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26 de noviembre de 2003


Tribuna de opini�n

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JAIR DE OLIVERA SOUZA
La norma ideal gen�rica, base para la ense�anza del espa�ol

La evoluci�n del espa�ol en Brasil en las �ltimas d�cadas.
�Cu�l es la variedad del espa�ol que debe ser tomada como modelo?
El espa�ol gen�rico como base para nuestros materiales did�cticos.

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La evoluci�n del espa�ol en Brasil en las �ltimas d�cadas

El inter�s por el espa�ol como lengua extranjera ha crecido significativamente en Brasil en las dos �ltimas d�cadas. Antes de esa fase, el n�mero de brasile�os que se dedicaban al estudio de la lengua espa�ola era muy reducido, si tomamos en cuenta las dimensiones poblacionales de nuestro pa�s.

A pesar de que Brasil siempre haya mantenido un importante intercambio comercial con los pa�ses del cono sur, en especial con Argentina, la aproximaci�n por el lado cultural no revest�a igual intensidad. La mayor�a de los brasile�os se manten�a ajena a la historia, a las tradiciones y a las costumbres de nuestros vecinos. En raz�n de los pocos contactos culturales existentes, tampoco sent�amos la necesidad de aprender su lengua. Por eso, d�bamos escasa atenci�n a la ense�anza y al aprendizaje del espa�ol.

El panorama actual presenta una situaci�n sustancialmente distinta. La caminada rumbo a una integraci�n plena, incluso en lo cultural, que algunos abnegados batalladores pioneros ven�an pregonando desde hace mucho tiempo, aunque contando con muy poco apoyo, se vio fortalecida a partir de mediados de la d�cada de 1980, impulsada por el clima de apertura que surgi� en el proceso de sustituci�n de las dictaduras militares, que por entonces gobernaban casi todos los pa�ses de la regi�n, por reg�menes civiles formalmente democr�ticos. Esta conciencia hoy en d�a est� fuertemente presente en casi todos los sectores de nuestra sociedad.

La introducci�n del espa�ol en los curr�culos de las escuelas p�blicas de la red estadual de educaci�n de R�o de Janeiro, a comienzos de la d�cada de 1980, por iniciativa del gran antrop�logo y educador Darci Ribeiro, quien hab�a asumido el puesto de Secretario de Estado para la Educaci�n en el gobierno de Leonel Brizola en 1982, ejerci� el importante papel de poner la lengua espa�ola al alcance de grandes contingentes de estudiantes en una regi�n de tanta importancia econ�mica y cultural como es el caso del Estado de R�o de Janeiro. Por otro lado, la creaci�n en San Pablo del Memorial de Am�rica Latina, construido con base en un proyecto del prestigioso arquitecto Oscar Niemayer, se torn� un s�mbolo en la b�squeda de la integraci�n cultural de Brasil con los dem�s pa�ses latinoamericanos. Las actividades desarrolladas en esta instituci�n desde su fundaci�n ha contribuido bastante para la intensificaci�n de los contactos culturales entre los varios pueblos de la regi�n.

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No obstante la importancia de estas y de muchas otras medidas de menor repercusi�n medi�tica que no hemos citado, fue innegablemente a partir de la creaci�n del Mercosur, en 1991, que la sociedad brasile�a empez� a ver con m�s claridad la importancia que la lengua espa�ola hab�a adquirido para nosotros. El fuerte incremento que experimentaron nuestras relaciones comerciales con Argentina, Paraguay y Uruguay, tanto en las exportaciones como en las importaciones, ha dejado patente que no nos ser�a m�s posible ampararnos tan solo en el llamado portu�ol para llevar adelante esa relaci�n de mucha m�s intensidad que las nuevas circunstancias propiciaban. Las innumerables empresas brasile�as que deseaban y pod�an exportar sus productos en condiciones ventajosas a los mercados integrados precisaban contar con personal t�cnico adecuadamente capacitado para desarrollar negociaciones en lengua espa�ola con sus potenciales clientes compradores. An�loga necesidad ten�an las empresas que deseaban actuar en el sentido opuesto, o sea, importando de nuestros vecinos. La fluidez en el espa�ol pas� a ser un requisito de gran relevancia para el profesional que pretendiera trabajar de forma eficaz en el mercado altamente competitivo que se estaba consubstanciando.

