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16 de febrero de 2005 | |
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| Tribuna de opini�n | ||
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MAR�A
CARMEN GONZ�LEZ LANDA
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Introducci�nEn esta comunicaci�n, que tiene lugar en el marco del VIII Congreso Internacional de la Sociedad Espa�ola de Did�ctica de la Lengua y la Literatura y en homenaje a Mar�a Zambrano y Alejo Carpentier, aprovecho la oportunidad para realizar una lectura de una de las obras de la citada pensadora espa�ola, Notas de un M�todo[i], en la que reflexiona sobre asuntos que resultan pertinentes, como veremos, para fundamentar de forma renovadora algunas de las cuestiones cuyo enfoque es decisivo cuando de ense�ar y aprender se trata. En las p�ginas que siguen recojo el resultado de dicha lectura, organizando las cuestiones tratadas por Mar�a Zambrano, y que he considerado que vienen al caso, desde el marco de algunos de los postulados de la orientaci�n educativa que sustenta la denominada �psicolog�a cultural�[ii] as� como realizando inferencias positivas para perfilar nuestras concepciones sobre el saber y el conocer humanos y para volver a considerar el importante papel que los sistemas de signos y, en especial, el lenguaje verbal, juegan en la construcci�n y divulgaci�n de aquellos y, por tanto, en la conformaci�n de las culturas como marcos de referencia en los que establecer y compartir significados que orienten las acciones humanas y proporcionen identidad y sentido. Seg�n nos situemos respecto a los asuntos mencionados en el p�rrafo anterior, nos desenvolveremos, a trav�s de nuestras intervenciones did�cticas como profesores de lengua y literatura, de formas muy diferentes y, por lo mismo, con consecuencias tambi�n distintas para los receptores de nuestra ense�anza y para la sociedad de la que forman parte y a la que, a la vez, constituyen. Como es sabido, en Notas de un M�todo Mar�a Zambrano propugna la necesidad de no separar el pensamiento de la experiencia de la vida y despliega sus consideraciones sobre la trayectoria filos�fica de la cultura occidental y sobre las posibilidades y l�mites del m�todo para conocer que se desprende y consiste en el uso racional del pensar. Ahonda, a su personal�sima manera, en las categor�as principales que se perfilan en dicha filosof�a: m�todo, sujeto, pensamiento, imaginaci�n y raz�n; las cuales, a su vez, tambi�n intervienen tanto en las teor�as sobre el conocer (epistemolog�a) como en la configuraci�n del paradigma did�ctico: sujetos que ense�an y aprenden; contenidos que se acogen y/o se construyen; y procesos y recursos que se ponen en juego para la consecuci�n de metas personales y sociales, resoluci�n de problemas, desarrollo de capacidades y optimizaci�n de posibilidades. Esta traslaci�n de conceptos desde la reflexi�n filos�fica, en que se sit�a Mar�a Zambrano, al horizonte educativo que a nosotros como profesionales de la ense�anza de lengua y literatura nos compete, nos impele, en esta ocasi�n, a referirnos a las cuestiones de ense�anza-aprendizaje con y de la lengua, m�s que como �materia o asignatura�, como sistema simb�lico prodigioso con cuyo conocimiento y uso los seres humanos, distintivamente �seres de palabra�, podemos representar y comunicar nuestros modos de pensar y de sentir; indagar en el pasado, tomar conciencia del presente y orientar el futuro; desarrollar nuestra mente y exteriorizar nuestras versiones sobre el mundo; regular nuestra conducta, en sus dimensiones personal y social, privada y p�blica, e, incluso, proponer y consensuar modos de actuaci�n beneficiosos para los seres humanos y el planeta. | ||
Aunque de modo algo m�s impl�cito que en otra de sus obras[iii], en Notas, Mar�a Zambrano sigue constatando[iv], en el ser humano, la existencia, de, al menos, dos modos de despliegue del pensamiento y su expresi�n: _Uno m�s especializado en la representaci�n e interacci�n con los objetos y fen�menos f�sicos as� como, tambi�n, referido a la situaci�n espacial de los seres humanos en la realidad; responde al af�n de conocimiento racional y pretende dar cuenta (o raz�n) de aquellos objetos y fen�menos. Para ello se ejercita el pensamiento l�gico-cient�fico y su expresi�n categorial y objetivadora, con la raz�n como medida; dicha expresi�n se vierte en estructuras ling��sticas de car�cter expositivo, es decir, con pretensi�n de mostrar los fen�menos naturales. Esta modalidad del pensar y expresar es la propia del conocer intelectual y adquirido. _El otro modo es m�s relativo a los ancestros, a los or�genes, a las tradiciones, a las creencias, a los sentimientos y emociones, a las relaciones intersubjetivas y a lo que tiene que ver con la necesidad b�sica