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9 de junio de 2004 | |
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| Tribuna de opini�n | ||
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MIGUEL JOS� P�REZ P�REZ Magia, maravilla y poder del lenguaje (primera parte, de tres)
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He puesto al frente de estas palabras ese hermoso soneto de D�maso Alonso �Una voz de Espa�a� porque �l es una bell�sima s�ntesis de lo que yo quiero exponeros en esta intervenci�n m�a. Como pod�is ver, en �l se nos habla del nacimiento de un ser humano a la vida: a la vida de la palabra, porque como dice el propio D�maso Alonso �somos hombres por la palabra�. Desde el
caos inicial, una ma�ana Vivimos con la palabra, vivimos de la palabra. Vivimos por la palabra, vivimos bajo el poder de la palabra. Y vivimos mientras poseemos y usamos la palabra. La muerte, en definitiva �son palabras tambi�n de D. Alonso-, �no es m�s que la p�rdida mental de la palabra�. Unamuno, para demostrar la absoluta necesidad de la palabra, se pregunta qu� ser�a de un ni�o a quien desde peque�ito se le dejara solo provey�ndose de alimento y abrigo. Despu�s de decir que, indudablemente, se morir�a, y no por otra cosa sino por falta de lenguaje de alguna clase, a�ade: Sin lenguaje, la Naturaleza es un libro en blanco. Nadie aprender�a nada de su propia experiencia, si no tuviera a la vista el diccionario de la experiencia ajena, el lenguaje. Nadie distinguir�a los s�ntomas de la Naturaleza sino gracias a los nombres que les hemos puesto (Unamuno, 1958b, t. VI, p. 632). | ||
�El modular esa s�laba es para �l, para su ternura, gran haza�a. Y ese vocablo, ese leve sonido, flor, es en realidad un acto de reconocimiento, indicador de que el alma incipiente del infante ha aprendido a distinguir, de entre las numerosas formas que el jard�n le ofrece, una, la forma de la flor. Y desde entonces, cada vez que perciba la dalia o el clavel, la rosa misma, repetir� con aire triunfal su clave reci�n adquirida. Significa mucho: �Os conozco, s� que sois las flores�. El ni�o asienta su conocer en esa palabra�. (Salinas, II, p. 419). Es decir, en su propia experiencia, adquirida gracias a la experiencia, al conocimiento de los mayores con los que vive en contacto. Apasiona conocer el nombre de las cosas Pocas cosas hay que apasionen tanto como conocer el nombre de las cosas. Y es que si no sabemos llamar a los seres por su nombre, sentimos que nos falta algo esencial para relacionarnos con ellos. Basta con reflexionar sobre el estado casi de ansiedad en que nos encontramos cuando no recordamos el nombre de algo, o el de un amigo que hace a�os no ve�amos y que �l nos saluda con entusiasmo llam�ndonos por el nuestro; o lo que nos suele ocurrir a los profesores con frecuencia cuando nos encontramos un alumno y nos saluda llam�ndonos con nuestro nombre y nosotros nos vemos en un aprieto porque no sabemos el suyo (Yo confieso que me ha pasado m�s de una vez). �La lengua nos define. La llevamos en lo m�s �ntimo y profundo de nuestro esp�ritu�, dice Unamuno, quien a�ade: �Una de mis met�foras favoritas, una de las que m�s prodigo, es la de que la lengua es la sangre del esp�ritu� (Unamuno, 1958a, t. VI, p. 543). A esa met�fora vitalista recurre, efectivamente, en varias ocasiones; y es bien conocido el soneto XLVII de su c�lebre Rosario de sonetos l�ricos, al que pertenecen estos versos:
La sangre de mi esp�ritu es
mi lengua | ||
�La lengua; sedimento vivo de la labor de la historia; tradici�n viva del pueblo; concentrado dep�sito, a presi�n de atm�sferas seculares, de los trabajos del esp�ritu; la lengua es la base de la continuidad, en espacio y tiempo, de los pueblos, y es, a la vez, el alma de su alma�. (Unamuno, 1958d, p. 730). Y en �ese espacio espiritual de las almas que es la lengua se siente, se sue�a, se piensa y hasta se quiere�, como afirma tambi�n Unamuno (Unamuno, 1958e, p. 719). Al nacer comienza a correr la savia de las palabras Todo esto empieza �nace- con la propia vida. Con los primeros vagidos del reci�n nacido.
