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23 de julio de 2003 | |
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| Tribuna de opini�n | ||
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ALICIA MAR�A ZORRILLA Un claro y documentado an�lisis de la actualidad del idioma espa�ol, con numerosos ejemplos, en especial en los medios de comunicaci�n, expuesto en su discurso de ingreso a la Academia Argentina de Letras.
La lengua refleja los valores de la
sociedad | ||
Juan XXIII ense�aba que para no enemistarnos con nuestro hermano deb�amos ver en �l al ni�o que un d�a fue. Lo mismo pasa con ellas. Para amarlas y no destruirlas s�lo debemos recordar el primer d�a de la Creaci�n cuando Dios dijo ��Haya luz�, y hubo luz�, porque ellas son la luz de nuestra cotidiana oscuridad. Agradezco, pues, entra�ablemente a los se�ores acad�micos que hayan confiado en m� para acompa�arlos en sus trabajos y para participar de cada deslumbramiento en esta querida casa. Este sill�n que me honra desde su nombre fue ocupado sucesivamente por Juan Benjam�n Ter�n, fundador y primer rector de la Universidad Nacional de Tucum�n; Arturo Capdevila, poeta, novelista, cuentista, ensayista, historiador y autor dram�tico; Ricardo Eufemio Molinari, el poeta de los transparentes caminos interiores y de la patria alada, y Gerardo Horacio Pag�s, profesor y doctor en Filosof�a y Letras, eminente latinista que analiz� la influencia de las letras cl�sicas en nuestra literatura. Sus trayectorias ejemplares ser�n mi gu�a. | ||
Los valores de una sociedad tambi�n se reflejan en la lengua que hablan sus componentes, en el modo de decir las palabras, de elegirlas, en la entonaci�n y hasta en los gestos que las acompa�an. Lengua es el peri�dico, la revista de moda, el mensaje electr�nico, la publicidad, la receta de cocina, el coloquio callejero o empresarial; lengua es la labor del aula, la investigaci�n cient�fica, el ensayo filos�fico, la novela premiada y el poema que crece serenamente desde la sangre que se deja florecer. Todos somos palabras, pues nacimos de ellas, vivimos de ellas y sentimos con ellas y por ellas. Hablando y escribiendo proclamamos, casi sin notarlo, nuestra existencia y buscamos un lugar para instalarnos en este refugio peque�o y fugaz, que llamamos mundo y que imaginamos infinito, y hasta veneramos. Un mundo que se llena de palabras sin sue�os porque no creemos ya en esos sue�os, surtidores de nuestros lejanos silencios. El hombre de nuestros d�as parece espiritualmente solo, con las ra�ces en el aire, y esa soledad, fruto de tantas carencias y de tantas penumbras, lo obliga a salir de s� y a atraer hacia s� un �dolo material que se disfraza con las mil m�scaras del oportunismo para encantarlo con la frivolidad y con la ignorancia, para vaciarlo de principios y de convicciones, para arrancarle, uno a uno, sus valores; para despojarlo del orden y de su dignidad en el decir. Se aleja de la verdad ��sta ya no es un bien, sino un mito� y, desnudo de fe, se refugia en el vac�o de su incertidumbre, donde no encuentra demasiados espacios para crear ni para depurar su creaci�n imprescindible. Y esa ausencia de verdad, que es olvido de Dios, se transforma en espejo de su expresi�n rota, enviciada de muletillas, de verbos descarriados que responden a la desintegraci�n de los tiempos, de sustantivos a medias, de adjetivos d�biles, descoloridos, y de preposiciones perturbadas, cuya omisi�n es tambi�n met�fora de tantas ausencias. En esa sintaxis del desasosiego, un vocablo devora a otro, y los que permanecen confunden sus arquitecturas y desangran sus significados. Todo pesa. No podemos decir con Octavio Paz: �Un espacio hecho de aire y en el que todas las formas poseen la consistencia del aire: nada pesa�[1]. | ||
