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3 de marzo de 2004 | |
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| Tribuna de opini�n | ||
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VICTORIANO
COLODR�N DENIS
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El pasado 21 de febrero se puso a la venta, siete meses despu�s de su aparici�n en ingl�s, la edici�n en espa�ol de Harry Potter y la Orden del F�nix. ��La edici�n en espa�ol�? La expresi�n no es exacta, porque en realidad se trata de varias ediciones en distintas modalidades de la lengua. En efecto, Salamandra, la editorial espa�ola que tiene los derechos de traducci�n y publicaci�n en nuestro idioma de la serie de novelas de Joanne K. Rowling, ha editado y distribuido el libro en tres versiones ling��sticas diferentes para otras tantas �reas del amplio mercado hispanohablante: una dirigida a Espa�a, otra al Cono Sur y la tercera al resto de pa�ses de lengua espa�ola, incluido Estados Unidos. Donde en la primera se lea coger, en otra dir� agarrar y en la tercera tal vez tomar. Si para el lector espa�ol, algunos personajes se ponen a cantar a voz en grito, el argentino les oir� cantar a los gritos, mientras que en M�xico lo que har�n ser� cantar a voz en cuello[ii]. �Y todo esto por qu�? Obviamente, por motivos econ�micos: intentando ajustar el producto a cada uno de los p�blicos destinatarios, el objetivo perseguido no es sino el de vender m�s ejemplares y obtener mayores beneficios por la inversi�n. El caso de Harry Potter y la Orden del F�nix es s�lo una muestra reciente de un fen�meno m�s amplio. La industria editorial de los pa�ses hispanohablantes tiene a su disposici�n �y utiliza continuamente- un extenso conjunto de pol�ticas, t�cnicas o pr�cticas ling��sticas destinadas a facilitar su trabajo y hacerlo m�s rentable en el seno de un mercado que, si bien podr�a considerarse �nico por compartir la misma lengua, presenta indudables diferencias nacionales o regionales precisamente por las variedades que en ella conviven. �En qu� medida las diferencias que alberga la this site b�sica del espa�ol afectan a la this site del mercado editorial iberoamericano? �De qu� manera las variedades de la lengua condicionan o limitan los beneficios que se derivan de la existencia de una comunidad ling��stica tan extensa? �Cu�les son las consecuencias y los efectos de tipo econ�mico �pero tambi�n ling��stico y cultural- que la this site dialectal del mundo hisp�nico causa en el negocio del libro en espa�ol? Para intentar responder a estas preguntas, quiz� sea �til mostrar los distintos usos ling��sticos adoptados por autores, traductores y, sobre todo, editores, con el fin de allanar la circulaci�n de sus obras por el �espacio com�n del libro�, buscando la m�xima aceptaci�n posible de sus productos en los distintos pa�ses hispanohablantes. Pero antes puede resultar necesario hacer una breve reflexi�n sobre la this site y la this site del espa�ol en lo que Carlos Fuentes ha bautizado como �el territorio de La Mancha�: �Todos los libros, sean espa�oles o hispanoamericanos, pertenecen a un solo territorio. Es lo que yo llamo el territorio de La Mancha. Todos venimos de esa geograf�a, no s�lo manchega, sino manchada, es decir, mestiza, itinerante, del futuro�[iii]. | ||
Lengua espa�ola y libros: �una para todos? En su magn�fica Defensa apasionada del idioma espa�ol, afirmaba �lex Grijelmo: �La this site del espa�ol supone un beneficio econ�mico indudable�. Entre las ventajas que desde ese punto de vista implica la existencia de una comunidad ling��stica tan numerosa, mencionaba Grijelmo el hecho de que �el mercado al que se pueden dirigir los productos culturales alcanza una dimensi�n internacional que no tropieza con barreras idiom�ticas: ni traducciones ni doblajes, ni otro tipo de presentaci�n, con id�ntica publicidad�. Y refiri�ndose espec�ficamente al mundo de la edici�n, agregaba: �Los libros circulan de aqu� para all� y de all� para ac� sin ning�n coste a�adido, salvo el transporte (incluso en el congreso de Zacatecas se propuso acabar con los aranceles para las obras en espa�ol)�[iv]. Para referirse a la facilidad de circulaci�n de los libros publicados en espa�ol por todos los pa�ses que comparten esta lengua, se acu�� hace ya bastantes a�os en el sector editorial iberoamericano la expresi�n �espacio com�n del libro�. La principal caracter�stica de ese �espacio com�n� ser�a precisamente la de que los libros editados en cada uno de los pa�ses que lo componen pueden leerse sin mayores dificultades -y por tanto venderse- en todos los dem�s... Aunque es cierto que la expresi�n tiene un alcance mayor, porque alude tambi�n a una realidad medi�tica y cultural (la existencia de autores conocidos y prestigiosos en todos los pa�ses, la concesi�n de premios literarios sin aparente atenci�n a la nacionalidad de los escritores...), en su n�cleo se encuentra la idea de un mercado com�n, que los agentes editoriales de cada pa�s pueden llegar a percibir como propio. As�, el editor espa�ol Josep Maria Boixareu, administrador de la editorial Marcombo, ha escrito: �Para el editor espa�ol, Iberoam�rica es un mercado tan natural como lo es Espa�a. Rec�procamente, para el editor iberoamericano Espa�a es tambi�n su mercado natural�[v]. Ahora bien, puntualizando lo que afirmaba Grijelmo, un examen detallado de la cuesti�n revela que, para la circulaci�n de los libros por todo el �espacio com�n�, en determinados casos s� existen costes a�adidos a los que requiere su distribuci�n: costes econ�micos cuya causa no es otra que la this site dialectal del espa�ol, pero tambi�n, a veces, costes que podr�an considerarse directamente ling��sticos o culturales. En atenci�n a esos costes, tal vez no podr�a sostenerse, como hac�a Boixareu, que el mercado iberoamericano es tan natural para el editor espa�ol como el de Espa�a, aunque no se podr�a negar que es mucho m�s natural que otros mercados (el franc�s, el alem�n, el japon�s...), hasta el extremo