Desde el caos inicial, una
ma�ana Desde el primer instante de su nacimiento por el cuerpo y los sentidos del ni�o �junto a las caricias t�ctiles- empieza a correr la savia de las palabras, que salen a borbotones de las bocas adultas, babeantes de ternura (�tiernos monstruos�). No hay ser en el mundo �ni ning�n otro momento en general de la vida humana- que reciba tal aluvi�n de sonidos, de palabras (�ruidos�) como recibe el ni�o en sus primeros meses de vida. Y todos van dirigidos directamente al ni�o (�ruidos me dec�an�)[1]. Y de tal modo que podemos decir que el ni�o se alimenta tanto o m�s de sonidos estructurados (palabras) como de los dem�s nutrientes materiales. Y as� esa sangre sonora que como un turbi�n se le viene encima, y va recorriendo su ser hasta inundarlo por completo de ella, ir� poco a poco, pero con certera seguridad, orden�ndose en la mente del ni�o convertida en palabras estructuradas, en lenguaje, por donde se le ir� derramando la vida tambi�n a borbotones. Y si en un primer principio el ni�o lo que percibe son �ruidos�, y �ruidos� tambi�n lo que emite aunque acomodados a su propio orden (�mam�,�tata�...), no tardar� mucho en canalizarlos y someterlos a las estructuras que no son solo aprehendidas desde el exterior sino que tienen tambi�n en las profundas y misteriosas interioridades/entra�as del ni�o sus propias ra�ces. Bien conocidas son, a este respecto, las teor�as de Skinner y Chomsky. Y hoy parece volver con fuerza la discusi�n sobre la preexistencia o no de estructuras innatas, al descubrirse un gen que parece jugar un gran papel en la capacidad del habla. | ||
Todo ��vivir�, �amar�- frente
a mi gana, Ese mundo que el ni�o nos ofrece aparece en todas sus intervenciones, y se manifiesta principalmente entre los dos y los seis a�os. Esas intervenciones son �ya lo hemos dicho en otra ocasi�n- �chispas encendidas de ese inmenso fuego en el que se abrasa, incombustible, ese mundo m�gico del lenguaje de los ni�os... Pero ese fuego empieza a apagarse a medida que ese ni�o va ingresando en el mundo de la cultura adulta� (�ltima LM.). Ya lo dijo el escritor sovi�tico Chukovsky: �Me parece que a partir de los dos a�os todos los ni�os se convierten en �genios de la lengua�. M�s tarde, a partir de los cinco o seis, este talento empieza a desaparecer� (Citado por Dale, 1980, p. 72). Hacia los dos a�os, el dominio que el ni�o va adquiriendo del lenguaje es tan abrumador y el hecho en s� tan sorprendente y maravilloso, que �como dice Miguel Sigu�n- �Solo la costumbre de verlo con tanta frecuencia a nuestro alrededor nos impide sentir el asombro que algo tan extraordinario y a primera vista inexplicable deber�a producirnos� (Sigu�n, 1987, p.11). El lenguaje, mucho m�s que comunicaci�n Sabemos que el ni�o se va apoderando del lenguaje y en su dominio avanza vertiginosamente. Para �l el lenguaje es mucho m�s que un instrumento de comunicaci�n porque �seg�n ya dijimos en nuestra tesis doctoral- �Con el lenguaje se entretiene, se divierte, goza, lo crea y se recrea. La creatividad y la expresividad aparecen por doquier. Es precisamente la conquista del lenguaje lo que lleva consigo, ante todo, el desarrollo de la capacidad creadora� (P�rez, 1992, t. I, p. 25). Para el ni�o el lenguaje es m�gico y a nosotros, los adultos, nos introduce, casi sin darnos cuenta, en ese mundo m�gico en el que �l vive en plena libertad. Nadie como �l es capaz de expresar tan directamente �como dijo Matisse de la pintura� �lo que uno tiene en s�[3], lo que en definitiva ve, oye y siente, lo que uno es. Y es que nadie tiene la libertad de hablar como la tiene �l. Podemos decir, en s�ntesis, que el ni�o es un ser que habla. Hablar es el primer gozo �intelectual� de la vida humana, como dijo Cela en su discurso en la Academia Sueca: | ||
