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31 de octubre de 2001


Tribuna de opini�n

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GUILLERMO ROJO:
El lugar de las sintaxis en las primeras gram�ticas de la Academia  
(Segunda parte � La primera fue publicada en la edici�n del 10 de octubre de 2001)  

 

El peso de la Analog�a y la Sintaxis
Organizaci�n y contenido de la Sintaxis en las ediciones de 1771 y 1796
La Sintaxis en la Gram�tica de 1771

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El peso de la Analog�a y la Sintaxis

M�s all� del problema de las denominaciones utilizadas en cada caso, resulta de inter�s explorar la relaci�n existente entre las dos partes que, como acabamos de ver, constituyen estas dos ediciones de la Gram�tica acad�mica. Es bien sabido que, con algunas excepciones como, por ejemplo, la representada por S�nchez de las Brozas, el n�cleo central de la mayor parte de las gram�ticas anteriores al siglo XX est� formado por lo que hoy consideramos Morfolog�a.

La raz�n de ello radica en el hecho de que, aunque se reconoce la existencia de morfemas (sin ese nombre, por supuesto), palabras y oraciones, la palabra es, sin duda, la this site primaria: la oraci�n aparece habitualmente como el resultado de la agrupaci�n de palabras �de acuerdo, eso s� con ciertos principios constructivos- en lugar de contemplar la palabra como el resultado de la descomposici�n o an�lisis de la oraci�n, con el n�mero de pasos intermedios necesario en cada caso.

Quiere ello decir que, desde una perspectiva superficial, necesitada de profundizaci�n posterior, incluso el simple n�mero de p�ginas dedicadas a cada una de estas dos partes puede darnos una idea de la proximidad de una cierta obra a los modos de ver m�s  familiares para nosotros. Cuando menos, puede resultar indicativo de mayor o menor atenci�n a aquello que tendemos a considerar actualmente como el n�cleo de los fen�menos gramaticales.

En el caso que nos ocupa, los cambios introducidos en la obra muestran con toda claridad mayor atenci�n a los fen�menos sint�cticos, adem�s de una consideraci�n distinta, de la que me ocupar� en el apartado siguiente. En el cuadro 1 figuran la cantidad de p�ginas y los porcentajes que corresponden a cada una de las dos partes en las dos ediciones. Como puede verse, en la 1771 la Sintaxis ocupa un tercio del total de la obra y se eleva al 40% en la de 1796 (1).  

La edici�n de 1796 tiene unas cien p�ginas m�s que la de 1771 y casi 60 de ellas pertenecen a la segunda parte, que experimenta un crecimiento relativo del 47%, mientras que el de la primera se queda en el 17%.

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Incluso dentro de la superficialidad que supone una consideraci�n que no analiza los fen�menos tratados ni el modo de hacerlo, sino que se reduce a la simple cuantificaci�n del espacio que se les dedica, resulta de mucho mayor inter�s el an�lisis de las modificaciones realizadas en la parte dedicada a sintaxis.

Los dos grandes cambios estructurales de esta parte, en los que me centrar� en el apartado siguiente, son la diferenciaci�n entre r�gimen y construcci�n de un lado y el papel atribuido a la lista de palabras que se construyen con preposici�n de otro. Pues bien, ambos fen�menos son totalmente evidentes desde una consideraci�n exclusivamente cuantitativa, en el que, para mostrar lo ocurrido, adopto la organizaci�n propia de la edici�n de 1796 y busco su equivalencia en la de 1771:

Lo que ha cambiado entre las dos ediciones: el 47% de crecimiento experimentado por la sintaxis procede fundamentalmente de haber cuadruplicado el n�mero de p�ginas dedicadas al estudio del r�gimen y la construcci�n, que pasa de 16 a 67 p�ginas, con lo que su peso relativo asciende del 13,56% al 38,8%, lo cual implica un aumento m�s que notable y realmente revelador de las diferencias de concepci�n entre ambos textos.

Al extremo contrario, la lista de palabras mantiene el n�mero de p�ginas que ten�a, pero es relegada a una especie de ap�ndice y pasa de constituir el 60% de las p�ginas consagradas a Sintaxis a suponer poco m�s del 40%.

Tambi�n han ganado p�ginas y peso porcentual, aunque en menor medida, los apartados dedicados a la concordancia y la construcci�n figurada.

En resumen, la Sintaxis crece en la edici�n de 1796 porque ahora se presta atenci�n a los fen�menos que en la primera edici�n no eran considerados o lo eran en muy escasa medida. Los cambios son evidentes y los acad�micos responsables de la edici�n de 1796 son plenamente conscientes de ello, como indica de forma muy visible lo que dicen en el Pr�logo acerca de este punto (2).      

Organizaci�n y contenido de la Sintaxis 
en las ediciones de 1771 y 1796

El marco general de las discrepancias entre los dos textos

Los datos cuantitativos no pueden dar, como es l�gico, m�s que una idea muy superficial de las importantes diferencias que muestran los dos textos que aqu� nos ocupan en lo referente a la Sintaxis.

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Para intentar poner de manifiesto los aspectos m�s relevantes del que �en mi opini�n- es un claro proceso de maduraci�n que tiene lugar en los veinticinco a�os transcurridos entre ambas ediciones, estudiar� en este apartado las cuestiones generales que est�n en el fondo de las diferencias que hoy podemos apreciar en los textos de 1771 y 1796 y dedicar� los dos siguientes al an�lisis de lo que se encuentra en cada uno de ellos en cuanto a la organizaci�n y contenido de la Sintaxis.

Como es bien conocido, el pr�logo de la edici�n de 1771 menciona con toda claridad las fuentes y los antecedentes de lo que en ella se mantiene: las obras de Nebrija, Xim�nez Pat�n y Correas, as� como �un considerable n�mero de disertaciones que han compuesto sus individuos� (GRAE-1771: vi), sobre todo en el per�odo comprendido entre 1741 y 1747 (cf. supra, � 1).

En muchos de los trabajos que ha dedicado a esta parte de la historia de la Ling��stica espa�ola, Ram�n Sarmiento ha tratado de mostrar las semejanzas y diferencias del texto de 1771 con los puntos de vista mantenidos previamente por los acad�micos encargados de redactar las disertaciones mensuales. Aunque se trata de una l�nea de gran inter�s, no es seguro que podamos obtener luz del an�lisis de posturas, en muchos casos contradictorias entre s�, mantenidas por personas diferentes a lo largo de un per�odo de bastantes a�os y a cierta distancia temporal del momento en que un solo acad�mico -Juan Trigueros- prepara la propuesta de texto definitivo. Al tiempo, G�mez Asencio (2000a: 39) acaba de recordar que nadie se ha ocupado todav�a con detenimiento de investigar �cu�nto debe exactamente la GRAE-1771 a cada uno de estos tres conocidos gram�ticos, ni en el aspecto descriptivo, ni en la faceta normativa� (3).

El objetivo establecido por G�mez Asencio desborda por completo los que yo  me he fijado para esta ocasi�n. Habr� de limitarme, pues, en este apartado, a intentar establecer las grandes l�neas que presenta el desarrollo hist�rico de las cuestiones generales con incidencia especial en los puntos de vista mantenidos en los dos textos acad�micos que estamos considerando y, muy especialmente, en aquellos aspectos en los que muestran divergencias importantes.

Me ocupar� de la constituci�n de los grandes apartados, concordancia y recci�n, en que se suele dividir la Sintaxis a partir del Renacimiento y consagra la Grammaire g�n�rale et raisonn�e, as� como de la distribuci�n entre ambas ramas de los fen�menos estudiados.

Al tiempo, ser� necesario dedicar cierta atenci�n a la duplicidad de valores que t�rminos como constructio, orden y construcci�n presentan a lo largo de buena parte del recorrido que lleva desde la sintaxis cl�sica hasta la conformaci�n de lo que consideramos gram�tica tradicional. Por �ltimo, por su especial inter�s para la comprensi�n de lo que se mantiene en las sucesivas ediciones de la  Gram�tica acad�mica desde 1796 hasta 1917, intentar� esclarecer las circunstancias en que surge la peculiar distinci�n entre r�gimen y construcci�n.

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Dadas las caracter�sticas de la lengua griega, no es sorprendente que la percepci�n de los fen�menos ling��sticos que la tradici�n posterior llamar�a 'concordancia' y 'r�gimen' o 'recci�n' se manifieste con toda claridad desde, por lo menos, Apolonio D�scolo (s. II), al que es forzoso remitir en todo estudio que se refiera a la historia de la sintaxis (4).

La adaptaci�n (5) de esta obra que realiza Prisciano cuatro siglos despu�s ofrece contenidos bastante similares en estos aspectos e introduce el t�rmino constructio como equivalente del griego σύνταξις utilizado por Apolonio (6).

Como es de esperar si tenemos en cuenta que son t�rminos utilizados para designar todo lo que estos autores estudian en esta parte de la Gram�tica, tanto σύνταξις como constructio tienen varios significados distintos, lo cual dar� lugar a utilizaciones e interpretaciones posteriores bastante divergentes.

Ya me he referido al empleo de este t�rmino para aludir al fen�meno y tambi�n a la parte de la Gram�tica que lo estudia. De otro lado, Kneepkens (1990) ha mostrado con claridad la polisemia que constructio presenta en el texto de Prisciano, que es el que sirve de fuente para los gram�ticos posteriores (7).

En lo que aqu� interesa, existe en primer lugar la discrepancia entre el significado general de constructio, que designa el conjunto de relaciones que las palabras �en realidad, tal como lo plantean Apolonio y Prisciano, los elementos ling��sticos- mantienen entre s� en el interior de las secuencias de que forman parte y unos significados m�s concretos que se refieren a cierto tipo de organizaci�n de los elementos (del tipo de 'construcci�n transitiva' y similares) o bien a una cierta presentaci�n lineal en la secuencia (orden de elementos en el sentido m�s habitual de la expresi�n).

