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29 de octubre de 2003


Tribuna de opini�n

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ALEXIS M�RQUEZ RODR�GUEZ
Jalamecate y Jalabolas

 

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La palabra �jalabolas� no aparece en el DRAE, pero s� en el �Diccionario de venezolanismos� (UCV / M. J. Tejera): �Jalabolas: Adulador�; y en el �Diccionario del habla actual de Venezuela� (UCAB / P�rez - N��ez): �Jalabola (s): Persona que consecuentemente utiliza la adulaci�n como medio para obtener sus fines. (�)�. El DRAE s� registra �jalador, ra�, con la marca de venezolanismo y definido como �adulador�.

Tampoco figura en el DRAE, pero s� en los otros dos diccionarios mencionados, la palabra �jalamecate�, equivalente a �jalabolas�.  En ambos casos la definici�n como �adulador� simplemente, o �adulante�, que en Venezuela es m�s popular que la primera, es v�lida, pero no suficiente, pues no precisa la carga sem�ntico-afectiva con que se usan �jalamecate� y �jalabolas�. Se trata de la adulancia servil, generalmente al poderoso en cualquier campo, sobre todo en el econ�mico y en el pol�tico.  Adulancia rastrera y despreciable del subalterno al jefe, del inferior al superior, aunque la �inferioridad� no sea intr�nseca, sino que derive precisamente del acto de jalabolismo, como ocurre con el intelectual, letrado, profesional de alto grado acad�mico que adula a quien le es intelectual o moralmente inferior, devenido en poderoso porque tiene dinero o alguna otra fuente de poder.

El origen de �jalabolas� es incierto. Se tiene por expresi�n vulgar, de la cual �jalamecate� ser�a un eufemismo. Pero no es as�, porque �jalamecate� es anterior a �jalabolas�, y esta posiblemente sea derivada como variante de aquella. Una vez le� u o� de alguien que �jalabolas� viene de cuando en las c�rceles del siglo XIX y comienzos del XX, tiempos de Cipriano Castro y Juan Vicente G�mez, algunos presos que, por tener recursos, eran m�s o menos poderosos, hasta donde se puede serlo estando en una c�rcel, pagaban a otros presos para que les cargasen las pesadas bolas de hierro que, atadas a una larga cadena que llevaban al pie, les imped�an correr, y para caminar ten�an que cargar sobre sus hombros la bola (origen de la expresi�n �echarse las bolas al hombro�), a fin de aliviarse el impedimento. A esta especie de cirineos que cargaban aquellas bolas, para que el que pagaba pudiera moverse con cierta facilidad, los llamaban �cargabolas�, expresi�n que con el tiempo deriv� hacia �jalabolas�. No doy por segura esta explicaci�n, pero luce muy veros�mil.

Tanto �jalabolas� como �jalamecate� son palabras compuestas, con el verbo �jalar�, m�s los sustantivos �bola� y �mecate�. �Jalar�, por otra parte, es el mismo verbo �halar�, pronunciado con aspiraci�n de la �h�, rasgo fon�tico muy com�n en Castellano: �joyo�, por �hoyo�; �jabillo� por �habillo�; �jembra� por �hembra�; �jambre� por �hambre�; �jumo� por �humo�; �jicotea� por �hicotea�, etc.

En cuanto al origen de �jalamecate�, ser� tema de otro art�culo.

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JALAMECATE

La expresi�n jalamecate  equivale a la expresi�n jalabolas. Hay, sin embargo, una sutil diferencia entre ambas: jalamecate es, algunas veces,  m�s ben�vola que jalabolas; esta casi siempre se emplea en sentido despectivo, para referirse a la adulancia rastrera e indigna,  y el jalabolas es el adulante servil, que se arrastra ante el poderoso en pro de un beneficio personal o de grupo. En cambio, si bien el jalamecate con frecuencia act�a de ese mismo modo, a veces el jalamecatismo se practica en forma menos oportunista, hasta de manera gratuita, m�s por el solo placer, morboso desde luego, de adular, que para conseguir un beneficio material o moral. Incluso no es extra�o que las expresiones jalamecate y jalamecatismo se usen en tono humor�stico, para hacer chistes, hasta a costillas del mismo que las emplea, lo cual dif�cilmente ocurre con jalabolas, siempre m�s ofensivo.

Jalamecate fue bien estudiado por el maestro �ngel Rosenblat. En su imprescindible Buenas y malas palabras dice lo siguiente: �Jalar mecate ha sido uno de los verbos m�s conjugados en el �ltimo tiempo. El pa�s ha presenciado un desenfrenado derroche de jaladera de mecate, por lo com�n bien remunerada: 'Est� jalando mecate para que le den una embajada', 'Se acomod� en el gobierno porque le gusta jalar mecate', 'El discurso fue una jaladera de mecate repugnante�. Lo dice en un art�culo de El Nacional el 16 de febrero de 1958. (Buenas y malas palabras. Biblioteca �ngel Rosenblat. Vol. II. Monte �vila Editores. Caracas; 1989. p. 194). Cualquier semejanza�

En cuanto al origen de jalamecate, Rosenblat no cree que venga de los tiempos del Libertador, como se ha dicho con insistencia, en referencia a los subalternos de este que, en actitud adulante, mec�an su hamaca cuando el jefe descansaba. Rosenblat se basa en que nunca ha sabido que, sobre todo en los Llanos,  la acci�n de mecer la hamaca o el chinchorro se llame jalar mecate. Por ello concluye diciendo, con su sutileza ir�nica habitual, que �nos parece que Bol�var no tiene ninguna responsabilidad en la jaladera de mecate� (Ib�dem; p. 197).

�l parte del hecho de que el verbo jalar �que, como advert� en el art�culo anterior, es el mismo �halar� castellano, pronunciado con la �h� aspirada, rasgo caracter�stico de nuestro idioma�, �Era voz mar�tima que significaba tirar  de los cabos o amarras. De la terminolog�a marina pas� al habla general, en gran parte de Espa�a y Am�rica� (Ib�dem. p. 195). De ah� que, para �l, la expresi�n jalar mecate es, o fue, propia del ambiente marinero. �Jalar mecate�, dice, �es tirar de una cuerda, cosa que hace uno para atraer una embarcaci�n o alg�n [otro] objeto� (Ib�dem; p. 197). De jalar el mecate para atraer el barco se habr�a pasado a otros usos parecidos, y de estos a la expresi�n actual de adular servilmente al poderoso, como para atra�rselo el jalador para su beneficio. Ampliaci�n sem�ntica bastante veros�mil, y hasta com�n en la lengua  castellana.

Jalar, jalabolas y jalamecate han dado, adem�s, origen a otras expresiones: jaladera, jalador, jalabolismo, jalamecatismo, jaleti, jalea, jalada, mecatero, etc. Incluso han generado expresiones con sentido l�dicro, como la granja, ap�cope de la gran jaladera: Una persona va a visitar a su jefe que est� operado en una cl�nica. Alguien pregunta por �l (o ella), y le responden: ��l (o ella) est� en la granja�.


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Alexis M�rquez Rodr�guez es subdirector de la Academia Venezolana de la Lengua.

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