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19 de septiembre de 2001


Tribuna de opini�n

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AUGUSTO ZAMORA R.
Las vueltas y revueltas del castellano 

Los ind�genas no se alzaron contra el espa�ol
En Latinoam�rica hay sensatez, que falta en Espa�a
El castellano simboliza la cultura latinoamericana en EE.UU.
En Espa�a su idioma vive una paradoja
Pol�ticos e ide�logos espa�oles deber�an conocer mejor Am�rica Latina

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Para quienes, desde la otra orilla, tenemos el castellano (para nosotros espa�ol, sin m�s problema) como lengua materna y, al tiempo, pertenecemos a sociedades multi�tnicas y pluriling�es, las vehementes discusiones en Espa�a sobre el ser y no ser del castellano nos suenan a discurso de desocupados. A tema para animar tertulias a falta de mejores contenidos. Tal es el debate sobre si el castellano fue impuesto o no, o si fue o no lengua compa�era del imperio, pol�mica cargada de sentimientos con sabor a ajuste de cuentas.

Conviene por ello recordar que el llamado Nuevo Mundo surgi� de circunstancias dram�ticas. La conquista espa�ola arras� imperios, destruy� culturas. Se impuso con violencia inusitada sobre sociedades inermes ante la superior tecnolog�a militar. Sobre las ruinas de los subyugados se formaron nuevas sociedades, a las que se agreg� la negritud arrancada de �frica.

El periodo dur� 300 a�os, que fueron de crisol de razas, pueblos y culturas, con la religi�n cat�lica y el idioma espa�ol como pilares. De ellos surgieron 18 estados (19 con Puerto Rico) que hicieron del espa�ol su lengua oficial. No hubo necesidad de avisar deg�ellos para que se expandiera de forma natural, sin que nadie pusiera en duda su car�cter de lengua com�n de los pa�ses hispanoamericanos. 

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Las poblaciones ind�genas mantuvieron sus lenguas propias, combin�ndolas con el espa�ol, con una particularidad sangrante: eran lenguas discriminadas por los gobiernos de criollos y mestizos. Habr�an de pasar casi 500 a�os para que se empezara a hacer justicia a los pobladores originarios del continente. Primero en Paraguay, que oficializ� el guaran� y se hizo biling�e. Luego siguieron otros pa�ses. No desembocaron injusticias y discriminaciones contra las lenguas y culturas nativas en movimientos antihisp�nicos. La lucha se centraba en lograr el reconocimiento del pluriling�ismo y la multiculturalidad como partes insoslayables de las realidades nacionales.

Los ind�genas no se alzaron contra el espa�ol

No planteaban los ind�genas derribar el edificio construido en torno al tronco hispano ni afectar los cimientos de los estados, sino justicia para sus lenguas, culturas y particularidades. En la costa caribe de Nicaragua, en un espacio no mayor de 30.000 kil�metros cuadrados, conviven ind�genas miskitos, sumos y ramas con mestizos (descendientes de espa�oles e ind�genas) y creoles (negros de habla inglesa).

Miskitos y creoles se alzaron en armas contra el Gobierno sandinista por sentir que, desde Managua, se quer�a arrancarles su cultura y tradiciones. En Guatemala, por 40 a�os, los gobiernos ultraderechistas de mestizos y blancos impusieron el �ltimo genocidio contra el pueblo maya, disfrazado de lucha contra el comunismo. En Chiapas, los indios tomaron las armas contra la explotaci�n y el olvido. En Ecuador, en los pasados a�os, levantamientos ind�genas derribaron a dos presidentes. En Bolivia los indios se movilizan contra las pol�ticas que quieren destruir los cultivos de coca, su casi �nica fuente de supervivencia. 

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Son levantamientos de contenido eminentemente social y econ�mico, imbuidos de una sed centenaria de justicia para las culturas oprimidas. En Nicaragua, la aprobaci�n del Estatuto de Autonom�a para la regi�n caribe, en 1984, permiti� pacificar la regi�n. En Guatemala, los acuerdos de paz de 1995 reconoc�an, al fin, el hecho ind�gena. En ning�n caso la poblaci�n ind�gena confundi� los papeles. Aceptaban al Estado nacional, del que se sent�an parte, y hac�an de la convivencia pac�fica un denominador com�n esencial. La pr�ctica totalidad de constituciones hispanoamericanas reconoce los derechos esenciales de sus pueblos ind�genas, partiendo de la realidad del espa�ol como lengua com�n.