Planteado en t�rminos actuales, en el primer caso equivale al conjunto de las relaciones sint�cticas (constitutivas, funcionales, conectivas y secuenciales, cf. Rojo, 1983: 35-58) en la medida en que son reconocidas, mientras que en el segundo se concreta en las conectivas (o funcionales si es posible encontrar conciencia de la relaci�n entre el elemento y el conjunto) y en el tercero remite exclusivamente a las secuenciales, esto es, a la ordenaci�n lineal de los elementos en la cadena.

Todos estos significados est�n vinculados entre s� y, por tanto, no resulta sencillo distinguir con claridad entre ellos en un marco conceptual muy diferente del que tiene a su disposici�n el ling�ista contempor�neo.  

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Adem�s, dado que las correspondencias que mantienen son con frecuencia las que se dan entre una relaci�n abstracta (la subordinaci�n de un adjetivo a un sustantivo, por ejemplo) y la indicaci�n formal de esa relaci�n (la concordancia del adjetivo con el sustantivo o bien la situaci�n del adjetivo tras el sustantivo), es f�cil que se produzca el deslizamiento de un sentido a otro, tanto en los autores cl�sicos como en quienes hemos de interpretarlos. Esto es, en mi opini�n, lo que sucede en aquellos autores que, como Chevalier o G�mez Asencio, entienden que la ordenaci�n lineal de los elementos en la cadena es el objeto inicial de la Sintaxis, de modo que interpretan en clave lineal lo que muy probablemente responde a una visi�n diferente, mucho m�s amplia (8).

En el largo per�odo comprendido entre Prisciano y el Renacimiento, con la renovaci�n de los estudios cl�sicos y el inter�s por las lenguas vulgares, la atenci�n y comprensi�n de los hechos de concordancia y recci�n sufren los altibajos esperables por los cambios de enfoque te�rico. Como ha mostrado Kneepkens, la noci�n de construcci�n evolucion� a lo largo de todo este per�odo, ya que muchos otros gram�ticos partieron de la variedad inicial presente en Prisciano y adaptaron el concepto �y el t�rmino- a sus propias necesidades (9).

Se generalizan los t�rminos regir, recci�n y r�gimen

Como parte de este proceso, los t�rminos 'regir', 'recci�n', 'r�gimen' se van generalizando desde, por lo menos, Petrus Heliae (10) y, de modo acorde con las caracter�sticas de la teor�a sint�ctica de la �poca, son utilizados para hacer referencia a la �nica relaci�n sint�ctica que los gram�ticos de este per�odo utilizan y de la cual derivan todas las dem�s: la dependencia (cf. Agud, 1980: 85).

Como consecuencia de todo este proceso de maduraci�n, buena parte de las gram�ticas humanistas muestran desde el principio con toda claridad la divisi�n de la sintaxis en r�gimen y concordancia. Aunque el establecimiento de la divisi�n es atribuida con cierta frecuencia a Petrus Ramus, ya Padley (1976) indica que se encuentra en otros muchos autores de este per�odo (11).

En efecto, seg�n Colombat (1998: 28), la distinci�n, presente ya en Manuzio, es formulada con toda nitidez en Despauterius (Van Pauteren), a comienzos del XVI. Adem�s de sistematizar la diferencia, a�ade la distinci�n entre exigere y regere: la exigencia  tiene que ver con la determinaci�n de unas palabras por otras, la subordinaci�n de unas palabras a otras (de un adjetivo a un sustantivo, por ejemplo), mientras que la recci�n consiste en la selecci�n de un caso determinado.

As� pues, la recci�n implica exigencia, pero la exigencia no supone recci�n (cf. Colombat, 1998: 28).

En su Gram�tica castellana, Nebrija no se refiere expl�citamente a la divisi�n de la sintaxis en r�gimen y concordancia o, como se dir� alg�n tiempo despu�s, en sintaxis de r�gimen y sintaxis de concordancia. Sin embargo, la distinci�n est� perfectamente clara e incluso incorpora un tercer componente diferenciado: el orden de ciertas 'partes de la oraci�n'.  

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Se crea con ello, ahora en espa�ol y con la palabra orden, un conflicto terminol�gico semejante al que hemos observado en lat�n para constructio y sobre cuyas consecuencias en la gram�tica de las lenguas rom�nicas tendremos que volver posteriormente. En efecto, Nebrija, en una muestra m�s de su preocupaci�n por las adaptaciones de t�rminos t�cnicos del lat�n y el griego al castellano, parte de la ecuaci�n gr. σύνταξις = lat. constructio = cast. �orden o aiuntamiento de partes� (12).

No se trata, como se ha supuesto en ocasiones (13), de la reducci�n del contenido de la sintaxis a la pura situaci�n lineal en el discurso, sino del empleo de un t�rmino equivalente a los usados tanto en griego como en lat�n con su mismo sentido general e id�nticos inconvenientes derivados de su utilizaci�n simult�nea en un sentido m�s restringido y concreto.

En el primer cap�tulo del libro cuarto, despu�s de definir la sintaxis, se ocupa de la 'concordia & concierto' entre partes de la oraci�n: nombre adjetivo con nombre sustantivo, nominativo con verbo y relativo con su antecedente. En el cap�tulo segundo, dedicado a �la orden de las partes de la oraci�n� se refiere al orden �casi natural & mui conforme a la raz�n� de los bien conocidos casos del estilo de cielo y tierra� d�a y noche, etc.

Es evidente que, ahora, 'orden' tiene un significado mucho m�s espec�fico, equivalente a situaci�n lineal, ordenaci�n f�sica de los elementos (14). Por fin, los cap�tulos tercero y cuarto tratan, respectivamente, �de la construci�n de los verbos despu�s de s�� y �de la construci�n de los nombres despu�s de s�� (15). En el primero de ellos se ocupa �del caso con que se aiuntan los verbos despu�s de s�� (Nebrija, 1490: 207), para lo cual empieza estableciendo las diferentes clases de verbos.

Entre los transitivos, diferencia entre los que �passan en el segundo caso� (esto es, el genitivo), como recuerdo me de ti, los que �passan en dativo� (obedezco a la Iglesia), los que �passan en acusativo� (amo las virtudes), los que �allende del acusativo, demandan genitivo� (vaz�o la panera de trigo), los que �allende del acusativo, demandan dativo� (ense�o la gram�tica al ni�o). En el cap�tulo siguiente, el IV, se refiere a que los sustantivos de cualquier caso pueden regir genitivo (siervo de Dios, etc.), lo mismo que los nombres adjetivos (entero de vida). Menciona tambi�n la posibilidad de uni�n de nombres adjetivos con dativos de sustantivos (enojoso a los buenos) y, por fin, algunos adjetivos que alternan la combinaci�n con genitivo y dativo de sustantivos (cercano de / a Pedro) (16).

He cre�do necesario hacer este r�pido resumen de los fen�menos tratados por Nebrija y del modo en que lo expone porque estamos, sin duda, ante lo que constituye el origen de buena parte de lo que ser� la gram�tica castellana durante bastante tiempo.  

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Aunque �insisto en ello- sin una declaraci�n general que explicite las partes de la sintaxis, Nebrija distribuye en cap�tulos distintos las tres clases de fen�menos de los que, en su concepci�n, ha de ocuparse esta parte de la Gram�tica: concordia (concordancia), orden y construcci�n (r�gimen) (17).

Adem�s, como es esperable, se trata en cada bloque de fen�menos distintos y no hay ninguno que sea estudiado en dos cap�tulos. La concordancia consiste en la coincidencia de ciertas marcas morfol�gicas que dos palabras deben mostrar cuando entran en relaci�n y que se origina como consecuencia de la transmisi�n de las propias de una de ellas a la otra. La construcci�n (recci�n), en cambio, es la exigencia de caso que algunas palabras �nombres sustantivos, nombres adjetivos y verbos en la exposici�n de Nebrija- imponen a otras (nombres sustantivos o pronombres) cuando entran en relaci�n con las primeras.

La distinci�n de las dos partes se hace ya com�n en todos los tratados, tanto en los dedicados al lat�n como en los centrados en el an�lisis de las lenguas vulgares. S�nchez de las Brozas, que influye directamente tambi�n sobre quienes se ocupan de la gram�tica del espa�ol, los muestra claramente como aspectos diferentes de la construcci�n de los nombres y los verbos (18) y, aunque con ciertas peculiaridades derivadas de su visi�n de los fen�menos sint�cticos, la distribuci�n de lo estudiado en cada una de ellas es semejante a lo que acabamos de ver en Nebrija, de modo que ning�n fen�meno corresponde al tiempo a los hechos de concordancia y los de recci�n.

Sin dar muchos detalles, Xim�nez Pat�n enumera las diferentes concordancias y alude a algunos hechos de recci�n (19). Bastante pr�ximo a lo que hemos visto en Nebrija, tanto en contenido como en organizaci�n, est� lo que mantiene Gonzalo de Correas sobre estos aspectos en el ep�grafe que la parte dedicada al castellano del Triling�e llama �de las concordanzias i costruzion� (20).

Tampoco este autor se refiere expl�citamente a la divisi�n de la sintaxis en dos (o tres) partes, pero sigue muy de cerca la exposici�n de Nebrija en los fen�menos estudiados y su secuencia (concordancia, orden, construcci�n del nombre y construcci�n del verbo). Correas a�ade un ep�grafe dedicado a la �construzion de la particula� en el que se refiere a casos como lexos de la plaza y similares (21).

Se hace habitual la distinci�n entre concordancia y r�gimen

La distinci�n entre concordancia y r�gimen (o construcci�n) se hace totalmente habitual en los estudios gramaticales y la encontramos en la Grammaire g�n�rale et raisonn�e en una formulaci�n no demasiado distinta de la que hemos visto en Nebrija o en S�nchez de las Brozas (22), tanto en la consideraci�n general de los conceptos como en la muy superficial alusi�n a los diferentes hechos que hay que mencionar en cada uno de los dos apartados.  

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As� aparece tambi�n en la obra de Benito de San Pedro, que organiza la sintaxis (23) en �syntaxis de concordancia� y �syntaxis de regencia�, entre las que existe una clara distribuci�n de fen�menos considerados. Adem�s, dedica un cap�tulo al estudio de �la orden i colocacion de las palabras en la oracion� (24).

