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2 de abril de 2003


Tribuna de opini�n

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MART�N ALOMO
La recontratransferencia del lenguaje psicoanal�tico

Del Edipo no resuelto al acto fallido
Entre el falo femenino y la transferencia

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El uso de algunas palabras que forman parte del cuerpo te�rico del psicoan�lisis, en calidad de conceptos fundamentales y sumamente complejos, ha pasado, en nuestro medio (me refiero a Buenos Aires), a integrar el vocabulario habitual de muchos, ya sea personas ligadas a �mbitos intelectuales, o no.

Desde luego que la complejidad y el significado que tales t�rminos representan dentro de la teor�a han sido simplificados y desvirtuados, desplazamiento �ste que se acent�a por la descontextuaci�n.

En principio, podemos encontrar el germen de esta potencia de seducci�n y proliferaci�n de dichos t�rminos en el modo en que el gran Sigmund Freud, inventor de la teor�a, utilizara para construirla. Esto es, la necesidad de nombrar mecanismos y fen�menos, hasta el momento, desatendidos y desconocidos por la ciencia positivista de su �poca. En consecuencia, para plantar bandera en terrenos inh�spitos e irredentos, el padre del psicoan�lisis recurri� a t�rminos del lenguaje popular, de la mitolog�a, y de las grandes producciones culturales de la historia, f�cilmente a su disposici�n (mitolog�a griega, biograf�as de grandes personajes, obras literarias, cuentos tradicionales y folkl�ricos, refranes populares, etc.).

Complejo de Edipo, falo, transferencia, contra-transferencia, inconsciente, acto fallido, yo, ello, supery�, libido, asociaci�n libre, atenci�n flotante, etc., han iniciado desde hace tiempo una circulaci�n vertiginosa y de alta frecuencia en el circuito del habla cotidiana porte�a, independiz�ndose de significaciones exclusivamente ligadas a la teor�a, y cobrando vida propia, comenzando a transitar as� los m�s insospechados caminos.

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Del Edipo no resuelto al acto fallido

Por ejemplo, �Edipo no resuelto�, es una de las maravillas engendradas en esta aventura comunitaria, que se corporiza en una voz al sur de las Am�ricas, y habla a aquellos que la difunden.

�Edipo no resuelto� dicho de manera agresiva o despectiva, puede devenir un insulto grav�simo para aqu�l a quien va dirigido tal �diagn�stico� (muy a menudo alg�n novio que, seg�n la consideraci�n de la dama, estar�a demasiado apegado a las faldas de su madre).

Sin embargo, tambi�n se puede escuchar el neologismo dicho con un matiz intelectualoide y comprensivo, aplicado a alg�n ni�o, adolescente, o supuesto �inmaduro�. Si lo m�s interesante del caso es la idea de que un diagn�stico se formula como un insulto, o como un intento de comprensi�n superfluo y ligero; o acaso, la suposici�n de que algo llamado complejo de Edipo pueda resolverse de alg�n modo alguna vez, no lo s�.

Un ex-presidente de los argentinos, en un acto partidario con miras a las entonces venideras elecciones, luego de un extenso discurso para presentar a su favorito, al candidato que ser�a su prohijado en la disputa, pretende cerrar su pieza oratoria con el nombre del nuevo delf�n. Sin embargo, lo que pronuncia es otro nombre. No cualquiera: justamente el de su principal opositor. Por supuesto, el nutrido auditorio irrumpe en carcajadas, y el carism�tico presidente, con una sonrisa en los labios, dice: �Bueno, es un acto fallido�, y refiere que ahora ser� objeto de las bromas de la televisi�n (efectivamente, en esto no se equivoc�).

Acto fallido, desde luego, es eso: errar la meta de un prop�sito, en este caso ling��stico (un lapsus linguae, si nos ponemos detallistas). Pero, para el psicoan�lisis, lo interesante del acto fallido, es la certeza de que justamente ese yerro, tal vez sea lo menos fallido y lo m�s propio de todo el discurso. Pero, desde luego, esto en el dispositivo terap�utico; de lo contrario, se trata de una simple an�cdota, como esta situaci�n c�mica que acabo de citar.

Sin embargo, varios programas televisivos de entretenimiento (y otros �serios�), incluso algunos adornados en su escenograf�a con un div�n, o hasta con la imagen del mism�simo Freud, pretend�an darle al mero equ�voco estatuto de s�ntoma.

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Entre el falo femenino y la transferencia

Hasta aqu�, como vemos, los derroteros de estos t�rminos son desopilantes. Pero si pretendemos seguir los senderos del falo, podemos llegar a encontrarnos vaya uno a saber con qu�. En principio, habr�a una especie de prejuicio en el sentido de que el falo es el pene.

Bueno, en psicoan�lisis, esto no es as�. Al respecto, y modalizado como adjetivo calificativo, no es raro escuchar al falo dicho de una mujer: �Ella es muy f�lica�. Esto, no es dif�cil o�rlo en boca de alg�n hombre, que tal vez se sienta inhibido en sus ganas de acercarse a la merecedora del ep�teto. Inhibici�n que podr�amos poner a cuenta de cierto car�cter en�rgico, tal vez anudados a logros sociales o profesionales importantes por parte de la portadora del adjetivo, que a lo mejor intimidan al caballero debilitando la fuerza de su deseo.

Luego, tal vez como una analog�a del mecanismo de depreciar el fruto deseado (Vg. La zorra y las uvas), podemos escuchar acerca de la f�lica que �es muy masculina�, o que �parece un macho�. Estos �ltimos asertos, nos se�alizan un sendero que tiene por destino la entrepierna.

En cuanto a la transferencia, podr�amos decir, sin duda, que es uno de los ejes fundamentales del dispositivo anal�tico. En la teor�a, este concepto refiere a un modo muy singular de relacionarse el paciente con su analista. Uno de los componentes b�sicos de este v�nculo, trabajado intensamente por m�ltiples autores, comenzando por Freud en los inicios del siglo pasado, es el amor.

El amor de transferencia es un tema sumamente delicado, herramienta del tratamiento y condici�n de la cura. En cuanto a la contrapartida de esta relaci�n de dos, por parte del profesional, �ste se abstiene de corresponder aquel amor, como condici�n de la apertura de un campo anal�tico posible. Sin embargo, hay corrientes de psicoan�lisis pos-freudiano muy difundidas, que teorizan y proponen como herramienta de trabajo el factor contra-transferencial. La contra-transferencia vendr�a a ser el an�lisis de los componentes afectivos que la experiencia del v�nculo moviliza en el terapeuta.

Recientemente, un amigo m�o muy allegado al �mbito psi (tal como denominamos aqu�, en Buenos Aires, al grupo de profesionales del �rea de salud mental), que aunque no es analista, tiene una amplia lectura de libros sobre el tema, y una gran experiencia como analizante, me comenta que est� trabajando en un nuevo proyecto: inaugurar su propio bar. Le gustar�a que su lugar (eligi� un local en las proximidades de la Facultad de Psicolog�a de la Universidad de Buenos Aires) funcionara como punto de encuentro de psic�logos y estudiantes de la facultad. Le pregunto si ya pens� el nombre que le va a poner al bar. Me dijo que s�: �Recontratransferencia�.     


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Mart�n Alomo es psic�logo y psicoanalista, docente de la Facultad de Psicolog�a de la Universidad de Buenos Aires, y psic�logo cl�nico del Hospital Nacional Neuropsiqui�trico de Mujeres Dr. Braulio Moyano. Tel.: (

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