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28 de noviembre de 2001


Tribuna de opini�n

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JUAN GARC�A PONCE:
Un viaje por mi vida

El progreso es negativo cuando se construye armamento
As� supe que quer�a hacer cuentos y novelas
Lo verdaderamente importante era estar en Nueva York
En Viena se afirm� mi decisivo amor por la pintura
Enfermo de esclerosis en placas, particip� en el Movimiento del 68
Al salir de Neurolog�a, escrib� sin parar
Cr�nica de la intervenci�n incluye variedad de estilos y formas literarias
Juan Rulfo, un nombre inmortal dentro de la literatura  

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Este premio es un alto galard�n que me llega despu�s de una vida dedicada a la literatura. Al jurado que me lo otorg�, a la Universidad de Guadalajara y dem�s instituciones que lo conforman, mi m�s profundo agradecimiento. Hern�n Lara Zavala, quien fue mi alumno y ahora uno de los jurados del premio me pregunt� una vez en un tono m�s bien humor�stico: ��Has sido fiel alguna vez en tu vida?� Yo le contest�: �S�lo a la literatura�.

�l se ri� porque mi respuesta correspond�a al tono de su pregunta. Por eso creo que lo m�s indicado ahora es tratar de narrar algunos aspectos de lo que supongo se puede llamar una vida dedicada a la literatura.

�tica y est�ticamente la literatura debe abrir el campo de la experiencia y por eso su �mbito obligado es el de la transgresi�n de lo que la sociedad establecida impone como normas de conducta.

Este es un conocimiento adquirido a lo largo de mucho tiempo y sin embargo, desde un cierto momento lo practiqu� intuitivamente. Yo he sido un lector tan fan�tico, que puede decirse que soy un vicioso de los libros y desde los dieciocho a�os aspiraba en secreto a ser escritor sin decidirme a escribir nada en serio hasta que me denunciaron algunos acontecimientos p�blicos.

�ste tambi�n es un gran respeto por el don, sin explicaci�n racional, que implica el hecho de tener que estar en disposici�n de o�r las voces de la inspiraci�n.

El primero en decirme �t� vas a ser escritor�, fue Manolo Navarrete, nada menos que en Par�s a orillas del Sena. Eso fue en 1953 durante un viaje a Europa que hicimos juntos �l, mi primo Miguel Barbachano y yo, deteni�ndonos en Nueva York, donde aparte del deslumbramiento que nos produjo la ciudad, vi por primera vez en el Museo de Arte Moderno y en el Metropolitano, los cuadros que hasta entonces s�lo conoc�a por reproducciones, antes de embarcarnos en el Ille-de-France.

Ahora ya nadie viaja en barco, sino en avi�n y el Ille-de-France fue hundido para filmar la tragedia del Titanic. Signo del tipo de progreso que odio.

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El progreso es negativo cuando se construye armamento

El progreso es bienvenido, por ejemplo, cuando se descubren cosas contra la enfermedad y as� sirve a la vida; es un progreso negativo cuando, por ejemplo, se construyen armamentos para la destrucci�n o cuando sirve a la industria cinematogr�fica.

Cuando hicimos ese viaje a Europa, Manolo, Miguel y yo, nos separamos en Barcelona donde me fui a vivir a casa de una t�a. La vida con ella y mis primos me encant�. Despu�s emprend� un recorrido por Espa�a empezando por Palma de Mallorca, sinti�ndome solo a veces, pero siempre mal acompa�ado por muchos libros y una peque�a libreta de apuntes color caf�. Ah� di libre cauce a mis impulsos literarios sin pensar en ense��rselos nunca a nadie.

Mi vocaci�n se hizo p�blica en 1956 cuando con un seud�nimo como lo exig�an, gan� el premio Ciudad de M�xico con una obra de teatro: El canto de los grillos. Mis amigos estaban encantados. Mi padre me hizo una fiesta en la que todos nos emborrachamos. El premio me lo dio el presidente Adolfo Ruiz Cortines reunido con su gabinete en la Ciudadela. Y con el dinero tuve que casarme con la que hasta entonces era mi novia.

