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12 de marzo de 2003 | |
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| Tribuna de opini�n | ||
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FRANCISCO MARCOS-MAR�N Presencia y contexto del espa�ol en los Estados Unidos
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El espa�ol desarroll�, a lo largo del pasado siglo, un proceso de consolidaci�n realmente espectacular, apoyado en una serie de caracter�sticas que ser�a oportuno revisar y que van mucho m�s lejos de la importancia meramente demogr�fica. Es innegable que un n�mero de hablantes en torno a los cuatrocientos millones supone cumplir una condici�n demogr�fica imprescindible para la consolidaci�n como lengua internacional; pero la demograf�a es un requisito m�nimo. Los nuevos factoresUn factor que ha aportado un enorme peso a la expansi�n del espa�ol en el mundo y a la adquisici�n de su condici�n de lengua internacional ha sido su homogeneidad. El espa�ol es una lengua homog�nea: sus variantes, en la fon�tica, en la gram�tica, en el l�xico, son muy peque�as y, en much�simas ocasiones, meramente anecd�ticas. La intercomprensi�n entre un mexicano y un santiague�o, un zaragozano y un lime�o es mucho m�s sencilla e inmediata que la que se da entre un australiano y un escoc�s, un irland�s y un sudafricano, por no hablar de keniatas o nigerianos. Los hablantes de espa�ol son alrededor del 6 por ciento de la poblaci�n mundial, frente al 8,9 por ciento de los hablantes de ingl�s o, el 1,8 por ciento de los hablantes de franc�s; pero el espa�ol es lengua �nica o ampliamente mayoritaria en todos los pa�ses donde es lengua oficial: lo habla el 94,6 por ciento de la poblaci�n que vive en estos pa�ses. En el caso del ingl�s, el porcentaje de poblaci�n que habla esta lengua en los pa�ses donde es oficial es el 27,6. Para el franc�s ese porcentaje sube al 34,6, un poco m�s amplio, pero todav�a lejos de la dominante unicidad del espa�ol. A la homogeneidad como lengua mayoritaria se une su condici�n de lengua de enorme contig�idad geogr�fica: fuera de Espa�a, Guinea Ecuatorial y los restos que pueda haber en Ocean�a y en el mundo sefard�, el grueso del espa�ol se habla en territorios f�sicamente contiguos e islas adyacentes. Sumemos a todo ello el dato temporal: con muy pocas excepciones, los pueblos que hoy hablan espa�ol llevan alrededor de quinientos a�os en la esfera cultural de la lengua espa�ola, con sus facetas pol�tica, econ�mica y religiosa. Para que se entienda bien esta afirmaci�n, pueden recordarse algunas de las palabras pronunciadas por un acad�mico mexicano, Jaime Labastida, en el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de M�xico, el 13 de septiembre de 2000, para conmemorar el CXXV aniversario de la fundaci�n de la Academia Mexicana: | ||
La asunci�n de este hecho --en la pr�ctica, sin entrar ahora en la discusi�n te�rica que el texto anterior pudiera plantear-- ha producido una cultura de fuerza innegable, que se expresa en muy diversas manifestaciones. �stas van de lo literario (un diez por ciento de premios Nobel) a lo musical, la cinematograf�a, las artes pl�sticas, y, recientemente, la econom�a, en la que Espa�a funciona como motor en el d�a de hoy, pero a la espera de que se produzca el inminente despegue de las potencias de la Am�rica hispana, una vez reformadas las estructuras que lo dificultan. Basta con mirar el mapa de las empresas espa�olas en Am�rica Latina, o recordar el car�cter de primer o segundo inversor que tiene Espa�a en la regi�n, para apreciar que se ha producido un cambio que va mucho m�s lejos de la simple apariencia.
Es necesario decir que el espa�ol del siglo XXI ser� americano o no ser�, para a�adir a continuaci�n que ser�. En ese futuro ya est� implicado el porvenir de los propios espa�oles, cuyo esfuerzo inversor resulta decisivo en el proceso. �Ni un paso sin Iberoam�rica.�
El espa�ol de los Estados Unidos tiene problemas reales y problemas ficticios. En los conceptos de hablas de frontera se sit�a un problema ling��stico ficticio, el espanglish, en sus diversas variantes o denominaciones.
