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6 de febrero de 2002


Tribuna de opini�n

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JOS� LUIS GUIJARRO:
No es lo mismo �lenguaje�, �lengua� e �idioma�

El Lenguaje no es un medio de comunicaci�n
El idioma es otra cosa
La lengua limita la libertad de los idiomas humanos

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Ocurre a menudo: muchas personas interesadas en cuestiones filol�gicas suelen utilizar los t�rminos �idioma�, �lengua� y �lenguaje� de manera casi sin�nima.

Esto hace que esta riqueza expresiva del idioma espa�ol no est� claramente delimitada ya que nuestra �tradici�n� de estudios ling��sticos, por muy asombroso que parezca, nunca se ha preocupado de hacerlo.

Si digo que se emplea de manera casi sin�nima es porque resulta f�cil o�r hablar del �lenguaje de los animales�, pero menos corriente mencionar �la lengua de los animales� (a no ser que se trate del �rgano carnoso alojado en su boca); y parece casi imposible apuntar al �idioma de los animales�.

Lo mismo ocurre con el �lenguaje de los gestos�, por ejemplo, porque nadie hablar�a en un �idioma de gestos�, ni tendr�a una �lengua de gestos� m�s que si se le obligara bajo fuerza.

En cambio, se dice escuela de lenguas o de idiomas, casi indistintamente; o se habla de las lenguas vivas y muertas (pero no de los idiomas muertos), de la filolog�a de la lengua inglesa o del idioma ingl�s. Y seguro que hay m�s casos de indecisi�n que por ahora se me escapan...

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Como se ve, existe una imprecisi�n real a la hora de apuntar al objeto del que estamos escribiendo cuando nos referimos a �lenguaje�, �lengua� o �idioma� (1).

Como el primer estadio del pensamiento cient�fico es precisamente se�alar claramente a qu� objeto o realidad estamos apuntando con nuestras palabras, vamos a intentar hacerlo a continuaci�n.

El Lenguaje no es un medio de comunicaci�n

A pesar de la representaci�n �tradicional� que existe de este t�rmino (muy poco clara, por lo dem�s, como acabamos de decir), vamos a proponer �cient�ficamente� que, a partir de ahora, cuando empleemos la palabra, nos referiremos a algo que no es b�sicamente un medio de comunicaci�n. �Sorpresa generalizada? Quiz�s; pero hay razones para ello, como pretendo mostrar a continuaci�n.

Utilizar� esta palabra para apuntar a la capacidad que tienen algunos organismos (entre los que se encuentra el ser humano, aunque no es el �nico) de representar simb�licamente aspectos del mundo en su mente. Esta capacidad tiene alto valor de supervivencia, por cuanto los individuos que la poseen son capaces de manipular las representaciones mentalmente y predecir sus posibles resultados positivos o negativos.

Dir�amos, por tanto, que el lenguaje es, en realidad, una manera de catalogar, ordenar y manipular el entorno en el que se mueve cada individuo. Se trata, por tanto de algo claramente �individual�.

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Ahora bien, algunos animales tienen otra capacidad: la de comunicar ciertos estados mentales a otros. O, en otras palabras, hacer p�blicas algunas de sus representaciones individuales de manera que puedan ser compartidas. Es en este segundo sentido en el que se emplea, por ejemplo, la expresi�n de �lenguaje animal�.

Lo malo de esta denominaci�n es que, si no se tiene muy clara la funci�n b�sica del lenguaje como proceso creador y manipulador de representaciones, se llegan a confundir ambas funciones. Que es lo que de hecho se hace al equiparar: lenguaje y comunicaci�n.

Por ello, prefiero llamar a cada funci�n por su nombre: lenguaje (conjunto de representaciones mentales individuales) y comunicaci�n (transformaci�n de algunas de las representaciones individuales en representaciones p�blicas mediante un determinado tipo de comportamiento).

Algunos investigadores anglosajones, ante su pobreza terminol�gica, denominan mental�s (o lenguaje del pensamiento) a esto que yo llamo lenguaje. Sin embargo, prefiero ajustar este nuevo t�rmino a lo que Levelt (1989) considera como paso previo necesario al de comunicar con la ayuda de los medios ling��sticos que poseemos.

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           (...) there is no single language of thought; we can move from one type of code to another, depending on the requirements of the task. If, however, the intention is to speak, then the code must eventually be propositional in nature (p:73)

Si lo entiendo bien, cuando el autor habla de c�digos en este caso, se refiere a los conjuntos diferenciados de representaciones mentales. Distinguir� b�sicamente los dos que menciona Rivi�re (1986): el formado por representaciones impl�citas (que son las que generalmente llamamos im�genes y no s�lo las visuales) y las expl�citas (que son las representaciones en donde sus relaciones estructurales han de constar expl�citamente: es decir, las proposiciones).

Para ayudar a comprender esta distinci�n, pongamos un ejemplo: la  foto o el dibujo de un asno es una representaci�n p�blica de un borrico en donde sus partes constituyentes (orejas, ojos, crines, patas, etc.) est�n relacionados de manera similar a como se supone que deber�a de estar en la realidad. Por tanto, no es necesario expresarlas expl�citamente. Est�n directamente representadas y se perciben impl�citamente formando parte de toda la imagen (foto, dibujo, etc.).