Mi siguiente obra La feria distante al ser puesta en escena, gracias a la generosa recomendaci�n de Emilio Carballido, fue un fracaso total. El canto de los grillos estaba dedicada a Salvador Novo en su publicaci�n y �l la dirigi� inaugurando con esto el teatro Orientaci�n, mismo nombre que el del teatro de la generaci�n de Contempor�neos.

El estreno con discursos de Novo y Celestino Gorostiza, director del INBA, fue un �xito. Pero la asistencia del p�blico despu�s fue escasa y la obra cerr� muy pronto. Dos fracasos merecidos: ahora considero que las obras eran malas. Desde que escrib� La feria distante mi padre me mantuvo. �l era espa�ol y yo recorr� Espa�a porque me fascin� hasta que me detuve en su pueblo natal, Vegadeo, un pueblo precioso con las casas con tejas negras situado entre dos r�os y la �ltima r�a

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As� supe que quer�a hacer cuentos y novelas

Durante los a�os siguientes pens� mucho en mis problemas literarios. Supe entonces que en literatura yo quer�a hacer cuentos y novelas m�s que teatro. Era amigo de Jaime Garc�a Terr�s, director y de hecho creador del departamento de Difusi�n Cultural en la Universidad. Tambi�n de Juan Mart�n, jefe de Redacci�n de la Revista de la Universidad y encargado de formarla con Carlos Vald�s como ayudante.

Juan Mart�n formaba la revista en las calles de Bolivia donde estaba la Imprenta Universitaria. Lo acompa�� a formarla desde entonces. Luego cuando �l renunci�, Jaime me nombr� a m� jefe de Redacci�n. El departamento de Publicaciones se traslad� a un edificio aparte en la Ciudad Universitaria. Difusi�n Cultural cont� con m�s espacio y ah� estuvo tambi�n el departamento de Prensa dirigido por Rosario Castellanos.

Simult�neamente, la Imprenta se cambi� al edificio ocupado por Publicaciones. Debo agregar que las imprentas en aquella �poca eran preciosas, con linotipos cuyo aspecto era impresionante, con cajistas que terminaban de darle forma a los libros o revistas manualmente. Empec� a ganarme la vida, una vida bastante limitada en el aspecto econ�mico. Me cas� por segunda vez; con Mercedes de Oteyza.

Con la ayuda de Jaime, la Fundaci�n Rockefeller me dio una beca para estar en Nueva York cuando mi hija Mercedes hab�a nacido.

Durante los primeros meses mi hija se qued� en M�xico para evitarle el fr�o y mientras encontr�bamos departamento en Manhattan donde aceptaran ni�os. Finalmente ocupamos uno en la calle 94 a unos pasos de Central Park. Fue una �poca decisiva.

El teatro, por el que me hab�an dado la beca para observarlo, nunca me interes� pero escrib� Doce y una trece, mi pen�ltima obra de teatro, que contradec�a al teatro comercial.

En cambio me aceptaron como observador en el Actor's Studio donde escuch� las palabras pretenciosas de Lee Strasberg y las confesiones sobre sus vidas de m�ltiples actores para explicar cu�l hab�a sido el motivo de elegir las escenas para representar pues se cre�a en el m�todo Stanislavski de la memoria de emociones.  

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Lo verdaderamente importante era estar en Nueva York

Esos chismes de los actores eran muy divertidos para m�, aunque ellos los tomaban en serio. Pero lo en verdad importante era el hecho de estar en Nueva York y gozar de la ciudad y sus m�ltiples atractivos. Ibamos mucho al Museo Guggenheim, al Metropolitano y al de Arte Moderno; �bamos a Central Park y al Village donde en uno de los peque�os teatros que estaban ah�, vimos la �pera de los tres centavos de Bertolt Brecht con m�sica de Kurt Weil.