Siempre que dos lenguas est�n en contacto se producen fen�menos de lo que, cient�ficamente, se conoce como lenguas francas, un t�rmino que ha pasado a significar tambi�n, mal empleado, lenguas comunes, generales o internacionales. Una lengua franca, propiamente dicha, no es m�s que una mezcla simplificada de lenguas que sirve para la intercomprensi�n, generalmente en dominios limitados. Precisamente de business deriva el t�rmino ingl�s pidgin. El espanglish es una de esas linguas francas, que sirve para que hablantes que no manejan bien el ingl�s usen una f�rmula simplificada, con un fuerte componente espa�ol, en los Estados Unidos. Son hablas de ida, no de vuelta. | ||
Confundir los pr�stamos del ingl�s o las interferencias con el espanglish es un error. Lo que caracteriza a esta lingua franca es su inequ�voca condici�n de transici�n hacia el ingl�s.
Esforzarse en recuperar para el espa�ol a quien ya se sit�a en el terreno de la transici�n que supone el espanglish es, a nuestro juicio, un esfuerzo bald�o. El espanglish y sus hablantes no son problemas del espa�ol, sino del ingl�s de los Estados Unidos, su incidencia ser� sobre �ste. Si la lengua futura de los Estados Unidos fuera el espanglish, la lengua sustituida no ser�a el espa�ol, sino el ingl�s. (Digamos r�pidamente que este hipot�tico caso nos parece muy poco probable y menos deseable, pero en ling��stica hist�rica lo m�s extra�o es posible).
El reto fronterizo del espa�ol es otro: que los hablantes de espa�ol en los Estados Unidos recuperen la conciencia de pertenecer a una comunidad ling��stica de prestigio, mediante la adecuada pol�tica cultural. Prestigio es palabra que va de la mano de la educaci�n. Educaci�n y demograf�a van unidas, porque es imprescindible planificar para educar a una poblaci�n en crecimiento.
El nuevo censo norteamericano, en el que se registran 281 millones de personas, de los que 37 millones son hispanos (lo que no implica que hablen espa�ol, no se olvide) incide en la redistribuci�n de la representaci�n parlamentaria. Los cambios en la distribuci�n de la poblaci�n hacen variar la representaci�n en el Congreso, con un incremento de los estados m�s hisp�nicos (Florida y el Suroeste). Sin dejarnos enga�ar por las presentaciones negativas de movimientos como English Only, no cabe duda de que, frente a la �nica escuela que ofrec�a el estudio del espa�ol en 1891, como nos recuerda Mar Vilar, la franja de estudiantes de espa�ol en la escuela secundaria norteamericana a fines del siglo XX llegaba al 80%, con un porcentaje global consolidado del 65%. Es decir, de manera regular, el 65% como m�nimo de los alumnos de secundaria se matriculaban, opcionalmente, en espa�ol, s�lo el 35%, como mucho, se repart�a entre todas las dem�s lenguas. | ||
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Estas anotaciones han estado orientadas a se�alar que no es la demograf�a el principal factor que produce el interesant�simo auge del espa�ol en los �ltimos veinte a�os. Tras ella hay una coherencia ling��stica, cultural e incluso econ�mica que se manifiesta pujante en una sociedad liberal. La restauraci�n de la democracia en el mundo hispanohablante ha tenido mucho que ver en el proceso.
Un conjunto de factores se une, por tanto, al crecimiento del n�mero de hablantes de espa�ol en sus pa�ses de origen. El crecimiento vegetativo, sin embargo, no justifica la evoluci�n. Es el crecimiento del potencial cultural, en sentido amplio, con sus repercusiones econ�micas, el que provoca la puesta en marcha del motor del cambio. Lo que cuenta es que los hispanohablantes tienen hoy un poder de decisi�n, basado en su potencial presente y futuro, que atrae el desarrollo. Tienen tambi�n una capacidad de autogesti�n de ese potencial que, de modo global, no hab�an pose�do hasta ahora.
El papel de Espa�a en el proceso es muy relevante. Para su consolidaci�n, dado su car�cter demogr�ficamente minoritario, es imprescindible intensificar los esfuerzos de coordinaci�n de actividades educativas y culturales, con su vertiente industrial, comercial. Se est� dando el apoyo de las grandes multinacionales con base en Espa�a a estas actuaciones. Falta, todav�a, una mayor coordinaci�n entre los organismos que hacen esa pol�tica en Espa�a y con los latinoamericanos correspondientes. Es preciso, tambi�n, un incremento de la cooperaci�n hispano-mexicana en los Estados Unidos, que crecientes movimientos en el primer pa�s hispanohablante reclaman.
Francisco Marcos-Mar�n es catedr�tico de la Universidad de Roma, �La Sapienza�, Miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Espa�ola y de la Academia Argentina de Letras. | ||
| Autor. xxxx. | ||
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