de los seres humanos de encontrar un lugar y un sentido m�s all� de lo inmediato. Para ello, como expresa la autora, necesitamos convertir el �transitar en trascender�, es decir, entre otras cosas, utilizar la memoria y el lenguaje para presencializar (hacer presente el pasado para que lo sucedido en �l llegue a ser plenamente) y para anticipar el futuro. Efectivamente, seg�n Mar�a Zambrano, con el lenguaje po�tico se expresa m�s adecuadamente lo recibido, lo que tiene que ver con el saber. As�, ella, en cierta medida, establece y glosa una diferencia de significado entre �saber�, que se acoge y, receptivamente, se expresa con la poes�a, y �conocer�, que se busca y se propone con la raz�n y el m�todo. Desde una mirada m�s general, la posici�n filos�fica de Mar�a Zambrano nos parece poder caracterizarse por tratar de superar ciertas antinomias cuya persistencia cierra caminos a la realizaci�n humana; una de las que aborda expl�citamente, y resuelve en cierto modo, es, precisamente, el intento de eliminar las consecuencias negativas de una disociaci�n radical entre poes�a y pensamiento. Para ello, por ejemplo, reivindica la potencia del uso de las met�foras y se detiene en algunas (luz; coraz�n; fuego...), demostrando que, en la cultura occidental, han entrado de lleno a formar parte y fecundar lo m�s granado del pensamiento abstracto. De hecho se sit�a en la b�squeda de �un conocimiento que sea integrador de los saberes fragmentarios a los que el hombre, especialmente el de hoy, se ve sometido�[v]. Pensamiento racional y po�tico En efecto, Mar�a Zambrano subraya que para desplegarnos y alumbrar claridad sobre nuestra condici�n humana y lo que la constituye, la envuelve o nos permite desarrollarnos sin �ensimismarnos�, (dada nuestra condici�n de �conato de ser� y no de �ser entero�), los seres humanos contamos con el pensamiento, en su doble dimensi�n racional y po�tica, y con el lenguaje. Es decir, tenemos la posibilidad de vislumbrar y expresar tanto lo recibido y hallado �por gracia�, mediante el lenguaje po�tico y la met�fora, como con la posibilidad de construcci�n mental que resulta de la selecci�n de lo requerido y buscado met�dicamente, que expresamos con el lenguaje filos�fico y cient�fico. En ambos modos, el lenguaje se revela como el principal sistema simb�lico compartido entre los seres humanos y en que se apoya su mente y su sensibilidad para realizar las operaciones necesarias para percibir, conocer y comunicar, es decir, para salir de s� al encuentro de la realidad y del otro. En efecto, el lenguaje es mediador en el desarrollo de la mente, de la sensibilidad y de las habilidades sociales de los seres humanos as� como configurador de las culturas. Por todo ello podemos establecer como una de las principales tareas educativas del profesorado, espec�ficamente del de lengua, el ayudar a todos sus alumnos a ensanchar sus usos ling��sticos en relaci�n con sus necesidades y finalidades y a ejercer la reflexi�n metaling��stica que les conduzca a ser cada vez m�s conscientes de la variedad y riqueza de los g�neros a su disposici�n, de las estructuras y l�xico disponibles para comprender y/o elaborar y expresar unas representaciones del mundo, de s� mismos y de los dem�s, cada vez m�s adecuadas al desarrollo humano y la vida buena, as� como conocer y utilizar mayor variedad de registros para ahondar en su propia condici�n y poder establecer la this site de relaciones que propicia su participaci�n en los diferentes �mbitos de la vida social. En efecto, el conocer y poder utilizar sistemas simb�licos cada vez m�s complejos y diversos nos posibilita, como seres humanos, superar ciertos l�mites de nuestras predisposiciones mentales y sociales de partida y, por ello, de favorecer este aprendizaje depende, en gran medida, la potencia de la instituci�n escolar para convertirse en un factor de primera magnitud como nivelador de las desigualdades intelectuales y sociales y, por lo mismo, propiciador de vidas humanas m�s satisfactorias, felices y fecundas. Dentro de la concepci�n de la educaci�n como pr�ctica capacitadora de las potencialidades humanas, se trata pues, entre otros factores, de cultivar la conciencia ling��stica de los alumnos, para que, cada vez con mayor empe�o y eficacia, logren un dominio personal de los sistemas simb�licos comunes y, sobre todo, del lenguaje verbal y de sus registros m�s elaborados, en los que se expresan los conocimientos especializados, as� como de su uso est�tico, a f�n de desentra�ar dimensiones de la naturaleza, de la condici�n humana y de la cultura que con los otros usos no se llegan a alcanzar. Se pretende, mediante un ahondamiento en la experiencia, ampliar correlativamente la sensibilidad, los usos de la mente y los usos ling��sticos; aprender a apropiarse de h�bitos de pensamiento y gusto; aprender a hacerse conscientes de las meta-capacidades simb�licas y aprender a usar deliberadamente tanto el lenguaje abstracto, expresi�n del conocimiento cient�fico, como la expresi�n metaf�rica. | ||