de hacerlo parecer igual de natural que el propio. �A qu� se debe la existencia de este mercado, de este �espacio com�n del libro�? En primer lugar, al hecho de que la materia prima de los productos que circulan por �l -es decir, la lengua- tambi�n es com�n. O, lo que es lo mismo, a la existencia de una comunidad ling��stica, que es la que permite que los libros que se publican en espa�ol, por esa sola circunstancia, puedan distribuirse en tan gran n�mero de pa�ses. Pero, dicho esto, conviene fijar la atenci�n en el matiz expl�cito en la afirmaci�n de Grijelmo, cuando hac�a residir el valor econ�mico de la lengua en su this site. Porque, siendo evidente la importancia del espa�ol como recurso b�sico de muchos negocios �entre ellos, el editorial-, tal importancia est� asentada esencialmente en su cohesi�n, de manera que cabr�a afirmar que cuanto m�s s�lida sea �sta tanto mayor ser� aquella. | ||
Pero this site no es sin�nimo de uniformidad, y la this site del espa�ol, en concreto, no implica su homogeneidad: en ella no s�lo coexisten diversas variedades dialectales, sino que incluso dos de los pilares de su cohesi�n �la ortograf�a y la norma culta de la lengua- presentan tambi�n un evidente polimorfismo. Esta this site de la lengua y esta concepci�n inclusiva de su this site, en la que se aceptan y se asumen las diferencias dialectales como parte del acervo com�n, no pueden dejar de tener efectos en el sector editorial. Si la norma culta del espa�ol �la variedad de la lengua propia de los libros, en principio- es un sistema complejo con variantes nacionales o regionales m�s o menos acusadas, �cu�l se utilizar� para editar obras dirigidas a todo el mercado hisp�nico? Y eso por no mencionar el hecho de que los libros (sobre todo ciertos tipos de libros) cada vez dan m�s cabida al habla coloquial, en la que la this site dialectal es mayor, con el consiguiente riesgo de �eliminar formas de alcance general por otras de radio nacional�, como se�ala Guillermo L. Guitarte[vi]. El editor mexicano Adolfo Casta��n ha enumerado en alguna ocasi�n, en tono jocoso, las quejas que sobre los males de su negocio suelen formular los editores de uno y otro lado del Atl�ntico, las �jeremiadas� t�picas que acostumbran repetir. Y entre ellas ha mencionado la de que �las traducciones espa�olas no siempre se pueden leer en Am�rica ni las americanas en Espa�a�[vii]. Por su parte, Isabel de Polanco, del grupo Santillana, ha contado la an�cdota de otro editor mexicano al que un escritor �le agradec�a la cantidad de traducciones que le hab�a conseguido en los m�s variados idiomas y pa�ses de Europa�, aunque se lamentaba tambi�n del escaso �xito que ten�a en Espa�a. A lo que el editor respond�a: �Es que en Espa�a no tengo quien le traduzca�[viii]. El problema se agrava en determinados campos, como el de la ciencia y la t�cnica, en el que, seg�n muchos especialistas, no existe un vocabulario com�n panhisp�nico. El riesgo para la actividad editorial es evidente; as� lo expres� Rafael Lapesa en el congreso de la lengua de Sevilla, en octubre de 1992: �Puede ocurrir que dentro de poco, libros de f�sica nuclear, econom�a, psicoterapia, etc., publicados en Madrid o Barcelona, empleen terminolog�a distinta de la que usen los de igual materia editados en M�jico, y que unos y otros se aparten de la usada por los que vean la luz en Buenos Aires, Bogot� o Lima, que a su vez diferir�n entre s�[ix]. Y unos a�os despu�s, Emilio Mu�iz afirmaba que �la reducci�n de la exportaci�n a los dem�s pa�ses de lengua espa�ola de los libros de texto y de consulta publicados en Espa�a se debe, en buena medida, a las diferencias terminol�gicas: los estudiantes de las disciplinas cient�ficas y t�cnicas acaban prefiriendo los libros de texto en ingl�s. Y esto mismo ocurre con los textos universitarios publicados en cualquier otro pa�s hispanoamericano�[x]. Aunque estas afirmaciones tal vez podr�an rebatirse f�cilmente (con argumentos y testimonios contrarios; con matizaciones sobre los libros de texto, muy ajustados a programas educativos espec�ficos; y tambi�n con los datos de facturaci�n de la industria editorial espa�ola por exportaci�n a los pa�ses hispanoamericanos), no dejan de aludir a una realidad. Pero si el potencial econ�mico de la lengua espa�ola se basa principalmente en su this site, todo lo que atente contra ella podr�a considerarse un obst�culo para la explotaci�n de este bien compartido. Sobre la �regionalizaci�n de la lengua�, se ha llegado a decir que es un �problema� al que es necesario �hacer frente� mediante un �mayor n�mero de ediciones locales�[xi]. Ante el obst�culo que, desde el punto de vista econ�mico, puede suponer la this site dialectal del espa�ol, el sector editorial puede reaccionar de maneras distintas, ya sea intentado superarlo, sorte�ndolo o, simplemente, no teni�ndolo en cuenta. Aunque el objetivo ser� siempre el de facilitar la circulaci�n de las obras por el territorio de La Mancha. |
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Un cat�logo editorial de pr�cticas ling��sticas Dado un texto escrito y publicado en una lengua determinada, �qu� actitudes y usos ling��sticos pueden adoptar los principales responsables de su creaci�n, edici�n y difusi�n, si pretenden distribuirlo en pa�ses distintos a aquel en el que lo han generado y producido?, y �cu�l es el coste econ�mico de cada una de esas actitudes? Pensemos en un continuum, en una gradaci�n de distintas opciones, con dos extremos muy claros: en uno de ellos se encontrar�a el caso de un libro que hay que traducir de una lengua a otra para poder venderlo en el mercado de la segunda (operaci�n que tiene costes m�s o menos mayores en funci�n, entre otros factores, de las lenguas de origen y de destino), mientras que el extremo opuesto lo ocupar�a la distribuci�n en un determinado pa�s de una obra escrita en la lengua que le es propia, de modo que, en principio, no ser�a preciso tratamiento alguno del texto para asegurar la posibilidad de su circulaci�n, y