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28 de abril de 2004 | |
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| Tribuna de opini�n | ||
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Gonzalo Rojas
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Majestades, Se�oras y Se�ores: Discursos van, discursos vienen y no dicen gran cosa. He medido las p�ginas. No pasar� de diez con letra grande. Ya Cervantes lo dijo todo en esta lengua de nacer y seguir naciendo desde la meseta hermosa hasta los �ltimos parajes insulares, de los tr�picos a la Ant�rtida; y uno debiera entrar en el callamiento este 23 que no es de abril sino de la respiraci�n del mundo. Porque uno dice aire y dice tiempo con respiro temerario y hasta dice eternidad en espa�ol, s�laba y m�s s�laba, del vagido al velorio, y el prodigio sigue creciendo m�s all� de toda circunstancia por adversa que sea; m�s all� por ejemplo de la inmolaci�n y del martirio en esos r�pidos que el otro d�a partieron extra�amente de Alcal�. Ser es crecer y eso lo dijo el s�nscrito, de tal suerte que cuando somos m�s bien crecemos. Pero no procede la alabanza en esta fecha sino la confirmaci�n de que vivimos colgados del lenguaje como dijo Niels Bohr y ese lenguaje es el que respiramos y vivimos a cada instante, lo mismo en la pen�nsula que en las cumbres andinas o en la vastedad oce�nica, o en las grandes ciudades, de los tr�picos a los hielos. No estoy tan seguro de que el juego d� para tanto en el bell�simo Paraninfo como para decir algo nuevo. No hay nuevo. Apollinaire habl� con insistencia de le nouveau al empezar el otro siglo. �Qu� ser� le nouveau? Un minuto, y se arruga. Vivimos tiempo que ni se detiene ni tropieza ni vuelve. Soy hijo de minero del carb�n y eso lo dije hace 12 a�os cuando el Premio Reina Sof�a, y est� escrito que los verdaderos poetas son de repente, y no basta el oficio. La poes�a encarna en uno como por azar. Tambi�n lo dije all�. Te dan la palabra que no mereces y te pones a balbucear el mundo, imantado como en el amor por el encantamiento y el desollamiento. Lo dijera Cervantes: "Yo
que siempre trabajo y me desvelo | ||
Me remonto a mi mocedad, a esos 17 a�os que andar�n siempre en nosotros, me remonto a mi mocedad con epicentro en la Biblioteca de la calle Vivar en Iquique, naturalmente Ruy D�az de Vivar. En ese Iquique que vino a ser algo as� como mi primer exilio, o m�s bien mi intraex�lio en los bordes del Per�. Ah� me veo leyendo todav�a sin parar la colecci�n entera Rivadeneira, donde tambi�n Dar�o aprendi� a leer a Espa�a en profundidad. Ah� debemos andar todav�a entre los altos anaqueles, naci�ndonos los unos de los otros: cervantinos, quevedianos, gong�ricos, teresianos, �por qu� no?, a la siga de Juan de Yepes, rey del idioma. Pero no s�lo a la siga de la clasicidad �urea, sino tambi�n de aquellos otros �los cronistas� que escribieron el Nuevo Mundo en esos mismos d�as, m�s all� de los mares, los desiertos, los abismos, cuando el Descubrimiento y m�s ac� del Descubrimiento, cuando la Conquista y el gran minuto colonial, que no fue acaso servidumbre sino proyecto de ser. De ser y de m�s ser como es la libertad y el ejercicio mismo de la poes�a. Ah� me veo tambi�n leyendo por primera vez la Revista de Occidente, el diario El Sol de Madrid y el Lorca del Romancero gitano, y a los poetas del 27. �No hay Dios ni hijo de Dios sin desarrollo", dijo una vez Vallejo, el m�s grande poeta del Per�, genio del mestizaje como nuestra Mistral y nuestro Rulfo, nuestro Dar�o o el mism�simo Neruda cuyo centenario est� ardiendo estos d�as en la Patria Grande de Cervantes que es la lengua. Esa Patria Grande que nos une a todos por sangre y por ox�geno, se entiende, desde el Cid al Quijote y m�s ac�. Cuando hablo de la amarra entre la Edad de Oro y los Cronistas de Indias, estoy pensando necesariamente en los progenitores de la gran narrativa iberoamericana, los Carpentier, los Rulfo, los Arguedas, los Cort�zar por ejemplo, y a�n en nuestros poetas visionarios: un Huidobro, una Mistral, un Pablo de Rokha, un Vallejo, un Neruda o un Octavio Paz. M�s claro: no es que seamos �nicamente libro, somos tambi�n imaginaci�n abierta a las grandes mudanzas, y amor, y libertad al mismo tiempo. Todo eso hablando de ni�ez y reni�ez incesante, de riesgo y de coraje. | ||