Luego la Rockefeller nos dio el dinero para ir a Europa y un pase de ferrocarril en primera. Muchas veces los vigilantes no cre�an que pudi�semos viajar en primera debido al aspecto zarrapastroso de Meche y m�o que �bamos a pensiones baratas para ahorrar cuando en realidad �ramos riqu�simos gracias a la generosidad de la beca.

Meche regres� brevemente a M�xico desde Par�s para dejar a nuestra hija Mercedes. As� de ricos �ramos. En Par�s estaba trabajando para la Secretar�a de Relaciones Exteriores, Octavio Paz. �l nos hab�a reservado un cuarto en el hotel Londres que ocupaba un viejo y hermoso edificio con una gran tradici�n en la Rue Bonaparte. Ah� vivi�, por ejemplo, Strindberg.

Durante el viaje a Europa fuimos a la famosa Torre Azul en Estocolmo donde hab�a vivido Strindberg y se hab�a creado un museo con todos sus objetos, entre ellos sus retortas de alquimista. El encargado de vigilarlo se asombr� al saber que �ramos de M�xico. No pudimos ir a Espa�a porque M�xico no ten�a relaciones diplom�ticas con el gobierno de Franco y s�lo se pod�an sacar visas desde la Ciudad de M�xico.

Pero comparable con el Museo del Prado en pintura s�lo es el de Viena. Nuevamente el teatro me interes� poco aunque en Par�s vimos una magistral escenificaci�n de Esperando a Godot de Becket y fuimos al Berl�n Oriental antes de que existiese el muro, para ver obras de Brecht. Pero lo m�s sensacional eran siempre los museos.  

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En Viena se afirm� mi decisivo amor por la pintura

Mi decisivo amor por la pintura se afirm� entonces. Regresamos a Nueva York mucho despu�s de lo previsto y en la Rockefeller lo lamentaron, pues quer�an darme la beca por otro a�o. Pero yo en el fondo deseaba regresar a M�xico y escribir.

Fui admitido de nuevo en Difusi�n Cultural. En la Revista de la Universidad publiqu� casi todos mis primeros cuentos. Despu�s de cinco a�os de aparente silencio y fren�tica dedicaci�n a la literatura, en 1963 apareci� mi libro de relatos La noche y mis cuentos con el t�tulo de Imagen primera.

Casado con Meche escrib� La noche, Imagen primera, mis novelas Figura de paja, La casa en la playa y empec� La presencia lejana; publiqu� mi libro de ensayos Cruce de caminos y un texto sobre Paul Klee.

En tanto naci� nuestro hijo Juan. Unos a�os despu�s, Meche y yo nos divorciamos en la forma m�s amigable, al grado de que ella sigui� visit�ndome con Juan y Mercedes todos los d�as. Despu�s de una vida bastante desordenada y de terminar La presencia lejana, yo ya estaba con Mich�le Alban.

Con ella escrib� mi largo libro El reino milenario sobre Robert Musil, al que considero el mejor escritor del siglo XX; el cuento �El gato�; La caba�a; una autobiograf�a precoz encargada por un editor, sin muchos elementos biogr�ficos y que m�s bien era un ensayo sobre lo que para m� era la tarea del escritor; Desconsideraciones; Cinco ensayos y reun� mis ensayos sobre pintura en La aparici�n de lo invisible y mis ensayos sobre literatura en Entrada en materia.

Difusi�n Cultural cambi� porque con el complot contra el Dr. Ch�vez pas� a ser jefe Gast�n Garc�a quien primero nos mand� a nuestra casa porque de acuerdo con los reglamentos de la Universidad no pod�a despedirnos y luego, ya que nadie pod�a hacer la revista volvi� a llamarme.  

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Acept� pero en seguida volvi� a mandarme a mi casa porque �l era nacionalista y yo me opuse a que la Revista de la Universidad fuese as�. Despu�s despidi� a Juan Vicente Melo acus�ndolo veladamente de homosexual.

Todos los que hab�amos hecho con �l La Casa del Lago que bajo su direcci�n, despu�s que se fuera Tom�s Segovia a Uruguay fue, igual que con Tom�s, el centro de cultura m�s importante de M�xico, renunciamos y en respuesta a un art�culo de Garc�a Cant� extremadamente mentiroso en la revista Siempre: hice un ensayo feroz contra �l publicado en el mismo lugar.