Es Du Marsais quien da el giro realmente interesante a la divisi�n de la Sintaxis en su art�culo sobre la concordancia para la Enciclopedia. Para Du Marsais, la divisi�n habitual entre los gram�ticos (incluidos, por supuesto, los se�ores de Port Royal) en una sintaxis �de convenance� y otra �de regime� (Du Marsais, 1751-1757: 356) (25), no es m�s que algo metaf�rico que no da las razones de lo que sucede (26).

La clave de la cuesti�n est�, siempre seg�n Du Marsais, en que existen dos clases de relaciones entre las palabras: la relaci�n de identidad y la relaci�n de determinaci�n (27). La relaci�n de identidad deriva precisamente de la semejanza de los rasgos que deben mostrar las palabras que presentan, en forma distinta, la esencia de otras. Esto es lo que se llama habitualmente concordancia.

La relaci�n de determinaci�n, en cambio,  viene del hecho de que la imposibilidad de expresar nuestro pensamiento en una �nica palabra nos obliga a ir construyendo la expresi�n de tal modo que unas a�aden contenido a lo expresado por otras, con lo que al final se forma el pensamiento complejo que queremos transmitir.

Lo importante para lo que aqu� nos ocupa es que Du Marsais ve con toda claridad que la relaci�n de identidad no excluye la relaci�n de determinaci�n, como muestra una secuencia del tipo l'homme savant, donde savant determina homme, pero tambi�n existe relaci�n de identidad entre ambas palabras (28).

En cambio, la relaci�n de determinaci�n se encuentra frecuentemente sin la de identidad, como sucede, por ejemplo, entre aime y vertu en Pierre aime la vertu (Du Marsais, 1751-1757: 359) o en su equivalente en lat�n (29).

Lo que la deslumbrante perspicacia de Du Marsais pone de relieve �por primera vez hasta donde yo conozco- es, precisamente, la compatibilidad de concordancia y recci�n, vistas como manifestaciones de dos relaciones distintas que se pueden dar entre elementos ling��sticos: la relaci�n de identidad y la relaci�n de determinaci�n.

N�tese que el cambio con respecto a lo anterior (y buena parte de lo posterior) radica en que este autor intenta encontrar los motivos internos de los fen�menos que se manifiestan en las cadenas, lo cual lleva a considerar la posible compatibilidad de ambas relaciones.

Ah� radica tambi�n su deficiencia: no llega a ver la identidad de marcas como pura expresi�n formal de la relaci�n ling��stica existente entre los elementos.

A partir de ahora, la gram�tica francesa se mover� en esta direcci�n, como muestra con claridad, por ejemplo, la obra de Beauz�e (1767) (30).  

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Aunque la 'traducci�n' de conceptos �y t�rminos- entre aproximaciones te�ricas distintas constituye un ejercicio siempre inc�modo y peligroso, creo que en el tema que nos ocupa puede resultar muy clarificadora la conversi�n a herramientas operativas actuales de lo que encontramos en autores y obras de per�odos anteriores, puesto que de este modo lograremos captar mejor lo que desde esas perspectivas se puede contemplar y comprender y tambi�n qu� es lo que no encuentra espacio te�rico en el cual pueda ser acomodado.

Por encima de las evidentes diferencias entre las diversas aproximaciones existentes en la actualidad, la teor�a sint�ctica moderna nos ha acostumbrado a distinguir entre categor�as gramaticales (el g�nero, la temporalidad, la transitividad, etc.), las clases y subclases de unidades (oraci�n, palabra, morfema, adjetivo, etc.) y las relaciones gramaticales (constitutivas, funcionales, conectivas y secuenciales en el subcomponente gramatical).

Como he intentado demostrar en otros lugares (cf., por ejemplo, Rojo, 1983), las constitutivas est�n implicadas en las funcionales, que a�aden a la simple relaci�n de constituci�n con respecto a una this site superior �relaci�n constitutiva- la indicaci�n de en calidad de qu� (complemento directo o modificador, por ejemplo) se da esa pertenencia.

Para nuestros prop�sitos actuales ser� suficiente, por tanto, con considerar relaciones funcionales, conectivas (subordinaci�n, coordinaci�n e interordinaci�n) y secuenciales, que son las que consisten en la mera situaci�n relativa de unos elementos con respecto a otros en la cadena.

A la noci�n de relaci�n podemos a�adir la idea de marca de relaci�n: la concordancia, esto es, la imposici�n de las marcas morfol�gicas correspondientes a ciertas categor�as gramaticales que unos elementos realizan sobre otros es, por ejemplo, la marca de la relaci�n conectiva de subordinaci�n que existe entre el sustantivo que funciona como n�cleo y el adjetivo que act�a como modificador en la misma frase nominal.

Es evidente que las relaciones secuenciales son, en muchos casos, al mismo tiempo marca de la existencia de otras relaciones entre los elementos: sujetos antepuestos al predicado, etc.

Pues bien, si con tal armaz�n conceptual �que, insisto, creo que puede considerarse com�n a todas las corrientes contempor�neas, aunque difieran en la consideraci�n de cu�les son primarias y cu�les secundarias- nos acercamos a Nebrija, S�nchez de las Brozas o la Grammaire g�n�rale et raisonn�e, tomados en bloque, podremos ver, en primer lugar, que existe en ellos una consideraci�n detenida de las categor�as gramaticales que pueden reconocer (g�nero, n�mero, temporalidad, caso, etc.).

Dentro de lo que entendemos por gram�tica en sentido estricto �esto es, morfolog�a y sintaxis- la this site b�sica es la palabra y, con ciertas diferencias entre ellos, la oraci�n est� presente, pero, en realidad, juega un papel muy limitado, ya que lo que �a nuestro modo de ver- sucede dentro de la oraci�n (el desempe�o de funciones como sujeto, predicado y complementos) es visto y explicado casi siempre como el resultado de las relaciones entre palabras.

Por supuesto, hay referencias expl�citas a funciones oracionales, pero hay que reconocer que, en general, no llegan a presentar realmente este car�cter y se quedan m�s bien en relaciones entre palabras  (el sustantivo �en nominativo- y el verbo, el verbo y el sustantivo �en caso oblicuo-, etc.) que, eso s�, tienen lugar en el interior de la oraci�n.  

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La en otro tiempo tan extendida diferencia entre sintaxis de recci�n y sintaxis de concordancia no va, pues, al fondo de las relaciones que se dan entre los elementos ling��sticos, sino que se queda en la superficie, esto es, en los fen�menos que son indicaciones de las relaciones realmente existentes. T�ngase en cuenta que, aunque los usos terminol�gicos han sido muy variados, la recci�n (r�gimen) consiste en que un elemento exige que otro aparezca en un determinado caso para entrar en relaci�n con el primero.

Cuando se dice, por ejemplo, que cierto verbo latino rige acusativo se est� diciendo que exige que su primer complemento aparezca en ese caso, mientras que otro verbo puede exigir que su primer complemento aparezca en genitivo o dativo.

Lo que prima en la recci�n no es, por tanto, la existencia de una determinada relaci�n entre predicados y complementos (que son relaciones funcionales con respecto a la oraci�n y, contempladas entre s�, relaciones conectivas de subordinaci�n del complemento con respecto al predicado), sino la marca de esa relaci�n.

Es precisamente el quedarse en la marca de la relaci�n, en la parte externa, lo que explica que esta aproximaci�n establezca diferencias entre casos que hoy consideramos como variantes del mismo fen�meno.

Por poner el caso m�s simple, lo que sucede en las frases nominales mesa met�lica y mesa de metal entre mesa, que funciona como n�cleo, y met�lica o de metal, que funcionan como modificadores, son tratados en apartados distintos, como fen�menos diferentes, ya que en el primer caso observamos concordancia y en el segundo recci�n de genitivo. Es, como hemos visto, Du Marsais quien se da cuenta de que hay 'determinaci�n' en los dos casos, pero, como es l�gico, no puede ir mucho m�s all�.

Algunos autores consideran a la sintaxis como disposici�n lineal

Ya me he referido al hecho de que algunos autores, entre los que destacan Chevalier y G�mez Asencio, consideran que hay que partir de la concepci�n de sintaxis como equivalente a disposici�n lineal, de modo que el objeto de la Sintaxis cl�sica era �la ordenaci�n y colocaci�n de las palabras en unidades mayores� (G�mez Asencio, 1981: 44).

Con este planteamiento, el hecho innegable de que los tratados de Sintaxis se ocupen desde el principio de los fen�menos de recci�n y concordancia ha de explicarse mediante el recurso de la subordinaci�n de la Sintaxis con respecto a la L�gica y la consiguiente aceptaci�n de un orden natural (31).

En consecuencia, sigue diciendo este autor, en aquellos gram�ticos para quienes sintaxis equivale a orden y orden ha de ser entendido como colocaci�n, r�gimen y concordancia, ha de darse tambi�n que el orden de las ideas es un orden de importancia (la primera idea y la primera palabra son m�s importantes que las segundas) y tambi�n un orden de dependencia (la segunda idea y la segunda palabra dependen de las primeras) (32).

Con este punto de partida, G�mez Asencio pasa revista a los tratados gramaticales de la �poca que estudia y concluye que casi todos �desvirt�an la concepci�n tradicional� (1981: 46) puesto que no consideran que la concordancia sea una dependencia y, por tanto, su presencia en la Sintaxis solo se justifica por el peso de la tradici�n (33).

A mi modo de ver, la equiparaci�n inicial no se produce ni en Apolonio, ni en Prisciano, ni en la mayor parte de los autores posteriores, de tal forma que se considera sintaxis (o construcci�n) los v�nculos que los elementos mantienen entre s� y, por tanto, la Sintaxis (o Construcci�n) ha de ocuparse de todo lo que estos autores perciben dentro de lo que hoy consideramos el conjunto de las relaciones que se dan entre los elementos gramaticales en el interior de las secuencias de que forman parte.

El problema que produce la posibilidad de malas interpretaciones tiene un origen terminol�gico, ya que tanto σύνταξις como los equivalentes que se le van buscando en lat�n y otras lenguas admite un significado general (calcos casi siempre del original) y tambi�n un significado referido espec�ficamente a la situaci�n lineal de los elementos.  