Ah� vamos en la apuesta. �Qu� ser� el 3004 de nosotros, por ejemplo?, �el 4004 qu� ser�? Ah� estar� otra vez intacto Cervantes leyendo el parpadeo de la historia en el de las estrellas. Leyendo el mundo y reley�ndonos. �Qu� ser� de �l mismo y por a�adidura, si se quiere arbitraria, qu� ser� de nuestro Borges y su Aleph, Neruda y su Residencia, Vallejo y su Trilce, Carpentier y sus Pasos perdidos, Huidobro y su Altazor, Dar�o y m�s Dar�o? De ni�o aprend� solo, yo solo, que hay que mirar hacia adelante y tambi�n hacia atr�s al mismo tiempo y no tenerle miedo al miedo. Porque no se me da la sentencia preciosa del gran Eliot: "Te mostrar� el miedo en un pu�ado de polvo". No es para tanto, nunca es para tanto. Est� escrito que los grandes r�os arrastran la sabidur�a; el B�o- B�o por ejemplo que procede de Buy-Buy, vocablo de tos abor�genes para designar a esa inmensidad sonora como el Yang-Tze o el Orinoco, ese mismo Buy-Buy de mis infancias que el otro Alonso vadeara tantas veces all� por los 23 de .su mocedad, el caballo andaluz todo sudado. Pinto la figura y paro: el verdadero fundador de Chile es �l, inventor de su mito en La Araucana, celebrada por Cervantes en el cap�tulo VI, mito que a�n resuena en el Canto General de Neruda. Ah� va esa octava inmortal que m�s parece un parte cl�nico de hoy con fecha y hora exacta �Aqu�
lleg�, donde otro no ha llegado, Se�oras y se�ores: Dif�cil enhebrar la aguja l�cida para este barbarofon�n. La poes�a encarna en uno como por azar. Y es que uno no la merece a la palabra. Se la dan porque se la dan. Ser� cosa de los dioses pero tambi�n del obseso de ser y m�s ser que anda en el m�sero alumbrado que soy yo mismo ese otro alumbramiento m�s all� de la madre, de la ni�ez a la re ni�ez, del vagido al velorio, y por ah� cosa m�s de fisiolog�a que de metaf�sica, m�s de animal de instante que de loco de eternidad, aunque siempre hice m�as unas parcas l�neas de Teresa de �vila, a unos mil�metros de Gabriela. "Tengo una grande y determinada determinaci�n de no parar hasta llegar, venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, trabaje lo que trabajare, murmure quien murmurare, siquiera me muera en el camina, siquiera se hunda el Mundo". |
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Lo que quiero decir es que encima de los ochenta -ya destemporalizado y desespacializado -sigo intacto, creo que sigo intacto, nadando en el oleaje de las pubertades c�clicas, de encantamiento en encantamiento y de desollamiento en desollamlento. Nada me desenga�a y el mundo me ha hechizado, sin insistir en la cuerda de Quevedo. Ni en la de Huidobro que nos hizo viej�venes para siempre. No paso de aprendiz y el seso no me dio para letrado, ni menos para el fulgor encandilante de estar aqu�. P�nganse en mi caso, es que no lo merezco �qu� lo voy a merecer? Alone, pontifex maximus de la cr�tica oficial de Chile, cartero o no pericoloso de las honras, me ech� fuera del planeta el 48, cuando mi primer libro; �cu�l ser�a ese domingo mercurial? -"AI paso que van, dijo, las letras nacionales no prometen nada bueno". Epitafio antes de nacer, la vanidad se cura a la intemperie como las grandes heridas, �y adem�s mi libro se llamaba la �Miseria del Hombre"!,- .Escarnio pide escarnio, y es bueno que a uno le digan no. No, porque lisa y llanamente no, y basta. Mucho s� te encumbra y te envilece. Ah, y otra cosa en esto de escribir y difundir: dem�rate demor�ndote todo lo que puedas, ritmo es ocio y sosiego (y eso lo supo Cervantes como nadie), prisa para qu�, laudatio para qu�, vitrina