En Latinoam�rica hay sensatez, que falta en Espa�a

El victimismo del que suelen hacer gala algunas comunidades en Espa�a contrasta con la actitud sensata de los ind�genas y otras minor�as en Latinoam�rica. Ese contraste se hace tanto mayor si comparamos la magnitud de los agravios. Nada en com�n tienen el sufrimiento de los ind�genas en M�xico, Bolivia o Guatemala con lo que dicen haber sufrido el Pa�s Vasco o Catalu�a. Si se siguieran los par�metros de victimismo de estas comunidades, indios y negros hispanoamericanos deber�an incendiar pa�ses, dinamitar estructuras y exigir la creaci�n de estados nacionales propios, pues poseen lenguas y culturas milenarias discriminadas por siglos de opresi�n y olvido (cuando no de exterminio) y un presente de pobreza y desempleo. Nada m�s alejado de la realidad americana. 

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En una iglesia morava (luteranismo alem�n), en la comunidad ind�gena de Rama Cay, en el Caribe nicarag�ense, el pastor canta una canci�n en ingl�s creole y otra en espa�ol. Reza una oraci�n en creole y otra en espa�ol, que sus fieles corean con estremecedora naturalidad. La gente vive, convive, se relaciona y mezcla en medio de una tolerancia sin fisuras. Dentro de su pobreza y humildad, muestran m�s sentido com�n y calidad humana que aquellos que, tal vez indigestos de bienestar, se desgastan en discusiones bizantinas sobre agravios hist�ricos, presuntos o reales, cuando no promueven una absurda persecuci�n solapada del castellano, por considerarla �lengua del opresor�.

�C�mo deber�an verlo mayas, quechuas o negros? Nada expresa mejor la comuni�n hispanoamericana con el idioma espa�ol que la actitud de los emigrantes en Estados Unidos. La riada de desheredados que a diario cruza la frontera desde M�xico est� protagonizando una revoluci�n tan silenciosa como irreversible. Tras d�cadas de tiran�as militares y como efecto colateral del expolio dirigido por el FMI, so pretexto de sanear las econom�as, millones de latinoamericanos han emigrado al imperio.

El castellano simboliza la cultura latinoamericana en EE.UU.

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Contrariamente a lo ocurrido con otros grupos nacionales, que se diluyeron en el crisol norteamericano, la emigraci�n latinoamericana llegaba con su lengua y su cultura. A pesar de las humillaciones y maltratos, defiende su ethos y ha asumido el calificativo de hispano o latino como identificaci�n. No por descender de espa�oles, pues la inmensa mayor�a son mestizos, mulatos e indios, sino por sentirse parte de una cultura tejida en torno al idioma espa�ol, que ama y defiende con pasi�n desprovista de odios o sectarismos.
Vanas han sido las campa�as te�idas de xenofobia, el english only, las leyes castigando el espa�ol o los esfuerzos por detener el flujo migratorio. Los hispanos llegaron y, con ellos, su lengua y su cultura. EEUU se har�, pese a quienes sostienen la supremac�a de los wasp (blancos, anglosajones y protestantes), un pa�s biling�e. De hecho, varios estados ya lo son.

Ning�n tributo mayor a esta realidad que haber visto a los candidatos dem�crata y republicano, Al Gore y George Bush, chapurreando el espa�ol para ganar los votos de la mayor minor�a del pa�s. O ver al ya presidente Bush leyendo discursos semanales en la lengua de Cervantes y Quevedo, la misma que vivific� Rub�n Dar�o y que escritores como Neruda o Garc�a M�rquez han elevado a cimas gloriosas. Una lengua que resiste con �xito la expansi�n del ingl�s y que se da el lujo de ser segunda lengua en el seno del mayor imperio angloparlante. 