Otra polaridad, a�n m�s abarcadora, de la que Mar�a Zambrano hace depender la planteada en los p�rrafos precedentes entre lo racional y lo po�tico, se refiere a las culturas, permiti�ndonos establecer, si nos conviene o nos es necesario, la distinci�n entre unas m�s sapienciales y otras, derivadas del desarrollo de la filosof�a y las ciencias, es decir, del pensamiento racional, m�s tecnocr�ticas. Seg�n el pensamiento de Zambrano, esta polaridad m�s general surge de la relaci�n que el sujeto y los grupos establecen entre la realidad que perciben, por una parte, como �m�ltiple, ambigua, inagotable, opaca a la mente, ambivalente, imprevisible, contradictoria� , manifestaci�n de lo �sagrado� y del pasar heraclitiano y, por otra, como �this site pura, sin poros de multiplicidad, this site de identidad entre ser y pensar� que sobrepasa a aquella, transformando lo sagrado en �divino� y que se establece, en la Filosof�a occidental, desde la aparici�n de la Idea en Parm�nides y de Dios en Arist�teles. Aquella realidad �oculta, enigm�tica, poderosa y sin l�mite�, m�s que conocida por el m�todo sistem�tico del pensar racional, es sabida por intuici�n, inspiraci�n po�tica, o por iluminaci�n, y dicho saber se expresa mediante mitos, ritos y lenguaje po�tico. Para alcanzar los tesoros de este tipo de saber, �acumulativo y no sistem�tico�, que, por ejemplo, los textos de antiguas culturas contienen no basta, afirma la pensadora, con descifrarlos y traducirlos sino que es preciso inferir �el pensamiento clave de donde partieron�, �el conjunto de creencias que les sirvieron de soporte, y revivir las situaciones de donde salieron o para las que fueron soluci�n. Percibirlas desde la zona olvidada de nuestra alma, desde esa memoria ancestral que yace en el olvido.�[vi] o, al menos, cuando no lo hacemos as�, darnos cuenta de que interpretamos aquellos signos, mediante su asociaci�n a conceptos o met�foras propias de unos seres humanos (occidentales) para quienes �la forma de saber� se ha reducido al �pensar� y que, por ello, tienen �una dificultad casi insuperable de entender lo que no se adquiri� pensando, lo que no es hijo del pensamiento.�. Con estas apreciaciones, la autora nos permite poner de relieve que contar s�lo con la raz�n en nuestras b�squedas de conocimiento es, entre otras cosas, reductor e incompleto. Esta atenci�n a las diversas formas de saber y conocer, que encontramos en Notas de un M�todo, es, en la actualidad, tambi�n una de las cuestiones clave y candente para la epistemolog�a o teor�a del conocimiento, para la filosof�a de la educaci�n y, por lo tanto, para el enfoque y las intervenciones did�cticas. El reconocimiento de dicha this site de modos y caminos para conocer obliga, en efecto y particularmente respecto a la ense�anza-aprendizaje de lengua, a considerar y trabajar sobre las diversas funciones y los diferentes lenguajes y registros, propios y distintos seg�n las diversas culturas, contextos y �mbitos en los que la experiencia humana se desenvuelve, seg�n las intenciones y necesidades comunicativas, las circunstancias y perfil de los destinatarios, los niveles de especializaci�n, etc... Como hemos indicado, de esta versatilidad de conocimientos y usos ling��sticos puede depender un mayor desarrollo de las mentes en ambas dimensiones (sapiencial e intelectual) y, sobre todo, unas representaciones de lo real y unas pr�cticas comunicativas que posibiliten alumbrar nuevas formas de convivencia y entendimiento entre las personas y los pueblos, as� como abrir caminos para el planteamiento constructivo de soluciones a los problemas que est�n imposibilitando e impidiendo el respeto mutuo, la felicidad, el bienestar y la paz. Del mismo modo, ensanchar los caminos del pensamiento y las posibilidades de la comunicaci�n permite el reconocimiento y la integraci�n de la this site y la complejidad as� como el entendimiento entre concepciones y expresiones culturales distintas; la negociaci�n entre divergencias y la posibilidad de vislumbrar o llegar a alcanzar sentido para la existencia de las personas y los grupos en complementariedad. Por otra parte, la consciencia de esta diferencia entre saber y conocer, seg�n la plantea Mar�a Zambrano, ofrece fundamento para orientar unas pr�cticas de aprendizaje y unas actuaciones existenciales en las que las posibilidades de desarrollo cient�fico se estimulen, pero sin disociarlas, sin embargo, de la complejidad y de los fines de desarrollo humano, social y natural sostenibles, a cuyo servicio debe entenderse aqu�l. Igualmente, con las cuestiones planteadas