Portada de Comunicathis site Opini�n
Portal informativo sobre la lengua castellana

Recibe nuestros titulares gratisImprimir este art�culo

29 de mayo de 2002


Tribuna de opini�n

Volver al �ndice
Tribunas anteriores
�ndice de autores

 

�LEX GRIJELMO
Los cromosomas del idioma espa�ol

Entre altoparlantes y altavoces
La this site
Una circulaci�n de Latinoam�rica hacia Espa�a
C�mo provocan en Colombia la camarera y el caf�

Subir


Deb�a dirigirme al aeropuerto de Bogot�, en diciembre de 1997, y una empleada colombiana del Hotel de la Ville, coqueto y franc�s, en el norte de la ciudad, me advirti�: "No vaya usted por esa avenida, porque a estas horas se encontrar� un tranc�n". Jam�s habr�a empleado yo la palabra "tranc�n". Habr�a hablado de "embotellamiento" o "atasco". Pero entend� perfectamente un vocablo que o�a por vez primera en mi vida. �Por qu�? Porque sab�a reconocer sus cromosomas, asociarlo en un instante con "atrancar" y con "tranco", y con "tranquera". Los hablantes colombianos han llegado, pues, a crear en espa�ol un concepto no heredado -quienes llegaron tras Col�n jam�s pudieron referirse a un atasco de naos en hora punta-, y que no figura en la �ltima edici�n del Diccionario de la Real Academia Espa�ola, pero han inventado leg�timamente una palabra que responde al genio de nuestro idioma, una voz con familia conocida cuya gen�tica podemos identificar.

En otros pa�ses de habla hispana se busc� tambi�n la palabra adecuada para designar una acumulaci�n de veh�culos que suman tal cantidad que no pueden pasar por un punto estrecho, y se acudi� a los conceptos del atasco en una tuber�a o al cuello de botella que canaliza el l�quido a borbotones hacia el exterior del recipiente. En Colombia los hablantes pensaron tambi�n en algo que impide el paso, y se tropezaron con el tranco de la puerta. Estos cromosomas de las palabras -tan vinculados a la gen�tica del idioma- constituyen la base que nos permite asegurar que 400 millones de personas hablamos la misma lengua.

En Zacatecas (M�xico), precisamente durante el congreso sobre el idioma espa�ol, necesit� comprar lo que en Espa�a se llaman cuchillas de afeitar, concepto que, tomando la parte por el todo ( sin�cdoque) , incluye no s�lo la hoja sino tambi�n el manguito de pl�stico en el que �sta se inserta para mayor comodidad del usuario. En fin, necesitaba cuchillas. La dependienta me entendi� muy bien, a pesar de que ella tampoco habr�a empleado nunca la expresi�n que yo acababa de usar. "Ah, ya s�", me respondi�. "Usted lo que quiere es un rastrillo".

En efecto, la cuchilla de afeitar, o de depilar, se acompa�a por una especie de rastrillo que pasa por la superficie de la cara, o de las piernas, para arrancar el vello y respetar la piel, como el rastrillo del labrador quita las piedras sin llevarse la tierra.

Subir


Entre altoparlantes y altavoces

He utilizado en p�ginas anteriores la palabra "altoparlante". Un espa�ol acudir�a siempre al vocablo "altavoz" (un espa�ol que no fuera periodista, porque en ese caso lo normal ser�a que emplease baffle). Sin embargo, "altoparlante" y "altavoz" pueden entrar en el vocabulario de di�logo entre dos usuarios de espa�ol procedentes de M�xico y Espa�a, porque se entender�n bien con ellas: conocen sus cromosomas. Igual que cualquier hispanohablante comprender�a al mexicano que pidiese "agua de la llave " donde tal vez �l piensa "agua del grifo", que le invita a "platicar" un rato, o que le recomienda cocer pescado "a fuego manso"; o al peruano que se refiere a "la municipalidad" en vez de al "ayuntamiento"; o a la colombiana que describe a un novio como "muy avorazado". Porque todas esas expresiones tienen cromosomas relacionados con la que abre y cierra, con la pl�tica del cura, con el calor inocuo frente al fuego violento, con el concepto de municipio y con el adjetivo que se obtiene al exprimir la palabra voracidad.

