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17 de julio de 2002 | |
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| Tribuna de opini�n | ||
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IRIS YOLANDA REYES BEN�TEZ La pol�mica del g�nero en espa�ol (Segunda parte)
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| Publicamos a continuaci�n la segunda parte del art�culo de la ling�ista puertorrique�a Iris Yolanda Reyes Ben�tez, en el que analiza, a partir de un ejemplo concreto, la visi�n sem�ntica del morfema de g�nero femenino (-a) en oposici�n al masculino (-o) en el espa�ol escrito, particularmente en la escritura feminista actual. La autora se�ala la no pertinencia de la representaci�n gr�fica del morfema de g�nero desde el punto de vista sem�ntico y funcional. En la pr�xima edici�n de this site ofreceremos la tercera y �ltima parte | |
Como acabamos de examinar, el g�nero gramatical ha sido interpretado por la antigua gram�tica grecolatina como un morfema que tiene vinculaci�n con el sexo de sus referentes. Esto, seg�n indicamos al comenzar el Marco te�rico (� 1.0.1), y como hemos demostrado hasta aqu�, nos parece un problema de nomenclatura, que se gener� al traducir el t�rmino de la gram�tica griega a la latina, y que, consecuentemente, ha tra�do un sinn�mero de confusiones. Una de �stas fue expresada por Otto Jaspersen en su libro Philosophy of Grammar, 1924 (Trad. al espa�ol en 1973 por la ed. Anagrama, Barcelona como Filosof�a de la gram�tica) : El maestro: ��C�mo? Usted es incapaz de hacer el an�lisis de una oraci�n tan sencilla como �La alondra canta.� En su tarea ha escrito: �Alondra, sustantivo masculino singular�.� El alumno: �Sin duda. Y yo mantengo en�rgicamente �masculino�; porque entre las alondras s�lo cantan los machos.� Como podemos apreciar, en este ejemplo la confusi�n se debe al desconocimiento de los nombres llamados del g�nero com�n y los llamados epicenos. Ambos se distinguen por s�lo disponer de una forma para el masculino y el femenino. La diferencia entre �stos estriba en que los primeros (los de g�nero com�n), pueden concordar con determinantes masculinos o femeninos seg�n el g�nero natural de sus referentes, los epicenos no. �La alondra� del ejemplo pertenece a este �ltimo grupo, junto a otros como b�ho, mosca, escarabajo, persona, etc. Del g�nero com�n son nombres como m�rtir, testigo, artista, etc. 1.0.2Representaci�n morfol�gica del g�nero. Desde el punto de vista sincr�nico, el morfema de g�nero en los sustantivos se ha estudiado bajo diferentes enfoques ling��sticos (i.e. el estructuralismo, en todas sus interpretaciones: funcional, distribucional, formalista, etc.); y otros de naturaleza generativa. El estructuralismo vino a aclarar muchas de las dudas que proven�an de la gram�tica tradicional con respecto al g�nero, �al separar los aspectos referenciales de los morfol�gicos�. De acuerdo con lo expuesto hasta el momento, observamos que los postulados te�ricos m�s extendidos sobre g�nero gramatical guardan relaci�n con los procesos flexionales de las palabras. La gram�tica estructuralista nos habla de procesos de verificaciones morfem�ticas flexionales, lo que viene a dar cuenta de los procesos derivacionales de las oposiciones del g�nero en espa�ol. Sobre este asunto se han escrito muchos trabajos de interpretaci�n estructuralista que emiten opiniones a veces muy dispares. A continuaci�n, hemos resumido la opini�n que sobre el morfema del g�nero han emitido algunos de los estructuralistas m�s recientes en este sentido. | ||
En opini�n del hispanista franc�s Bernard Pottier, por ejemplo, las variaciones morfem�ticas del g�nero en espa�ol se explican de la siguiente forma: 1�) para �l la oposici�n morfem�tica �o/-a en espa�ol, no tiene valor sino s�lo cuando se trata de g�nero real o dimensional (i.e. ni�o/ni�a, gato/gata o cesto/cesta, respectivamente.); 2�) En el caso del g�nero arbitrario, es el lexema el que expresa el g�nero (i.e. silla, mesa, etc.); 3�) Un mismo lexema puede ser bi-sexuado, el g�nero no se manifiesta en la palabra sino en el determinante que la acompa�e. (i.e. la c�lera/ el c�lera; la vocal/ el vocal.) Por su parte, Anderson (�The morphophonemics of Gender in Spanish Nouns�, Lingua, X, 1961, pp.285-296), no comparte la opini�n de Pottier cuando �ste expresa que la noci�n de g�nero de algunos nombres la tiene el lexema. De ah� que se propone demostrar que el g�nero funciona como morfema en el espa�ol para todos los nombres. Para �l, el g�nero de los sustantivos en espa�ol est� en el nombre mismo, a veces latente, pero siempre presente en una forma b�sica. Reconoce en el morfema �o la forma b�sica del masculino y en la �a, la del femenino. No reconoce, por esa raz�n, que el art�culo o el adjetivo sean determinantes gen�ricos del nombre. Para sostener sus postulados a este respecto se�ala cinco subclases del morfema de g�nero en espa�ol mediante las oposiciones de tres alomorfos, que son {-o, -e, -�} y los dos morfemas de masculino �o y femenino �a. De este modo combina: Masc. Fem. + Ra�z = Palabra