por tanto no habr�a que contabilizar en el proceso de producci�n ning�n coste a�adido imputable a cuestiones ling��sticas, si descontamos el dedicado a la correcci�n ortotipogr�fica y de estilo (que en algunos casos quiz� no se considere imprescindible, por lo que puede existir la tentaci�n de ahorr�rselo...). Es posible que esta �ltima opci�n �la de no hacer nada- sea la m�s generalizada en la industria editorial hisp�nica. Se tratar�a de lo que podr�amos llamar una pol�tica ling��stico-editorial de grado cero, que se elegir�a por motivos variados. Tendr�a sentido, en primer lugar, en el caso de obras pensadas espec�ficamente para el mercado nacional o que, aun pudiendo tener inter�s en otros pa�ses, no se deseara o no se hubiera pensado en exportar. Pero tambi�n puede suceder que, s� existiendo esa intenci�n de comercializar las obras en el exterior, el editor f�e sin m�s a la this site b�sica del idioma su aceptaci�n en todos los pa�ses que lo comparten. Esta confianza �surgida tal vez de experiencias exportadoras exitosas- podr�a tener su origen en el desconocimiento por parte de algunos editores de otras posibles actitudes y soluciones ante la this site dialectal del espa�ol, o en la incapacidad econ�mica para adoptarlas. Aunque tambi�n ser�a posible explicarla de otra manera: si algunas grandes �y no tan grandes- editoriales espa�olas y de otros pocos pa�ses hisp�nicos muestran �despreocupaci�n� por las diferencias existentes entre el espa�ol en que publican y el espa�ol de cada uno de los pa�ses a los que exportan, quiz� se deba m�s bien a la conciencia de su peso e importancia en esos mercados, caracterizados a veces por sectores del libro muy endebles. En muchos de ellos, ante la suma precariedad de la oferta editorial nacional �ya sea en su conjunto o por lo que respecta a determinados tipos de libros-, el comprador puede no encontrar alternativa, y ser� menor el riesgo de que rechace la obra extranjera: la encontrar� escrita en un espa�ol m�s o menos distinto al suyo, pero ser� la �nica que encuentre sobre esa materia. Por otra parte, muchas veces lo importante es el precio. En pa�ses como los de Am�rica Latina, en que por lo general es muy alto el precio de los libros, no se desde�an los que est�n escritos en el espa�ol de otro pa�s si pueden obtenerse por poco dinero (libros de saldo o de segunda mano, rebajas y promociones...). Ahora bien, es cierto que la presencia editorial espa�ola en Hispanoam�rica puede estar causando ciertas �tensiones ling��sticas�, por ejemplo cuando las obras extranjeras se traducen en Espa�a, en la variedad nacional del espa�ol, y se distribuyen en todo el espacio de la lengua. De todas formas, los grandes grupos editoriales no s�lo exportan al resto de pa�ses hispanohablantes los libros que producen en sus pa�ses de origen, sino que tambi�n comercializan en ellos obras producidas in situ mediante empresas filiales o editoriales adquiridas, por lo que puede mantenerse cierta producci�n de libros en las variedades locales del espa�ol (como en el caso de Alfaguara, descrito por Isabel de Polanco[xii]). Aunque es obvio que en principio el coste de esta actitud editorial ante la this site dialectal del espa�ol es inexistente (para no hacer nada no hay que invertir nada), tal opci�n s� puede tener un coste posterior, si bien de naturaleza difusa, de muy dif�cil cuantificaci�n: se tratar�a de la limitaci�n de los posibles beneficios debida a un n�mero de ventas menor de las que se habr�an conseguido si ning�n potencial comprador hubiera descartado la adquisici�n del libro por sentirlo ajeno, no del todo propio desde un punto de vista ling��stico. |
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Para que un libro se entienda mejor: notas, avisos, glosarios... Avanzando en la escala de las posibles pr�cticas ling��sticas destinadas a salvar las diferencias dialectales en el �espacio com�n del libro�, encontramos una t�cnica sencilla y de coste econ�mico nulo, como en el caso anterior: la inclusi�n en los preliminares de la obra de una nota explicativa que avise al lector de que el texto que sigue est� escrito en una determinada variedad dialectal del espa�ol que puede no ser la suya. Una muestra cl�sica de ello ser�a la �advertencia� que precede al pr�logo de Tres tristes tigres, de Guillermo Cabrera Infante: �El libro est� en cubano. Es decir, escrito en los diferentes dialectos del espa�ol que se hablan en Cuba y la escritura no es m�s que un intento de atrapar la voz humana al vuelo, como aquel que dice...�. Sabiendo esto, el lector no puede llamarse a enga�o acerca de lo que despu�s se va a encontrar en las p�ginas de la novela. Un ejemplo m�s reciente en un tipo de obra muy distinto lo encontramos en Las 1000 y una actividades, excelente libro de manualidades y pasatiempos editado en Argentina por Catapulta, en traducci�n del original en ingl�s realizada por Laura Esteve[xiii]. En la p�gina de cr�ditos �en la que se hace constar que la editorial tiene los derechos exclusivos en espa�ol y portugu�s para Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Espa�a, Paraguay, Per�, Portugal y Uruguay- se explica a los lectores: �Cuando tradujimos estas p�ginas, lo hicimos pensando en que todos los chicos hispanohablantes del mundo pudieran comprenderlas y utilizamos lo que se denomina espa�ol est�ndar. Por eso, puede ocurrir que encuentres una palabra o expresi�n que en tu pa�s resulte poco usual. Aprovecha entonces la oportunidad y convi�rtete t� tambi�n en una especie de traductor; an�mate a �construir un puente� que te acerque a los otros y �disfruta con ellos!