanos con los que sus hablantes se identifican y permitir� conocer las estructuras que la regulan, para desarrollar aplicaciones. Una acci�n decidida, sostenida y coordinada en industria, comercio, econom�a permitir� que sea redituable para sus hablantes. Muchos idiomas, algunos tambi�n parlomillonarios, entran en el grupo de las lenguas que son muy c�modas para andar por casa, pero impresentables o inadecuadas m�s all� de la puerta, lenguas pijamas.

�Se est� haciendo lo que se debe por el espa�ol, como se debe y por quien se debe? �Hay realmente una voluntad pol�tica hisp�nica a favor de la lengua com�n, esto es, traducida en organizaci�n, cuidado, respeto, estructura, presupuestos? �Se coloca favorablemente el espa�ol en el mapa de las nuevas tecnolog�as, se gestiona bien ese aspecto, se sacan los r�ditos oportunos a todas las actividades que se adjetivan como electr�nicas: banca, comercio, correo, publicidad, relaci�n con el ciudadano, servicios? �La empresa privada acude coordinadamente a cooperar, es consciente de la necesidad de su participaci�n? �Las organizaciones internacionales son fiel reflejo ling��stico de la importancia que, se supone, tiene la lengua que expresa la cultura hispanoamericana? �Est� bien organizada y gestionada la relaci�n que se produce entre la lengua que recibe a los inmigrantes y la que estos llevan consigo? �Ser� el destino del espa�ol permanecer exclusivamente al servicio de su comunidad cultural, sin proyecci�n externa, como el �rabe s�lo sirve a la comunidad religiosa isl�mica?

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Soluciones lentas y trabajosas

Si la respuesta a estas y similares preguntas fuera claramente afirmativa o rotundamente negativa, las p�ginas siguientes sobrar�an, en el primer caso, y ser�an insuficientes, en el segundo: la lengua espa�ola no enfrentar�a ning�n reto. Tampoco basta con una c�moda contestaci�n, del tipo "no lo necesario," igualmente imprecisa e inexacta. Su intenci�n es presentar un panorama lo suficientemente amplio y lo bastante profundo de los retos de la lengua espa�ola y las m�rgenes entre las que se mueve este idioma, para que el siempre hipot�tico lector se haga su composici�n de lugar. Se invita a la meditaci�n, desde una reflexi�n personal que se inici� a finales de los a�os sesenta, en los albores de esta impresionante transformaci�n de la sociedad.

Hay soluciones, pero no recetas, lo cual es pol�ticamente poco conveniente, porque la tendencia f�cil es buscar al taumaturgo de las recetas, aunque nunca hayan funcionado, y no al t�cnico de las soluciones, generalmente m�s lentas y trabajosas.

Para encontrar las soluciones a estos retos que tiene esta lengua espa�ola hoy, se deben plantear bien los problemas. Lo primero es comprenderlos bien.

Los an�lisis pueden hacerse de dentro hacia fuera o de fuera hacia dentro, aqu� se ha elegido el segundo camino, que es partir desde las m�rgenes, desde las fronteras, si se quiere, hacia el n�cleo. Se elige el femenino, de los dos g�neros gramaticales que admite este sustantivo, para crear desde el principio una asociaci�n con "ribera", "orilla", "costa." El espa�ol es como un mar o un gran r�o, cuyas m�rgenes van cambiando con el paso del tiempo y la fuerza de la corriente. El paisaje a su alrededor se modifica, lo que ayer era tierra envuelta en una curva de la corriente hoy es una isla rodeada por ella y ma�ana puede haberse incorporado al continuo que el fluir bordea o tal vez haberse perdido, sin que nada sea definitivo y sin que la misma agua pase dos veces por el mismo punto. Esos terrenos definen la realidad tanto como los incluidos desde mucho antes en el r�gimen fluvial.

Alteran el curso, imponen nuevas distribuciones, cambian el cauce, exigen al menos tanto cuidado o atenci�n como el que se presta a los que constituyen la cuenca desde tiempo antiguo.

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Hay que conocer e identificar el r�o de la lengua

Claro que para ello hay que saber qu� es el r�o, c�mo se identifica, se relaciona, se diferencia y se valora, en relaci�n con todo el entorno, que alcanza en esta �poca dimensiones planetarias. Hay que empezar por la identidad, en la cual es necesario incluir una dimensi�n de internacionalidad, que debe ser categ�rica. Pero el mundo no es hoy s�lo territorio, es tambi�n comunicaci�n, virtualidad, informaci�n. Una lengua vale m�s o menos por su presencia y desarrollo en el entorno virtual, por c�mo y cu�ntos acceden a sus contenidos, por cu�les son sus perspectivas de negocio, por c�mo se inserta en el mundo econ�mico, laboral, industrial, por c�mo y a qui�n se distribuyen los beneficios que su actividad genera o por qui�n se hace cargo de sus p�rdidas.

Una lengua es m�s rica en m�rgenes que un r�o. El espa�ol tiene muchas orillas: mediterr�nea, atl�ntica, pac�fica, y tambi�n las del r�o Grande o r�o Bravo y la l�nea que lo prolonga idealmente por toda la frontera norte de los Estados Unidos Mexicanos, que es la sur de los Estados Unidos de Norteam�rica. Las riberas, aunque sean de un oc�ano, pueden estar muy pr�ximas, en un Estrecho: miles, millones de hombres pueden jugarse la vida para acercarse a una esperanza. Es natural que traten de mantener consigo todo aquello por lo que se sienten definidos, su cultura, mientras ven c�mo son acogidos y cu�nto aprecian lo nuevo; mas quienes est�n ya en la otra margen los ver�n como "los otros" y, aunque los necesiten, tendr�n que decidir qu� est�n dispuestos a ceder y en qu� se mantendr�n firmes, si es que pueden. Su identidad se ir� transformando, surgir�n nuevos retos y el ciclo contin�a.


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Este texto es el pr�logo del libro �Los retos del espa�ol�, escrito por Francisco Marcos Mar�n, profesor de ling��stica espa�ola en las universidades de Texas, Roma y Aut�noma de Madrid, entre otras.

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