publicitaria, publicidad vergonzosa para qu�. Este oficio es sagrado y no se llega nunca. Claro, uno cree que de repente dice el Mundo, y puede ser �por qu� no? cada 10, cada 5, cada 3, cada nunca, �por qu� no? Se escribe y se desescribe, Kafka, Rulfo, Vallejo incomparable. iY Cervantes, mi Dios! Y algo entonces sobre el aprendiz interminable que soy yo mismo. Escribo cada d�a al amanecer cuando el duchazo fr�o me enciende las arteriolas del seso. Siempre me funcion� el crep�sculo matinal; el otro, el vesperal, mucho menos; ser� cosa de respiro imaginario. Porque de veras soy aire y eso tiene que ver con el oc�ano del gran Golfo de Arauco donde nac�, y tambi�n con las cumbres de Atacama donde (all� por mis 20 a�os) los mineros del cobre me ense�aron mucho m�s que el surrealismo: a descifrar el portento del lenguaje inagotable del murmullo, el centelleo y el parpadeo de las estrellas. Perm�tanme aclarar: yo ten�a 20 a�os y estaba ah� estudiando en una facultad de letras de Santiago capital de no s� qu�, a unos metros del gran Huidobro a cuya casa sol�amos concurrir algunos j�venes para oxigenarnos. De golpe se me dio el hartazgo, �Hartazgo de qu�? De nada, como es el hartazgo; en ese asomo al ser que dice Heidegger. Entonces me apart� de todo y me march� a las cumbres de Atacama en b�squeda de m� mismo como son todas las b�squedas o en busca de mi padre muerto, que casi siempre es uno mismo. Adem�s �l fue un minero que ven�a de mineros, de esos mismos nortes. As�, fui a parar al norte, en di�logo amoroso con mujer, una muchacha limpia y m�gica de apellido brit�nico, madre del hijo primog�nito. Despu�s, ya libre de academias y vanguardias vanguarderas, el viento de esas cumbres me lo dio todo. |
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S� que me repito pero qu� le voy hacer. Soy la metamorfosis de lo mismo. Y el pa�s longil�neo es para la risa: se lo da todo a sus poetas: la asfixia y el ventarr�n de la puna, el sol hasta el desollamiento, lo pedregoso y lo abrupto iy que lo diga la M�stral!, el piedrer�o, lo hortelano y la placidez, el sacud�n que no cesa y unas veces estalla catacl�stico, la fiereza de las aguas largas y diamantinas, los bosques donde vuelan todos los p�jaros, �esos bosques!, �esa hermosura que nos est�n robando del Este y el Oeste en nombre de la tecnolatr�a!, lo geol�gico y lo m�gico de m�s y m�s abajo donde empieza el Principio, m�s all� todav�a de lo patag�nico y lo ant�rtico. El rey Juan Carlos anduvo el otro d�a por ah� y alcanz� a ver lo diamantino de lo ant�rtico y sus incre�bles proyecciones para otros plazos de! planeta. Yo tambi�n anduve ah� hace unos a�os y fund� una escuela para ni�os en La Villa de las Estrellas. Esto vengo a pedir en la gran fecha cervantina: volvamos al reencuentro de los unos y los otros. Volvamos al rehallazgo en la Villa de las Estrellas. �Chile: pa�s vivido! Personalmente yo he vivido largo a largo ese pa�s y no por turismo literario. �Dios me libre! sino por locura y, ya de ni�o, me fui a morar para siempre a cada uno de sus p�rrafos geol�gicos y geogr�ficos, de norte a sur. Pero no soy eso que dicen un poeta l�rico o tel�rico sino m�s bien un poeta geneal�gico de mundanidad, que cree en la doble parentela: la sangu�nea y la imaginaria. De eso supo Cervantes como ninguno. As�, por ejemplo, si el minero del carb�n don Juan Antonio Rojas me engendr� en plena juventud en la ventolera seminal de los ocho hijos al cierre de la primera guerra, tambi�n me engendr� Vallejo y, �por qu� no? Quevedo. Dos animales literarios por portento especial me deslumbraron en el siglo que pas�, tanto o casi tanto como el genio de Alcal� a lo largo de mis ni�eces y mis reni�eces, dos adivinos anarcas y m�gicos a la vez hasta las medulas desolladas, como hubiera dicho Quevedo (sin esdr�jula), dos esquizos prodigiosos que hablaban solos y no es cosa de ni�os ni de viejos: Ezra Pound, que hablaba solo; Borges, que