o -a t�
t�o: t�a La tesis de Anderson es rechazada tanto por B. Pottier como por M. Alvar en el libro que ambos suscriben, Morfolog�a hist�rica del espa�ol, 1983. �stos sostienen que el g�nero en espa�ol no necesita manifestarse por morfemas, como piensa Anderson, puesto que est� incluido en los lexemas. Otras interpretaciones recientes han considerado los procesos de flexi�n y derivaci�n del morfema de g�nero desde la perspectiva generativista-transformacional, como lo demuestran los trabajos de Noam Chomsky (Aspects of the Theory of Syntax,1965; Aspectos de la teor�a de la sintaxis, Trad. espa�ola por Aguilar, Madrid, 1970); y de Morris Hale (Morphology in a Generative Gramar, 1974), respectivamente. Aqu� no entraremos en la discusi�n de estos trabajos, puesto que como hemos se�alado, basaremos nuestros comentarios formales sobre el g�nero gramatical desde el punto de vista estructuralista-funcional. | ||
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2.0 Metodolog�a. El an�lisis estructuralista se apoya en el modelo de las oposiciones fonol�gicas aplicado antes al estudio de los sonidos del lenguaje por Nikolai Trubetzkoy en su trabajo Principios de fonolog�a, (1938). La base del m�todo aplicado por Trubetzkoy es derivar la noci�n de �identidad� de la de �diferencia� y no al contrario, �sta de aqu�lla. Esto supone un principio de �oposici�n� (Principios de fonolog�a, p.29 y sigs.) o de �contraste�, como posteriormente Emilio Alarcos Llorach lo describe: �El concepto de distinci�n o diferencia presupone el de contraste, el de oposici�n. No puede distinguirse una cosa de otra, si no est�n opuestas entre s�, si no se relacionan por contraste.� Esta relaci�n es distintiva y relevante cuando permite destacar las significaciones de ciertas palabras (i.e. la /-r/ de pero y la /-rr/ de perro). Aqu� la hemos llamado pertinente. Cuando la relaci�n de opuestos es irrelevante, es decir, cuando no es significativa, la llamaremos no-pertinente. As� pues, la oposici�n del g�nero femenino (-a) frente al g�nero masculino (�o) ser� no-pertinente cuando el morfema del sustantivo o su adjunto, se refiera a seres de ambos sexos, y no se marque �nicamente con el morfema /-o/, que es el que ling��sticamente incluye al femenino (-a). La oposici�n ser� pertinente s�lo cuando el morfema de g�nero sea femenino (-a) y se refiera exclusivamente a seres de ese sexo. Dentro de este marco estructuralista funcional consideramos al g�nero femenino el marcado y al masculino el no-marcado o universal. Esta oposici�n sem�ntica-funcional o cualquiera de sus variantes, es la que vamos a aplicar al corpus en lo que concierne a la representaci�n gr�fica del morfema de g�nero masculino (-o) frente al femenino (-a), como ya hemos indicado antes. 2.0.1 El corpus. El corpus se compone de cuarenta y un (41) contextos del ensayo de Sol�, en los cuales se distingue claramente el uso de la representaci�n gr�fica del morfema de g�nero -o/-a, seg�n la hemos definido antes. Estos ejemplos se insertan tanto en estructuras sint�cticas simples como en complejas. Por ello haremos el an�lisis de las formas tomando en cuenta: |
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Debemos recalcar en este punto que las observaciones que haremos a continuaci�n sobre el g�nero de los sustantivos est�n enmarcadas en un contexto predominantemente sincr�nico. El an�lisis se justifica �nicamente desde el espa�ol y para el espa�ol, lo que te�ricamente debe poner en duda su validez al aplicarlo a otras lenguas, aunque se trate de lenguas romances tan cercanas al espa�ol como el italiano, el franc�s o el portugu�s. 3.0 An�lisis e interpretaci�n de la muestra. Hemos aplicado esta metodolog�a al ensayo de Sol� en 41 contextos. Muchos de ellos repiten el mismo patr�n para cada sustantivo y, por consiguiente, nuestra interpretaci�n para cada caso ser�a redundante. Por esta raz�n, no los discutiremos ahora. Limitaremos nuestros an�lisis a aquellos ejemplos que reflejan diferencias de acuerdo con los factores que hemos establecido en la Metodolog�a (� 2.0.1). Analicemos el primer contexto: (1) � Todo escritor o escritora toma en cuenta lo que pensar�n los escritores y lectores a quienes se dirige cuando lean lo que est� escribiendo a veces sin darse cuenta. La atenci�n que presta el escritor mientras va escribiendo a su posible lector/a definitivamente influye en el texto (pp.14-15). |