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Cuando nos referimos, sin pretensi�n de ser solemnes, a la dignidad en el decir, no apuntamos a un ideal de lengua, sino a actos de habla y de escritura ordenados, prolijos, entendibles, l�mpidos; a lo que se sabe o deber�a saberse, pero no se practica. La lengua, que �en su n�cleo formal estructural-funcional es un entramado de sistemas fonol�gicos, morfol�gicos, sint�cticos, sem�nticos�[2] �como bien dec�a la recordada doctora Ofelia Kovacci�, debe usarse para el conocimiento, y conocer es �saber cabalmente�, y querer conocer es liberar la libertad imaginada y poner en rebeli�n la voluntad de la sangre que nos dice para entender el universo que nos nombra. El hombre nace hombre d�a por d�a mediante las palabras, pero se proyecta en ellas sin pasi�n, ignora sus honduras, no se involucra en su juego c�smico. Una palabra es un c�rculo que responde al orden natural y contiene la perfecta armon�a. Es epifan�a de la belleza, su esplendor. Todo el saber, en cada palabra, en cada letra; tantas veces arrumbado en cada palabra, en cada letra. D�a por d�a, una vida nueva sin la convicci�n de una nueva vida, sin la decisi�n valiente, perseverante, de una conducta fundada en palabras veraces para poder dar, otra vez, la palabra y creer en la de los dem�s. Deber�a imitarse la obstinaci�n de algunos �rboles centenarios que, desgajados por el viento, no se desarraigan de su tierra, porque creen en sus ra�ces y las defienden y las fecundan con su esperanza vegetal. �se es su lenguaje; �se es su compromiso con la naturaleza. | ||
�Por qu� muchas personas habr�n perdido el af�n de hablar bien y de escribir mejor? �Por qu� no corrigen lo que escriben? �Cu�nto les importa su lengua, es decir, su identidad? �Por qu� participan, hasta con aplausos, de la mediocridad ling��stica que, a veces, ofrecen los medios de comunicaci�n? El desposeimiento de la palabra es intolerable; el exceso de palabras tambi�n, sobre todo, cuando se apartan de lo justo y de lo sensato. La econom�a de vocablos puede traer sus inconvenientes, pero, a pesar de ello, escuchamos que un calificado profesional le dec�a a un periodista: No voy a hablar verbalmente. Nos preguntamos entonces: �c�mo hablar�?, �por se�as? A veces, la pobreza verbal conduce al exiguo dato hist�rico: Desde all� exploraremos antiguos senderos utilizados en la �poca del Per�...[3] �acaso, no sigue existiendo el Per�?; �qu� entiende por ��poca�? De acuerdo con la segunda acepci�n del Diccionario acad�mico, como �per�odo que se distingue por los hechos hist�ricos en �l acaecidos y por sus formas de vida�, el Per� tuvo varias �pocas. �A cu�l se refiere? Nosotros lo suponemos, pero el texto no lo comunica. El poco explorado lenguaje meteorol�gico nos da tambi�n algunas sorpresas: Por la noche: nubes y sol; probabilidad de un chaparr�n[4] o El tiempo comenzar� a tornarse m�s caluroso, bajo abundante sol. La mayor parte de la misma, e incluso algunas playas, registrar�n m�ximas de 30 grados o m�s. Hacia �ltima hora, es probable que haya uno o dos chaparrones solitarios, acompa�ados de rel�mpagos, sobre C�rdoba y Santa Fe[5]. Al mal uso de�ctico del vocablo �misma�, se une un enigma, porque no sabemos a qu� se refiere �la mayor parte de la misma�. Tampoco es muy adecuado el uso del adjetivo �solitarios� junto al adjetivo �acompa�ados�. Con �dos chaparrones� bastaba. |