Aunque el proceso integrador haya perdido algo de su �mpetu inicial, por fuerza de las serias crisis econ�micas que afligieron a todos sus miembros durante la segunda mitad de los a�os 1990, el Mercosur sigue siendo la propuesta m�s viable para marchar adelante. Esta comprensi�n se vio reforzada con la constataci�n del fracaso de las pol�ticas econ�micas de matiz neoliberal que, con mayor o menor intensidad, fueron adoptadas en todos los pa�ses de la regi�n en la mencionada d�cada. Tanto en Brasil como en los dem�s pa�ses asociados hasta las elites pol�ticas y econ�micas parecen haber entendido que el camino que nos queda para evitar que nuestras econom�as se desagreguen por entero es la formaci�n de un fuerte bloque que nos permita disponer de m�s fuerzas para negociar nuestros intereses con los pa�ses m�s desarrollados en condiciones m�s favorables. Sin embargo, esta integraci�n no ser� factible sin que ocurra simult�neamente una aproximaci�n cultural, la cual incluye, obviamente, una vigorosa expansi�n del espa�ol en Brasil y del portugu�s en los pa�ses vecinos.

�Cu�l es la variedad del espa�ol que debe ser tomada como modelo?

El espa�ol es el idioma oficial de veinte pa�ses. Una pregunta siempre presente es: �Cu�l es la variedad del espa�ol que debe ser tomada como modelo para la ense�anza a los brasile�os? �No deber�a ser la de Espa�a, por tratarse esta de la cuna del idioma? Hay quienes as� piensan y, por eso, proponen y desarrollan su trabajo dentro de esta perspectiva. Sin embargo, antes de que definamos nuestra posici�n a respecto, observemos los argumentos que vamos a tratar de exponer enseguida.

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Hay en el mundo un n�mero estimado de 400 millones de hablantes de espa�ol. De esos, alrededor del 90% viven en Am�rica y menos del 10%, en Espa�a. O sea, el n�mero de hablantes de espa�ol en Am�rica es cerca de nueve veces superior al de hablantes de espa�ol en Espa�a. Cabe recordar a ese respecto que el mayor pa�s hispanohablante del mundo es M�xico, con cerca de 101,8 millones de habitantes, de los cuales no menos de 90 millones tienen en el espa�ol su idioma materno, mientras que en Espa�a el total de habitantes es de cerca de 39,9 millones, de los cuales los que tienen en el castellano (*) su lengua nativa no superan los 30 millones (datos sacados de Almanaque Abril, 2003).

Como ser�a de esperar en el caso de un idioma usado por tantos pueblos, desparramados en un �mbito geogr�fico tan amplio, hay variaciones en el modo de hablar de cada pa�s. De todas estas variedades, �cu�l ser�a la correcta, la que deber�a ser tomada como modelo a seguir por los brasile�os que desean aprender el espa�ol? Los eurocentristas (los que se identifican con la primac�a de Espa�a) defienden (a veces abiertamente, otras de forma escamoteada) que es la versi�n del idioma predominante en Espa�a la que debe servir como patr�n en este caso, por varias razones, seg�n ellos: por ser Espa�a la cuna del idioma, por poseer una tradici�n cultural muy rica, por representar el punto orientador delante de las variaciones existentes en los diferentes dialectos del espa�ol de Am�rica, etc. As�, en las palabras de la acad�mica argentina Mercedes I. Blanco (2000) al referirse a la cuesti�n de la norma modelo que los eurocentristas proponen para todos los pa�ses hispanohablantes: �El purismo ling��stico (purificaci�n) ha sostenido una actitud de lealtad hacia la variedad castellana, especialmente hacia el registro literario, como centro hist�rico del idioma, reconoci�ndola como �nico modelo de ejemplaridad; la �defensa de la pureza de la lengua� ha significado hist�ricamente en la Argentina, la subordinaci�n de la this site a la this site; este modelo se corresponde con la concepci�n de lengua est�ndar monoc�ntrica por la cual se concibe una sola norma axiol�gica en la que subyacen, con dispar pero siempre menor status y prestigio, las diferentes variedades � normas objetivas � locales (nacionales o regionales). (this site, 3 de mayo de 2000)