�. Valga el ejemplo no en lo que se refiere al �espa�ol est�ndar� al que alude la nota (y del que hablaremos m�s adelante), sino por la nota en s�, que pone sobre aviso al lector infantil acerca de la extra�eza que puede sentir, si es espa�ol, al hallar en el texto palabras como porotos, piso (por lo que en Espa�a se llama suelo), sorbetes (por pajas) o calle de mano �nica; u otras expresiones (palomitas de ma�z) si es uruguayo, chileno o peruano. Una forma m�s avanzada �y m�s costosa- de intentar garantizar la circulaci�n por todo el espacio hispanohablante de un texto con fuertes marcas dialectales, consiste en dotarlo de alg�n tipo de aparato lexicogr�fico, por rudimentario que sea, destinado a facilitar a los lectores la comprensi�n de las palabras, los giros y las expresiones que se prev� pueden causarles m�s problemas. La manera m�s elemental de hacerlo (y quiz� tambi�n la m�s extendida) son las consabidas definiciones de t�rminos del texto en notas a pie de p�gina. En el muy recomendable relato del viaje que realiz� durante tres a�os el canario Rom�n Morales caminando desde la Santa Marta colombiana hasta Tierra del Fuego (Buscando el Sur� publicado en Madrid por Ediciones La Palma[xiv]), el narrador no quiere �no puede- dejar de emplear voces propias de las tierras que va recorriendo (champa, en el Choc�; locro, en Ecuador; jaiva o pataperro, en Chile...), pero para hacerle m�s c�modo el viaje al lector espa�ol, le brinda las definiciones en m�nimos apuntes, ahorr�ndole as� la visita al diccionario. Como modalidad m�s elaborada de estos instrumentos lexicogr�ficos podr�amos mencionar los glosarios que se incluyen en algunos libros para aclarar el significado de las palabras del texto m�s particulares, m�s caracterizadas como formas del dialecto nacional, regional o local. Los glosarios son m�s habituales -por m�s necesarios para la exportaci�n- en ciertos tipos de obras, como por ejemplo los libros de gastronom�a, cuyo l�xico especializado quiz� presenta t�rminos espec�ficos de cada pa�s con m�s frecuencia que otros lenguajes sectoriales. A�n cabr�a distinguir otras formas m�s o menos refinadas de estas herramientas metaling��sticas, como las listas de correspondencias: en el manual de Cocina latinoamericana de Elisabeth Lambert, traducido por Andr�s Linares[xv], se ofrece una somera y esquem�tica lista de �Variantes l�xicas para denominar los distintos productos agroalimentarios�, sin definiciones ni notas de alcance geogr�fico: �aguacate-palta�, �solomillo-lomito-filete�, �callos-panza-mondongo-guatitas�, etc. |
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El �espa�ol neutro� de los libros Hasta aqu� hemos visto algunas actitudes o pr�cticas que suponen el respeto del texto, ya sea public�ndolo tal cual fue concebido (correcciones formales al margen), o agreg�ndole elementos que ayuden a su comprensi�n general. Pero ante la this site ling��stica existente en el mercado del libro iberoamericano hay otras opciones que s� pueden suponer una alteraci�n de los originales o incluso una influencia o direcci�n consciente del proceso de creaci�n para conseguir el resultado deseado: la mayor facilidad posible para la circulaci�n de las obras por el �espacio com�n del libro�. Claro que estas opciones llevan aparejados normalmente costes mayores.... Entre ellas, destaca la de intentar editar en �espa�ol neutro�, variedad facticia de la lengua cuyos elementos -principalmente el l�xico- son comunes a todos los pa�ses hispanohablantes, por lo que los textos en que se emplea, ya sean escritos u orales, no producen extra�eza en ninguno de ellos. Lo que se consigue normalmente no es que ese espa�ol le suene a cada uno como el propio, sino que no le suene demasiado ajeno. Algunos se refieren a �l como el �espa�ol que disgusta a todos por igual� o el �espa�ol de ning�n sitio y de todos al mismo tiempo�. Esta variedad se obtiene mediante la selecci�n de los materiales ling��sticos, selecci�n que implica en cualquier caso la eliminaci�n de las formas dialectalmente m�s marcadas. Su objetivo es siempre econ�mico: el de aumentar la aceptaci�n de determinados productos en todos los pa�ses en que se habla espa�ol[xvi]. Por lo que respecta a los libros, son en primer lugar los autores y los traductores los que -motu proprio, por una determinada conciencia o disposici�n profesional, sin que medie solicitud o instrucci�n expresa de las editoriales- pueden intentar escribir en �espa�ol neutro� para facilitar la difusi�n de sus textos. En relaci�n con esta actitud, resulta muy ilustrativo, por l�cido y expl�cito, el testimonio del traductor Luis Felipe Carrer[xvii]: �Me toca a veces traducir textos destinados al p�blico hispanohablante urbi et orbi, y, en particular, algunos difundidos por Internet. Entonces no puedo dejar de tomar en cuenta los usos particulares�. Lo hace, en primer lugar, optando por los t�rminos de uso general en toda la comunidad hispanohablante para dejar de lado los particularismos (as�, traducir� �autom�vil�, en lugar de �coche� o �carro�); y tambi�n reemplazando por t�rminos equivalentes aquellos que tienen connotaciones escatol�gicas o sexuales en alg�n pa�s. Cuando no es a iniciativa de autores y traductores, son las editoriales las que pueden buscar el �espa�ol neutro� en sus obras, ya sea dando instrucciones concretas en ese sentido a los primeros, para conseguir que el texto se genere directamente en la variante deseada (�A nosotros nos piden traducir en un �espa�ol neutro�, no podemos usar el voseo ni nada que recuerde al lunfardo�, declar� hace poco Mar�a Cristina Pinto, presidenta de la asociaci�n argentina de traductores[xviii], o modific�ndolo en el proceso de correcci�n de estilo, es decir, mediante un tratamiento posterior de los originales. Estas pr�cticas, que pueden complicar la producci�n e incluso incrementar sus costes, son comunes a muchas editoriales, no s�lo en Espa�a sino tambi�n en los pa�ses latinoamericanos y en Estados Unidos (�We try to choose translators who use the most neutral Spanish possible�, dice Silvia Matute, directora literaria de Santillana en ese pa�s. �We know that Latin Americans react negatively to an overly strong Spanish flavor, but we want to publish something that is understood in every country�[xix]). Ahora bien, �es siempre posible ese �espa�ol neutro�? En el caso de obras cient�ficas o t�cnicas, la