Entre los miles de casos que tenemos recogidos y muchos publicados encontramos en esta habla definiciones delicios�simas donde vuela la imaginaci�n del ni�o, creaciones sorprendentes, ocurrencias llenas de ingenio y humor, imitaciones de la expresi�n adulta en su momento m�s oportuno, met�foras de todo tipo producto de una visi�n intuitiva directa, im�genes po�ticas en definitiva tan hermosas y originales que nos parece imposible hallarlas fuera de esta �poca de la infancia: solo a un ni�o se le pueden ocurrir. Juzguen ustedes por s� mismos[4]. 1. Un ni�o define as� lo que es el arco-iris, en una intuitiva descripci�n dif�cil de superar y en la que se refleja su experiencia vital: Es un puente de colores y vive en el cielo. Se parece al columpio naranja de mi parque. Y siempre se moja. 2. Este otro evoca tal vez su experiencia en un deseo frustrado de alcanzarlo: Es una cosa de colores que para t� ir te cansas. 3. Para Marcelo (5.8) una nube es una almohada que cuando te montas te caes para abajo. Son almohadas que tienen agua dentro y esa agua no se cae porque las nubes son m�gicas. Cuando llueve es porque se ha roto la nube. 4. A este ni�o le preguntan qu� es un volc�n y �sta es la respuesta: Es una monta�a enfadada y un drag�n que echa fuego al hablar. 5. Para otro ni�o el acento es un puntito estirado. 6. El padre de este ni�o, cansado de que su hijo le estuviera diciendo que en su clase hab�a muchos negros (estaba de embajador en un pa�s africano), le pregunta: �Bueno, hijo, �y c�mo son los negros?�. Y el chiquillo le contesta: Mira, pap�, son como la oscuridad pero con dientes. 7. Mar�a le pide a su madre que le d� el soplico, porque hace mucho calor. Mi sobrino Israel me pide que le ponga las botas de charco. Para otro los ni�os que han roto la fila van desfil�ndose. Este otro le responde a su profesor: �C�mo voy a canastar con una pelota de f�tbol? Para mi nieto Eloy el se�or que vende melones es un melonista. Otro, a la pregunta de la profesora de que por qu� va tantas veces al servicio, le responde: es que tengo la caca batida. Marta, una ni�a muy bajita, le pregunta a su madre: �Mam�, �y por qu� estoy yo tan cerca del suelo?�. Mi nieto Daniel llama a mi mujer abuela Miguela. 8. Est�baliz, cansada de que su profesor no sepa jugar como ella quiere, le dice: �Anda, vete! Que eres un tomate, un tomate con patas (el profesor es bajito, coloradote, rechoncho y regordete). 9. El cruce de dos expresiones del mundo adulto ha producido en la mente de esta ni�a un choque, potenciando de un modo insuperable la expresividad y fuerza de aquellas dos. La ni�a empieza a contar el cuento de Caperucita Roja: �Iba tan tranquilita al campo, va cogiendo flores cuando derrepronto el lobo estaba escondido detr�s de un �rbol�. 10. A un ni�o que est� castigado en el pasillo le dice un profesor que pasa por all�: ��Est�s castigado?�. Y responde: No, estoy de pie.
11.
