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25 de junio de 2003


Tribuna de opini�n

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ALEXIS M�RQUEZ RODR�GUEZ
Algunas curiosidades del idioma castellano

 

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Por regla general, la gente piensa que el idioma es un sistema perfecto, basado en una l�gica elemental, que pauta que las cosas se digan de una manera determinada, y no de otra. Muchas personas, posiblemente la mayor�a, se muestran muy conservadoras en materia de lenguaje, aunque no lo sean en otros campos de la cultura y de la vida, en los cuales hasta pueden ser sinceramente revolucionarios. Ese sentido conservador los lleva a creer que el idioma es r�gido, en cierto modo petrificado, no sujeto a cambios ni alteraciones. De ah� que les choque el uso de palabras nuevas, o de nuevos giros idiom�ticos, distintos, y hasta supuestamente extra�os o contrarios a aquellos a los que est�n acostumbrados. A esta legi�n pertenecen tambi�n los llamados puristas, que parten de la supuesta existencia de un modelo cl�sico de la lengua, que todos deben respetar y acatar sin salirse ni un mil�metro de ese esquema mod�lico, para de ese modo conservar el idioma propio en su pureza original.

La vida nos ense�a que no es as�. El idioma tiene, en efecto, una base l�gica, la misma que rige el pensamiento racional, y cuyo esquema fundamental es la conocida estructura sujeto/predicado propia de la frase u oraci�n, como lo es tambi�n de las construcciones elementales del razonamiento. Pero, sin que se niegue o contradiga ese principio esencial del lenguaje, en el uso cotidiano de este se dan muchos casos en que aquella l�gica se rompe,  los esquemas b�sicos se alteran, y, sin embargo, en nada se afecta la doble funci�n esencial del lenguaje, como es expresar, o sea, exteriorizar sentimientos e ideas, y comunicarse unas personas con otras.

Tampoco es cierto que exista ese modelo ideal de la lengua, cuya pureza debe preservarse a todo trance. Esto es particularmente notorio en un idioma como el Castellano, que por ser la lengua materna de una gran this site de pueblos y naciones, desparramados en m�s de un continente, es  inevitable que se use de muy diversas maneras, pero siendo el mismo en todos los casos. El Castellano es el idioma propio de m�s de treinta pueblos o naciones, entre los que forman la parte hisp�nica del continente americano y las diversas comunidades nacionales y regionales que integran el Estado espa�ol, am�n de algunas comunidades  o agrupaciones situadas en otros lugares del mundo, la m�s numerosa residente en Estados Unidos, donde millones de habitantes tienen el Castellano como su lengua materna. Y si es as�, �cu�l es el modelo que debe seguir tanta gente al hablar o escribir en su idioma? Podr�a responderse que ese modelo es el Castellano que se habla en Espa�a. Pero entonces cabr�a preguntar de nuevo en cu�l regi�n de Espa�a: �en Madrid, donde dicen Madr�s, voy a por vino o luogo en vez de luego?  �O en Andaluc�a, donde pronuncian sordao, barc�n y mardita sea tu arma, aunque saben, y as� lo hacen, que se escribe con �l�? �O en Arag�n, donde se dice, por ejemplo, marito en lugar de marido, y se construye pa yo, en lugar de para mi, y a tu en vez de a ti?

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Tampoco puede tenerse como modelo ninguna de las formas del habla castellana de Am�rica, pues habr�a que escoger cu�l ser�a entre modalidades muy diversas,  con importantes diferencias entre ellas, tanto fon�ticas como lexicales, pues el Castellano tiene en cada uno de nuestros pa�ses rasgos caracter�sticos distintos de los que corresponden a los dem�s. No hay, pues, un  modelo com�n que deba seguirse, y cuya pureza deba preservarse, que determine cu�ndo y d�nde se habla bien o se habla mal el Castellano.

La ruptura de la l�gica gramatical en la lengua com�n es m�s frecuente de lo que se cree. Don Andr�s Bello, que en esto era muy sabio, en el Pr�logo a su Gram�tica dice lo siguiente: �En el lenguaje lo convencional y arbitrario abraza mucho m�s de lo que com�nmente se piensa�.

