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25 de noviembre de 2004 | |
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| Tribuna de opini�n | ||
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CARLOS COELLO VILA:
Un genio tras la sintaxis
destrozada | ||
Por supuesto, ese �boliviano en general� es el que pertenece al pueblo llano, el que habla un �castellano popular� y no el que en todas las regiones de la naci�n emplea, seg�n las circunstancias y situaciones formales de comunicaci�n, la norma culta que le permite comprender y hacerse comprender con todos los que emplean la misma norma en cualesquiera de los �mbitos ling��sticos panhisp�nicos. Algo semejante pasa con un chileno, un mexicano, etc., cuando se expresan en lengua popular o en lengua culta. El que escribi� el mencionado texto no sabe que el castellano andino ha elegido las formas anal�ticas y ha rechazado o excluido las formas sint�ticas (�Ha de estar viniendo�; �sabe venir�; �hab�a sabido venir�, etc.) Con referencia al verbo �hacer�, existen estudios que analizan y proporcionan explicaciones sobre el sentido de los usos bolivianos en el contexto de las perspectivas de evoluci�n de la propia lengua espa�ola. As�, Pf�nder y Soto recogen algunos ejemplos del tipo �hacer + infinitivo�que ser�an desconcertantes para un hablante ajeno al castellano andino.[ii]
En esta construcci�n, llamada �causativa�, el verbo �hacer� aparece en su forma refleja y el sujeto sint�ctico no es, obviamente, agente sino paciente de la acci�n realizada por el perro. Por supuesto, la ni�a ha sido mordida por el perro; ella ni ha mordido al perro ni ha ocasionado que el perro la muerda. Es, pues, una acci�n m�s pasiva que causativa del tipo �la ni�a ha sido mordida por el perro�. �Seg�n estas primeras observaciones, se hace evidente la necesidad de explicar los datos del castellano andino no s�lo a partir de las caracter�sticas sint�cticas, sino teniendo en consideraci�n aspectos sem�nticos y pragm�ticos� �afirman, con toda raz�n, los citados autores.[iii] Otros ejemplos del corpus que ellos utilizan son claramente causativos
Poco usuales en el corpus del castellano peninsular, en el que funcionar�a la forma �mandar a + infinitivo�, como en otras lenguas romances, es frecuente en el castellano de Cochabamba quiz� por influencia del sufijo causativo -chi y el instrumental -wan. En el quechua, la lengua de contacto, la estructura gramatical es �verbo + chi + wan�. As�,
�masi-wan
�pedir a un amigo Podr�amos reproducir ejemplos an�logos con el verbo �hacer�, pero lo esencial, seg�n apuntan los autores citados, es que este verbo pierde, en los ejemplos, el car�cter de intencionalidad porque se produce un empalidecimiento sem�ntico propio de los procesos de gramaticalizaci�n (�bleaching�). Adem�s, el pronombre �se� corresponde al objeto directo y el agente �el perro� est� regido por la preposici�n �con�, construcci�n ciertamente inusual y agramatical en otros dominios geogr�ficos de la lengua castellana. | ||
Tambi�n los casos donde el orden de los constituyentes de la frase aparece trastrocado, como en el ejemplo: �de paseo voy a ir�, hizo pensar a alg�n notable personaje que detr�s de esta �sintaxis destrozada� del castellano estaba la sombra del genio de alguna lengua de contacto.[iv] La oposici�n entre las formas perfectas del pret�rito y las del pluscuamperfecto se da en el espa�ol peninsular marcando una mayor distancia temporal, referida al hablante, de estas �ltimas formas respecto a las primeras. Esta oposici�n se resuelve en el castellano andino en favor de otra funci�n nueva y distinta. Tambi�n el pluscuamperfecto expresa una mayor distancia con respecto al hablante, pero no de car�cter temporal sino testimonial.[v] Cuando el hablante andino dice: �hab�a sido un negocio� no est� haciendo referencia a la existencia del negocio en un pasado m�s o menos remoto y a su inexistencia actual, sino al hecho de que �algo es efectivamente un negocio, pero que �l no sab�a, que �l no ten�a un conocimiento testimonial de tal hecho�. Si un boliviano dice de un hombre: �hab�a sido portero�, no quiere decir que antes ese hombre era portero y ya no lo es, sino que ��l no ten�a hasta ahora el conocimiento testimonial de que ese hombre es portero�. Lo que advierte el ling�ista es que esta nueva funci�n puede estar relacionada con una marcada influencia de los sufijos quechuas �sqa y �rqa, que