hablaba solo, Roberto Matta, que sigue hablando solo. Lo incluyo a Matta en la dinast�a porque ese s� es un poeta pura sangre como Juan Rulfo aunque ninguno de !os dos haya escrito nunca un verso. �Ese Matta transgresor -roto y pije a la vez, fino y rajado (como se dice en Chile), allendero como yo, partidario de la justicia hasta las �ltimas consecuencias como el ingenioso hidalgo, defensor de los humillados y ofendidos, los ametrallados y los mutilados, los desaparecidos y los muertos en el plazo pavoroso del 73, ese Matta que sigue d�ndole buen oxigeno a la especie! En cuanto a Pound, "galimat�as y esplendor", como lo juzg� alguna vez Octavio Paz; nacido en Idaho donde dicen que crecen las mejores patatas del planeta (potatoes se dice all�), en cuanto a ese cl�sico �nico apaleado por loco en nuestro plazo, cuyos Cantares todav�a ser�n le�dos m�s all� del siglo veinticuatro, a ese tal lo vi o lo intrav� en Venecia el 99 bajo la llovizna en la prisa del cimitero de San Michele a medio cerrar porque ya iban a ser las 4 y el vaporetto 52 que sale de San Marcos no espera. Ah� alcanc� a ponerle al acostado bajo el m�rmol alguna rosa y alguna l�grima -�por qu� no? -y a decirle �Arrivederci. Miglior Fabbro: nos vemos". |
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T .S. Eliot acert� cuando le puso as� en la dedicatoria de su Waste Land (Tierra Bald�a): "Al miglior fabbro". Al mejor hacedor. Ah� qued� durmiendo el ocioso, al arrullo del tableteo de las aguas. A Borges, en cambio, lo vi en pie, bast�n en mano, en Yale el 81, pero �l naturalmente no me vio. Todav�a est� ah� �ser� el �nico que no se nos ha muerto nunca? Algo hay en �l de resurrecto incesante, como en Huidobro o todav�a m�s en Vallejo, quien es el que m�s me es, en rigor- de. abolengo, de los progenitores inmediatos de la centuria que pas�. Siempre hablando de Borges, o �ltimamente de Neruda, eso de los den a�os es cosa peregrina, �qui�n no cumple cien a�os? Adem�s, qu� importan las efem�rides enga�osas. El tipo est� joven y el Aleph est� escrito en ese texto genial, como le pas� a Neruda con su Residencia en la Tierra. Lo que fascina a la gente es el renombre y el estruendo de los premios, pero nada m�s escaso que el ojo de leer. �Y Matta? Bueno, �l es para m� el rel�mpago y parece gobernarlo todo con su invenci�n: lo visible y mucho de lo invisible. No s�lo es ojo sino galaxia distinta, parto de mundo, alguien que de veras ve de d�a a las estrellas, como Don Quijote, un alumbrado en fin. Y adem�s, qu� modo de silabear el mundo en sus escritos, de vislumbrar el caos primigenio, y cu�nto amor por el hombre entero que alg�n d�a vendr� despu�s del descuartizado que somos. De repente estoy en la reni�ez y me digo con el gran Horacio de hace dos mil a�os: "Lusisti satis, edisti satis, atque bibisti. Tempus abire tibi est". Jugaste bastante, comiste romanamente, y bebiste: �tiempo de que te vayas! Vamos cerrando con un texto que escrib� all� abajo en la Ant�rtida entre el zumbido y el crujido de los grandes hielos color turquesa, y el silencio que sigue siendo para m� la �nica voz. Lo escrib� en un rapto casi instant�neo el 93 como una carta al Nadie que anda en lo ef�mero del hombre. Quiera o�rla Cervantes desde la eternidad de los hielos donde no se cronometran nuestros m�seros siglos. |
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Y ahora la �ltima p�gina, la diez como promet�. Se me excuse la asfixia de los versos veloces. Los leo ah�, sin m�s: 1.-
Poca confianza en el XXI, en todo caso algo pasar�,
2. Ah,
y otra cosa sin vaticinio, poco a poco envejecer�n 3.
Hasta donde alcanzamos a ver Jesucristo no vendr� |
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Gonzalo Rojas, escritor chileno, pronunci� este discurso al recibir el Premio Cervantes, en el Paraninfo de la Universidad de Alcal� de Henares, Espa�a, el 23 de abril de 2004.. | ||
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