24 de octubre de 2001 |
| Tribuna de opini�n | ||
| MIGUEL
DELIBES: Hombre de palabras m�s que de letras | ||
Villa por villa, Valladolid en Castilla, dice un viejo y expresivo aforismo que mis paisanos, con cierto e iluminado candor, gustan de repetir. Pero seguramente este pueblo no s�lo se enorgullece de su pasado, sino de su ascendencia literaria, por m�s que no sea cosa de repasar ahora la lista de los que aqu� han vivido, como Miguel de Cervantes, o que aqu� han nacido, como Jorge Guill�n. No
me considero un hombre de letras en el m�s riguroso sentido del t�rmino.
He dicho en otras ocasiones, y lo repito ahora ante este universal
Congreso de la Lengua, que algunos escritores no somos lo que se dice
hombres de letras. Quienes nos dedicamos a la narraci�n, a construir
historias de hombres, paisajes y pasiones de acuerdo con la f�rmula que
reiteradamente hemos puesto de manifiesto, respondemos mejor al t�tulo
de hombres de palabras que al m�s convencional de hombres de letras. Las emociones y los sentimientos se crean y se transmiten con palabras, siquiera sean necesarias las letras, adosadas unas a otras, como los ladrillos de un edificio, para la m�s modesta construcci�n literaria. Pero es indudable que hubo narradores antes de que existiera la escritura, y tambi�n que todav�a sobreviven generalmente en los pueblos los famosos abuelos, esos viejos fabuladores orales que raramente han puesto en su vida una letra detr�s de otra, como no fuera para estampar su firma all� donde eran requeridos. | ||
Hace
m�s de medio siglo, cuando perge�aba mi novela �El camino�, hice un
gran descubrimiento: se pod�a hacer literatura escribiendo
sencillamente, de la misma manera que se hablaba. No eran precisas las
frases o construcciones complicadas. No se trataba de hacer literatura
en el sentido que los j�venes de mi tiempo entend�amos en el lenguaje
rebuscado y grandilocuente, sino de escribir de forma que el texto
sonara en los o�dos del lector como si lo estuvi�ramos contando de
viva voz. Debo
confesar una limitaci�n: siempre he escrito de o�do, con la regla y el
estilo de aquellos a quienes previamente he escuchado para luego
cederles la palabra. Si los comentaristas literarios han dicho que soy
antes que nada creador de personajes, son estos personajes los que ponen
voz a mi literatura. No en vano, he pasado m�s de seis d�cadas
siguiendo el rastro de las palabras y expresiones ajenas, para intentar
encontrar las m�as propias. Y a estas alturas puedo decir que, en buena
medida, una manera de ser es una manera de hablar. No es mucho, pues, lo que he aportado al idioma castellano, aunque tampoco se me ped�a m�s. Por eso quiero manifestar ante este Congreso que la voz y la palabra de mis personajes no son otros que la voz y la palabra de la gente de mi tierra, es decir, de Valladolid y de Castilla. | ||
Leyendo a narradores de otras tierras me vienen ahora a la mente relevantes nombres de Hispanoam�rica. Se advierte que por sus bocas hablan tambi�n gentes del pueblo, de los m�s diversos pueblos. Desde M�xico a la Tierra de Fuego y, pens�ndolo bien, ellos son los protagonistas de este Congreso. Los que hacen el espa�ol y van ensanchando, paso a paso, esta hermosa lengua de Castilla. Discurso pronunciado en el II Congreso del Espa�ol, en Valladolid. | ||
| Miguel
Delibes. es escritor y miembro de la Real Academia de la Lengua
(RAE). | ||
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