A su vez, el ling�ista mexicano Ra�l �vila (1999), al comentar la pol�tica practicada por el Diccionario de la Real Academia Espa�ola respecto a los regionalismos ling��sticos, hace la siguiente observaci�n: �En esa obra (DRAE) se marcan muchos ismos �colombianismos, cubanismos, venezolanismos, etc�tera � pero, en cambio, no existen los espa�olismos. Esta actitud glosoc�ntrica � me permito el neologismo � hace que la obra mencionada resulte b�sicamente nacional, aunque tenga aspiraciones internacionales.� (this site, 12 de noviembre de 1999)

Sin que tengamos la intenci�n de saturar al lector con citaciones, juzgamos importante repetir las palabras del acad�mico chileno Nelson Cartagena Rondanelli, durante el II Congreso Internacional de la Lengua Espa�ola, Valladolid, 2001, al comentar la postura tradicional de los acad�micos espa�oles de rechazo a las conservaciones o innovaciones ling��sticas presentes en Am�rica: �Y dado que tradicionalmente se entiende que lo que se conserva parcial o totalmente en Am�rica es r�stica antigualla, y lo que se innova es barbarismo, en tanto que los mismos fen�menos constituyen en Espa�a uso castizo o creaci�n seg�n el genio de la lengua, dicha clasificaci�n constituye clara estigmatizaci�n.�

Estas posiciones eurocentristas est�n patentes en la mayor�a de los libros did�cticos espa�oles que se distribuyen en Brasil, pero tambi�n las podemos constatar en gran parte de los materiales editados aqu� mismo.

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Pensamos, nuevamente en sinton�a con Mercedes I. Blanco (2000), que el espa�ol es un idioma pluric�ntrico que pertenece en igualdad de condiciones a todos los pueblos que lo tienen como suyo. Por lo tanto, el espa�ol hablado por los sectores cultos de Buenos Aires, Montevideo, Caracas, Bogot�, Ciudad de M�xico, etc., es tan v�lido como el practicado por los sectores cultos madrile�os. Seguramente, la lengua espa�ola no tendr�a el peso y el prestigio que detiene en la actualidad si no contara con sus cerca de 400 millones de hablantes, de los cuales, como ya lo hemos dicho, m�s de 360 millones son americanos.

En cuanto al prestigio cultural, no podemos dejar de mencionar que fueron los pa�ses de Am�rica los que le ofrecieron al mundo buena parte de los m�s destacados nombres de la literatura hisp�nica y universal del siglo XX. Para citar tan solo algunos: la poetisa chilena Gabriela Mistral, ganadora del Premio Nobel de Literatura, en 1945; el novelista guatemalteco Miguel �ngel Asturias, tambi�n ganador del Premio Nobel, en 1967; el poeta chileno Pablo Neruda, Premio Nobel, 1971; el colombiano Gabriel Garc�a M�rquez, Premio Nobel, 1982, y probablemente uno de los novelistas m�s le�dos en el mundo; el poeta mexicano Octavio Paz, Premio Nobel, 1990; los consagrados novelistas uruguayos Mario Benedetti y Juan Carlos Onetti; los argentinos Jorge Luis Borges, Julio Cort�zar y Ernesto S�bato; el peruano Mario Vargas Llosa; el paraguayo Augusto Roa Bastos; y muchos otros nombres que har�an que la relaci�n fuera demasiado larga para el prop�sito de este trabajo. Con esto, queremos dejar claro que los pa�ses latinoamericanos tambi�n cuentan con el debido respaldo cultural para pleitear que sus formas de hablar sean consideradas en pie de igualdad con cualesquiera de las variedades peninsulares.

En conclusi�n, creemos que no se debe tomar ninguna de las variedades existentes como modelo ejemplar. Y si as� es, �con base en qu� deber�amos entonces desarrollar el trabajo de ense�anza del espa�ol a los brasile�os? Trataremos de dar respuesta a esta cuesti�n en el �tem que presentaremos enseguida.

El espa�ol gen�rico como base para nuestros materiales did�cticos

Las opiniones del insigne ling�ista mexicano (aunque nacido en Espa�a) Juan Miguel Lope Blanch, expresadas en su trabajo titulado La norma ling��stica hisp�nica, presentado en el II Congreso Internacional de la Lengua Espa�ola, en Valladolid, 2001, han ejercido gran influencia en el desarrollo de nuestras ideas acerca del patr�n de lengua espa�ola a ser empleado en la ense�anza en Brasil.