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Para no salirnos ahora del �mbito de la gram�tica del espa�ol, ya hemos visto la evidente duplicidad que orden, su candidato para traducir sintaxis o construcci�n presenta en Nebrija: para jugar con un t�rmino menos marcado, significa tanto la disposici�n general de los elementos (esto es, el conjunto de las relaciones existentes entre ellos) como la disposici�n f�sica en que aparecen en la secuencia. Nebrija lo propone como traducci�n de sintaxis y constructio, de modo que tiene los mismos valores �y los mismos inconvenientes- que los t�rminos originales.

El �orden casi natural & mui conforme a la raz�n� a que se refiere nuestro autor (Nebrija, 1492: 205) no es el orden l�gico de que se hab�a hablado antes y se seguir� hablando despu�s, sino aquel en que, siguiendo a Quintiliano, �las cosas que por naturaleza son primeras o de maior dignidad, se han de anteponer a las siguientes & menos dignas� (ib�dem) (34).

Adem�s de esta inc�moda polisemia con orden, Nebrija presenta algo parecido con construcci�n, que vale tanto para la denominaci�n general de la disciplina y su objeto (esto es, como sintaxis y orden) como para los fen�menos de r�gimen, estudiados bajo ep�grafes como �de la construci�n de los nombres tras de s�� y similares. En Nebrija encontramos, por tanto, la siguiente distribuci�n de t�rminos en la Sintaxis y sus divisiones (35):

Sintaxis =                     (concordia (& concierto)  
construci�n
1 =               (orden1 = (orden2
aiuntamiento                 (construci�n
2 (= r�gimen)

La equivalencia de Sintaxis y Construcci�n (as� como de sintaxis y construcci�n) se mantiene en t�rminos muy semejantes a los que acabamos de examinar hasta Du Marsais, que es, de nuevo, quien proyecta nueva luz sobre tan antigua cuesti�n.

En el art�culo construction de la Enciclopedia, Du Marsais condensa una visi�n de los fen�menos sint�cticos que sorprende vivamente por su actualidad. Reduci�ndonos al punto concreto que nos ocupa ahora, considera que construcci�n debe referirse simplemente a la ordenaci�n lineal de las palabras en la secuencia, mientras que la sintaxis consiste en el conjunto de relaciones de diversos tipos que las palabras mantienen entre s�. Con un ejemplo realmente clarificador, indica que en el ciceroniano accepi litteras tuas, tuas accepi litteras y litteras accepi tuas existen tres construcciones distintas puesto que encontramos tres ordenaciones lineales diferentes, pero no hay m�s que una sintaxis en tanto que las relaciones entre las palabras son las mismas en las tres secuencias (36).

Esta formulaci�n constituye el punto de partida de la mayor parte de la Gram�tica francesa posterior. Construcci�n pasa a ser sin�nimo de orden y sintaxis se convierte en el �nico t�rmino para la disciplina (o el conjunto de fen�menos de que se ocupa), mientras que recci�n y concordancia �o t�rminos equivalentes- se mantienen para designar, tal como hemos examinado en los p�rrafos precedentes, las dos grandes divisiones de la Sintaxis.

Este es, a grandes rasgos, el fondo contra el que tenemos que proyectar la visi�n que de la Sintaxis presentan los dos textos acad�micos que estamos examinando. Como tendremos ocasi�n de comprobar, el de 1771 est� muy cerca de los puntos de vista de Nebrija, mientras que el de 1796 muestra un planteamiento bastante m�s evolucionado, aunque no llega, por supuesto, a la altura te�rica que podemos encontrar por la misma �poca en las obras de Du Marsais, Beauz�e o Condillac.  

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La Sintaxis en la Gram�tica de 1771 (37)

Pasemos ya, tras este necesario excurso, a analizar la concepci�n de la sintaxis en la primera Gram�tica acad�mica. Tal como es presentada esta parte, la visi�n de la Academia en 1771 no est� muy alejada de la que podemos encontrar en Nebrija casi trescientos a�os antes:

�En la primera parte se ha tratado separadamente de cada una de las partes de la oracion. En esta segunda se ha de tratar del modo de unirlas, trabarlas, � enlazarlas entre s� de manera que formen la misma oracion de que son partes. Esta union, trabazon o enlace, se llama entre los gram�ticos sint�x�s, � construccion, y sus reglas se reducen a declarar el �rden con que deben juntarse las palabras para expresar con claridad los pensamientos� (GRAE-1771: 231-232).

Lo mismo, pues, que en Nebrija, sintaxis, construcci�n y orden son sin�nimos cuando menos en una parte de sus utilizaciones. En el p�rrafo anterior, orden tiene el significado de disposici�n, organizaci�n general que deben mostrar las palabras en el discurso para que la expresi�n tenga sentido (38).

Pero, tambi�n como en Nebrija, se pasa inmediatamente a continuaci�n a explicar la existencia de un orden natural de disponer las palabras de la oraci�n, fundado en la propia naturaleza de las cosas, que, por ejemplo, �pide que el nombre sustantivo prefiera al adjetivo, porque �ntes es la sustancia que la calidad: que quando el nombre representa al sugeto � persona que hace, prefiera al verbo, porque �ntes es el agente que la acci�n.

Pide que el verbo prefiera al nombre, quando este es el objeto, � t�rmino de la acci�n; y al adverbio que califica � modifica la significaci�n del verbo� (GRAE-1771: 232-233) (39).

En los tres casos mencionados se habla de preferir (40) (el sustantivo al adjetivo, por ejemplo) y, por tanto, estamos ante el segundo significado de orden, el que equivale a situaci�n lineal en la cadena.

La consideraci�n exclusiva de este segundo sentido ha dado lugar a la mala comprensi�n de la doctrina acad�mica en varias ocasiones. El significado general, equivalente a sintaxis y construcci�n, me parece, sin embargo, evidente, puesto que el sentido concreto har�a incomprensibles o contradictorias afirmaciones como la que sigue inmediatamente a ejemplos del tipo d�a y noche, de acuerdo con la cual, �como este orden tiene por principal objeto la claridad, pide tambien que no haya falta, ni sobra de palabras, y que tengan entre s� la debida concordancia� (GRAE-1771: 234).

Como es de esperar, se llama construcci�n natural la que sigue esta disposici�n y construcci�n figurada aquella que la �perturba o invierte [...] para mayor suavidad, elegancia � viveza de la expresion� (GRAE-1771: 234). En resumen:

�Ll�mase construccion natural la que observa con ex�ctitud este �rden [en sentido general, G.R.], y construcci�n figurada la que no le observa. La construccion natural consta de r�gimen y concordancia� (GRAE-1771: 234).

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La primera divisi�n de la sintaxis se da entre la natural y la figurada

As� pues, sintaxis (o construcci�n u orden en el sentido general de cada uno de estos dos t�rminos) es la forma en que los gram�ticos llaman a la relaci�n, al conjunto de relaciones, que existe entre las palabras que forman la oraci�n.

En la construcci�n natural, que es aquella que respeta los principios de la disposici�n natural, se diferencia entre r�gimen y concordancia, de los que hablaremos inmediatamente. La construcci�n figurada, que es la que �se aparta de la natural, quando lo piden as� el uso � la mayor elegancia y energia de la expresi�n� (GRAE-1771: 326), requiere explicaci�n �nicamente en aquellos aspectos en los que se distancia de la natural, lo cual se consigue con un n�mero reducido de figuras (41): hip�rbaton, elipsis, pleonasmo y silepsis (cfr. GRAE-1771: 326-348). En esquema (cf. G�mez Asencio, 1981: 72):

(R�gimen (Natural (Sintaxis = (Construcci�n =((Concordancia Orden((Figurada

La primera divisi�n de la Sintaxis es, por tanto, la que se da entre la natural  y la figurada. La figurada, a la que apenas vamos a dedicar atenci�n aqu�, es caracterizada fundamentalmente por presentar en forma negativa los rasgos que definen a la natural:

�Por medio de las figuras se altera con freq�encia el �rden y colocaci�n natural de las palabras: se callan unas: se aumentan otras ; y se falta � las leyes de la concordancia� (GRAE-1771: 326).

Las cuatro figuras estudiadas constituyen, pues, el modo de integrar las diferentes formas en que puede ser alterado el llamado 'orden natural' (42). No obstante esta presentaci�n, debe tenerse en cuenta que los gram�ticos de 1771 reconocen que la utilizaci�n de las figuras es l�cita e incluso conveniente en muchos casos, puesto que esas modificaciones respecto de lo previsto por las leyes del r�gimen y la concordancia pueden dar, si se hace de acuerdo a usos bien establecidos, mayor fuerza y elegancia a la expresi�n:

�En estos exemplos se ve, no solo que puede alterarse el �rden natural, pues as� lo admite el uso de los que hablan bien, sino que este uso se funda en la mayor elegancia y energ�a que adquieren estas expresiones por medio de la inversi�n� (GRAE-1771: 331).

Dado que todo lo referente a la 'sintaxis figurada' es presentado como una especie de 'perturbaci�n' (sin matiz forzosamente peyorativo, como acabamos de ver) de algunas de las caracter�sticas propias de la 'sintaxis natural', no parece inadecuado considerar los mecanismos conceptuales y operativos descritos en la 'sintaxis natural' como las herramientas de que disponen los acad�micos que elaboran la edici�n de 1771 para entender y explicar todo lo que sucede en espa�ol (o cualquier otra lengua) a partir del punto en que una palabra entra en relaci�n con otra u otras para constituir elementos m�s complejos y, en t�rminos contempor�neos, m�s altos en la escala de unidades gramaticales. Como hemos visto ya, tales herramientas se reducen a las nociones de r�gimen y concordancia.  

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El r�gimen es definido inicialmente como �el gobierno o precedencia que tienen unas palabras respecto de otras: las que est�n antes rigen: las que estan despues son regidas� (GRAE-1771: 235), pero se indica inmediatamente a continuaci�n que �esta general significaci�n de la voz r�gimen se ci�e en la Gram�tica � determinar la relaci�n o dependencia de unas palabras con otras� (ib�dem). Tal dependencia �unas veces se expresa solamente como verbos y sustantivos� (busco dineros) y otras �mediante alguna preposici�n� (busco a Pedro). El verbo presenta a veces �un r�gimen principal y otro accesorio� (ib�dem), como en doy pan a mis hijos (GRAE-1771: 235-236) (43).