en los p�rrafos anteriores, se relacionan tambi�n diferentes modelos o representaciones de la mente (-computacional o cultural-, respectivamente, seg�n Bruner, por ejemplo), y el acoger uno u otro como orientador de las pr�cticas educativas tiene repercusiones importantes respecto a la formaci�n mental, actitudes y respuestas �ticas en la vida de los sujetos participantes en dichas pr�cticas o experiencias did�cticas. Desarrollo individual y social De los planteamientos de Mar�a Zambrano podemos tambi�n hacer derivar, en coincidencia con el horizonte educativo abierto desde la perspectiva de la �psicolog�a cultural�, la superaci�n de una concepci�n del aprender como proceso exclusivamente intraps�quico y, con ello, dar a�n m�s relieve a la importante repercusi�n que la recepci�n y acogida afectiva y social por parte de personas significativas produce en los ni�os, en primer t�rmino, y en cada ser humano siempre. Se resuelve con ello la antinomia �individual-social�, destacando la interdependencia entre ambos polos para el desarrollo arm�nico y positivo de cada uno y de ambos. Del mismo modo, las reflexiones de la autora en Notas desvelan una mirada que contempla simult�neamente al ancho mundo de cualquier cultura y de cualquier ser humano sin perder la concreci�n y el anclaje en la experiencia individual, como representaci�n de cada ser humano potente y menesteroso, al tiempo. Por todo ello consideramos que las apreciaciones de Mar�a Zambrano son profundamente educativas porque contribuyen a equipar las mentes para entender, sentir y actuar en el mundo cultural, tanto en su dimensi�n sapiencial como cient�fica y, con ello desarrollarse arm�nicamente. Como he expuesto, no s�lo se ha interesado por analizar la disociaci�n cultural entre poes�a y pensamiento y sus consecuencias[vii] , sino tambi�n busca, encuentra y ofrece nuevos caminos para el pensar y el decir, en que poes�a y pensamiento se imbriquen en una sola forma expresiva que pueda, as�, dar cuenta de la �totalidad de lo humano�, es decir, pueda contribuir a resolver la antinomia que se establece al considerar dicot�micamente la realidad de cada ser humano concreto, individual, que se desvela en la poes�a, y la consideraci�n abstracta del ser humano, inmerso en una cultura (la occidental) que se piensa a s� misma y que busca claridad guiada por un m�todo: el m�todo del pensar filos�fico. Ofrece, pues, la autora una especial e integradora manera de pensar lo humano en cuya caracter�stica es coincidente con la perspectiva educativa de la psicolog�a cultural y se revela, por tanto, fecunda para ser incorporada en la formaci�n de maestras y maestros, mediadores no s�lo entre las materias disciplinarias espec�ficas y los aprendices, sino tambi�n entre estos y los referentes culturales de los que depende su desarrollo vital, emocional y mental y, m�s a�n, el acceso al sentido de su vivir y la orientaci�n de su implicaci�n social constructiva. | ||
En s�ntesis, la condensada apreciaci�n de Mar�a Zambrano, en Filosof�a y Poes�a (p�g., 13), seg�n la cual: �La poes�a es encuentro, don, hallazgo por gracia. La filosof�a (es) busca, requerimiento guiado por un m�todo�, es glosada prolijamente en Notas de un M�todo, de tal manera que nos parece que ofrecer una reflexi�n amplia sobre dicha afirmaci�n es uno de los objetivos principales de este libro. En efecto, en �l la autora vuelve a la cuesti�n, con el deseo de caracterizar ambos modos de relaci�n con la realidad y su expresi�n. Como ya he dicho, en Notas, repasa y reconsidera las categor�as filos�ficas que nuestra cultura occidental ha constituido, con las que ha contado y sobre las que descansa el pensar met�dico acerca del ser humano y su lugar en el mundo: el sujeto; el pensamiento; la imaginaci�n y la raz�n, pero invit�ndonos a no obviar, sin embargo, la potencia de las culturas sapienciales para ahondar en lo insondable y poder as�, por la v�a de la contemplaci�n y la receptividad, extraer las riquezas humanizadoras que ello conlleva . Por todo ello, acompa�ar, lo m�s receptiva y atentamente posible, el discurrir de la pensadora espa�ola sobre estos elementos del saber y conocer humanos, y sobre las bases comunes en que se asientan las culturas, as� como sobre el espec�fico camino filos�fico-racional de la cultura occidental, puede convertirse en una fuente de nueva inspiraci�n para el quehacer educativo y did�ctico de quienes estamos empe�ados en la formaci�n del profesorado. Como ha quedado esbozado en el apartado anterior, una perspectiva educativa para el desarrollo moral, emocional y mental y de la amplitud de miras de los sujetos puede ser entendida como una instancia en la que estos no s�lo son acogidos en la cultura sino que, tambi�n, la constituyen; m�s precisamente, en dicha perspectiva la cultura