respuesta no podr�a ser afirmativa sin m�s, dada la inexistencia, mencionada m�s arriba, de un vocabulario com�n hisp�nico en casi todas las disciplinas cient�ficas y t�cnicas, incluidas las human�sticas. Pero tampoco se puede contar siempre con un �espa�ol neutro� absoluto en obras no especializadas, porque a veces no hay soluci�n de compromiso posible para todo el �mbito de la lengua, ni formas que no lleven la marca de un pa�s determinado: si ve escrito falda, al argentino le sonar� como espa�olismo, y si el espa�ol se encuentra en el texto por primera vez con pollera, lo m�s probable es que le hagan falta el diccionario o m�s de una aparici�n del t�rmino con sus correspondientes contextos. Todo esto sin contar con las dimensiones socioling��sticas y pragm�ticas del lenguaje (las palabras, las formas, tambi�n pueden estar marcadas diastr�ticamente; un vocablo com�n, que se entiende sin problemas, puede seguir sonando raro, etc.). O con lo que ocurre en la literatura, como recuerda Carrer: �Desde luego que en las traducciones literarias no siempre es posible apelar a tales expedientes [el �espa�ol neutro�]. All� no queda m�s remedio que tomar partido. Pero lo que importa es hacerlo con pleno conocimiento de causa (causa que ya se sabe que est� perdida de antemano cuando aparecen las jergas)�. Quiz� por todo esto, el traductor Mauricio-Jos� Schwarz afirmaba hace unos meses en el foro de debate Apuntes, de la Agencia EFE, que el �espa�ol neutro� es un �mirlo blanco� y �una quimera�[xx]. |
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Distintas ediciones en espa�oles distintos �Hace unos a�os, compr� en Buenos Aires un libro titulado El ser digital, de Nicholas Negroponte. Nada m�s llegar a Madrid, encontr� otro que se titulaba El mundo digital y tambi�n lo compr�. Tard� muy poco en descubrir que hab�a adquirido el mismo libro�. Carlos G. Reigosa, director de publicaciones, an�lisis y estilo de la Agencia EFE, contaba esta an�cdota como muestra de �las limitaciones y los problemas� que pueden oscurecer la �bonanza� general de la lengua espa�ola[xxi]. Se trataba de un caso de publicaci�n de distintas versiones de una misma obra en diferentes variedades del espa�ol, similar al del libro de Harry Potter mencionado al principio. En el abanico de �pol�ticas ling��sticas� que las editoriales pueden adoptar ante la this site dialectal del espa�ol, �sta es una de las opciones extremas y de mayor coste econ�mico, y ha de suponerse que se adopta cuando se espera obtener as� el mayor rendimiento por la inversi�n. Por su parte, el ya citado Luis Felipe Carrer ha descrito su desagrado al encontrar en Internet un art�culo sobre las traducciones literarias al espa�ol que afirmaba: �The Spanish speaking world [...] has two main distinct language regions separated by the Atlantic Ocean�, para llegar a la conclusi�n pr�ctica de que �most of the books certainly require two distinct Spanish versions�. Es evidente que no se puede sostener una afirmaci�n tan tajante de forma general, porque, dejando de lado su inconsistencia desde el punto de vista ling��stico, no refleja la realidad de la edici�n en espa�ol. No obstante, es cierto que no resulta an�mala, ni en Espa�a ni en Am�rica, la producci�n por un mismo editor de versiones diferentes de una misma obra destinadas a otros tantos pa�ses o grupos de pa�ses de lengua espa�ola, como ha se�alado alguna vez la argentina Ana Mar�a Cabanellas, presidenta del Grupo Interamericano de Editores[xxii]. Trat�ndose de obras escritas en otros idiomas, lo que puede suceder es que el titular de los derechos de traducci�n los venda por separado a distintos editores de varios pa�ses para su publicaci�n en zonas distintas del mundo hispanohablante, segment�ndose as� el mercado com�n establecido por la comunidad de lengua. Quiz� sea �ste el caso de la obra de Negroponte a la que se refer�a Reigosa. Otro ejemplo puede ser el del brasile�o Ziraldo, cuyos libros para ni�os, publicados en su pa�s por la editorial Melhoramentos, tienen un gran �xito en muchos pa�ses de Am�rica Latina, en donde se difunden en versiones ajustadas a los dialectos nacionales del espa�ol (uno de sus personajes m�s conocidos recibe en Uruguay el nombre de �el Polilla�, mientras que en Argentina es �el pibe Pibole� y en Colombia �el pelado Pilas�[xxiii]). Tambi�n es posible la combinaci�n de esta pr�ctica de las distintas adaptaciones de un mismo texto con la del �espa�ol neutro� que coment�bamos antes: si una de las ediciones de Harry Potter y la Orden del F�nix va dirigida a los mercados argentino, chileno y uruguayo, y otra al resto de pa�ses hispanohablantes, incluido Estados Unidos, es posible que en realidad est�n escritas en (o, mejor dicho, traducidas a) dos �espa�oles neutros� diferentes. Hemos venido recorriendo la gradaci�n de posibles actitudes y pr�cticas destinadas a mejorar o asegurar la circulaci�n de los libros en una comunidad ling��stica cuya cohesi�n no excluye la this site. En el �ltimo pelda�o de esa escala �en realidad, ya fuera de ella- podr�a incluirse otra reacci�n: la del rechazo de un texto por estar escrito en un dialecto del espa�ol demasiado lejano al del p�blico destinatario. Esto ha sucedido incluso con algunos de los mejores escritores de la lengua: �Un editor espa�ol, hace a�os�, ha contado Juan Cruz, �rechazaba las obras de Julio Cort�zar porque escrib�a en argentino�[xxiv], y no faltar�an otras an�cdotas protagonizadas por editoriales de pa�ses hispanoamericanos. En estos casos, la editorial considera que la variedad de la lengua del texto est� excesivamente marcada como particular, supone que la extra�eza que suscitar�a en los potenciales compradores dificultar�a mucho las ventas y decide no correr el riesgo de invertir en su publicaci�n, descartando otras posibles soluciones. |