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A veces, se desconoce la verdadera funci�n de los fen�menos atmosf�ricos y se escribe con descuido: ...y la lluvia que perpetra el verde de la selva austral[6]. La lluvia no tiene armas para cometer o consumar ning�n delito. Ese tr�gico �perpetra� pudo ser reemplazado po�ticamente con un delicado �perpet�a�. �Fue, quiz�, una errata (plural del sustantivo neutro latino erratum, �errores, faltas�), un error de impresi�n o tipogr�fico, pero error al fin, como el que se cometi� en un diario al decir que �Los Reyes Cat�licos despidieron a Col�n a Palos� por �en Palos�[7]? Alfonso Reyes la defini� como �especie de viciosa flora microbiana siempre tan reacia a todos los tratamientos de la desinfecci�n�[8], como �la lepra connatural del plomo� y el peor enemigo de los escritores. Cay� en cama despu�s de la aparici�n de su libro Huellas (1922) porque eran tantos los errores que conten�a que Ventura Garc�a Calder�n no tuvo mejor idea que decir: �Nuestro amigo Reyes acaba de publicar un libro de erratas acompa�adas de algunos versos�[9]. Y Ram�n G�mez de la Serna las defini� como microbios �de origen desconocido y de picadura irreparable�[10]. Las erratas son, para algunos, como los �duelos y quebrantos� que com�a don Quijote: aquellos eran compatibles con la abstinencia parcial que por precepto eclesi�stico se guardaba los s�bados en los reinos de Castilla, es decir, eran comida, pero no tanta, y las erratas son errores, pero no tan graves como otros. A pesar de esa desacertada minimizaci�n, el vocablo �errata� contiene la voz �aterra�, cuyo significado puede ser �derribar, echar por tierra� o �aterrorizar�. Como eufemismos del error, las erratas aterrorizan a todos los que escriben porque pueden echar por tierra sin malicia sus m�s cuerdas reflexiones. As� las padeci� el que quiso agradecer los �infinitos servicios� de una dama y nunca lo hizo porque en el texto, se agradecieron los ��nfimos servicios�, los �infames servicios� y aun los ��ntimos servicios�[11], y el periodista que perdi� el empleo �como cuenta el escritor argentino Manuel Ugarte� porque al dedicar un cumplido a la hija del due�o del diario, quiso decir �Basta escribir su nombre, Mercedes, para que se sienta orgullosa la tinta�, pero se public� �la tonta�. Tambi�n se encuentran erratas de erratas: un conocido diario aclar� que en una de sus p�ginas hab�a aparecido *Petttoruri en lugar de *Pettoruti, pero la segunda s�laba del vocablo corregido se escribi� con tres tes[12]. |
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El hombre de hoy no sabe definir las palabras, porque no cree en el valor de sus significados; se aferra al cuerpo y desconoce el alma; no est� empe�ado en saber, sino en ganar, reinar, avasallar y disfrutar, y, sobre todo, en celebrar alegremente la idolatr�a de las innovaciones: cambia de opini�n, de gusto, de costumbres, de vestido y, si puede, hasta de nombre. Lo que vale es estar a la altura del minuto, no ya de los tiempos, como dec�a Jos� Ortega y Gasset. Desconocer los significados es, pues, un buen ejercicio para construir, sin l�mites, su andamiaje de poder, deseo e inercia. Lo advertimos en mensajes como �stos: � La polic�a ultim� a los manifestantes a que se retiren del lugar[13]. Si los mat�, no cabe duda de que no pod�an retirarse del lugar, pero el periodista quiso decir �intim�, �exigi� y dijo mal �a que se retiren�, porque la correspondencia verbal indica �a que se retiraran� (pret�rito imperfecto del modo subjuntivo). � Estamos en Tribunales por el asesinato del crimen del vasco[14]: si se asesina tambi�n un crimen, �a qui�n juzgar? � El jefe de inspectores [...] aclar� que hay muchas respuestas sin contestar, y que Bagdad no ha hecho ning�n esfuerzo para responderlas[15]. Si hay �respuestas sin contestar�, �habr� preguntas sin interrogar? |