Seg�n Lope Blanch, para alcanzar una homogeneidad entre las hablas de los veinte pa�ses soberanos que tienen el espa�ol por idioma oficial, ser�a una condici�n muy importante la aceptaci�n por parte de todos de una norma hisp�nica general, aunque sepamos que el concepto de norma ling��stica es absolutamente relativo, que cada dialecto tiene una o varias normas particulares, todas ellas v�lidas dentro de sus diversos l�mites geogr�ficos o socioculturales. Sin embargo, en relaci�n con las hablas de los sectores cultos de todas estas regiones, las diferencias no son tan marcadas. En no pocos casos, a�n seg�n Lope Blanch, hay menos diferencias entre las normas cultas de dos pa�ses distintos que entre las normas culta y popular de una misma ciudad, por ejemplo.

Para Lope Blanch, hay en el seno de cualquier sociedad humana � con mayor o menor intensidad � un ideal de lengua superior, una aspiraci�n hacia un idioma perfecto, ejemplar, paradigm�tico. Ese ideal, esa aspiraci�n, responden al af�n general de superaci�n, el ansia de perfeccionamiento que ha llevado al hombre desde las ramas de los �rboles o desde las penumbras de las cavernas hasta la superficie de la luna. Y dentro de este af�n general de progreso y superaci�n, ocupa un lugar destacado el ideal de perfeccionamiento ling��stico, evidente no solo en los grandes escritores o en quienes de la lengua viven o se ocupan, sino en todos los hombres que sean verdaderamente humanos, esto es, que posean ese impulso de superaci�n general, distintivo de la especie humana. En cada pa�s hispanohablante la norma ling��stica ejemplar, paradigm�tica, suele ser la norma culta de la ciudad capital, o sea, la madrile�a para Espa�a, la bogotana para Colombia, la lime�a para el Per�, etc., que ser�an las normas ideales, o ejemplares, nacionales: espa�ola, colombiana, peruana, etc. Pero existe tambi�n el ideal de una norma hisp�nica internacional � espa�ola y americana � que representar�a la norma ideal de la lengua espa�ola. Esta ser�a aquella que re�na y compendie los hechos ling��sticos propios y comunes a todas las normas cultas nacionales. Se tratar�a, bien entendido, de una norma ideal, puesto que no ser�a la norma real de ninguna de las hablas hisp�nicas. No coincidir�a plenamente ni con la norma castellana, ni con la mexicana, ni con la argentina, ni con ninguna otra norma nacional. Ese ideal de lengua hisp�nica deber� incluir en su seno las formas y construcciones gramaticales propias de todas las hablas cultas (o al menos de la mayor�a de ellas), pero rechazar� lo que la mayor parte de estas rechacen como an�malo, impropio o incorrecto, por m�s que alguna � o una minor�a de ellas � lo acepte como v�lido. Lope Blanch da como ejemplo de lo que no deber�a ser incluido en la norma general el caso de la preposici�n hasta en su uso mexicano, una vez que esta expresa ah� un significado de l�mite inicial (Se cas� hasta los 40 a�os. (Se cas� despu�s de los 40 a�os.), mientras que en casi todos los dem�s pa�ses hispanohablantes su significado es de l�mite final (No se cas� hasta los 40 a�os. (No se cas� antes de los 40 a�os.)