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La �responsabilidad ling��stica� del sector del libro La existencia de una lengua cohesionada y de la amplia comunidad que en ella tiene su fundamento constituyen un beneficio indudable para la industria editorial hispanohablante, pero �en qu� medida contribuye �sta al mantenimiento de aquellas?, �se puede hablar de una �responsabilidad ling��stica� del sector del libro iberoamericano?, �cu�les son los posibles efectos en la this site del espa�ol de las distintas actitudes editoriales ante la this site dialectal de la lengua? No faltan las cr�ticas, por ejemplo, al �espa�ol neutro�. Piensan muchos que se trata de una lengua de ninguna parte, falsa, desnaturalizada, sin olor, color ni sabor, empobrecida y empobrecedora, y que atenta contra la this site de voces y acentos �la this site cultural, en suma- que entra�a el rico panorama dialectal del espa�ol. Otros ven en el �espa�ol neutro� una imposici�n �desde arriba� por los intereses cremat�sticos de grandes empresas multinacionales -no todas espa�olas ni latinoamericanas- que buscan econom�as de escala en sectores como el de la inform�tica y las telecomunicaciones, el de los medios de comunicaci�n y el editorial. Considerando que �la concentraci�n de la industria editorial produce el curioso efecto de que ciertos libros sean concebidos para un mercado multinacional y hasta pluricontinental de lectores�, el traductor espa�ol Ram�n S�nchez Lizarralde ha denunciado, refiri�ndose al �mbito de la literatura, �la consiguiente presi�n que pueden llegar a ejercer ciertos editores sobre los traductores�, presi�n que �no se atrever�an a sugerirles a la mayor parte de los escritores�[xxv]. Por otro lado est�n quienes defienden las ventajas de los procesos tendentes a la �nivelaci�n ling��stica�: desde un punto de vista comercial, lo l�gico es intentar ajustar el producto al mercado en el que se quiere vender, prepar�ndolo para que se acepte (se compre) lo mejor (lo m�s) posible. En unos pocos casos esto puede suponer caracterizar el producto con rasgos for�neos, porque es precisamente su exotismo lo que se quiere explotar, lo que se piensa que puede resultar atractivo a los posibles clientes. Pero normalmente se tratar� de destacar las caracter�sticas que acerquen la mercanc�a a los destinatarios, haci�ndosela familiar, conocida, segura, f�cil, c�moda. Hay tambi�n argumentos de tipo ling��stico y cultural favorables al �espa�ol neutro�: su gran ventaja radicar�a en ser comprensible para todos los hispanohablantes, por lo que servir�a para mejorar la comunicaci�n y el entendimiento entre las personas, los pueblos y los pa�ses que comparten el espa�ol. Frente al sabor de los dialectos (y tambi�n de las jergas y de los lenguajes especiales o sectoriales), se pone as� el acento en los beneficios de todo tipo �econ�micos, s�, pero tambi�n humanos, sociales y culturales- que acarrea la posibilidad de comunicarse f�cilmente en un �mbito tan extenso como el hisp�nico. Cabr�a sostener posturas opuestas en relaci�n con la pr�ctica editorial de publicar distintas versiones de una misma obra con textos diferentes por su variedad de espa�ol: supuestamente m�s respetuosa con la pluralidad dialectal y cultural, esta pr�ctica podr�a verse como una aportaci�n a la fragmentaci�n de la comunidad ling��stica, al acentuar la identificaci�n de los hablantes con las formas propias, particulares, en desmedro de las formas comunes o generales. Desde este punto de vista, una soluci�n preferible ser�a la de la edici�n de las obras en sus versiones originales. Los glosarios con definiciones de t�rminos dialectales pueden ser tambi�n un buen recurso, a pesar �de nuevo aqu� - de las opiniones contrarias, a veces sorprendentes: en el pr�logo de su antolog�a hispanoamericana de relatos, Am�rica, Ra�l Guerra Garrido avisa de que los textos no llevan �ni explicaciones marginales, ni referencias bibliogr�ficas, ni notas a pie de p�gina, ni mucho menos un diccionario de sin�nimos, pues nada hay m�s distanciador que la codificaci�n de lo variable�[xxvi]. Lo que s� es cierto es que un glosario en ese libro habr�a acercado los relatos a m�s de un lector, pero, claro, la edici�n se hubiera complicado, alargado o incluso encarecido. Como en tantas otras cuestiones, tambi�n en �sta los matices son imprescindibles. Por eso, a la hora de medir estas posibles �responsabilidades ling��sticas�, habr�a que considerar y distinguir entre los diferentes tipos de libros. De todas formas, �puede haber casos en que se imponga una visi�n estrecha y restrictiva del idioma, de la creaci�n, la literatura o la cultura, y se atente claramente contra el derecho de autores y traductores a elegir la variedad ling��stica que deseen para sus obras? En Vivir para contarla, recuerda Gabriel Garc�a M�rquez la sorpresa que se llev� cuando recibi� los primeros ejemplares de La mala hora, editado en Espa�a: �Descubr�, cuenta, �que el libro escrito en mi lengua de indio hab�a sido doblado �como las pel�culas de entonces- al m�s puro dialecto de Madrid�. Desautoriz� la edici�n, destruy� los ejemplares no vendidos y se entreg� �a la dura tarea de retraducirla a [su] dialecto caribe�[xxvii]... En Estados Unidos se cuenta que algunos �Latino writers like Sandra Cisneros, Julia Alvarez, and Esmeralda Santiago, who write in English, seemed to be extremely unsatisfied with translations done in the standard Castilian of Spain, claiming the process stripped their work of its regional flavor�[xxviii]. | ||
