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Noviembre de 2006 | |
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| Tribuna de opini�n | ||
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MAITE CELADA:
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Hace un buen tiempo que a los que integramos la comunidad acad�mica latinoamericana en el campo de las letras nos viene dejando alelados un hecho: que, en diversas instancias de la sociedad espa�ola, se trate de forma tan pol�ticamente incorrecta el ansia de la expansi�n del espa�ol por el mundo. Esta viene vinculada, por el lado de las causas y argumentos o por el vies de los objetivos, a distintas cifras: n�mero de hablantes del espa�ol, de pa�ses que tienen esa lengua como oficial, de ejemplares que las editoriales pueden colocar en determinado mercado; valores todos relativos a una perspectiva econ�mica. Los nombres de dos eventos realizados entre el 23 y el 29 de octubre confirman esta perspectiva. El Seminario �Valor econ�mico del espa�ol: una empresa multinacional�, celebrado en Montevideo y la �I Acta Internacional de la lengua espa�ola. Activo cultural y valor econ�mico creciente�, en San Mill�n de la Cogolla. Nos asombra la falta del pudor que esperar�amos como efecto de la revisi�n de una memoria y del asumir una actitud responsable frente a la especificidad hist�rica que marca la relaci�n Espa�a - Am�rica Latina. Reconocemos ese pudor en parte del pueblo espa�ol y en muchos colegas que trabajan en la academia. En Brasil, el 6 de setiembre pasado se firm� un convenio o acuerdo entre el Banco Santander y la Secretar�a de Educaci�n del Estado de S�o Paulo para calificar docentes en ejercicio en las escuelas medias, independientemente de la asignatura que dictan, y as� atender a la legislaci�n que determina la oferta obligatoria de espa�ol a partir de 2010, en ese nivel. El curso, enteramente a distancia, utilizar� la metodolog�a del Instituto Cervantes para impartir 480 horas de espa�ol y 120 de metodolog�a; todo en un m�ximo de 2 a�os. El proyecto �Oye, espa�ol para profesores�, seg�n dicen los medios, ser�a implementado en colaboraci�n con las tres universidades p�blicas del Estado de S�o Paulo. En el contexto de la ambici�n generada por las cifras, tratar la lengua espa�ola como un �tesoro� � t�rmino usado por el presidente del Santander durante la firma del referido convenio �, y tratar a Brasil y sus 170 millones de habitantes como un mercado promisorio a consolidar es algo que nos pega fuerte a muchos latinoamericanos, que tenemos una memoria no met�lica y en la que el pasado hizo mella. Soy docente-investigadora de una de las referidas universidades, en la que se forman profesores de espa�ol hace m�s de 50 a�os, actualmente con un m�nimo de 2.800 horas. Firm�, como muchos, el �Manifiesto por la calidad de la ense�anza del espa�ol en la Red P�blica del Estado de S�o Paulo� y pienso que el gobierno que se atrevi� a formalizar el acuerdo con el Santander acept� un doble atropello que, seg�n sostengo, caracteriza el hecho. | ||
Por ese vies, llega el otro atropello. En tierras brasile�as � y esto tal vez lo pueda decir con la soltura que me da el ser una extranjera en Brasil � la reflexi�n te�rica sobre los procesos de ense�ar y de adquirir lenguas es muy rica y, en cierta forma, es referencia y hasta marca vanguardia en el Cono Sur. La Secretar�a de Educaci�n ha aceptado el plan trazado por profesionales del mercado y por expertos, funcionarios de un organismo del Estado espa�ol. Digo �expertos� en el sentido de Beatriz Sarlo que, en los 90, los contrapon�a a los intelectuales pues, en la continuidad t�cnico-administrativa de un Estado que traba alianzas con grupos que buscan poder�o y expansi�n econ�micos, ponen conocimiento t�cnico al servicio de los fines pragm�ticos del Mercado. Qu� falta de respeto, qu� atropello a la raz�n... El lector notar� que reafirmo el tono indignado de mi escritura con la cita de Cambalache, tango del Disc�polo de los a�os 30. Alimentan tal indignaci�n el estupor pero, sobre todo, la claridad que brinda la autonom�a de las universidades p�blicas. Tal autonom�a permite que sus docentes se sometan, exclusivamente, al respeto por los procesos educativos y por los individuos que en ellos se tranforman en sujetos de una lengua extranjera y de los nuevos saberes que esta le posibilita. Sin prisa y sin pausa. | ||
Tal vez esto, tambi�n, nos venga a los brasile�os e hispanoamericanos del ser sujetos de lenguas de colonizaci�n, lo que nos afect�, nos constituy� y, sobre todo, nos dio una determinada sensibilidad frente al lenguaje, como para interpretar a fondo y sostener la idea de que aprender una lengua es un complejo proceso de movimientos de extra�amiento e identificaci�n � fruto de todo lo que significa exponerse (y abrirse) a la alteridad. En esta exposici�n, el brasile�o ofrece la voracidad antropof�gica (antigua f�rmula ind�gena, tupi) de querer incorporar los atributos del otro y los saberes que este puede aportarle, mediante la digesti�n que los transforma y no los reproduce. En la escuela brasile�a, fuertemente atada a las marcas de la colonizaci�n, esta actitud cr�tica es el verdadero tesoro; ser�a importante no sofocarla sino darle aliento. | ||
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Maite Celada, argentina, es docente e investigadora en la Universidad de S�o Paulo desde 1992. | ||
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