En cambio, si quiero comunicar c�mo es esta figura tendr� que explicar de qu� manera se relacionan sus partes: �Es un borrico que est� sentado, cuyas orejas est�n abiertas en un �ngulo y cuyo ojo es muy grande comparado con la cara del burro. El hocico, de un color m�s claro, ocupa la parte de abajo de la cara. El rabo tiene una escobilla al final de otro color m�s oscuro...etc. etc.�. Por eso, las proposiciones son expl�citas y constituyen el primer paso antes de comunicarnos sobre el asunto en cuesti�n (2).

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Pi�nsese tambi�n en el olor de la persona amada. Lo recordamos de tal manera que en cuanto lo olemos nos levanta el �nimo porque sabemos que es el suyo. Sin embargo, resulta tremendamente dif�cil convertir esa imagen olfativa en una proposicional. Y s�lo un poeta con dominio de la creatividad en el campo de la imaginer�a ling��stica conseguir� una representaci�n p�blica que sugiera en algo dicho olor.

Por todo ello, reservar� el nombre de mental�s para ese conjunto de representaciones proposicionales que forman parte del lenguaje humano. Lo que ignoro es si podemos postular alg�n tipo de mental�s para animales pr�ximos al hombre en la escala filogen�tica. Es posible que esa observable capacidad de expresarse con s�mbolos ense�ados por el ser humano que han demostrado algunos chimpanc�s anuncien la existencia de un tipo mental�s en su estructura mental.

El idioma es otra cosa

Los seres humanos (y muchos animales) han aprendido a comunicar ayud�ndose, no s�lo de gestos y movimientos, sino tambi�n de sonidos que producen con su aparato respiratorio y su boca.

No obstante, los sonidos que emiten los animales en sus intentos de comunicaci�n suelen ser muy estereotipados, aunque es evidente que su liberaci�n de patrones pre-establecidos es mayor a medida que se complica el cerebro de la especie en cuesti�n.

Como, debido a la mitolog�a reinante, nuestro cerebro se considera el m�s evolucionado de todas las especies, la libertad que tenemos los humanos en la proferencia de sonidos parece ser absoluta en principio. Sus evidentes limitaciones se consideran producto de coordenadas meramente sociales que son las que transmiten los idiomas de generaci�n en generaci�n.

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En efecto, existen innumerables idiomas humanos que no tienen nada que ver unos con otros, con lo que, para muchos, esa this site demuestra que la mente humana carece de patrones gen�ticos inscritos en ella (3). Es, en palabras de Arist�teles, como una tablilla vac�a (tanqvam tabula rasa) en la que los est�mulos sociales van grabando su influjo.

Sin embargo, hay otra manera de explicar esta gran this site idiom�tica sin violentar las leyes de la evoluci�n. Precisamente por ello, es la que vamos a adoptar aqu�, una vez que la hayamos explicado.

Se ha demostrado palpablemente, por ejemplo, que las operaciones estereotipadas de los ordenadores se pueden �corregir� (es decir, parecen mucho m�s libres) si se ponen a trabajar varios ordenadores en paralelo, lleg�ndose incluso a resolver problemas que ning�n ser humano hab�a podido solventar -con lo que queda excluida la llamada �objeci�n de Lovelace� seg�n la cual un ordenador solamente realiza aquello para lo que lo program� su creador.

Es decir, es posible que una serie de ordenadores trabajando juntos consigan resultados totalmente distintos de otro grupo de ordenadores enfrentados con el mismo trabajo. �No es �sta la �libertad� de la que se habla?

Por tanto, la especulaci�n que hagamos en este punto puede ser de signo contrario a la que imagina la �tabla rasa�.

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Porque, en efecto, la enorme this site de idiomas humanos podr�a no deberse al caso bastante ins�lito, desde el punto de vista evolutivo, de que la mente humana carezca de estructuras espec�ficas de nuestra especie, sino m�s bien al contrario.

Que nuestra mente tenga muchas m�s estructuras mentales heredadas en su evoluci�n que ning�n otro cerebro animal y que, precisamente por ello, es capaz de realizar muchas m�s operaciones.

As�, la m�ltiple interacci�n de muchas de estas estructuras ser�a la que ha permitido la aparici�n de esa enorme cantidad de idiomas conocidos con caracter�sticas aparentemente tan diversas (4).

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La lengua es lo que limita la libertad de los idiomas humanos

Lo que de ahora en adelante voy a llamar con este nombre es precisamente el conjunto de estructuras mentales que, de alguna manera, limitan esa libertad aparentemente total de los idiomas humanos.

Se trata, como acabo de se�alar arriba, de estructuras que est�n inscritas en la especie humana por la evoluci�n y son las que hacen que nuestra manera de ayudarnos a comunicar por medio de sonidos sea totalmente distinta de la de los dem�s animales.