La concordancia es presentada como el �ajuste � concierto de palabras� que es necesario realizar �al tiempo de ordenar � colocar [...] las partes de la oraci�n�. Adem�s, �sus reglas en la construcci�n natural son f�ciles, pues las dicta la misma naturaleza� (GRAE-1771: 321). En esta parte, el texto se refiere a la concordancia del art�culo con el sustantivo, el adjetivo con el sustantivo, el verbo con el sustantivo y el pronombre (cuando funcionan como sujetos) y el relativo con su antecedente (cf. GRAE-1771: 321-325) (44).

Antes de entrar en el an�lisis detallado del contenido de cada uno de estos apartados, es necesario indicar que la concepci�n de r�gimen y concordancia que presenta el texto acad�mico de 1771 est� un tanto distanciada de la que constituye la l�nea mayoritaria de la tradici�n gramatical de la �poca en un punto que me parece fundamental.

En efecto, r�gimen y concordancia no son considerados en el mismo nivel jer�rquico, no responden exactamente a la estructuraci�n de la sintaxis en las dos grandes ramas denominadas habitualmente en esta �poca 'sintaxis de concordancia' y 'sintaxis de recci�n', cada una de las cuales se ocupa del estudio de los fen�menos gramaticales que presentan la caracter�stica correspondiente, sin que exista intersecci�n de los conjuntos respectivos.

En el texto acad�mico, en cambio, las relaciones del art�culo con el sustantivo, del adjetivo con el sustantivo y del nombre �y el pronombre- en funci�n de sujeto con el verbo son estudiadas en el apartado de la concordancia y tambi�n en la parte dedicada al r�gimen.

Por tanto, reformulando la cuesti�n desde una perspectiva actual, la concordancia parece ser considerada aqu� m�s bien como la marca de una determinada relaci�n sint�ctica (el r�gimen), de modo que ocupa, frente a la tradici�n mayoritaria que hemos examinado en el apartado anterior, una posici�n inferior y la recci�n es, en realidad, la �nica relaci�n sint�ctica reconocida en la obra.  

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En el texto acad�mico, la distribuci�n de los fen�menos estudiados en esta parte entre los presentados como propios de la sintaxis de concordancia y de la sintaxis de r�gimen no presenta el car�cter de conjuntos disjuntos que hemos visto en, por ejemplo, Nebrija, S�nchez de las Brozas o Correas, sino que, con mejor o peor fortuna, se alude a ellos siempre que la aparici�n de la marca de la relaci�n correspondiente lo hace necesario.

En el apartado de la concordancia, la Gram�tica se ocupa, como he indicado ya, de la que se da entre el art�culo y el adjetivo con el sustantivo, del verbo con el sustantivo y el pronombre (cuando funcionan como sujetos) y el relativo con su antecedente. En el dedicado al 'r�gimen, y construcci�n natural', los casos estudiados corresponden a:

(a) �de la construcci�n del nombre y pronombre, y otras partes de la oracion antes del verbo� (GRAE-1771: 236-240);

(b) �de la construccion del verbo y adverbio y otras partes de la oracion antes del nombre� (GRAE-1771: 240-244);

(d) �de la construcci�n del verbo con el pronombre� (GRAE-1771: 245-250) y

(e) �de los verbos, participios, adjetivos y adverbios que rigen preposici�n y cual� (GRAE-1771: 250-321), que consiste fundamentalmente en la ya varias veces mencionada lista de palabras que se construyen con preposici�n.  

Los textos siguen tratando las construcciones ya reconocidas

Aunque no hay equivalencia exacta, es claro que las formulaciones utilizadas recuerdan las utilizadas por Nebrija (�construcion del verbo despues de si�, etc.).

El texto acad�mico va tratando uno tras otro los tipos de 'construcci�n' reconocidos tradicionalmente e incorporando algunos a�adidos. En una interpretaci�n no demasiado estricta, su equivalencia en t�rminos actuales quedar�a reducida a las relaciones existentes entre sujetos de tipo nominal y (n�cleo del) predicado, entre (n�cleo del) predicado y sus complementos nominales o adverbiales, entre verbos en el interior de per�frasis verbales y algunas otras construcciones y, por �ltimo, entre algunas clases de palabras con las preposiciones que pueden regir.

Como era de esperar dada la limitaci�n del panorama establecido, en realidad, en cada uno de estos casos, el texto acad�mico va haciendo observaciones m�s o menos vinculadas a lo que se supone el tema del apartado correspondiente. As�, en el dedicado a �la construccion del nombre y pronombre, y otras partes de la oracion antes del verbo� (GRAE-1771: 236), es decir el apartado dedicado a las peculiaridades �constructivas� (de los sustantivos y pronombres en funci�n de sujeto,  se indica, entre otras cosas, que:

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los nombres comunes �llevan ordinariamente �ntes de si el art�culo que les corresponde� (GRAE-1771: 237), pero �los nombres propios no necesitan art�culo� (ib�dem);

los pronombres demostrativos deben preceder a los nombres (GRAE-1771: 237);

no es necesario que los verbos sigan inmediatamente al nombre (sujeto), pues �sin faltar al orden natural pueden interponerse otras palabras� (GRAE-1771: 238-240), como:

(c1) otros nombres precedidos por la preposici�n de (el hijo de Pedro viene);

(c2) adjetivos: el hombre bueno ama la virtud;

(c3) adjetivos modificados por otros nombres con de (el hombre lleno de dinero quiere m�s);

(c4) adjetivos modificados por otros nombres precedidos por a (los pueblos pr�ximos a la Corte venden bien sus frutos);

(c5) adjetivos modificados por verbos regidos por preposiciones (la fruta buena de comer);

los nombres propios de persona admiten se (Pedro se estima) y los pronombres se admiten a s� mismos (yo me amo);

los nombres comunes admiten ir seguidos de:

(e1) nombres propios con de (las obras de Cicer�n muestran su eloq�encia);

(e2) modos adverbiales (el hombre de bien cumple su palabra);

(e3) pronombres relativos �con su verbo� (el hombre de quien te quexas te favorece);

(e4) participios (el soldado amante de la guerra goza el fruto de la victoria);

(e5) conjunciones (Juan y Francisco vinieron).

Poco hay en todo esto que tenga que ver con las relaciones existentes entre los sujetos y los predicados. En realidad, la mayor parte de las observaciones que he resumido se refieren a fen�menos que tienen lugar en el interior de las frases nominales y, por tanto, son en general indiferentes a la funci�n que esa secuencia organizada en torno a un elemento de car�cter nominal pueda desempe�ar en la cl�usula.

Sin embargo, insisto, tiene que ser tratado aqu� porque el esquema conceptual elaborado no prev� otro espacio para ello. El resultado final es que la noci�n de r�gimen, relativamente bien establecida y notablemente m�s r�gida en la tradici�n anterior al texto acad�mico, pierde car�cter y deja de tener aut�ntica entidad te�rica.  

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Lo mismo sucede con la complementaci�n verbal

No muy distinta es la impresi�n que produce el estudio del apartado dedicado a �la construcci�n del verbo y adverbio y otras partes de la oracion �ntes del nombre� (GRAE-1771: 240), al que debemos dedicar cierta atenci�n porque, como era de esperar, aqu� aparece lo que tiene que ver con la complementaci�n verbal.

Se parte de la idea de que el nombre que va despu�s del verbo �sirve de t�rmino de la [...] acci�n� (ib�dem) y, naturalmente, �todos los verbos activos � transitivos tienen este t�rmino� (GRAE-1771: 241).

Algunos verbos activos �admiten despues del t�rmino de la acci�n otro nombre de la persona � cosa � que se dirige lo que el verbo significa, y ent�nces van estos nombres regidos de alguna preposici�n� (ib�dem), como sucede en el maestro da lecci�n al disc�pulo.

Se indica a continuaci�n que �los verbos neutros o intransitivos no admiten despues de s� nombres sustantivos como t�rmino de su acci�n� (GRAE-1771: 242) y lo mismo sucede con los 'rec�procos' �porque su accion retrocede al nombre � pronombre que precede por medio del mismo pronombre en terminaci�n rec�proca� (GRAE-1771: 242) (yo me arrepiento de mis culpas).

Se establece luego que �todos los verbos [...] admiten despues de s� adverbios� (GRAE-1771: 243) (45), �nombres sustantivos precedidos de varias preposiciones seg�n el valor y oficio de cada una (ib�dem) y, finalmente, se hace constar que todos los sustantivos, antes o despu�s del verbo, admiten sus adjetivos, y los adjetivos otros nombres precedidos tambi�n de preposiciones� (ib�dem) (46).

Observaciones de este mismo estilo pueden encontrarse en los otros tres apartados. El centrado en la construcci�n de unos verbos con otros (244-245) se queda en una simple relaci�n de algunos de los casos en que unos verbos entran en relaci�n �directa o indirecta- con otros, sea en una per�frasis verbal (voy a comer) o en construcciones de car�cter completivo (quiero correr una liebre, quiso hacer correr el caballo).

El siguiente, dedicado a �la construcci�n del verbo con el pronombre� (245-250) explica las modificaciones formales experimentadas por los pronombres como consecuencia de las diferentes funciones que pueden desempe�ar (�l / ella, lo / la, le, a �l / a ella, a s�, consigo, etc.)

El �ltimo de los apartados centrados en el r�gimen, el quinto, que lleva como t�tulo �de los verbos, participios, adjetivos, y adverbios que rigen preposicion, y qual� (GRAE-1771: 250) es, en realidad, una lista de palabras de estas clases, ordenada alfab�ticamente, con la preposici�n regida por cada una de ellas y una muestra del tipo de palabra regido por esa preposici�n (abalanzarse a los peligros, abandonarse a la suerte, etc.).  

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El contenido de esta relaci�n se complementa con las indicaciones que el texto acad�mico va dando, en el cap�tulo dedicado a las preposiciones, acerca de las palabras que pueden ser regidas por cada una de ellas (47).

