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19 de octubre de 2005


Tribuna de opini�n

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IVONNE BORDELOIS
Fiesta y rescate de la palabra
 

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Quisiera contarles una peque�a historia de este libro. Mi libro anterior, La palabra amenazada (Libros del Zorzal), nacido de un art�culo publicado por La Naci�n, alcanz� una repercusi�n imprevisible y gener� una cadena de contactos muy diversos y muy ricos: me llamaron grupos de m�sicos, talleres literarios, asociaciones de psicoanalistas, asambleas barriales, universidades y colegios, todos para seguir comentando los temas planteados. Sent� entonces con mucha fuerza que el tema no me pertenec�a subjetivamente, sino que estaba en el aire como el prop�sito firme de un grupo muy vital de procedencias sociales e ideol�gicas muy diversas.

El material que fue naciendo de esas conversaciones represent� un aterrizaje existencial y concreto: un despliegue, en lo cotidiano e inmediato, de la cr�tica y los proyectos que implicaba La palabra amenazada. Naturalmente, fui tomando nota de toda esta reflexi�n comunitaria, y cuando se abri� el concurso pens� que fusionar todas estas ideas en un ensayo ser�a la prueba de fuego para la validez de mi empe�o en contagiar a los argentinos la pasi�n por el rescate de la palabra. Mi estrategia y mi prop�sito fundamental fue convencer al jurado de que la palabra es una prioridad absoluta para nuestra recuperaci�n como sociedad hablante y pensante. Naturalmente, tuve en cuenta que los temas pol�ticos, hist�ricos, econ�micos y sociales, que son los que prevalecen en este momento, ser�an rivales leg�timos en estas circunstancias.

Me pareci� importante, adem�s, trazar un diagn�stico severo sin dejar de se�alar, al mismo tiempo, los proyectos que pudieran volver m�s visible una conciencia del habla que nos devuelva plenamente la confianza en la energ�a y alegr�a de la palabra, esa fuerza sagrada que a pesar de todo permanentemente nos habita. El premio, entonces, no me corresponde exclusivamente como persona sino -eso creo y eso espero- como representante de un viviente y vigoroso grupo que est� alerta ante los ataques que sufre la palabra, s�, pero que tambi�n sabe que esos ataques no pueden nunca destru�r ese carozo central de gozosa identidad y comunidad que es nuestro lenguaje. Estamos entonces ante una batalla que no es s�lo una batalla sino tambi�n una esperanzada celebraci�n. Estamos ante la fiesta de la palabra.

Mal tra�da y mal llevada como est�, la palabra encuentra lugares de resistencia, y este libro quiere ser ante todo un lugar de resistencia. Si la palabra est� bajo fuego enemigo es porque la fuerza y el poder de la palabra son temibles, y de all� la necesidad de aniquilarla. De la palabra nace el esp�ritu cr�tico y la inspiraci�n creadora, de la palabra el juego, el poema, el canto y el amor, de la palabra nacen la memoria y el conocimiento, de la palabra nace la libertad. Y si se quiere destruir con tanto ah�nco la palabra es porque se necesita una sordomudez fundamental para aceptar la inmensa cantidad de chatarra pol�tica, comercial y mental que nos rodea y nos asfixia sin cesar.

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Un gran fog�n en el medio de La Pampa

Yo propongo, en tren de celebraci�n, que salgamos de los bellos salones del Alvear, de esta preciosa y generosa fiesta que nos ofrecen La Naci�n y Sudamericana. Salgamos en un vuelo imaginario de nave espacial, en un vuelo feliz, y aterricemos bajo las estrellas en alg�n lugar desierto y desnudo de La Pampa, donde brillara como la zarza ardiente un inmenso fog�n. Y acaso entonces nos encontrar�amos con Don Segundo Sombra cont�ndonos un cuento endiablado, con Borges entonando una iron�a, con Mart�n Fierro, consol�ndose con su cantar como el ave solitaria. Y en el centro de la fogata, ardiendo sin consumirse, la primera p�gina del Facundo de Sarmiento. Y alrededor, cantando, Leda Valladares y una desgarradora coplera colla; y Ana Mar�a Bovo m�s all� contando sus deliciosos cuentos, y Mar�a Elena Walsh con una canci�n para los chicos, y un cantautor de San Telmo, y un payador amigo de F�lix Luna entonando sus estrofas, y un grupo de chicos cantando en un rinc�n de barrio una canci�n de Jorge Drexler.  

Y Olga Orozco recitando un poema como si fuera un tango y cantando un tango como si fuera un poema, y el Teuco Castilla, tan hijo de su padre, el gran Leopoldo Castilla tan de Salta, dici�ndonos de sus grandes viajes estelares, y Santiago Kovadloff improvisando con su maravilloso pico de oro, y los talleres de Marcos Silber y Ana Emilia Lahitte derramando poes�a por todas las rincones, y Fabiana Rey inventando y dramatizando grandes di�logos de poes�a con retazos de poemas de Alejandra Pizarnik y de Idea Villarino. Y m�s y m�s y m�s. Y nosotros felices, emborrach�ndonos de alegr�a con las hermosas palabras que s� supimos conseguir.

Y siguiendo con nuestra fantas�a, imaginemos luego que la nave espacial nos devuelve a un living donde nada falta pero acaso todo sobra, un living donde estamos s�, muy seguros, pero tambi�n secretamente aburridos hasta la muerte, un living donde se nos dispensan semanalmente treinta horas de f�tbol, veinte de recetas culinarias, cuarenta de ni�itas desnudas y cincuenta entre discursos pol�ticos y discusiones econ�micas o telenovelas bocasucias, que m�s o menos en alg�n momento parecen llegar a ser lo mismo.

Entonces recordar�amos el gran fog�n apasionado del que venimos y sentir�amos que detr�s de todas esa hojarasca, detr�s de toda esa mentira, detr�s de toda la blasfemia, detr�s del chisme mal nacido y del griter�o ensordecedor, detr�s de toda esa vieja y arrastrada trivialidad que a�n no hemos desandado, se esconde la negaci�n de la palabra, la f�rrea voluntad de destierro de la palabra, un exilio que se nos impone contra nuestro deseo m�s profundo, contra nuestra inocencia y transparencia m�s profundas.

Yo pido y exijo para todos nosotros el lugar de la palabra. Palabras para extendernos al sol y para ba�arnos de luna. Palabras para hacer un fuego, palabras para hacer un juego, palabras para hacer el amor, palabras para hacer la paz, palabras para rehacer y renacer nuestro hermoso, querido y vilipendiado pa�s.

Hermosas palabras, palabras ciertas, palabras que nos curen y nos hagan resucitar. Palabras dignas, ardientes, transparentes, valientes. Palabras para celebrar la palabra. Para nosotros, para nuestros hijos y para todos los hombres de buena voluntad que quieran habitar el suelo argentino.  (Discurso pronunciado al recibir en Buenos Aires el premio La Nacion-Sudamericana)
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Ivonne Bordelois, ling�ista argentina, doctorada en el Massachussets Institute of Technology, con Noam Chomsky, ensayista, poeta y catedr�tica en Utrecht, Holanda.

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