Son tambi�n las que permiten la adquisici�n natural del idioma en el que estamos inmersos al nacer, por lo que algunos (una vez que Chomsky la bautiz� de esa manera) la conocen como dispositivo de adquisici�n ling��stica o, en siglas, DAL (que en ingl�s es precisamente al contrario, LAD, de language acquisition device).

Prefiero llamarlo lengua porque con este t�rmino englobo tanto (a) los constre�imientos a la libertad ling��stica como (b) la facilidad relativa que tiene el ser humano para crear su propia gram�tica con casi nada. �Qu� quiero decir con casi nada?

Sencillamente que, tambi�n en este caso, �las apariencias enga�an�. En efecto, nos puede dar la impresi�n de que la gram�tica que aprenden los beb�s la van imitando a medida que la oyen en el idioma materno en el que se est�n desarrollando, al igual que imitan los sonidos que se convierten en palabras para designar conceptos.

Para empezar, el �xito de esta pretendida imitaci�n es tan absoluto que destruir�a la moral de cualquier ling�ista o ense�ante de idiomas que se pusiera a pensar en ello.

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Porque la asombrosa habilidad del beb� es, primero, la de ser capaz de deducir una a una las reglas gramaticales abstractas a partir de los sonidos que oye proferir a su alrededor. Se trata de algo que, todav�a, no se ha podido completar de manera consciente, a pesar de los innumerables investigadores que se han dedicado a este tipo de fen�meno desde, al menos, hace medio siglo, hasta hoy en d�a. Y, en cambio, todas las personas lo hemos conseguido inconscientemente en los tres o cuatro primeros a�os de nuestra vida.

Pero hay m�s: por ejemplo, y como apunta Pinker (1994), los hijos de personas que hablan un segundo idioma mal aprendido entre ellos (caso de los esclavos negros de distintas etnias transplantados al Nuevo Mundo) que algunos llaman �macarr�nico� (o, en ingl�s, pidgin) adquieren un idioma NADA macarr�nico, sino absolutamente similar a los dem�s idiomas humanos, que recibe el nombre de �criollo� (o, en franc�s, cr�ole). Est� claro que estos ni�os no han podido imitar esa manera de construir su nuevo idioma, lo que prueba la fuerza de las estructuras mentales que llamo lengua.

La ling��stica chomskyana y sus derivaciones trata sobre todo de estudiar las caracter�sticas de este tipo de estructuras mentales, determinando los principios que la rigen y lo que, en la jerga de la teor�a, se llaman par�metros, es decir. posibilidades abiertas de elecci�n entre dos o m�s estructuraciones. Este estudio se conoce como gram�tica universal.

Para concluir este apunte, podr�amos quiz� aventurar que los campos conceptuales cubiertos con las palabras �lenguaje�, �idioma� y �lengua� interesan a distintos tipos de investigadores.

Los antrop�logos se dedicar�an a todos los aspectos de lo que he denominado �lenguaje�; los fil�logos, se concentrar�an en los �idiomas�, y los ling�istas, finalmente, estudiar�an las caracter�sticas de la �lengua� humana (tal y como se presenta en uno o varios idiomas).

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Notas:

1 - Esta asombrosa indefinici�n que existe en los estudios ling��sticos espa�oles podr�a provenir, a mi entender, de la gran influencia ling��stica anglosajona, sobre todo americana, en esta materia. En ingl�s solamente existe una palabra, language, que engloba a las tres que tenemos nosotros. La filolog�a alemana, que tambi�n ha influido en la espa�ola, tiene as� mismo s�lo una palabra para designar este campo, Sprache. La �nica distinci�n posible es la de la ling��stica francesa, en donde existen dos (pero no tres) palabras distintas: langue y langage. Quiz� es por esto que es m�s f�cil de distinguir el lenguaje de la lengua y del idioma que la lengua del idioma.

2 - Cfr.: Teor�a de la modularidad de la mente de Jerry Fodor (1983).
 

3 - Cfr.: Bern�rdez (1999), especialmente el cap�tulo 7.

 

4 - Cfr: Barkow, Jerome, Leda Cosmides & John Tooby, eds. (1992). Especialmente, el cap�tulo 3.

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Bibliograf�a:

Barkow, Jerome H., Leda Cosmides & John Tooby (1992): The Adapated Mind. Evolutionary Psychology and the Generation of Culture. Oxford. Oxford University Press.
Bern�rdez, Enrique (1999): Qu� son las lenguas. Madrid, Alianza Editorial.
Fodor, Jerry (1983): The Modularity of Mind, Cambridge, Mass. The MIT Press (A Bradford Book)
Levelt, Willem J.M. (1989): Speaking. From Intention to Articulation. Cambridge, Mass., The MIT Press (A Bradford Book)
Pinker, Steven (1994): The Language Instinct. Londres, The Penguin Press.
Versi�n espa�ola en Alianza (Psicolog�a Minor, n. 17) de 1995
Rivi�re,  �ngel (1986): Razonamiento y representaci�n, Madrid. Siglo XXI de Espa�a Editores.


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Jos� Luis Guijarro, es Profesor Titular de Lengua Inglesa de la Facultad de Filosof�a y Letras de la Universidad de C�diz, Espa�a.

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