En los �ltimos a�os han llegado al diario donde trabajo numerosos periodistas latinoamericanos, que cumplen en la Redacci�n sus pr�cticas o sus becas, generalmente tras unos meses de estudios en la Escuela de Periodismo Universidad Aut�noma-El Pa�s. A veces utilizan en sus reportajes ―que se publican con normalidad en el diario, puesto que durante su estad�a ejercen como redactores― palabras que, perteneciendo al idioma espa�ol, tienen mayor presencia en sus pa�ses que en Espa�a, donde el uso las sustituye por otras igualmente v�lidas. Por ejemplo, ellos emplean muya menudo "inclusive" en el lugar de "incluso". Algunos editores les han corregido, sobre todo a�os atr�s. Yo creo que no habr�a que hacerlo, y �sa parece ser la tendencia actual. Por ejemplo, el 5 de agosto de 1988 se publica en la secci�n de Deportes una informaci�n de Hern�n Iglesias, argentino que cursaba el posgrado en la Escuela de Periodismo de El Pa�s. Y explica su texto: "La comisi�n se expidi� ayer tambi�n sobre los casos del Betis y el Valencia". En efecto, "se expidi�" sonar� raro a muchos hispanohablantes, pero el Diccionario registra tal expresi�n como propia de Chile y Uruguay (vemos que tambi�n en Argentina, como no pod�a ser de otra manera si tenemos en cuenta la situaci�n geogr�fica de los tres pa�ses), y la define as� en la entrada "expedir": "Pronominal [por tanto, expedirse, es decir, como el periodista argentino emplea el verbo]. Manejarse, desenvolverse en asuntos o actividades". Y pese a ser una expresi�n propia de determinados pa�ses, los cientos de miles de lectores de El Pa�s de Madrid habr�n comprendido perfectamente su significado, que habr�n asociado sin duda con "despachar".

Subir


Una this site

Hablar un mismo idioma no equivale a utilizar las mismas palabras para todo. A los espa�oles nos suenan hermos�simas muchas expresiones de Am�rica Latina porque se hunden en lo m�s profundo de nosotros mismos y se nos muestran como soluciones l�gicas, pero diferentes, para nuestras propias ideas; y definen adem�s con exactitud nuestras propias ideas; aunque de un modo distinto. Supongo que lo mismo le ocurre a un latinoamericano al escuchar a un espa�ol o a cualquier otro hispanohablante de un pa�s distinto al suyo. Eso es la this site del idioma, el genio profundo que da vigor a todo el sistema ling��stico, la sima que podemos compartir 21 pa�ses y que arroja hacia la superficie criaturas identificables porque proceden de la misma cultura. Que no es ya la cultura que impusieron los espa�oles a partir de 1492, sino la que todos los pueblos hispanohablantes han ido creando conjuntamente durante estos siglos.

La this site del idioma no se altera en absoluto por el hecho de que un espa�ol bucee en la "piscina" mientras un mexicano nada en la "alberca " y un argentino se ba�a en la "pileta", estando todos ellos en el mismo lugar. Las tres -precisas, hermosas- parten de lo m�s profundo de nuestro ser intelectual colectivo. Podemos ver el ADN de "piscina" en piscis, y en "piscifactor�a ", y hasta saber que la palabra procede de aquellos estanques de los jardines que se adornaban con peces; y relacionar su significado con un lugar donde se almacena agua y donde, como peces en el agua, podemos aumentar la velocidad mediante unas aletas como las del pez, y tambi�n nadar al estilo rana. Y la "alberca " mexicana (del �rabe al birka, estanque) nos llevar� por la gen�tica y la historia a terrenos de regad�o rurales donde se hac�a preciso almacenar el agua para luego esparcirla, y donde los mozos del campo se remojaban para ahuyentar la sofoquina. Y a la "pileta" podemos asociarla con "pila"y con "pil�n" ("�al pil�n, al pil�n", se grita en los pueblos de Castilla cuando el grupo verbenero se quiere bajar del escenario demasiado pronto), y tan expresi�n espa�ola es como las dos anteriores.