Laura
(5.00) viaja en tren de Le�n a Madrid para que le quiten un tubo lacrimal
que le hab�an puesto. Se entabla el siguiente di�logo entre ella y una
viajera : |
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Viajera.-�Te van a operar de los ojos? 12. La infinita ternura y sensibilidad que tienen los ni�os aparece continuamente pero no ser� f�cil encontrar una manifiestaci�n de la misma tan sorprendentemente feliz como la que aparece en la respuesta que le da a su madre mi nieto Eloy (3.2). Es el primer d�a que va al colegio. El ni�o no ha querido comer y se ha pasado el tiempo de la comida llorando. Cuando su madre va a recogerlo le pregunta: �Eloy, �por qu� no has querido comer, hijo? �Por qu� has estado llorando?�. Y el ni�o le contesta: �Mam�, es que yo no ten�a hambre de macarrones; ten�a hambre de ti�. Los cuentos manifiestan la creatividad Una de las situaciones en que se manifiesta con m�s intensidad la creatividad del ni�o y su fuerza expresiva es cuando cuentan un cuento. Si se trata de un cuento tradicional y muy manido, como es el de �Caperucita Roja�, nos podemos encontrar con un relato tan original y expresivo como este que nos cuenta Yaiza (5.00). La naturalidad con que la ni�a construye un cuento pr�cticamente nuevo pone de manifiesto su gran imaginaci�n, su fantas�a y su capacidad creadora. Su capacidad de fabulaci�n es tal que el cuento de Caperucita, el cuento tradicional, se transforma y se mezcla con otros cuentos, y con personajes sacados de escenas de dibujos animados que la ni�a sin duda ha visto. Y no s�lo eso: En una mezcla de narraci�n y di�logo el cuento, totalmente surrealista y donde todo aparece trabucado, se desarrolla en el ambiente de los ni�os y se incrusta de lleno en el juego infantil en forma de competici�n. Con un lenguaje desenfadado, coloquial y lleno de frescura, usado con absoluta naturalidad, la ni�a hace de un cuento tradicional algo totalmente suyo, hasta el punto de que la ni�a se siente protagonista narradora de la historia. Falta el famoso di�logo, pero est� continuamente presente a lo largo de la narraci�n, gracias a la sugerencia. He aqu� el cuento: Yaiza.-Caperucita iba por el bosque..., que viv�a su ag�elita en el bosque, y se encontr� al lobo, que tra�a una cestita Caperucita. Y le pregunta el lobo a Caperucita �que d�nde vas�. Y dice Caperucita: �Voy a casa de mi ag�elita, y le traigo miel, un caramelito de menta y queso..., que ha hecho en el bosque el lobo Correcaminos, uno largo y otro peque�o�. Luis (interrumpi�ndole).-Corto, no peque�o. Yaiza (sin prestarle atenci�n).-Y dice el lobo: �A ver, Caperucita, t� vas por el m�s corto y yo voy por el m�s largo y el que gane le da la cestita�, Llega Caperucita, le saca la lengua el lobo... y se la da, y se esconden las dos en el armario. Rompe la puerta el lobo y dice: �Caperucita y la abuelita me las voy a comer�. Se va para el r�o, las encuentra all� y se las come y se duerme. Luis.-Y luego vienen los cazadores.