es ofrecida como v�a y contexto para aquel desarrollo de las potencialidades de los sujetos, as� como fundamento o referencia para consolidar su identidad, aunque, especialmente en las sociedades multiculturales, tambi�n se hace preciso no considerar la cultura como compacta y �nica, sino asumir la complejidad y la versatilidad de las que somos capaces los humanos y abrir espacios y posibilidades diversos para proyectar y descubrir en cada uno/a identidades m�ltiples. Del mismo modo, bajo este prisma, la cultura es considerada como campo en el que proyectar y evaluar las potencialidades de los sujetos. Para todo ello ahondar en la representaci�n y conceptualizaci�n sobre el sujeto es primordial; Mar�a Zambrano nos brinda la ocasi�n, pues, como� Notas Primeras� , dedica cuatro cap�tulos a esta reflexi�n sobre el �sujeto�. Afirma que aunque filosofar, es decir, elaborar conceptos, no es lo primario y original que el ser humano hace, ya que lo primero en �l �no es mirar sino sentirse mirado�, sin embargo, comienza a sentirse sujeto cuando reflexiona, es decir, cuando se mira a s� mismo y establece la dicotom�a �sujeto-objeto� que marca su separaci�n del todo envolvente en el que estaba sumido y, como sujeto, es decir, convertido en �psique� queda desvinculado del �sentir originario�. Surge as� su conciencia de opacidad y, por ello, su necesidad de buscar sentido y de encontrar un lugar personal en el cosmos, en la historia y en la sociedad, as� como la necesidad de �transitar transcendiendo desde el ser que ya se es hasta el ser que se busca�. Todo ello le impele como sujeto a construir, mediante la palabra, como �ser de palabra�, categor�as (espacio-tiempo, entre ellas) con las que construye su representaci�n de la realidad. Esta manera de entender conecta, creemos, con postulados de una perspectiva constructivista del conocer humano, seg�n la cual nuestro acceso a lo que consideramos realidad est� mediado y limitado por categor�as como las de tiempo, espacio, causalidad� De esta concepci�n puede derivarse, entre otras, la tarea educativa de ense�ar a aprender al alumnado a utilizar conscientemente, es decir, metacognitivamente, estas categor�as como instrumentos o herramientas de interpretaci�n y creaci�n de significados sobre la realidad, tanto para poder integrarse en la cultura, y en las subculturas que la constituyen, como para, si fuera necesario, poder cambiar lo que de alienante de aquellas obstaculice su desarrollo. El ser humano en su constituci�n como sujeto se siente y se sabe capaz de actuar controlando las propias acciones y, al hacerlo, necesita culminarlas con eficacia para, con ello, adquirir dos refuerzos de su existir y su conciencia individual: la propia identidad y la autoestima. Sin embargo, la autora se�ala vigorosamente el peligro, por frustrador del desarrollo humano, que encierra el que este sujeto, clausurado en ese yo construido como �psique�, se erija en motor absoluto de s� mismo y propone, como cuantos han reflexionado sabiamente sobre el ser humano (B.Russell, entre ellos, y desde un horizonte declaradamente agn�stico) y como ant�doto liberador frente a aqu�l peligro, la apertura al amor, centro que le rige y en el que �tiempo y eternidad se unifican�. Con ello la perspectiva de la pensadora espa�ola puede, de nuevo, vincularse con la corriente humanista que subraya la potencia de la consideraci�n o construcci�n del sujeto pero que, tambi�n, advierte de su relatividad, ya que la proyecci�n y desarrollo del sujeto depende de los otros y de lo otro. Cerrarse en la propia �psique� conduce a abortar la apertura dial�gica y, seg�n Zambrano, a quedar privado del �sentir originario�, del amor que convierte al ser humano en un ser trascendente. De esta posici�n se deriva, nos parece, una muy importante orientaci�n para la mediaci�n educativa ya que podemos convenir que las aulas, y los contextos educativos de cualquier tipo, deben convertirse en espacios �comunitarios de aprendientes�, como propone Bruner (op.cit.), donde realizar experiencias de alteridad en las que la identidad de cada uno no se concibe como un absoluto sino como un ir trascendi�ndose, y en las que la escucha y las vivencias, conocimientos y decisiones compartidas redunden, en efecto, en construcci�n de identidades personales no egoc�ntricas y, menos, autistas, sino abiertas al reconocimiento de los otros como sujetos, poniendo las propias capacidades al servicio de proyectos comunes y fundamentando as� la propia estima en la eficacia y responsabilidad al y para llevar a cabo lo que decidimos o se nos pidi� para contribuir a los logros comunes. | ||