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El esnobismo, voz espa�olizada que proviene de snob, acr�nimo que nace de la abreviatura sine nob, es decir, sine nobilitate, �sin nobleza�, tambi�n da sus frutos: Los cad�veres de un matrimonio, que muri� curiosamente el mismo d�a en diversos lugares [...], fueron exhumados ayer en el cementerio de la Chacarita[16]. Sin duda, no podemos negar la maestr�a del redactor para modificar la forma verbal �muri� con tres circunstancias seguidas: de modo, de tiempo y de lugar, pero si el pobre matrimonio muri� �en diversos lugares� como indica la proposici�n subordinada adjetiva explicativa, �cu�ntas veces muri� �curiosamente el mismo d�a�? El adverbio �curiosamente� tampoco es digno de elogios, pues no aparece entrecomado, hecho que destruye la intenci�n maliciosa del que escribe, y si el matrimonio �muri� curiosamente�, lo hizo �seg�n el Diccionario acad�mico� �con curiosidad�, �con aseo o limpieza� y hasta �cuidadosamente�. Un actor c�mico dijo de buen �nimo: �Hay que hacer re�r m�s a la gente! �La gente est� �vida de problemas! Pues si es as�, suponemos que no tendr� muchos deseos de re�r. Lamentablemente, el uso indebido del adjetivo ��vida� no formaba parte de su chiste. Un reconocido modisto promocionaba su desfile de modas y, con entonaci�n de chisme art�stico, deshilach� su discurso: Eso es lo que yo me llegaron a mis o�dos, un ejemplo para corroborar casos de confusi�n mental y para reflexionar acerca de cu�l es la distancia que separa la incorrecci�n de la agramaticalidad. Si lo hubiera escuchado, Fernando L�zaro Carreter habr�a dicho: �Si se empobrece la lengua se empobrece el pensamiento�[17]. Algunos ejemplos m�s para demostrar cu�n lejos estamos, a veces, de los significados y de esa sintaxis de precisi�n espartana, como tan admirablemente defini� Alicia Jurado la de Borges: Problemas de cadera a domicilio $ 20; Buen Aliento. Lo podemos ayudar; Si pudiera abrir los ojos, pudiera ver bien; fue disparado con el mismo arma. Nos queda a los lectores la sublime misi�n de corregir, completar y hasta de imaginar el contenido de estos desnutridos mensajes. |
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No hay en nuestro an�lisis a�oranza de purismo, sino vocaci�n de respeto, pues hablar y escribir mal la propia lengua es una forma de la desmesura y del enga�o, que demerita la condici�n de persona. En nuestros d�as, no est�n en crisis las lenguas, sino los hombres, quienes carecen de serenidad para pensar y para decir, tambi�n con serenidad, lo que piensan. Ese desequilibrio entre lo que piensan y lo que dicen es una de las fuentes de lo que llamaba el historiador romano Publio Cornelio T�cito error veri, �ignorancia de la verdad�, y nosotros, errores, equivocaciones, yerros, faltas, incorrecciones, dislates, disparates, defectos, descuidos, galimat�as, desaciertos, pifias, gazapos, gazapatones, lapsus y ��por qu� no?� algunos lapsus c�lami y lapsus linguae. Es significativo que existan tantas palabras para se�alar nuestras ca�das ling��sticas �hecho que revela nuestra imperfecci�n� , y, m�s significativo a�n, que muchas de esas ca�das nos causen risa. �Por qu�, risa? Podemos conjeturar, parafraseando a Henri Bergson, que esta risa se erige en juez, castiga las malas costumbres, los �vicios tr�gicos�, y nos impulsa a que �nos esforcemos� por decir lo que debemos decir[18]. Pero no estamos convencidos de que sea real ese esfuerzo. �Puede definirse ese error que provoca a risa y a l�stima? Es una palabra como otras, breve como tantas, sin embargo, carga sobre s� la negaci�n, la falta de luz; casi podr�a decirse que no tiene un lugar en el para�so, pues es un triste simulacro de la verdad. Errar es tambi�n vagar, andar por doquier a la aventura. Pero en ese diario viaje inconsciente, no siempre hallamos el camino recto para llegar a la meta deseada. Y como bien dec�a Joseph Campbell, recordando al prestigioso soci�logo franc�s �mile D�rckheim[19] (1858-1917), cuando la meta se aleja, la verdadera meta es el camino. Entonces �agregamos�, hay que saber caminarlo. Los problemas ling��sticos no deben resolverse; deben evitarse. | ||