Como ya he insinuado previamente, esta lista, que ha seguido apareciendo en todas las ediciones posteriores de la Gram�tica (48), juega aqu� un papel destacado, tanto en n�mero de p�ginas (70) como en el lugar asignado en la jerarqu�a organizativa del texto, perfectamente congruente con la escasa entidad de los mecanismos explicativos de que dispone esta edici�n.

Con esa relaci�n, se dice al introducirla, �se completa una parte muy esencial de la sint�x�s, y se podr� salir con facilidad de qualquiera duda que ocurra� (GRAE-1771: 251). Mucho m�s fuerte resulta la afirmaci�n que figura en el pr�logo de la obra, donde la menci�n de esta lista constituye la �nica referencia que se hace a temas sint�cticos y seg�n la cual

�Otro punto dif�cil de nuestra Gram�tica, y en que consiste la parte principal de la sint�x�s es saber qu� preposiciones piden despues de s� algunos verbos y otras partes de la oracion.

A esta dificultad se ocurre con una lista alfab�tica ordenada en tres columnas� (GRAE-1771: xi).

Dos problemas surgen en esta aproximaci�n

Creo que estas breves indicaciones ser�n suficientes para, de acuerdo con los objetivos que nos hemos fijado aqu�, tener una idea aproximada de los temas tratados en esta edici�n y del modo en que son abordados por los acad�micos. A mi modo de ver, son dos los problemas principales existentes en esta aproximaci�n.

En primer t�rmino, la Gram�tica de 1771, lo mismo que sucede con todo ese complejo metodol�gico que llamamos habitualmente 'gram�tica tradicional', no reconoce m�s unidades gramaticales que palabra y oraci�n, con lo que es forzoso plantear como relaciones entre palabras en el interior de la oraci�n las que son en realidad relaciones entre palabras en el interior de unidades intermedias, las frases.

Como consecuencia de ello, la gram�tica tradicional no capta las funciones que los elementos realizan con respecto a las frases (49).

El caso que nos ocupa supone algo parecido, pero en un nivel inferior. La Gram�tica de 1771 reconoce la existencia de palabras y oraciones, como hemos tenido ocasi�n de observar, pero no considera realmente la existencia de una estructura oracional, a pesar de que haya referencias m�s o menos difusas a funciones oracionales.  

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Al no poder manejar de modo operativo nociones como sujeto o complemento, que son funciones y, por tanto, relaciones entre elementos y los conjuntos de que forman parte, los redactores de la Gram�tica de 1771 est�n reducidos a intentar explicar lo que sucede en las secuencias �nicamente mediante los conceptos de concordancia y r�gimen, esto es, simplemente como �en la perspectiva m�s amplia- relaciones conectivas, relaciones entre partes.

La oraci�n existe como referencia, pero no es considerada en realidad como una estructura, como un todo con respecto al cual los elementos que la integran realizan funciones especificadas.

Concordancia y r�gimen constituyen, precisamente, el segundo gran problema de la teor�a sint�ctica contenida en el texto acad�mico de 1771. Seg�n hemos visto, las formulaciones generales y la organizaci�n recuerdan excesivamente a lo que se puede encontrar en Nebrija.

La distinci�n de la sintaxis de r�gimen y la sintaxis de concordancia est� presente, por supuesto, en la Gram�tica de la Academia, pero no muestra la estructuraci�n clara �aunque con inconvenientes, como hemos observado- que tiene en la Grammaire g�n�rale et raisonn�e o en la obra de Benito de San Pedro.

La consideraci�n de concordancia y r�gimen como aspectos no excluyentes del mismo fen�meno (la relaci�n de sustantivos y adjetivos, por ejemplo) no constituye en realidad un paso positivo, sino, m�s bien, un yerro metodol�gico que da lugar a un conjunto de apartados en los que los fen�menos se suceden de modo un tanto desordenado y son descritos de forma escasamente sistem�tica.

Como era de esperar, estas dos consideraciones negativas act�an de modo conjunto. Da la sensaci�n de que lo que ocurre en esta Gram�tica es que se aproxima a los hechos sint�cticos con las mismas herramientas que manejaba Nebrija (o Xim�nez Pat�n o Correas), esto es, sin la organizaci�n resultante de las aportaciones de S�nchez de las Brozas, la Grammaire g�n�rale et raisonn�e y mucho menos, como es l�gico, Du Marsais, que, en cambio, han tenido efecto sobre la obra de San Pedro.

Tales herramientas pod�an ser �tiles para la descripci�n de un conjunto de fen�menos bastante reducido, que son, precisamente, los que est�n tratados en las obras de estos autores. El intento de ampliar el espectro de fen�menos sint�cticos sometidos a consideraci�n tropieza con la reducida capacidad explicativa de los mecanismos empleados para ello, de modo que se hace necesario arbitrar soluciones que contienen el germen de la contradicci�n, con lo cual el resultado es, como he indicado en varias ocasiones, pobre en logros y muy confuso en la expresi�n.

El texto que la Academia da a la luz veinticinco a�os despu�s intentar� solucionar algunos de estos problemas.


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Guillermo Rojo, es catedr�tico de Lengua Espa�ola en la Universidad de Santiago de Compostela y experto en Ling��stica Inform�tica, y miembro de la RAE.

Discurso pronunciado el 7 de octubre con motivo de su ingreso en la Real Academia Espa�ola.

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Notas :

1.   No tomo en consideraci�n las p�ginas correspondientes a dedicatoria, pr�logo, �ndices, etc.

2.   El cambio realmente significativo es, por supuesto, el que se da en la importancia relativa que se le atribuye. Seg�n indica el pr�logo de la edici�n de 1771, el �punto dif�cil de nuestra Gram�tica, y en que consiste la parte principal de la sint�x�s es saber qu� preposiciones piden despues de s� algunos verbos y otras partes de la oracion� (GRAE-1771: xi). En la de 1796, en cambio, se presenta la divisi�n en Concordancia, R�gimen y Construcci�n, en las que se dan las reglas necesarias para la buena combinaci�n de palabras y, probablemente como simple concesi�n a la redacci�n previa, se indica que �si acaso por descuido se ha omitido alguna, que ocasione dificultad, se ocurre � ella con la lista alfab�tica de Varia construcci�n� (GRAE-1796, xv).

3.   Y contin�a diciendo:

      �Convendr�a examinar con detenimiento este asunto y concluir si en efecto esas influencias declaradas fueron tan fuertes como se presume y muchos eruditos han pretendido o si, por el contrario, esos nombres se citan como 'seguros a todo riesgo', como tales de salvaci�n: la mera menci�n de esas reputad�simas autoridades deb�a muy probablemente de alejar toda sospecha de dislate y ser garant�a (tal vez en falso: esto es lo que queda por probar emp�ricamente) de �xito y aprobaci�n de la gram�tica acad�mica� (G�mez Asencio, 2000a: 39).

4.   Un an�lisis superficial del texto de Apolonio muestra referencias a la (falta de) concordancia de los relativos con sus antecedentes en ciertos casos (cfr. I, �� 148-149), al r�gimen en todos los apartados dedicados a los diferentes grupos de verbos que rigen los distintos casos (III, �� 147-190) y, por supuesto, al orden de elementos (cf. infra).

5.   B�cares llega a calificarlo de 'traducci�n' e indica en nota que �no es exagerado el t�rmino [...] y el propio Prisciano nunca oculta sus deudas [...]. Una comparaci�n de los dos textos, sobre todo en los libros XVII y XVIII, los de contenido sint�ctico, nos da una idea del uso que de aqu�l hizo Prisciano� (B�cares, 1987: 60).

6.   El libro XVII, titulado, 'de constructione' trata �de ordinatione sive constructione dictionum, quam Graeci σύνταξιν vocant� (Prisciano, XVII, 108). N�tese que en los dos gram�ticos sintaxis y construcci�n indican el fen�meno, no la disciplina que lo estudia. La traducci�n de Apolonio realizada por Vicente B�cares dice:

      �La exposici�n presente comprender� la construcci�n que de ellas [las palabras] se hace con vistas a la coherencia de la oraci�n perfecta� (Sintaxis, I: �1; cursiva m�a).

      Y a�ade en nota: ��sta es la primera aparici�n y el significado propio de σύνταξις� (B�cares: 1987: 73).  

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7.   En Prisciano, �we can distinguish between the construction of the sentence (constructio orationis), the construction of the word (constructio dictionum) and the construction of a part of speech (pars orationis), each of which apparently has a different, but non well-defined meaning� (Kneepkens, 1990: 143).

8.   Creo que esto es lo que ocurre en, por citar �nicamente un caso, la interpretaci�n que Chevalier (1968) hace de las afirmaciones de Prisciano (que reproducen las de Apolonio): �L'ordre de ces �l�ments est aussi un des points d�terminants de la syntaxe: 'si ambulat Dionysius, movetur Dionysius' et 'si movetur Dionysius, ambulat Dionysius' ne son pas deux propositions �quivalentes, car on peut �tre en mouvement sans se promener pour autant� (Chevalier, 1968: 29). Cf. tambi�n G�mez Asencio (1981: 66). En realidad, la afirmaci�n tiene que ser situada en el marco de la argumentaci�n de Apolonio acerca de los 'accidentes paralelos' (Sintaxis: I, 3; cf. la nota aclaratoria de B�cares a este punto): intenta mostrar que lo que sucede con las letras y las s�labas se da tambi�n entre las palabras y agrupaciones superiores. Hay letras y s�labas que se repiten y lo mismo puede suceder con las palabras. Del mismo modo, hay letras y s�labas que van antepuestas o pospuestas, como sucede tambi�n con las palabras, de ah� que podamos hablar de 'preposiciones', etc. Adem�s:

      �algo semejante puede discurrirse de la oraci�n: un per�odo hipot�tico es verdadero cuando los antecedentes [pr�tasis] preceden a los consecuentes [ap�dosis], tal como es inherente a la aut�ntica relaci�n condicional; as�, por ejemplo, si uno dijera 'si Dionisio pasea, se mueve', pero no: 'si Dionisio se mueve, pasea', pues invertido el orden del per�odo, el conjunto ya no es verdadero� (Sintaxis, I: � 9).