Con su propuesta de s�ntesis entre las dos grandes potencialidades humanas: el pensamiento y el amor, que hemos considerado en el apartado anterior, Zambrano busca integrarlos en un camino para iluminar la opacidad del sujeto, abriendo claridad en la oscuridad de su conciencia y, con ello, que le sea posible vivir �las cosas o sucesos del tiempo de la vida� en su inmediatez, �all� donde se hacen o forjan, en la condici�n humana misma�. Esta propuesta la encuentro coincidente, en alguna medida, con la de B.Russell, quien tambi�n define al ser humano como �una d�bil part�cula rodeada de insondables profundidades de silencio� y encuentra en la educaci�n, en el desarrollo del pensamiento, el instrumento con el que disminuir la distancia entre la conciencia humana y �lo que bajo ella y sobre ella se agita y amenaza�[x], aunque haciendo �ste una apuesta m�s propositiva, y menos receptiva al estilo de Zambrano, por el pensamiento racional sobre el que afirma, con met�foras hiperb�licas: �El pensamiento es grande, veloz y libre; la luz del mundo y la gloria principal del hombre�. Incorporar las apreciaciones precedentes a una perspectiva pedag�gica permite vincular el aprender con mantener despierta la mente y poder concentrar la atenci�n y los pensamientos sobre lo que est� aconteciendo o sobre lo que se est� considerando, obviando otras preocupaciones, el tedio, el cansancio y hasta la dificultad intelectual o el inter�s por el �xito; ello tiene que ver con dos movimientos interiores, aparentemente contrarios entre s�: con el ejercicio de la disciplina mental mediante el trabajo de concentraci�n para poder mantener de forma prolongada una atenci�n activa para captar lo que se busca y, simult�neamente, con una entrega meditativa que es acogida de lo que nos es dado. En lo referente al saber y conocer de los sujetos, Mar�a Zambrano no se conforma con una consideraci�n utilitaria de su funci�n en el desarrollo humano y, m�s a�n, se enfrenta a la que concibe el conocer como medio para adquirir superioridad sobre los dem�s, bien al contrario, persigue integrar el conocer y el saber en el nunca definitivamente abarcado horizonte de la sabidur�a. Seg�n la pensadora espa�ola, la salvaci�n del sujeto, el no quedar encenagado por la oscuridad de su opacidad, es dejar que la claridad circule, trascendi�ndose a si mismo, es decir, en aceptar su relatividad, pues es su propia condici�n de erigirse en absoluto lo que le hace opaco. Para completarse, el ser humano tiene que encontrarse en una �rbita que es �la �rbita del amor que es al par pensamiento�. El sumergirse en esta �rbita libra al sujeto de �todo absolutismo del ser y de todo sumergirse en la nada� ( Notas, p�g. 79) y, con ello se libra de la tentaci�n del �idealismo� e, igualmente, de hacer ontolog�a en lugar de dejar al pensamiento que fluya. 3. Aprender la b�squeda y construcci�n de sentido La memoria es entendida por Mar�a Zambrano, al glosar, en Notas, el comienzo del libro VI de La Rep�blica de Plat�n, como �la primera forma de visi�n, (vale decir, de sentido), que se da al mirar hacia atr�s, volviendo la vista, (vale decir, la atenci�n), hacia ello�. El origen de la memoria es la b�squeda de algo perdido, ese algo que necesita ser mirado nuevamente, que el ser humano necesita, m�s que decide, ver; es algo perdido y, sin embargo, irrenunciable. Vinculada con el af�n de conocimiento, provocado por la necesidad del ser humano de �ver lo que se vive y lo vivido, verse viviendo�, es decir, por la necesidad de sentido, la memoria es, en efecto, la primera forma de visi�n sin la que �todo lo vivido ser�a un pasar sin renacer, y sin renacer nada es del todo vivo�. El recordar permite una identificaci�n temporal entre el presente del sujeto y el pasado hecho presente, vuelto presente; permite, en cierta medida, verificar el postulado inicial del conocimiento: la identidad del ser y del pensar. Se trata de perseguir la presencia de diafanidad de un trozo de vida o de conocimiento ya habido. Las apreciaciones de Mar�a Zambrano sobre la memoria forman parte de lo que podemos considerar una teor�a zambrana del conocimiento, en la que pone de manifiesto que lo que pasa fugitivamente, para ser visto, reclama �figura, forma y peso�, es decir, condensarse, mediante la mirada dirigida desde el centro de la conciencia, en una imagen �que presida la memoria como un centro luminoso�, custodia del sentir y los sentimientos, que rescate, en el proceso de recordar, lo portador de sentido, es decir, configurando y guiando el proceso mismo del recordar. Es el sentir el que moviliza la atenci�n y la intenci�n en la b�squeda de los sucesos ca�dos en el fondo del pasado y esa b�squeda requiere que el sujeto descienda a ese fondo donde yacen y cree un medio transparente �donde lo a medias vivido encuentre modo de ir naciendo�. La memoria es, pues, un medio para rescatar lo que yace en el �lecho oscuro del olvido�; un ant�doto humanizador contra el correr del tiempo.