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Lo hispano, en EEUU, ya no es mote despectivo, sin�nimo de inferioridad. Es realidad viva, que asciende con fuerza a las cimas del poder pol�tico, econ�mico, social y cultural y que apenas empieza. Porque la masa migratoria sostiene y est� sostenida por su acervo cultural hisp�nico, amplio, fuerte y prol�fico. Ya no necesitan las actrices cambiarse el nombre, como debi� hacer Margarita Cansino, conocida como Rita Hayworth. Los wasp ya no ven in�til hablar espa�ol ni tienen como vergonzoso casarse con hispanos o reconocer su afici�n a la m�sica salsa, al chile o al Cartero de Pablo Neruda.

En Espa�a su idioma vive una paradoja

Mientras Latinoam�rica se ampl�a y lleva la lengua espa�ola a territorio de EEUU, Espa�a se encoge. Personas que quieren pasar como ilustrados del siglo XXI se desgastan en discusiones enraizadas en el XIX, con pasi�n digna de mejores causas. No cabe poner en duda el derecho de quienes tienen una lengua materna distinta a hablarla y preservarla, como se hablan y preservan en los pa�ses latinoamericanos las otras lenguas.

Lo que se ve absurdo es consumirse en temas que, vistos desde perspectivas menos obcecadas, deber�an entenderse superados por los �ltimos desarrollos hist�ricos, internos e internacionales. 

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Resulta parad�jico que el castellano, lengua que hablan 400 millones de personas en el mundo, sea objeto de tantas incertidumbres en su solar natal, situaci�n que debilita el papel que puede y debe jugar Espa�a como tierra madre de un idioma universal. �Puede un pa�s que se presenta incapaz de resolver el papel de la lengua castellana en su propio patio aspirar a liderar su defensa en el m�s inh�spito �mbito internacional? �C�mo conciliar la discriminaci�n del castellano en ciertas comunidades con proclamas de proximidad a una regi�n que tiene en el castellano una se�a esencial de identidad? �C�mo predicar tolerancia desde la intolerancia ling��stica y �tnica a pa�ses mestizos y plurales?

Pol�ticos e ide�logos espa�oles deber�an conocer mejor Am�rica Latina

Contra lo que puede creerse del hecho de compartir un idioma com�n, poco se sabe de las sociedades latinoamericanas en Espa�a. Podr�a no ser mala idea organizar viajes para pol�ticos e ide�logos. Invitarles a vivir la s�ntesis caribe�a, conocer las comunidades ind�genas y negras. Hacerles part�cipes de ese mundo de tolerancia y mixtura que puede ser espejo de lo que ser� en un futuro la humanidad. 

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O invitar a pastores moravos, dirigentes ind�genas, emigrantes en EEUU, a que les hablen, desde su humildad y pobreza, de la fuerza de nuestro acervo cultural, del valor y la necesidad de defender el idioma com�n, la com�n cultura. Que tomen ejemplo de la convivencia pac�fica y respetuosa entre etnias y pueblos de or�genes tan dis�miles, americano, europeo y africano, en pa�ses tan peque�os como los ribere�os del mar Caribe. Del sinsentido de desgastarse magnificando diferencias o agravios que, comparados con lo pasados y presentes de Latinoam�rica, son tan insignificantes que no ameritar�an un debate. Menos todav�a un muerto.

Por eso sorprende, desde la otra orilla, la pol�mica recurrente sobre el ser y no ser del castellano. La realidad o no de Espa�a. No es el pasado lo que deber�a ocupar tanto desvelo. Es el futuro. El idioma espa�ol en el mundo, en Internet, en su relaci�n con el ingl�s. Hacerlo desde la satisfacci�n de pertenecer a una cultura que, superando rencores por hechos pasados, debe ser asumida como patrimonio de toda Espa�a, como se ha asumido en Hispanoam�rica. Lengua y cultura enriquecida por su mixtura con las culturas ind�genas y africanas. Sostenida hoy por los descendientes de indios derrotados, esclavos africanos, mestizos y criollos. Lengua y cultura ya no s�lo espa�ola. Hispanoamericana. Sin mayores problemas. (Madrid) 


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Augusto Zamora R. es profesor de Derecho Internacional P�blico y Relaciones Internacionales en la Universidad Aut�noma de Madrid.

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