En la estructura misma del Castellano, que en su mayor parte, por no decir que en su totalidad, nos viene como preciosa herencia del Lat�n, est�n ya presentes numerosos rasgos, igualmente heredados en su mayor�a,  en que no se cumplen las normas elementales de la l�gica formal, lo cual, por cierto, genera problemas ling��sticos  de suma importancia. Un ejemplo de esto lo hallamos en las llamadas irregularidades, sobre todo las del verbo. Desde su infancia, el hispanohablante tropieza con rarezas y dificultades, como que el participio pasivo del verbo decir sea dicho, y no decido, lo cual se complica a�n m�s cuando se sabe que los verbos bendecir y maldecir, que son compuestos de decir, cuyo modelo siguen en la conjugaci�n, tienen cada uno dos formas de participio, una regular y otra irregular: bendito y bendecido, maldito y maldecido. Y es necesario saber cu�ndo se emplea una forma y cu�ndo la otra. Pero, adem�s, esto induce a preguntarnos por qu� no se dice bendicho y maldicho en vez de bendito y maldito, que se supone ser�a lo l�gico. Para que no se queden con la duda, dir� que por regla general bendecido y maldecido se emplean en la formaci�n de los tiempos compuestos: �lo ha bendecido la fortuna�, �lo ha maldecido una bruja�, y bendito y maldito cuando se usan como adjetivos: �agua bendita�, �libro maldito�.

Lo mismo hallamos en el verbo romper, cuyo participio deber�a ser rompido, pero es  roto. Sin embargo, corromper, que es compuesto de romper, tiene dos participios, uno regular, corrompido, y otro irregular, corrupto, este �ltimo formado con ruptus, que es la ra�z latina del castellano roto.

Algo parecido ocurre con el verbo imprimir, que tiene tambi�n dos participios pasivos: imprimido, que es regular, e impreso, que es irregular, y ambos se usan en diferentes  casos, lo cual hay que tener en cuenta cuando se vayan a emplear.

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En otro orden de ideas, siempre me ha llamado la atenci�n que, en nuestro idioma, todos los nombres de veh�culos o medios de transporte, de g�nero masculino, den derivados de g�nero femenino: carro / carreta; avi�n / avioneta;  bus / buseta; pat�n / patineta; cami�n / camioneta; vag�n / vagoneta; furg�n / furgoneta; biciclo / bicicleta� Y aunque no es propiamente un medio de transporte, podr�a asimilarse al caso la derivaci�n chanclo, chancleta. La l�gica pareciera indicarnos que si el nombre de un veh�culo o medio de transporte es masculino,  masculinos deber�an ser tambi�n los derivados del mismo.

Interesante es tambi�n el caso de un vocablo que tenga dos definiciones,  contrarias entre s�. Tal ocurre con el vocablo hu�sped, que figura en el DRAE, en su primera acepci�n como la �Persona alojada en casa ajena�, y en la cuarta acepci�n como �Persona que aloja en su casa a otra�. Con lo que se da la curiosa paradoja de que dos individuos, el due�o de una casa y el extra�o que se aloja en ella, sean rec�procamente hu�sped  el uno del otro.

Una vez un lector de mi columna Con la lengua me preguntaba por qu� a los profesionales de la Farmacia se les llama farmac�uticos, si a los profesionales del periodismo no se les llama period�sticos. Otro quer�a saber por qu� el sustantivo hombre, empleado gen�ricamente designa hombre y mujer, mientras que el sustantivo mujer no se comporta en ning�n caso de la misma manera. Y no creo que este �ltimo fen�meno  pueda tener como explicaci�n el simplismo de decir que la gram�tica es machista.

Es bien sabido que en Castellano se usa mucho el diminutivo, que posee una gran expresividad. Se supone que el diminutivo es un vocablo que disminuye el significado de otro del cual deriva: cosita es menos que cosa; perrito es menos que perro; ojitos es menos que ojos. Lo curioso es  que, en algunos casos, el diminutivo no disminuye el significado de la palabra primitiva, sino que mas bien lo aumenta. En efecto, si decimos �Est� clarito�, damos a entender que est� m�s claro, y no menos claro. Y apuradito es m�s que apurado, y tempranito m�s que temprano. Hasta puede darse una gradaci�n en cuanto a la dimensi�n de lo que se expresa, de modo que a m�s diminutivo, mayor grado de significaci�n. Obs�rvese, por ejemplo, la diferencia entre los adverbios cerca, cerquita y cerquitica. O entre  ahora, ahorita y ahoritica. O entre chico, chiquito, chiquitico y chirriquitico.

Esta no es sino una �nfima muestra de algo que es muy com�n en nuestro idioma. Ahora bien, no se crea que todo eso es meramente caprichoso o arbitrario. Son curiosidades ling��sticas, por llamarlas de alg�n modo, pero todas tienen una explicaci�n, en muchos casos demasiado t�cnica y compleja para quienes son ajenos a las  ciencias del lenguaje. Y en todo caso, tales fen�menos deben atribuirse al  extraordinario dinamismo y vivacidad del Castellano, uno de los idiomas modernos m�s flexibles, vers�tiles y  vigorosos que existen hoy d�a. Lo cual lo hace tambi�n uno de los m�s dif�ciles de aprender, tanto para las personas de lengua materna extranjera, como para los propios hispanohablantes. ()


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Alexis M�rquez Rodr�guez es subdirector de la Academia Venezolana de la Lengua.

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