En el ejercicio que nos
hemos propuesto de trasladar esta concepci�n de la memoria que encontramos
en el pensamiento de Mar�a Zambrano al �mbito educativo, obtenemos
nuevamente confirmaci�n para el empe�o de convertir la relaci�n did�ctica en
�ese espacio viviente para albergar las cosas del tiempo de la vida,
logrando que se den a ver haci�ndose, y no cuando inevitablemente se
hicieron; rescat�ndolas de un �vagar sin asidero, sin hogar, o en acecho�,
mediante la atenci�n y el inter�s; buscando incesantemente �el respirar del
espacio viviente, donde el presente germina�. Seg�n estas consideraciones,
ni la educaci�n ni la did�ctica, en su an�lisis de los sucesos hist�ricos y
mucho menos en la pretensi�n de interpretar el presente y constituir el
futuro, deben tender a un conocimiento pasivo de hechos muertos. |
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Para que los procesos interiores de la vida de los sujetos puedan adquirir la forma que requieren para hacerse tangibles y comunicables, los seres humanos contamos con otro instrumento eficaz: la imaginaci�n. La pensadora establece que la verdadera funci�n de la imaginaci�n es abrir camino a la imagen, manifiesta en diversas formas: una palabra, un simple gesto de la mano, una tonalidad en el decir...; contempla la imaginaci�n en su relaci�n de contribuci�n a las tareas y al servicio de los otros dos constituyentes principales de los sujetos: el pensamiento y el amor, entre los que da prioridad a este �ltimo. La expresi�n metaf�rica es concreci�n de las im�genes producidas por la imaginaci�n, y funciona como puente o mediaci�n entre el parecer y el ser de los seres vivos y las cosas, e, igualmente, entre los sucesos y las acciones; subraya los juegos de afinidades y parentescos y los lleva al extremo cuando nombra una cosa con el nombre de otra. Como �nada es lo que es�, sino, tambi�n, lo que parece, es frecuente poder atisbar mejor los abismos de lo insondable mediante met�foras, ello explica porqu� algunas, como, por ejemplo, las relativas a los llamados cuatro elementos (tierra/consistencia, agua/dinamismo, fuego/luz y aire/respiraci�n) han trascendido su primera referencia f�sica, y se han instalado en culturas muy diversas, e, incluso, han alcanzado a dimensiones del pensamiento abstracto, convirti�ndose, por su riqueza de significaciones, en fuentes inagotables de sentido. En el �mbito educativo se muestra tambi�n extraordinariamente fecundo, importante y urgente, incorporar en las pr�cticas pedag�gicas el trabajar sistem�ticamente esta capacidad de divergencia, creatividad y ahondamiento que contiene el uso metaf�rico de los signos ling��sticos, pl�sticos, prox�micos, etc. como actividad encaminada, tambi�n, hacia la invenci�n de modelos de mundo m�s habitable. Como ya he anticipado, muchas de las p�ginas de Notas de un M�todo las dedica Mar�a Zambrano a rastrear el origen, las caracter�sticas, las aportaciones y l�mites del m�todo sistem�tico del pensar filos�fico, desde su inauguraci�n con la pregunta clave de Tales de Mileto, a mediados del siglo VI antes de Cristo: �Qu� son las cosas?, que da origen al pensamiento en su forma m�s racional. Poder responder a dicha pregunta, como lo hizo Tales, requiere �una fe radical, �ltima, en la raz�n, en el ser� de la que se ha nutrido todo el �esplendoroso proceso de la filosof�a griega, de la Filosof�a.