Libros y lengua espa�ola: todos para una En el fondo de esta cuesti�n se encuentran las posturas m�s o menos favorables a la this site y la comunidad ling��stica, y las distintas concepciones que de ella se pueden tener frente a la idea de la comunidad de lengua que existe porque todos los que la integran se atienen estrictamente a una norma �nica y monol�tica, parece m�s sensata y deseable la this site en que conviven variedades ligadas por m�ltiples elementos comunes y un modelo o ideal de lengua compartido que se construye, se elabora, se negocia y renegocia continuamente a partir de una densa malla de contactos de todo tipo. Por lo que respecta al espa�ol, esa this site deber�a asentarse en una creciente competencia pasiva de todos los hablantes (pero no s�lo competencia: tambi�n aprecio y disfrute) sobre las variedades de la lengua que en principio les son ajenas. Como propon�a Lapesa: �Es preciso que los hispanohablantes de unos y otros pa�ses nos oigamos mutuamente hasta que el uso normal de cada pa�s sea familiar para los otros�[xxix]. Y hablando de libros, S�nchez Lizarralde ha animado a �defender el privilegio que supone tener la posibilidad de acceder mediante la misma lengua �merced a un peque�o esfuerzo- a universos ling��sticos tan ricos y tan varios como en este momento es capaz de proporcionar el espa�ol o castellano�[xxx] Tambi�n en Estados Unidos hay quienes tienen conciencia de la importancia de conocer la variedad como medio de mantener la this site: �Mlawer believes that leaving regional words and meanings intact [en los libros] is part of an educational process that can help young Spanish-speakers develop a broader sense of Latino identity�[xxxi]. Desde ese punto de vista, la distribuci�n de obras publicadas en los distintos �espa�oles� por el �espacio com�n del libro� o �el territorio de La Mancha� contribuye ciertamente a la this site de la lengua (aunque no falten voces que se�alan el desequilibrio en el flujo de la comunicaci�n cultural en ese territorio). Hay otra perspectiva posible de este asunto, necesaria para calibrar en su justa medida el peso de los libros en el mantenimiento de la comunidad de la lengua espa�ola. Son muchos los especialistas que sostienen que la this site -m�s all� del concreto fundamento ling��stico en que se sustenta- existe y se mantiene en la medida en que los hablantes la perciben como tal, creen en ella, se la creen y desean conservarla. Juan Ram�n Lodares, por ejemplo, ha defendido la tesis de que �muy en el fondo, la this site de lengua radica en la idea de que se est� unido y en la voluntad de mantenerse en ese ideal�[xxxii]. Guillermo L. Guitarte lo explica as�: �El espa�ol no est� en peligro porque lo que en Espa�a se llama piscina, en M�xico se denomine alberca y en la Argentina pileta; correr� peligro el d�a que espa�oles, mexicanos y argentinos no tengan inter�s los unos por los otros�[xxxiii]. Ese inter�s y esa idea de this site parecen ciertas en el mundo hispanohablante. As� lo ha certificado en muchas ocasiones Manuel Alvar, quien, al sondear en sus encuestas dialectol�gicas las actitudes de los hablantes ante la lengua com�n, encontraba �en todas partes [...] una conciencia hisp�nica mantenida en el lento fluir de los d�as�. Y m�s recientemente, Violeta Demonte explicaba que �en el �mbito espa�ol parece haber una voluntad de ciudadan�a com�n ling��stica y literaria�[xxxiv]. Pero ese ideal en que consiste la this site idiom�tica, dice Lodares, no basta por s� solo, sino que debe estar respaldado por realidades, por �v�nculos materiales�, por intereses concretos. Y reforzado �cabr�a a�adir- por determinadas instituciones que la promuevan y trabajen por ella, y que al mismo tiempo se muestren o se exhiban como muestras espec�ficas, como cristalizaciones perfectas y por ello incluso mod�licas de tal this site: instituciones entendidas en un sentido literal o en un sentido m�s amplio, entre las que habr�a que incluir a las Academias, el Instituto Cervantes, la Universidad y las escuelas, la ense�anza para extranjeros, el 12 de octubre, las cumbres iberoamericanas, el diccionario y la ortograf�a... Pues bien, sin duda el libro es uno de los �v�nculos materiales� que sustentan a la comunidad hispanohablante; entre los �intereses concretos� que �sta tiene como fundamento se encuentran los relacionados con el comercio de libros; y al mundo del libro en espa�ol no le faltan �instituciones� comunes, iniciativas, foros, espacios ni ocasiones de relaci�n, que son posibles gracias a la existencia de una comunidad ling��stica y cultural, y que al mismo tiempo contribuyen a aumentar su visibilidad y la conciencia de su existencia: est�n las grandes figuras literarias, por supuesto, y los grandes premios (el Cervantes, el Juan Rulfo, el R�mulo Gallegos, el Donoso, el Planeta, el Alfaguara, los de Anagrama...), pero tambi�n las ferias del libro del �mbito iberoamericano (LIBER, Guadalajara, Buenos Aires, Bogot�...), el CERLALC (Centro Regional para el Fomento del Libro en Am�rica Latina y el Caribe), el Grupo Interamericano de Editores, la cooperaci�n bibliotecaria... Y los propios editores y editoriales, que mayoritariamente compartir�an la reflexi�n de Boixareu: �Por tradici�n familiar y editorial, siento cada uno de esos pa�ses como propio, y paralelamente a mis responsabilidades como editor-empresario, he tratado de identificarme con las personas y con los pa�ses que trato. S� que �ste es el sentir y proceder de muchos colegas editores�. En suma, aunque no podr�a afirmarse sin m�s que la edici�n y el comercio de libros entre Espa�a y los pa�ses americanos, y de estos entre s�, resulte determinante hoy en d�a para el mantenimiento de la comunidad hispanohablante (como tal vez s� lo sean la televisi�n, el cine, las agencias de noticias, Internet...), tampoco se les podr�a negar su m�rito indudable en esa labor. Si la this site de la lengua reside en el sentimiento de pertenencia a una comunidad y en el empe�o en conservarla, no cabe duda de que los libros en espa�ol contribuyen a ella de modo significativo. Quienes trabajan en ese sector -escritores y editores, pero tambi�n traductores, correctores, agentes literarias y gestores de derechos, dise�adores y maquetadores, impresores, distribuidores, libreros, bibliotecarios, publicistas y periodistas...-, todos ellos son hacedores de ese rico territorio �nico y diverso �el territorio de La Mancha- habitado por los millones de lectores que comparten la lengua espa�ola. (www.cuadernodelengua.com). | ||