se�ala la oposici�n testimonial - no testimonial, categor�a gramatical que se da tambi�n en otras lenguas nativas (en el aymara la funci�n testimonial se marca con el sufijo -tayna, como se aprecia en la frase �Akaskataynaw�, �aqu� hab�an estado�), pero que es inexistente en el espa�ol peninsular. Ni fon�ticamente �por el desplazamiento acentual en habi��, ni sem�nticamente �por la nueva significaci�n referida al aspecto no testimonial�, ni pragm�ticamente �por la naturaleza de las relaciones en que intervienen los actantes en la situaci�n de comunicaci�n� este uso sui g�neris de la variedad andina no existe en el espa�ol. Adem�s, el reconocimiento f�ctico de los hechos, la independencia y el distanciamiento de los actores con respecto a �stos a�aden un acentuado determinismo en la cosmovisi�n del hombre andino. Este determinismo se expresa, con toda su carga de fatalidad en la expresi�n aymara �Ukhamaw! �as� es�, que tiene un sentido apod�ctico, de necesidad, y no s�lo categ�rico. Ukhamataynaw!, �as� nom�s habi� sido�, refleja una resignada aceptaci�n del destino; una ciega aceptaci�n de la realidad, como advirti� el pensador argentino Rodolfo Kusch, en sus reflexiones sobre el mundo andino. | ||
Podr�amos multiplicar los casos sobre los usos divergentes de esta variedad de lengua con referencia a la norma est�ndar ocasionados por el influjo de las lenguas de contacto. Con mayor incidencia y profundidad, el espa�ol ha ejercitado una influencia onerosa en todos los niveles estructurales de las lenguas nativas, vali�ndose de la supremac�a digl�sica en la que se hallaba y se halla con respecto a estas lenguas en casi cinco siglos de contacto. Las pol�ticas ling��sticas de la metr�poli durante la colonia se reprodujeron mutatis mutandis en la �poca republicana. La pol�tica imperial de Felipe II y de Carlos III, permisiva o intolerante sobre las lenguas ind�genas, resurgi� en los siglos XIX y XX vestida de otro ropaje, pero con un cuerpo de doctrina m�s o menos semejante. Hasta 1952, a�o de la revoluci�n nacional boliviana, los ind�genas y las mujeres estaban marginados del derecho al voto en los plebiscitos. La educaci�n era un privilegio de blancos y mestizos; los indios estaban casi excluidos de ella, con excepci�n de algunos experimentos p�blicos y privados.[vi] La Reforma Educativa de 1953 y el C�digo de la Educaci�n Boliviana de 1955 establec�an que la alfabetizaci�n en castellano y la ense�anza b�sica universal y gratuita eran los veh�culos para integrar a todos los ciudadanos en una comunidad pol�tica comprometida con los principios de la revoluci�n nacional. En una situaci�n de contacto, las relaciones involucran no s�lo a las lenguas sino a las comunidades de los hablantes. Interesa establecer algunas perspectivas sobre lo que puede ocurrir en los a�os que vienen entre el espa�ol y las lenguas andinas. Para esto necesitamos recurrir a algunos datos estad�sticos comparativos. Tomemos los tres �ltimos censos ―1976, 1992 y 2001― levantados en Bolivia. El �ltimo censo ratifica las observaciones y comentarios que un experimentado antrop�logo y ling�ista realiz� sobre los dos primeros.[vii] En t�rminos absolutos, aument� el n�mero de los que hablan castellano, quechua o aymara, pero, en t�rminos relativos, en los �ltimos 25 a�os, el porcentaje de los primeros se increment�; en cambio, el de los dos �ltimos sufri� un peque�o decremento. Creci� el n�mero de biling�es, de los cuales la gran mayor�a tienen el quechua o el aymara como lengua materna. Las causas principales pueden ser la extensi�n de la educaci�n a sectores rurales donde antes no llegaba y las cada vez mayores migraciones del campo a la ciudad. | ||
Estos datos hacen prever las siguientes tendencias[viii] a) El porcentaje del castellano continuar� en aumento b) El porcentaje de las lenguas nativas seguir� decreciendo c) En n�meros absolutos, el castellano crecer� a�n m�s con relaci�n al crecimiento general de la poblaci�n; y las lenguas nativas crecer�n, pero por debajo del crecimiento absoluto de la poblaci�n d) Crecer� notablemente el n�mero de biling�es castellano-quechuas o castellano-aymaras e) Disminuir� el n�mero de monoling�es quechuas y aymaras Aunque el apoyo en favor del castellano ser� mayor en las ciudades que en el �rea rural, la presi�n previsible sobre el mismo ser� cada vez mayor por influencia del adstrato quechua o aymara, seg�n las regiones. El castellano y las lenguas nativas conviven en una situaci�n de diglosia ling��stica.