� (Notas, p�g. 100). A esta cuesti�n tambi�n le podemos encontrar un correlato en los planteamientos actuales sobre epistemolog�a, educaci�n y did�ctica: todos aquellos vinculados de una u otra manera a la corriente denominada �constructivismo�. Mediante la raz�n, el sujeto posee la capacidad de �reducir, de situar, de ordenar y a�n de anular acontecimientos, de hacer que lo que pasa y est� pasando sea como si no fuera�; as� se desvela, como hiciera Descartes, �la propia existencia pensante del sujeto o al sujeto como pensante� y, con ello, el poder de la acci�n del pensamiento racional, distanciador del sujeto respecto de lo que est� frente a �l: el objeto, as� como generador de un �mbito, �un medio de visibilidad donde la diversa condici�n de objeto y sujeto se muestra�. A�n sin ocultar sus l�mites, Zambrano, en Notas (p�g.101), se�ala y justifica los beneficios del pensar racional. �Con la raz�n podemos situar las cosas en el orden del ser y los sucesos en el orden del tiempo� y, con ello, saber a qu� atenernos respecto a lo que nos rodea, a lo que nos acontece, a la opacidad, a la tiniebla. Toda la exposici�n precedente, nos conduce nuevamente a la diferenciaci�n con la que inici�bamos esta comunicaci�n y que es de las m�s abarcadora y reflexionada por Mar�a Zambrano: Saber/Pensar; puede ser pertinente y fecundo dejarnos iluminar por ella en nuestra mediaci�n educadora y did�ctica con el alumnado, sabiendo asumir las responsabilidades diversas que se derivan cuando de lo uno o lo otro se trate en los distintos niveles, aspectos y cuestiones, contenidos o materias, en las, por todo ello, diversas interacciones dial�gicas entre profesor-alumno/s e, igualmente cuando se aborda la educaci�n como instancia institucional de la que depende el rumbo de las culturas y, con ello, el sentido y la marcha de las sociedades. Podemos tener en cuenta las estrategias que menciona la autora para alcanzar �saber�, es decir, la experiencia ancestral y sedimentada, que se hereda y se obtiene abri�ndose a recibirla: mediante la �observaci�n aislada; la intuici�n; la inspiraci�n po�tica; la visi�n o iluminaci�n repentina de la mente que capta algo de modo deslumbrador�. A su vez, cuando tratamos de instruir deliberadamente y, la mayor parte de las veces, lejos de los contextos de uso de los conocimientos a aprender, considerando prioritariamente el conocimiento racional, procuremos no desconsiderar aqu�l saber del que el conocimiento racional se ha apartado. Este conocimiento racional que pretende saber leg�timamente, es decir, desde un sistema y un m�todo de acceso y transmisi�n, es el m�s reconocido en los sistemas educativos de nuestras sociedades occidentales y, posee, en efecto, un gran valor.
Sin embargo, como hemos
visto, el filosofar de Mar�a Zambrano, al buscar la complementariedad entre
saber y conocer y desarrollar su reconocimiento de que �la raz�n es m�ltiple
(�seminal�; �mediadora�; �vivificante�; �po�tica�), al par que es una�,
Notas, p�gs.128 a 130), nos posibilita hacer lo propio como docentes y
acompa�antes del desarrollo humano integral de nuestros alumnos, as� como
referentes de su participaci�n �tica como ciudadanos y miembros benefactores
en las distintos �mbitos sociales en los que transcurre su experiencia vital
y en los que se insertan las acciones con las que ellos colaboran. |
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[i]
Zambrano, Mar�a: Notas de un M�todo, Mondadori, Madrid, 1989. _Como es sabido, la �raz�n po�tica� es una de las aportaciones m�s genuinas de la filosof�a de esta autora: �Hace morir y nacer a un tiempo; ser y no ser; silencio y palabra. Requiere sentirla no s�lo con el pensamiento sino con la respiraci�n, con el cuerpo; el sentir la vida donde est� y donde no est� todav�a. En este �logos sumergido�, en eso que clama por ser dentro de la raz�n�, con la que, creemos, ha contribuido al establecimiento de las recientes corrientes conocidas bajo la denominaci�n �inteligencia emocional�, as� como la vemos indicio de su apertura hacia las culturas orientales que supeditan la relaci�n con la realidad, entre otros factores, a un manejo �consciente� de la respiraci�n y la hacen depender de determinadas posturas corporales. |
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Mar�a Carmen Gonz�lez Landa es catedr�tica del Departamento de Did�ctica de la Lengua y la Literatura de la Facultad de Educaci�n de la Universidad Complutense de Madrid | ||
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