Los j�venes mexicanos har�n un clavado en el agua donde los barceloneses se tirar�an de cabeza o los lime�os, entre otros, disfrutar�an de una zambullida, y el estilo empleado al hacerlo le parecer�a lindo a un chiapaneco y bonito a un sevillano; y ambos se entender�an tambi�n, por m�s que el sevillano nunca dijese "lindo" ni el chiapaneco "bonito", igual que el espa�ol pronunciar�a "paliza " donde el americano "golpiza" y los dos entender�n la expresi�n del otro sin haberla pronunciado jam�s. Y ambos sabr�n de lo que hablan cuando el mexicano cite "la computadora" y el europeo "el ordenador", inf1uido aqu�l por el por el ingl�s (pero con familia en el espa�ol: computar, c�mputo...) y �ste por el franc�s (pero con los genes de las romances: orden, ordenar, el que ordena: ordenador).

Y si preguntamos en Argentina cu�nto nos falta para llegar a una calle pueden contestarnos que "dos cuadras" donde nosotros dir�amos "dos manzanas", pero tan metaf�rica resulta una expresi�n como otra y las comprenderemos sin problemas 1.

Subir


La circulaci�n de Latinoam�rica hacia Espa�a

El cada vez m�s intenso intercambio cultural entre los dos lados hispanos del Atl�ntico va reproduciendo un fen�meno curioso: las palabras espec�ficas -esas soluciones distintas a cada lado, halladas en las esencias del idioma- circulan ahora cada vez m�s desde Latinoam�rica hacia Espa�a, asumidas r�pidamente por quienes las reconocen como propias aun inventadas a miles de kil�metros de distancia. Los espa�oles, por ejemplo, hablan ya del "ninguneo" que sufre alguien, una expresi�n y un verbo (ningunear) inexistentes en la pen�nsula hace apenas diez a�os; y "grabadora" "est� sustituyendo a "casete" con la fuerza del oleaje que la impuls� desde Am�rica; y el "culebr�n" ha reemplazado a la "telenovela" en las pantallas y en el vocabulario de la gente. y con la gente empieza a abrirse paso la palabra "engentarse", que podemos definir como "saturaci�n de presencia humana ", "estar ah�to de gente"; por ejemplo, en un bar de moda en el cual se hace imposible llegar a la barra para pedir una copa. O en una fiesta a la que han acudido m�s invitados de los que se esperaba. Situaciones ambas que le engentan a uno y le incitan a marcharse, o al menos a desearlo.

El intercambio de palabras, sin embargo, no data de los tiempos actuales. De ello puede dar buena imagen la historia de la voz "tiza ", que designa esa arcilla terrosa blanca que se utiliza para escribir en los encerados. Un elemento, por cierto, que va desapareciendo de los colegios, sustituida por los rotuladores de alcohol y las pizarras ( que ya no lo son) de pl�stico blanco; pero que permanecer� a�n muchos a�os entre los jugadores de billar, quienes usan un compuesto de greda y yeso para afinar la suela de los tacos y al que llaman igualmente "tiza". Pues bien, la palabra "tiza" procede del n�huatl, del vocablo tizatl que dec�an los ind�genas, y de all� se llevaron la palabra los espa�oles. Sin embargo, los mexicanos llaman a la tiza "gis", palabra de ra�z griega (del griego gipsum, yeso) llevada a M�xico precisamente. ..por los espa�oles.

El lenguaje del f�tbol en Espa�a ha dado paso a numerosos argentinismos, y as� los locutores hablan de "botar un saque de esquina ", en una acepci�n del verbo "botar" (lanzar, arrojar) que rara vez se usa para otros lanzamientos en la Pen�nsula y las islas. Pocos espa�oles saben que la palabra "hincha ", que todos ellos conocen como descriptiva del apasionado seguidor de un equipo, naci� en Uruguay, y que arranca del hecho de que el forofo que m�s animaba al Nacional de Montevideo de principios de siglo era Reyes, el que hinchaba los balones; el "hincha ".