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Aceptamos las bases de los argumentos de Lope Blanch (los cuales son tambi�n compartidos por Ra�l �vila, 1999), aunque discordemos con relaci�n a algunas de las sugerencias para inclusi�n o exclusi�n del ideal de norma ling��stica panhisp�nica, y creemos que es esa la manera correcta de enfocar la cuesti�n del modelo ling��stico a ser empleado en los materiales did�cticos que elaboremos para la ense�anza del espa�ol a brasile�os. Al ejercitar concretamente nuestro trabajo de ense�ar la lengua espa�ola en nuestro pa�s, sabemos que cualquiera sea el modelo que elijamos este casi siempre ser� un modelo artificial, diferente de la/s realidad/es con que nuestros alumnos se deparar�n cuando tengan que poner en pr�ctica comunicativa real lo que les hayamos ense�ado. �Acaso, viviendo en Brasil, ellos solo se comunicar�n con argentinos de Buenos Aires, o solo con espa�oles de Madrid, o solo con mexicanos, peruanos, etc.? En realidad, lo m�s probable es que mantengan contactos con personas de variadas nacionalidades y no tan solo de una. Por eso, al recibir instrucci�n con base en lo que consideramos el espa�ol est�ndar general, nuestros alumnos estar�n en mejores condiciones de entender y hacerse entender m�s f�cilmente durante sus conversaciones con hablantes de cualesquier variedades de espa�ol existentes. Con el paso del tiempo, si por una raz�n cualquiera ellos se aproximan de la cultura de alg�n pa�s espec�fico, tambi�n les ser� m�s f�cil adquirir las peculiaridades del nuevo modelo a que estar�n expuestos.

�Cu�les ser�an, resumidamente, los principales puntos a ser eliminados o incluidos en nuestra norma ideal? En esta cuesti�n, seg�n ya hab�amos anticipado, nuestra posici�n no se corresponde totalmente con la de Lope Blanch. Comenzar�amos por sugerir la exclusi�n del pronombre vosotros/as de cualquier norma que pretenda tener aceptaci�n general, y aqu� nos diferenciamos de Lope Blanch, quien justifica su inclusi�n en raz�n de su tradici�n en la historia de la lengua, mientras que en nuestra opini�n la tradici�n hist�rica de por si no deber�a servir para forzar el uso de una forma claramente minoritaria en relaci�n con el conjunto de los hispanohablantes. Su uso est� restringido a Espa�a, y aun as�, no en todo su territorio � no es usado normalmente ni en Andaluc�a ni en Canarias � y est� totalmente fuera de uso en los dem�s pa�ses de la comunidad hisp�nica. Que siga formando parte de la norma de lengua ideal de Espa�a es comprensible y aceptable, pero no lo es su extrapolaci�n a una norma ideal de car�cter general.

Con relaci�n al voseo, Lope Blanch toma un posicionamiento distinto. Reconoce la amplitud de su uso en Am�rica, incluso destaca el prestigio de que goza en la regi�n rioplatense, pero rechaza su inclusi�n por considerar que no tiene el mismo respaldo cultural e hist�rico de vosotros/as. Sin embargo, si la lengua que funciona como instrumento real de comunicaci�n es aquella que prevalece en el momento de su uso, no habr�a razones para el rechazo del voseo. El n�mero de hablantes que emplean vos de forma regular en lugar de t� incluye a la mayor�a aplastante de los habitantes de Argentina, Uruguay, Paraguay, Costa Rica, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Guatemala, as� como a minor�as significativas en pa�ses como Chile, Bolivia, Colombia, Venezuela, Per� y M�xico (Cf. Lipski, John M., El espa�ol de Am�rica, 1994). Si tomamos en cuenta tan solo los pa�ses en que el voseo est� extendido a la casi totalidad de sus poblaciones y que, adem�s, lo emplean con el mismo paradigma de conjugaci�n verbal (Argentina, Paraguay y Uruguay), el n�mero de sus usuarios ya superar�a en mucho el de los usuarios de vosotros.

Pero, a despecho de toda esa fortaleza, no lo incluir�amos en nuestra norma ideal por dos otras razones: primeramente, porque, a excepci�n de Argentina, Paraguay y Uruguay, las conjugaciones verbales que se asocian con el  voseo son muy variadas �seg�n la regi�n de uso� lo que dificulta el trabajo did�ctico y contribuye para generar confusi�n con respecto a la forma del verbo a emplear; y tambi�n debido a que el pronombre t� todav�a es la forma predominante en el conjunto, y mismo en los pa�ses donde no forma parte del uso regular de sus habitantes es recibido con naturalidad, una vez que estos est�n acostumbrados a o�rlo y, por veces, a usarlo en su relaci�n con habitantes de los pa�ses vecinos. (Vea a ese respecto: Acu�a, Leonor, La ense�anza de espa�ol a extranjeros en Argentina, II Congreso Internacional de la Lengua Espa�ola, Valladolid, 2001.)