[ix] El castellano es, en los hechos, la lengua oficial del Estado, aunque no lo diga expresamente la Constituci�n Pol�tica. Los monoling�es castellanos s�lo tienen la necesidad de aprender alguna de las lenguas propias de los otros grupos por razones particulares, en tanto que los hablantes de lenguas ind�genas tienen la premiosa necesidad de aprender castellano para superar su nivel de vida. Para ellos, la lengua �oficial�, alta, de prestigio, resulta tan necesaria que, desde el punto de vista de la socioling��stica, el biling�ismo, para ellos, es un biling�ismo de supervivencia. La relaci�n entre el castellano y las lenguas nativas es asim�trica, y esta asimetr�a cubre y trasciende todas las esferas de la actividad humana. El monoling�ismo cobra dimensiones pol�ticas e ideol�gicas. El linguicismo (Skutnabb-Kangas, Phillipson) ―concepto semejante al de glotofagia―, encarna �las ideolog�as y estructuras que son empleadas para legitimar, consolidar y reproducir una divisi�n inequitativa del poder y de los recursos (materiales y no materiales) entre los grupos humanos [...]. El linguicismo, entonces, puede ser concebido como una ideolog�a para justificar y preservar una sociedad dual y como otros tipos de -ismos negativos, esta ideolog�a puede servir de base para actuar de manera abierta o encubierta en una determinada direcci�n tanto en el plano individual como en el social�.[x] | ||
En virtud de estas consideraciones y de las tendencias anteriores podr�a pensarse que algunas lenguas ind�genas se hallan en proceso de extinci�n. Esto es parcialmente v�lido para las lenguas de la regi�n de los llanos tropicales del Oriente de Bolivia, pero no para las lenguas mayoritarias de los Andes, por diversas razones. En primer lugar, en cifras absolutas, el grupo cultural quechua tiene m�s de dos millones de hablantes (s�lo en Bolivia), y el grupo aymara est� cerca del mill�n y medio. En segundo lugar, estos grupos �tnicos tienen una fuerte identidad y sus manifestaciones culturales han pasado de la expresi�n oral a la expresi�n escrita, aunque todav�a bastante limitada.[xi] Y, finalmente, porque, si contin�a la reforma educativa, aprobada por el Parlamento en 1994, fundada en los principios b�sicos de la pluriculturalidad y del multiling�ismo, las lenguas en contacto entran en una etapa de relaci�n in�dita en el pasado. Se debe reconocer la this site Una educaci�n pluricultural pretende el reconocimiento de la this site, como una condici�n inherente a la realidad �tnica, social y cultural del pa�s. Supone un cambio esencial de concepci�n ideol�gica, y pretende crear un ambiente de respeto mutuo, para proporcionar las mismas obligaciones, derechos y oportunidades de educaci�n, de bienestar y de progreso, sin ning�n tipo de discriminaci�n, para todos los bolivianos. El car�cter biling�e de la misma implica la adquisici�n del castellano como segunda lengua para los hablantes de lenguas originarias y el aprendizaje de la lecto-escritura en su propia lengua. Para los que tienen el castellano como lengua materna, la adquisici�n de alguna de las lenguas nativas. En ambos casos, tenemos, al menos, dos lenguas, lo que implica una situaci�n de biling�ismo o multiling�ismo permanente, en el que el aprendizaje de la lengua nativa por parte de los que hablan espa�ol est� condicionado por motivaciones personales enriquecedoras. Lo que interesa es el cambio de actitud hacia el reconocimiento de las lenguas ind�genas de parte de �stos, y la autoestima y lealtad que deben tener todos, especialmente los ind�genas, por su primera lengua.
Por este camino, la posibilidad de una intercomunicaci�n en lengua
castellana garantiza la this site ling��stica nacional, y todas y cada una de
las lenguas abor�genes desempe�an un papel importante en la autoafirmaci�n
de los valores vern�culos de larga tradici�n, que enriquecen, gracias a su
this site, el rico calidoscopio cultural boliviano. |
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[i]
Publicado en un peri�dico chileno con el t�tulo �La vista chilena de
Bolivia...�.
[vii]
Cf. XAVIER ALB�, Lenguas en Bolivia, 2 vol. + otro
de mapas, La Paz, 1995. |
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Carlos Coello Vila es miembro de la Academia Boliviana de la Lengua. | ||
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