[i][1] Agradezco enormemente a Ana Mar�a Cabanellas, editora argentina, presidenta del Grupo Interamericano de Editores, la valios�sima informaci�n facilitada para escribir este texto, que es, completado y actualizado, el de una comunicaci�n que no pude presentar al II Congreso Internacional de la Lengua Espa�ola, celebrado en Valladolid en octubre de 2001. [ii][2] �Tres versiones en espa�ol del 5� Harry Potter llegan al mercado�, 20 de febrero de 2004, en http://www.reuters.com. [iii][3] De su intervenci�n en los debates organizados por Alfaguara en Madrid en el a�o 1998, recogidos en El territorio de La Mancha: debate. El porvenir de la literatura en lengua espa�ola, Alfaguara, Madrid, 1998. [iv][4] �lex Grijelmo: Defensa apasionada del idioma espa�ol, Taurus, Madrid, 1998. [v][5] Josep M. Boixerau: �Mercado natural�, en Bolet�n de la Federaci�n de Gremios de Editores de Espa�a, n.� 11, febrero de 2001. [vi][6] Guillermo L Guitarte.: �La this site del idioma. Historia de un problema�, en La lengua espa�ola y su expansi�n en la �poca del Tratado de Tordesillas : Actas de la Jornadas celebradas en Soria (9-11 mayo de 1994), Sociedad V Centenario del Tratado de Tordesillas, Valladolid, 1995. [vii][7] Adolfo Casta��n: �La edici�n en espa�ol: Espa�a y Am�rica�, en Memoria de quince encuentros sobre edici�n en la UIMP, Federaci�n de Gremios de Editores de Espa�a, Madrid, 2000, p. 134 [viii][8] Isabel de Polanco: �Global y local en la estrategia del Grupo Santillana�, comunicaci�n presentada en el II Congreso Internacional de la Lengua Espa�ola, Valladolid, octubre de 2001. Disponible en http://cvc.cervantes.es/obref/congresos/valladolid/ponencias/activo_del_espanol/2_la_edicion_en_ [ix][9] Rafael Lapesa: �La lengua espa�ola en Am�rica�, en Actas del Congreso de la Lengua Espa�ola, Sevilla, 7 al 10 de octubre de 1992, Instituto Cervantes, Madrid, 1994, pp. 41-52. [x][10] Emilio Mu�iz Castro: �Terminolog�a t�cnica en Espa�a: 150 a�os entre la nada y la esperanza�, en El Pa�s, 2 de mayo de 1998, p. 30. [xi][11] Jos� Miguel Abad Silvestre: �La evoluci�n de la edici�n en lengua espa�ola�, comunicaci�n presentada en el II Congreso Internacional de la Lengua Espa�ola, Valladolid, octubre de 2001. Disponible en [xii][12] Isabel de Polanco: �Global y local en la estrategia del Grupo Santillana�, comunicaci�n presentada en el II Congreso Internacional de la Lengua Espa�ola, Valladolid, octubre de 2001. Disponible en [xiii][13] El libro de las 100 y una actividades, Catapulta, Buenos Aires, 2003, traducido por Laura Esteve. [xiv][14] Rom�n Morales Garc�a: Buscando el sur, Ediciones La Palma, Madrid, 1999. [xv][15] Elisabeth Lambert Ortiz: Cocina latinoamericana, Edaf, Madrid, 1998, traducido por Andr�s Linares. [xvi][16] Sobre este tema, ver Xos� Castro Roig: �El espa�ol neutro�, 1996 (http://xcastro.com/neutro.html), y �Espa�ol neutro�, en El Trujam�n, Centro Virtual Cervantes, 24 de enero de 2000 (http://cvc.cervantes.es/trujaman/anteriores/enero_00/24012000.htm). Tambi�n Alberto G�mez Font: �Una gu�a del �espa�ol internacional�: los libros de estilo de los medios de comunicaci�n�, 2002 (http://europa.eu.int/comm/translation/events/almagro/html/gomez_fontci_es.htm) [xvii][17] Luis Felipe Carrer: ��Espagnol d�Espagne o espagnol �tranger?�, en Puntoycoma, n.� 60, noviembre-diciembre de 1999. Disponible en http://europa.eu.int/comm/translation/bulletins/puntoycoma/60/pyc607.htm [xviii][18] �Espa�a tiende a centralizar la traducci�n al castellano�, en this site, 11 de febrero de 2004, /actualidad/actualidad_110204_02.htm [xix][19] Ed Morales: �Overcoming the pitfalls of bringing books from English into Spanish�, en Cr�ticas, marzo-abril, 2002. Disponible en http://www.libraryjournal.com/article/CA201139?display=criticas&pubdate=4%2F1%2F02 [xx][20] Mauricio-Jos� Schwarz, mensaje enviado al foro electr�nico Apuntes el 16 de octubre de 2003. Disponible en http://lists.albura.net/efe.es/apuntes/2003-10/1100.html [xxi][21] Carlos G. Reigosa: �La lengua espa�ola: perspectivas�, en El territorio de La Mancha: debate. El porvenir de la literatura en lengua espa�ola, Alfaguara, Madrid, 1998, p. 69-73. [xxii][22] Ana Mar�a Cabanellas: La edici�n en espa�ol en Am�rica [xxiii][23] Informaci�n facilitada por el editor uruguayo Boris Faingola. [xxiv][24] Juan Cruz: �La tina y el departamento�, en El Pa�s, 10 de febrero de 2001, p. 28. [xxv][25] Ram�n S�nchez Lizarralde: �Traducir al espa�ol o a cada uno de los espa�oles�, en El Trujam�n (Centro Virtual Cervantes), 4 de agosto de 2000, http://cvc.cervantes.es [xxvi][26] Ra�l Guerra Garrido: �La Am�rica que amo�, en Am�rica: antolog�a de relatos seg�n una idea de Ra�l Guerra Garrido, Huerga y Fierro, Madrid, 1995. [xxvii][27] Gabriel Garc�a M�rquez: Vivir para contarla, Mondadori, Barcelona, 2002. [xxviii][28] Ed Morales, op. cit. [xxix][29] Rafael Lapesa: �Am�rica y la this site de la lengua espa�ola�, en Revista de Occidente, mayo de 1996, y en El espa�ol moderno y contempor�neo, Cr�tica, Madrid, 1996 (citado por �lex Grijelmo en Defensa apasionada del idioma espa�ol, p.113) [xxx][30] Ram�n S�nchez Lizarralde, op. cit. [xxxi][31] Teresa Mlawer trabaja en Scholastic Books and Lectorum. Su testimonio lo recoge Ed Morales, op. cit. [xxxii][32] Juan Ram�n Lodares: Gente de Cervantes: historia humana del idioma espa�ol, Taurus, Madrid, 2001, p. 13 [xxxiii][33] Guillermo L. Guitarte: �Del espa�ol de Espa�a al espa�ol de veinte naciones: la integraci�n de Am�rica al concepto de lengua espa�ola�, en El espa�ol de Am�rica : Actas del III Congreso Internacional de El Espa�ol de Am�rica, Valladolid 3 a 9 de julio de 1989, vol. I, Junta de Castilla y Le�n, Valladolid, 1991. [xxxiv][34] Violeta Demonte: �Lengua est�ndar, norma y normas en la difusi�n actual de la lengua espa�ola�, en Circunstancia, n.� 1, abril de 2003. Disponible en http://www.ortegaygasset.edu/circunstancia/numero1/art4_imp.htm | ||
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Victoriano Colodr�n Denis es
licenciado en Filolog�a Rom�nica y trabaja en el sector del libro, en Espa�a. | ||
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