Yaiza (ri�ndose y sin hacerle
caso).-Y luego viene la madre con un cuchillo y le saca la tripa a la ag�e,
a la ag�elita y y a Caperucita. Y la ag�elita se marcha pa su casa. Y r�pido
y r�pido le llenan la tripa de piedras... Y se van y se esconden y dice:
��Qu� sed tengo! Voy a beber agua�. Bebe agua y se, y se pone a dormir... A
la noche vuelve a tener sed, se levanta y bebe agua |
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Yaiza.-No. Al d�a siguiente se duerme... y ya es de d�a. Se marcha pa su casa, se rasca la tripa y dice el lobo: ��Oh, tengo piedras! Seguro que me la han llenado Caperucita y la ag�elita y la madre de piedras... Las voy a encontrar y me las voy a comer a las tres�. Y, color�n colorado, este cuento se ha acabado[5]. Muchas veces suelen hacerlo con dos o tres frases, donde aparecen los personajes principales y las acciones m�s destacadas. Yo llamo a estas breves narraciones �Cuento esencial�. Su belleza reside precisamente en la sugerencia, de modo que el desarrollo queda abierto a nuestra imaginaci�n. Generalmente se basan en cuentos tradicionales, que mezclan arbitrariamente; otras, son hechos de su propia experiencia. A una ni�a se le pide que cuente un cuento. Este es el resultado:
1. --Pues mira, el otro d�a
fui a la panader�a y me me�. Otro ni�o nos ofrece esta joya, donde podemos ver el famoso tri�ngulo de los tres personajes de una novela tr�gica: el amante, la mujer, el marido: 2. �raze una vez un zapatero muy pobe, muy pobe, muy pobe, que no ten�a dinero. Y luego ven�a una pincesa y le mir�; y luego vino un ze��, �eh? Y ya no m�s. Los ni�os imitan, y usan con total oportunidad, las expresiones y frases hechas del lenguaje adulto y las emplean con la misma oportunidad y en el preciso momento en que las usamos los adultos, aunque el ni�o no sepa exactamente lo que significan. Recordar� solo un par de ejemplo. El primero es una joya explosiva, pero joya, en definitiva, de la espontaneidad de los ni�os y de lo acertado de sus intervenciones, y que refleja al mismo tiempo el ambiente en que vive la ni�a. La profesora le pregunta: ��Por qu� no viniste ayer al colegio?�. �Porque ten�a sue�o�, le contesta. Al cabo de un rato la ni�a se acerca a la mesa de la profesora:
J�nnifer.-Se�orita, �yo tengo
que venir todos los d�as al colegio? La abuela de Javi (4.5) est� triste porque sus hijos y nietos, que han pasado las vacaciones con ellos, se tienen que marchar:
Abuela.-�Y ahora qu� va a ser
de nosotros, que nos quedamos solos? Garc�a M�rquez public� en El Pa�s, hace ya unos a�os, una serie de art�culos que llevaban el t�tulo de �Cuentos de ni�os�. Yo guardo entre otros �ste, hermos�simo:
Un ni�o de unos cinco a�os
que ha perdido a su madre entre la muchedumbre de una fiesta se acerca a un
agente de la polic�a y le pregunta: ��Oiga, se�or! �Ha visto usted a una
madre que anda por ah� perdida sin un ni�o como yo? (Garc�a M�rquez, 1983). |
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[2] Es lamentable que haya alguien como V. Moreno que, en un art�culo lleno de contradicciones, por otra parte, pueda escribir: �Cuando se relacionan ambos t�rminos entre s� (infancia y poes�a), se dicen muchas tonter�as, muchas frases grandilocuentes, pero cuya fundamentaci�n no se basa en algo real, verificable, sino en el deseo de que tales cosas sucedan como nos gustar�a que sucedieran� (�Textos po�ticos en la educaci�n secundaria�, en Textos de did�ctica de la lengua y la literatura, N� .21, Barcelona, Ed. GRA�, 1999, p. 35) Y llega a calificar de �bobadas� afirmaciones contrastadas por la experiencia de numerosos sabios especialistas en la materia a lo largo de muchos a�os. Tales afirmaciones solo pueden ser producto de una presuntuosa ignorancia. [3] Matisse, refiri�ndose a la pintura, dice: �Ver es ya una operaci�n creadora (...) El artista debe mirar todas las cosas como si las mirara por primera vez (...). Crear es expresar lo que uno tiene en s� (Apud Gloton y Clero, 1972, p. 25). [4] Pido disculpas a quienes me hayan o�do en alguna otra ocasi�n alguno de los ejemplos que a continuaci�n voy a citar.
[5]
Este cuento y su
an�lisis se public� en las Actas del V Simposio Internacional de la SEDLL,
Oviedo, 1997, Universidad de Oviedo. |
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Miguel Jos� P�rez P�rez es catedr�tico em�rito de la Facultad de Educaci�n de la Universidad Complutense de Madrid. (Conferencia Inaugural del Curso Acad�mico 2003-2004 en la Facultad de Educaci�n-Centro de Formaci�n del Profesorado, Universidad Complutense de Madrid) | ||
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