      Parece claro que no se trata exactamente del orden de los constituyentes del per�odo condicional, sino de cu�l funciona como condicionante y cu�l como condicionado. Lo mismo, aproximadamente, puede encontrarse en el texto de Prisciano (XVII, 112).

9.   �The mediaeval grammarians all continued to contribute to its development or, if one prefers, reshaping� (Kneepkens, 1990: 171). Se refiere, claro, al desarrollo de la noci�n de construcci�n. Cf. tambi�n Rosier (1988: 366 y sigs.).

10.  Es de inter�s la explicaci�n que Petrus Heliae del uso de regere:

      �Ubi grammatici huius temporis dicunt quod dictio regit dictionem, ibi dicit Priscianus quod dictio exigit dictionem, et quod alii dicunt 'regimen' ipse dicit 'exigentiam' magis aperta utens locutione. Non tamen culpo nostrorum grammaticorum locutionem, quia metaphorice dictum est quod regat dictio dictionem, et est metaphora satis congrua. Sicut enim dux regit exercitum sic verbum regit nominativum in constructione positum�, apud Vineis (1990: 241; cursiva m�a).

      Adem�s de hacer notar lo problem�tico del ejemplo utilizado por Petrus Heliae � la subordinaci�n del sujeto al predicado para decirlo en t�rminos m�s pr�ximos-, Vineis  a�ade:

      �regere, which was commonly used by Abelard and Hugh of St Victor, and gradually replaced the classical coniungi / adiungi / construi / desiderare / exigere / sequi / trahere / servire, is already present in isolated cases in the eighth and ninth centuries, and is found in Baudry de Bourgueil at the beginning of the twelfth century� (Vineis, 1990: 241).

      Para toda esta compleja cuesti�n, vid. tambi�n, entre otros, Chevalier (1968, 28-58) y Kneepkens (1990).

11.  En palabras de Padley, el tratamiento que hace Ramus de la sintaxis �under the headings convenientia and rectio, does not differ materially from that in other grammarians of the period� (Padley, 1976: 91).

12.  En la presentaci�n general de las partes de la Gram�tica, dice:

      �La cuarta los griegos llamaron Syntaxis, los latinos costruci�n; nos otros podemos la llamar orden� (Nebrija, 1492: 203).

      Al comienzo del libro dedicado a sintaxis, indica:

      �Agora, en este libro cuarto, diremos c�mo estas diez partes se an de aiuntar & concertar entre s�. La cual consideraci�n, como diximos en el comien�o de aquesta obra, los griegos llamaron syntaxis; nos otros podemos dezir orden o aiuntamiento de partes� (Nebrija, 1492: 203).  

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13.  Cf., por ejemplo, Sarmiento (1989: 424).

14.  Quiz� por el peso de este segundo significado, Nebrija (1492: 201) da a todo este libro cuarto el t�tulo �de sintaxi & orden de las diez partes de la oraci�n�, donde parece inclinarse por reservar el t�rmino griego para el significado general.

15.  Para los antecedentes e implicaciones de esta presentaci�n, vid. Percival (1997).

16.  Tambi�n menciona la posibilidad de un nombre adjetivo con acusativo, pero �no propria, mas figurada mente, como diziendo: io compr� un negro, crespo los cabellos, blanco los dientes, hinchado los be�os. Esta figura los gramm�ticos llaman sin�doche� (Nebrija, 1490: 210).

17.  Como hemos visto, orden en Nebrija es tanto su propuesta de denominaci�n para la parte de la Gram�tica llamada sintaxis en griego y construcci�n en lat�n como la que utiliza para hacer referencia a la disposici�n lineal de palabras en la cadena. A cambio, construcci�n ha quedado liberada del significado m�s general, que solo presenta como simple adaptaci�n fon�tica y morfol�gica del t�rmino latino constructio y el griego sintaxis, y se emplea en todos los dem�s casos para designar la recci�n. Las expresiones utilizadas para los fen�menos de recci�n son 'aiuntar' y, sobre todo, 'demandar', como hemos visto en las citas del p�rrafo anterior, pero hay por lo menos un caso en que se utiliza regir:

      �Todos los nombres substantivos de cualquier caso pueden regir genitivo, que significa cuia es aquella cosa [...]. Mas esto se entiende cuando el substantivo que a de regir el genitivo es com�n o apelativo� (Nebrija, 1492: 209).

18.  En el libro segundo, titulado �De constructione nominum� comienza diciendo:

      �Constructionem diximus diuidi in concordiam et rectionem; item concordiam triplicem esse: adiectivui et substantiui; nominis et uerbis; relatiui et antecedentis� (S�nchez de las  Brozas, 1587: II, 1, p. 124).

      Sigue luego indicando que el adjetivo y el sustantivo concuerdan en n�mero y en caso, no en g�nero. La causa es que el adjetivo no tiene g�nero, sino terminaciones adecuadas al que presentan los nombres a los que acompa�an. Por razones semejantes, el nombre y el  verbo concuerdan en n�mero, no en persona: todo nominativo (salvo ego, tu, etc.) es de tercera persona. Estas cuestiones est�n explicadas con m�s detalles en el cap�tulo correspondiente del libro I: cap. 7 para el g�nero y cap. 12 para la persona.

      La misma distinci�n aparece al comienzo del libro dedicado a la construcci�n del verbo, donde podemos encontrar tambi�n una definici�n de cada uno de estos fen�menos:

      �In uerborum constructione duo consideranda sunt: concordia et rectio. Concordia est mutua complexio nominis et uerbi, quando nomen in debitam uerbi personam seu domilicilium recipitur; quae coniunctio ostendit uerbum esse personale. Rectio est quum uerbum ostendit uires et effectum in rem aliquam; unde uerbum ostenditur actiuum uel passiuum� (S�nchez de las  Brozas, 1587: I, 3, pp. 220-222).

19.  En la parte dedicada a los 'g�neros' de los verbos se refiere, muy superficialmente a que la �construci�n destos verbos actiuos es mediante preposicion y sin ella� (Xim�nez Pat�n, 1614: 102). Algo m�s de detalle existe en el tratamiento de la concordancia:

      �Las concordancias son tres (como en latin): de nominatiuo y verbo, sustantiuo y adjetiuo, relativo y antecedente� (Xim�nez Pat�n, 1614: 104).

      Dedica luego un p�rrafo a cada uno de estos casos.  

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20.  Utilizo aqu� la parte denominada Arte Kastellana del Triling�e de  tres Artes de las tres Lenguas en la edici�n de Taboada (1984). Algo muy parecido puede encontrarse en los cap�tulos 72 a 75 del Arte de la lengua espa�ola castellana, del que el Arte Kastellana es un resumen (cf. las p�gs. 359 a 373 de la edici�n de Alarcos Garc�a).

21.  �De la particula ia no rresta cosa de inportanzia, porque en sus lugares va tocado lo que basta, algunas tienen genitivo, delante del Rrei: detr�s de la persona, zerca de la casa, lexos de la plaza: mas todo esto lo hazen claro las preposiziones, i no tener cadenzias de casos que es una grande claridad i ventaxa de la lengua espa�ola con la distinzion de sus ocho o diez preposiziones� (Correas, 1627: 197).

22.  M�s o menos como en Nebrija, la Sintaxis ocupa las �ltimas p�ginas de la obra. El cap�tulo XXIV se titula �De la syntaxe ou Construction des mots ensemble� y la distinci�n en las dos partes queda n�tidamente expuesta en el p�rrafo siguiente:

      �La Construction des mots se distingue generalement, en celle de Convenance, quand les mots doivent convenir ensemble; & en celle de regime, quand l'vn des des deux cause vne variation dans l'autre� (GGR: 153).

      �La premiere, pour la plus grande partie, est la mesme dans toutes les Langues, parce que c'est vne suitte naturelle de ce qui est en vsage presque par tout, pour mieux distinguer le discours� (GGR: 153).

      �La Syntaxe de regime au contraire, est presque toute arbitraire, & par cette raison se trouve tres-differente dans toutes les Langues. Car les vnes font les regimes par les cas; les autres au lieu de cas, ne se servent que de petites particules qui en tiennent lieu, & qui ne marquent mesme que peu de ces cas, comme en Fran�ois & en Espagnol on n'a que De, & A, qui marquent le genitif & le datif, les Italiens y adjo�tent Da pour l'ablatif� (GGR: 154-155).

23.  Sintaxis o construcci�n es �coordinacion de unas partes con otras para el buen sentido i oracion perfecta. Que es el fin de la Gramatica i de todas las Lenguas. Se consigue esto por medio del concierto de las partes juntas en quanto a la devida concordia i colocacion de casos seg�n la propia construccion i regencia� (San Pedro, 1769: 97).

24.  Cf. San Pedro, 1769: libro III.

25.  Las contribuciones de C�sar Chesneau Du Marsais a la Enciclopedia aparecen en los siete primeros tomos (A-G), publicados entre 1751 y 1757, que son los a�os que he decidido usar aqu� como referencia ante la imposibilidad de fechar cada uno de los art�culos. Cito seg�n la edici�n de las obras completas de este autor en el Corpus des Oeuvres de Philolosophie en Langue Fran�aise (Par�s, Fayard, 1987).

26.  Tras un r�pido resumen de lo que se entiende habitualmente por 'convenance' y 'r�gime', indica:

      �Ce qu'on dit commun�ment sur ces deux sortes de syntaxes ne me paro�t qu'un langage m�taphorique, qui n'�claire pas l'esprit des jeunes gens, et qui les accoutume � prendre des mots pour des choses� (Du Marsais, 1751-1757: 357).

27.  Con respecto a la primera,

      �il est �vident que le qualificatif ou adjectif, aussi bien que le verbe, ne sont, au fond, que le substantif m�me consid�r� avec la qualit� que l'adjectif �nonce, ou avec la mani�re d'�tre que le verbe attribue au substantif: ainsi l'adjectif et le verbe doivent �noncer les m�mes accidens de grammaire, que le substantif a �nonc� d'abord� (Du Marsais, 1751-1757: 358).