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Con relaci�n al le�smo (o sea, el uso del pronombre le/les con funci�n propia de complemento directo), nuevamente divergimos de la posici�n pregonada por Lope Blanch, quien aboga en favor de su inclusi�n por motivos hist�ricos similares a los utilizados para la defensa de vosotros. No consideramos que deba ser incluido en nuestra norma ideal de la lengua espa�ola, puesto que representa un uso minoritario en relaci�n con el conjunto de los hispanohablantes, y tambi�n por oponerse a la distinci�n clara y etimol�gica entre lo (c.d.) y le (c.i.). No tenemos ninguna objeci�n, por supuesto, en cuanto a su permanencia como parte integrante de la norma ideal espec�fica del espa�ol peninsular.

En conformidad con lo constatado en los estudios realizados por el acad�mico mexicano Jos� Moreno de Alba (2001), hay pocas diferencias en el l�xico fundamental usado por las capas cultas de los diversos pa�ses de lengua espa�ola; existen, no obstante, algunas palabras que, por su alta incidencia en el uso cotidiano, deben ser incluidas en la norma ideal general con la forma que tenga el m�s elevado �ndice de aceptaci�n de la comunidad ling��stica como un todo. Entre el vocablo avent�n, usado en M�xico y Am�rica Central, y el t�rmino ingl�s autostop, usado en Espa�a, no cabe duda de que solo el primero transmite la misma idea que los brasile�os expresamos con la palabra carona. Adem�s de tratarse de una palabra prestada del ingl�s sin ninguna adaptaci�n a las normas ortogr�ficas del espa�ol, autostop tampoco transmite con precisi�n el significado expreso por medio de avent�n. En la norma peninsular falta una palabra que por si sola pueda traducir lo que queremos decir en portugu�s en �Vou ver se o Jo�o pode me dar uma carona para casa.� Con el uso de avent�n este problema desaparece: �Voy a ver si Juan me puede dar un avent�n para casa.� Tampoco nos parece oportuno que incluyamos el espa�olismo ordenador, una vez que en todos los otros pa�ses de la comunidad hisp�nica se emplea computador/a. Igualmente, vereda (Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile) deber� ceder lugar a acera, cuya amplitud de uso es bien mayor.

Por el lado fon�tico, deberemos considerar el seseo como parte de nuestra norma, puesto que tiene unanimidad entre los latinoamericanos y entre buena parte de los espa�oles (regi�n meridional e Islas Canarias). Ya el llamado ye�smo rehilado, predominante en la regi�n rioplatense, deber� ser excluido de la norma ideal por tratarse de un fen�meno regional de alcance limitado. Continuar� a hacer parte de las normas cultas ideales de Argentina y Uruguay, pero no re�ne condiciones suficientes para ser tomado como parte de la norma internacional gen�rica.

Los ejemplos que acabamos de mencionar no representan de modo alguno la lista completa de todos los puntos que deber�an ser incluidos/excluidos en/de nuestra norma ideal. Son nada m�s que unos pocos casos tomados para ejemplificaci�n. Para que podamos elaborar de modo satisfactorio un listado que contenga las formas b�sicas (l�xicas, estructurales o fon�ticas) de la lengua espa�ola con validez generalizada en el mundo hispanohablante, ser� preciso avanzar con el trabajo de consulta a las diferentes fuentes de datos existentes, de las cuales destacamos los resultados del proyecto Varilex, as� como desarrollar nuevos estudios ling��sticos sobre las hablas reales de los diferentes pueblos de la comunidad. Para ayudarnos en esta tarea, disponemos hoy de la poderos�sima herramienta que es la Internet. Lo que quer�amos dejar claro en esta parte de nuestro escrito es que debemos aprovechar las ideas formuladas por Lope Blanch y aplicarlas adaptadamente en la confecci�n de los materiales did�cticos para la ense�anza del espa�ol a los alumnos brasile�os. Consideramos, sin embargo, que, trat�ndose de lenguaje claramente contextualizado, como ocurre en el caso de textos aut�nticos extra�dos de revistas y diarios, es no solo v�lido como deseable el uso de la variedad ling��stica que corresponda al contexto en cuesti�n, sea ella la que fuere.

 


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Jair de Oliveira Souza es economista,profesor de lengua espa�ola en Brasil y autor de �Por supuesto! Espa�ol para Brasile�os, editado por Editora FTD, de San Pablo, Brasil.

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