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Lo primero que observamos en este ejemplo es la presencia de las dos clasificaciones de la representaci�n gr�fica que hemos establecido en la Metodolog�a: a) la menci�n de los dos sustantivos que manifiestan la oposici�n de g�nero (M/F); y b) la representaci�n de los sustantivos con diagonal [/] para manifestar esa misma oposici�n: lector/a. De acuerdo con esto, el SN �Todo escritor o escritora� est� en oposici�n formal con el sustantivo �lector/a�, que aparece al final del contexto. �Por qu�? Veamos: La representaci�n de los dos sustantivos �escritor o escritora� para indicar su oposici�n real de sexo (M/F), no guarda coherencia formal con su adjunto el pronombre indefinido �Todo�. Lo coherente ser�a escribir �Todo escritor o toda escritora�. Esto implica que la autora reconoce en el pronombre �Todo� ambos morfemas de g�nero. Y por esa raz�n, no necesita representarlo formalmente ante el sustantivo �escritora�. Consecuentemente podemos afirmar que la base l�gica de la oposici�n formal �escritor o escritora� (distinguir el g�nero natural o sexo de sus referentes reales) no es congruente con la representaci�n gr�fica de su adjunto �Todo�; por lo cual se refleja una incoherencia en �todo� el sintagma. Ahora bien, si reconocemos que este mismo sintagma: �Todo escritor o escritora� es el sujeto de la primera oraci�n del contexto y que aparece por primera vez en �ste, tenemos que admitir que es informaci�n nueva (o �tema�) de ese sintagma oracional. Esta informaci�n no guarda relaci�n formal con el segundo sustantivo que la repite : �los escritores�. Este sustantivo tiene una funci�n sint�ctica distinta de la del primero (aqu� es el C.D. de una subordinada sustantiva), que formalmente incluye s�lo al g�nero masculino �los escritores�, (-o/-a en el adjunto y �/-a en el nombre), al igual que lo hace el sustantivo �lectores� en el mismo sintagma. Esto nos lleva a corroborar la incoherencia sem�ntica a la que nos referimos arriba. Si la autora desea incluir en ese sintagma subordinado tanto a las escritoras como a las lectoras como lo hizo en el sustantivo-sujeto que le precede, �escritor o escritora�, entonces no lo logra. Esto, por consiguiente, nos lleva a pensar que: |
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a) la autora reconoce en el sintagma la inclusi�n del morfema de g�nero femenino; es decir, la funci�n no-marcada o universal del g�nero masculino, que ling��sticamente siempre se le ha atribuido; b) o, simplemente, no es coherente con la distinci�n que ha hecho antes en el sintagma �Todo escritor o escritora�. Si pensamos que Sol� reconoce la presencia latente del g�nero femenino en el sintagma �los escritores y lectores�, entonces cabr�a preguntarnos �por qu� la insistencia en marcar formalmente ambos g�neros en el sintagma anterior (�Todo escritor o escritora�)? Supongamos que lo hace para establecer, desde el principio (informaci�n nueva) que no s�lo se refiere al �hombre que escribe�, sino tambi�n a la �mujer que escribe�. Es decir, a ambos referentes reales del sustantivo �escritor�, en cuyo caso nos parece un recurso estil�stico redundante, pero pertinente si consideramos el punto de vista del hablante y el tipo de mensaje que nos quiere comunicar: �las f�minas tambi�n escribimos�. Sin embargo, esta pertinencia s�lo se puede justificar extraling��sticamente. Lo que equivale a decir que: �En la sociedad puertorrique�a tanto el hombre como la mujer pueden desempe�ar el oficio de escribir�. Por esta misma raz�n no necesita enfatizarlo, formalmente, en el segundo sintagma: �los escritores�, que viene a ser informaci�n vieja (o �rema�) para el lector. |
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CONTEXTOS ANALIZADOS Texto: Ensayo de Mar�a Magdalena Sol�, �Para que lean el sexo, para que sientan el texto, escribimos tambi�n con el cuerpo�, en: Aqu� cuentan las mujeres, R�o Piedras, P.R., Ed. Hurac�n, julio de 1990, pp. 13-62. Nota aclaratoria: Hemos destacado los referentes textuales que no tienen representaci�n gr�fica de g�nero gramatical, pero que s� establecen la diferencia de �ste, con negritas; y los nombres que s� manifiestan en la graf�a la doble referencia de g�nero gramatical con negritas subrayadas, para establecer la oposici�n en el an�lisis. |
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Iris Yolanda Reyes Ben�tez, ling�ista puertorrique�a, es catedr�tica en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de R�o Piedras. | ||
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