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Errar es, entonces, desviarse, desertar de la belleza en estado inconsciente de melancol�a; es una suerte de silencio desnudo; es la libertad partida. Si escudri�amos el sustantivo �error�, advertimos que contiene el verbo �roer�, que denota, en una de sus acepciones, �gastar�: el error roe los vocablos hasta dejarlos sin la carne que los sustenta y sin el alma que los espiritualiza. Es la esclerosis de la lengua. Se yerra, porque no se sabe �entonces escuchamos que *faltan guardar diez cajas (por �falta guardar...); No beba ese agua (por �esa�), porque es salubre (por �salobre�); Est� defendiendo la mala reputaci�n de su familia; El presidente pretende apoyarse como un trampol�n para saltar hacia adelante; ��sta es una cr�tica al complot que hiciesen?�; se yerra, porque no se quiere saber �un traductor, seg�n nos cuenta Javier Mar�as, intent� llevar al espa�ol las palabras inglesas de un p�rroco en el momento de persignarse, y �stas aparecieron as� en los subt�tulos de una pel�cula: �En el nombre del Padre y del Hijo, y del Santo Fantasma (the Holy Ghost)�[23]�; se yerra por ultracorrecci�n, entonces, en un restaurante muy sencillo, aparece un mozo docto que atiende a los clientes de esta manera: Buenos d�as. �En qu� rubro desean incursionar?; y, muchas veces, se yerra voluntariamente, porque se siente verg�enza de saber y de ser distintos de los dem�s �reconocemos aqu�, por ejemplo, a quienes prefieren decir [caset], [disquet] o [elit], porque temen que el pr�jimo los tilde de plebeyos o de ignorantes de otras lenguas si se atreven a pedir �un casete�, �un disquete� o a hablar de la ��lite o elite�. Si los tres primeros casos son lamentables, el �ltimo �la verg�enza de saber� es de una inmoralidad suprema, de falta de coraje �tico. (Segunda parte la pr�xima semana). |
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[1] El mono gram�tico, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 1998, p�g. 32. [2] Tribuna de opini�n, �Desaf�os actuales y responsabilidades de los hablantes en espa�ol� [en l�nea]. URL: /opinion/opinion_ant/2000/j.../opinion280600.ht [Consulta: 4-2-2003]. [3] Lugares. English Translation, N.� 82, Buenos Aires, octubre de 2002. [4] La Naci�n, Buenos Aires, domingo 19 de enero de 2003. [5] Ib�dem. [6] �De Chilo� a Bah�a Mala�, Lugares. English Translation, ed. cit., p�g. 55. [7] Citada por Jos� ESTEBAN, Vituperio (y alg�n elogio) de la errata, 2.� edici�n, Madrid, Renacimiento, 2003, p�g. 71. [8] Ib�dem, p�g. 11. [9] Ib�dem. [10] Ib�dem, p�g. 109. [11] Jos� ESTEBAN, op. cit., p�g. 94. [12] �Fe de erratas�, La Naci�n, Buenos Aires, domingo 1 de junio de 2003. [13] �Piqueteros inician huelga de hambre en Educaci�n�, �mbito Financiero, Edici�n N.� 851 [en l�nea]. Direcci�n URL: http://www.ambitoweb.com.ar [Consulta: 28 de febrero de 2003]. [14] Programa period�stico, Canal 9, Buenos Aires, 17 de marzo de 2003. [15] Clar�n, Buenos Aires, viernes 10 de enero de 2003. [16] La Naci�n, Buenos Aires, s�bado 4 de enero de 2003. [17] Fernando L�ZARO CARRETER, El espa�ol, una lengua diversa, BABELIA-EL PA�S. ES, 13 de octubre de 2001. [18] La risa. Ensayo sobre el significado de lo c�mico. Traducci�n de Amalia Hayd�e Raggio, 5. � edici�n, Buenos Aires, Losada, 2002, p�g. 22. [19] �M�scaras de eternidad�, El poder del mito, Barcelona, EMEC�, 1991, p�g. 311. [20] �Libro I�, �Cap�tulo II�, La novela picaresca espa�ola, Sexta edici�n, Madrid, Aguilar, 1968, p�g. 1095. [21] La Naci�n, Buenos Aires, 26 de mayo de 1993. [22] �Peinados en libertad�, Clar�n, Buenos Aires, mi�rcoles 27 de junio de 1984. [23] ��Es usted el Santo Fantasma?�, Forums. Languages [en l�nea]. URL: http://forums.iagora.com/posts.html::message_id=94287 [Consulta: 6-2-03]. |
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Alicia Mar�a Zorrilla es miembro de n�mero de la Academia Argentina de Letras . | ||
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