      En cuanto a la relaci�n de determinaci�n,

      �comme nous ne pouvons pas commun�ment �noncer notre pens�e tout d'un coup en une seule parole, la n�cessit� de l'�locution nous fait recourir � plusieurs mots, dont l'un ajoute � la signification de l'autre, ou la restreint et la modifie; ensorte qu'alors c'est l'ensemble qui forme le sens que nous voulons �noncer� (Du Marsais, 1751-1757: 359).

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28.  �Le rapport d'identit� n'exclut pas le rapport de d�termination. Quand je dis l'homme savant, ou le savant homme, savant modifi� determine homme; cependant il y a un rapport d'identit� entre homme et savant, puisque ces deux mots n'�noncent qu'un m�me individu, qui pourroit �tre exprim� en un seul mot, doctor� (Du Marsais, 1751-1757: 359).

29.  En Pierre aime la vertu,

      �il y a concordance ou rapport d'identit� entre Pierre et aime; et il y a rapport de d�termination entre aime et  vertu. En fran�ais, ce rapport est marqu� par la place ou position du mot; ainsi vertu est apr�s aime; au lieu qu'en latin ce rapport est indiqu� par la terminaison virtutem, et il est indiff�rent de placer le mot avant ou apr�s le verbe; cela d�pend ou du caprice ou du go�t particulier de l'ecrivain, ou de l'harmonie, du concours plus ou moins agr�able des syllabes de mots qui pr�c�dent ou qui suivent� (Du Marsais, 1751-1757: 359-360).

30.  Anunciada desde el mismo inicio de la parte dedicada a sintaxis. Vid., por ejemplo, Beauz�e (1767: II, 2-3) para la distinci�n entre sintaxis y construcci�n y el renocimiento de las dos relaciones (identidad y determinaci�n), con alusiones expl�citas a Du Marsais.

31.  Seg�n G�mez Asencio (1981: 44):

      �hay un orden l�gico y natural, que debe quedar fielmente reflejado en la ordenaci�n de la frase y seg�n el cual las palabras deben sucederse en la expresi�n del mismo modo que las ideas se suceden en el pensamiento�.

32.  Cf. G�mez Asencio (1981: 44-45).

33.  En sus propias palabras, todos los gram�ticos de la �poca, salvo Calder�n,

      �desvirt�an la concepci�n tradicional, en el sentido de que mientras que para �sta la concordancia y el r�gimen eran relaciones de dependencia o de recci�n que ten�an cabida y explicaci�n en la sintaxis sobre la base t�cita del orden l�gico, los gram�ticos espa�oles piensan que solo el r�gimen es una dependencia, con lo cual la concordancia queda incluida en la Sintaxis (= cuestiones de orden), pero con la �nica justificaci�n, vac�a y tambi�n t�cita, de que la tradici�n la inclu�a en la Sintaxis� (G�mez Asencio, 1981: 46).

34.  La parte dedicada a las figuras proporciona, en sentido negativo, nuevos argumentos para defender el valor general de orden en este autor: el 'negocio de la Gram�tica' est� �en cada una de las partes de la oraci�n [...] o est� en la orden e juntura dellas� (Nebrija, 1492: 211). N�tese que aparece aqu� un t�rmino nuevo, tambi�n con sentido general. Al hacer referencia al solecismo, por ejemplo, indica que �es vicio que se comete en la juntura & orden de las partes de la oraci�n, contra los preceptos & reglas del arte de la Gram�tica, como diziendo: el hombre buena corres, buena descuerda con ombre en g�nero, & corres, con ombre, en persona� (Nebrija, 1492: 212). Parece innegable que orden tiene ah� el significado general que permite decir que la falta de concordancia obligada supone violentar el 'orden' adecuado entre las 'partes de la oraci�n'.

35.  No puedo resistirme a la tentaci�n de dar un argumento m�s para defender la equivalencia de construcci�n y orden y el doble valor de ambos. En el Lexic�n, dice Nebrija:

      �La costruccion, quiero dezir la orden de palabras, especialmente la demostraremos en los verbos a�adiendo el genero i la especie [...]. Assi que sean cinco generos de verbos: activo, passivo, neutro, deponente, comun. i cada uno de aquestos tenga diversas especies: por a.i. significaremos que es activo de la primera especie: digo que despues de si se ordena con accusativo solo ...� (apud Esparza, 1995: 243).

36.  Con sus propias palabras:

      �Je crois qu'on ne doit pas confondre construction avec syntaxe. Construction ne pr�sente que l'id�e de combinaison et d'arrangement. Cic�ron a dit, selon trois combinaisons diff�rentes, accepi litteras tuas, tuas accepi litteras, et litteras accepi tuas: il y a l� trois constructions, puisqu'il y a trois diff�rents arrangements de mots; cependant, il n'y a qu'une syntaxe, car dans chacune de ces constructions, il y a les m�mes signes des rapports que les mots ont entre eux; ainsi, ces rapports sont les m�mes dans chacune des ces phrases� (Du Marsais, 1751-1757: 410).

      Si la construcci�n es un fen�meno reducido a la pura situaci�n lineal, la sintaxis

      �est donc la partie de la Grammaire qui donne la connoissance des signes �tablis dans une langue pour exciter un sens dans l'esprit� (ib�d., 411).

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37.  Cf. el resumen cr�tico de la doctrina sint�ctica de la Gram�tica de 1771 en Sarmiento (1984: 66-75) y el an�lisis de su contenido que realiza G�mez Asencio (1981: 33-88).

38.  Aunque no constituya una prueba decisiva, no resulta irrelevante el hecho de que en el Diccionario de Autoridades, la segunda acepci�n de orden, sin marca de especialidad, sea  �concierto y buena disposici�n de las cosas� y la tercera, tambi�n sin marca, diga �regla � modo que se observa para hacer las cosas� (Dic. Aut.1, s.v.).

39.  Y, tambi�n como en Nebrija, tal �orden natural� hace que debamos decir oriente y occidente; d�a y noche; el padre y la madre; yo, t�, aquel �aunque por cortes�a mal entendida dexamos en la conversacion el yo para lo �ltimo� (GRAE-1771: 233). Casi exactamente los mismos ejemplos se pueden encontrar en el cap�tulo segundo del libro dedicado a sintaxis en Nebrija, aunque este �ltimo se muestra un tanto m�s radical en lo referente al orden de las personas gramaticales, ya que estima que �en ninguna manera se puede sofrir, que la orden natural de las personas se perturbe, como se haze com�n mente en nuestra lengua, que siguiendo una vana cortes�a dizen el rei, & t� & io venimos, en lugar de dezir io, & t� & el rei venimos� (Nebrija, 1492: 205). El paralelismo es evidente.

40.  Seg�n el Diccionario de Autoridades, preferir, definido como 'activo', significa �Anteponer una persona � cosa � otra, dandola preferencia y primer lug�r� (Dic. Aut.1, s.v.).

41.  �Figura en su recto significado no es otra cosa que ficcion, y en este sentido se usa en la Gram�tica, porque las expresiones figuradas � fingidas se ponen para substituir � otras naturales y verdaderas� (GRAE-1771: 326).

42.  �Quando se invierte el �rden se comete la figura hip�rbaton que vale inversion. Quando se callan palabras es por la figura elipsis que vale falta, � defecto. Quando se aumentan es por la figura pleonasmo, que vale sobra, � superfluidad. Y quando se falta � la concordancia es por la figura silepsis, � concepci�n, porque se conciertan las palabras mas con el sentido que se concibe, que con el valor que ellas tienen� (GRAE-1771: 326-327).

43.  En el Diccionario de Autoridades no figura recci�n. R�gimen, sin marca de especialidad, es definido como �El modo de gobernarse � regirse en alguna cosa. Es voz puramente latina Regimen� (Dic. Aut.1, s.v.). La definici�n t�cnica de regir indica que �en t�rminos Gram�ticos, vale llevar � gobernar el verbo � cierto caso � modo. Lat. Regere� (Dic. Aut.1, s.v.). Para el estudio de los significados de los t�rminos gramaticales usados en los tratados de esta �poca es imprescindible el estudio de Val �lvaro (1992), que en este punto concreto se�ala muy acertadamente el contraste que presenta la definici�n entre la restricci�n al verbo como elemento regente y la inclusi�n del modo como elemento regido (cf. Val �lvaro, 1992: 125-126).

44.  En el Diccionario de Autoridades (s.v.), concordancia �en la Gram�tica es aquella debida colocaci�n que han de tener las palabras unas con otras: y se se�alan tres de nominativo y verbo, de substantivo y adjetivo, y de relativo y antecedente�. N�tese de nuevo el sentido no lineal que es forzoso atribuir a 'colocaci�n'. No lo ve as� Val �lvaro (1992: 123-124).

45.  Esto indica que, en los t�rminos establecidos en el texto, este apartado no trata de la construcci�n del verbo, el adverbio y otras partes de la oraci�n antes del nombre, sino, m�s bien, de la construcci�n del nombre, el adverbio y otras partes de la oraci�n despu�s del verbo.

46.  Lo ejemplifican con secuencias como quiero bien a mis amigos; quiero de coraz�n a mis amigos / lleva con impaciencia la ingratitud; la buena conciencia consuela al enfermo pr�x�mo a la muerte (243-244). Como puede observarse, aqu� tambi�n hay referencias a las relaciones que se pueden dar en el interior de las frases nominales.

47.  As�, el r�gimen de la preposici�n a �alcanza � casi todas las partes de la oraci�n. Rige nombres sustantivos, sean propios sin art�culo, � apelativos: v.g. � Madrid, � Toledo, � los hombres, � las mujeres. Rige nombres adjetivos, como: de bueno � malo. Rige pronombres: � mi, � ti, � vosotros. Rige verbos, como � jugar, � correr� (GRAE-1771: 206).

48.  No incluyo, por supuesto, el Esbozo.

49.  Recu�rdese el conocido an�lisis de Gili Gaya, para quien en El perro del hortelano vecino comi� la carne, el sujeto es el perro, �las palabras del hortelano constituyen un complemento del sujeto� (1961: � 63) y �la palabra vecino es complementaria del complemento del hortelano� (Gili, 1961: � 64).

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