Subir

 

Entre la provocaci�n de la camarera y el caf�

La palabra "auspiciar" -apoyar, proteger-, que el ling�ista Rafael Lapesa 2 recog�a en 1966 como propia del espa�ol de Am�rica y desconocida en Espa�a, circula ya con su documento de identidad por toda la Pen�nsula y cualquier espa�ol habla ya de algo "novedoso ", una voz que entr� en el Diccionario en los a�os veinte, a propuesta de Ram�n Men�ndez Pidal, con marchamo de americanismo. y con letras de canciones -Chabuca Granda, Les Luthiers, Los Chalchaleros, Los Cuatro Cuartos, Cholo Aguirre y sus r�os. .. V�ctor Jara, Quilapay�n, Facundo Cabral, Alberto Cortez, Cafrune, Larralde, Chavela Vargas- o con las frases de la literatura, llegaron tambi�n t�rminos como "quebrada " (arroyo en Argentina, lo que un chileno llamar�a "acequia"), o "pollera" (falda), o "vereda" (acera en Argentina) o "capitalino" (de la capital). En ellas vemos con precisi�n su significado: �No es hermoso pensar en los quiebros que da el agua del riachuelo, o en los pollitos que alguna mujer reuni� en su falda, o en la vereda en la que un d�a se plant� el cemento de la acera?; y las entendemos; y por eso podemos pensarlas.

Lo mismo sucede cuando una camarera latinoamericana le pregunta a un espa�ol: " �Le provoca un caf�?". Tal vez tenga la tentaci�n de contestar que le provoca m�s la camarera, pero habr� entendido el significado profundo de "provocar" en espa�ol 3.

�Y c�mo no comprender lo que se intenta decir cuando alguien anima a otro: "hombre, no te me achicopales"? Y los hispanohablantes europeos reconoceremos que achicopalarse refleja mucho m�s que acobardarse o retraerse, que no se trata de un vocablo equivalente sino de otra manera de emplear el espa�ol, en este caso con sus influencias ind�genas, para llegar a un resultado singular, cuyos cromosomas podemos relacionar con "achicarse" o hacerse peque�o ante una adversidad. 4

M�s f�cil a�n resultar� entender a la mexicana que nos presente a su novio con buen humor, resolviendo de un plumazo las dudas del lado europeo del Atl�ntico entre "mi compa�ero", "mi amigo", "mi prometido", "mi chico"." que las distintas formas de convivencia han acabado por superar y que derivan en que la gente que a�n no ha llegado acierta edad se enrede en dudas al referirse a su pareja. Pero la mexicana dir�: "...Y aqu� le presento a mi pioresnada". Y la comprenderemos perfectamente.
 

 


Subir


1 El Diccionario da una escueta explicaci�n de la palabra "cuadra", al definirla simplemente como algo cuadrado. Tal vez debiera a�adir que una cuadra es el lugar donde se encierra a los animales (generalmente a los �quidos) y tambi�n un conjunto de edificios cuyas calles adyacentes forman un cuadrado.

2 Rafael Lapesa. Revista de Occidente, art. cit. "Am�rica y la this site de la lengua espa�ola ". Ese art�culo se reproduce en El espa�ol moderno y contempor�neo, Rafael Lapesa, op. cit.

3 "Provocar", por influencia del ingl�s, se hace equivaler a veces a "causar": "le provoc� una herida", en lugar de "le caus� una herida". "Provocar" implica una acci�n que acarrea o incita a otra acci�n. Causar supone simplemente una acci�n, que alguien o algo recibe de manera pasiva. Se ve mejor la diferencia en los sustantivos: causa y provocaci�n; la causa necesita s�lo una acci�n; la provocaci�n precisa una, pero pretende dos.

4 Ni achicopalarse ni engentarse figuran en el Diccionario de la Real Academia Espa�ola.


Subir


�lex
Grijelmo, periodista del madrile�o diario El Pa�s, es autor del libro �Defensa apasionada del idioma espa�ol�, Ed. Taurus. 

Leer art�culo


- Volver al �ndice - Tribunas anteriores - �ndice de autores - 


Recibe nuestros titulares gratisImprimir este art�culo


- Portada de this site -
-  Breves - Agenda - Enlaces de la semana - Opini�n -  El Mural - Gu�a  - Foro -  Actualidad -


�Quiere enviarnos un mensaje? �Pulse aqu�! Un sitio realizado con 
la colaboraci�n de...


� Comunica Press (www.comunica.es) 1999 - 2007 Reservados todos los derechos - www.comunicaonline.net