En La Casa del Lago se le�a poes�a, se daban conferencias, se hac�a teatro, hab�a exposiciones y conciertos y hasta un cineclub. Yo colabor� en ella indirecta, pero muy activamente y adem�s di muchas conferencias escritas previamente, que despu�s alimentaron mis libros de ensayos. Una �poca hab�a terminado.

Enfermo de esclerosis en placas, particip� en el Movimiento del 68

Fue entonces cuando me enferm� de esclerosis en placas y empec� a usar bast�n y luego a necesitar una silla de ruedas. Durante el Movimiento Estudiantil del 68, particip� activamente desde el principio formando con Nancy C�rdenas un comit� de intelectuales que publicaba desplegados contra D�az Ordaz y por primera vez en mi vida publiqu� notas sobre pol�tica.

Me detuvieron al salir de Exc�lsior junto con Nancy C�rdenas y el �Pel�n� Vald�s dado que por mi silla de ruedas me confundieron con Marcelino Perey�. La detenci�n fue muy violenta, pero esa misma noche nos dejaron libres al comprobarse la confusi�n.

Vino la matanza de Tlaltelolco y despu�s de ella hicimos la presentaci�n de mi libro Nueve pintores mexicanos, m�s que nada para demostrar que los artistas no est�bamos asustados. Debo decir con orgullo que los pintores j�venes sobre los que escrib� en este libro forman lo que ahora se llama Generaci�n de la Ruptura; s�lo me falt� mencionar a Cuevas y a Toledo.

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Despu�s de consultar a un m�dico particular al principio de mi enfermedad, quien fue el que me dijo que ten�a esclerosis en placas, me intern� en Neurolog�a por consejo de Augusto Fern�ndez Guardiola.

El m�dico que me atendi� fue el Dr. Rubio, quien predijo que me iba a morir muy pronto y como gran consuelo me recet� v�liums. �Valiente consuelo! Me doy ahora el gusto de decir que el Dr. Rubio era un imb�cil que trataba a los enfermos con una falta de tacto absoluta.

Sal� de Neurolog�a y no me mor�, pero ten�a la amenaza de la muerte todo el tiempo. Yo escrib�a a mano aunque ten�a una letra inmunda y peque�a y mala. De escribir a mano, por mi enfermedad, pas� a escribir a m�quina. Por fortuna ya estaba acostumbrado a eso pues los ensayos s� los escrib�a directamente a m�quina.

Al salir de Neurolog�a, escrib� sin parar

Al salir de Neurolog�a escrib� sin parar. En un solo a�o, La vida perdurable, El nombre olvidado, El libro y mi relato largo �La gaviota�. Desde �El gato� y La caba�a, todo muy relacionado con la transgresi�n al orden establecido. Debo hacer una aclaraci�n que me parece importante.

Ya en La presencia lejana narrada en tercera persona al contrario que en mis novelas anteriores, que est�n en primera persona, el cambio empieza y la transgresi�n se hace m�s evidente. En ella la relaci�n entre los dos personajes principales Roberto y Regina es ad�ltera pues ella est� casada y probablemente el final se�ala que va a dejar a su marido.  

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A partir de mi ensayo sobre Musil, decid� que la naturaleza de mi literatura deb�a ser diferente. En las novelas escritas despu�s hay siempre un tercero, animales u objetos. Los perros en La vida perdurable, el bosque en El nombre olvidado, el libro en El libro y luego ese tercero es definitivamente un hombre o varios hombres en Cr�nica de la intervenci�n y De �nima, donde la transgresi�n es evidente desde el escandaloso principio de la novela: �Quiero que me cojan todo el d�a y toda la noche, lo dijo, eso fue lo que dijo�, piensa Esteban en su mon�logo interior sobre Mariana.

Recuerdo todav�a que yo ya no sent�a nada, al grado de que en Neurolog�a me sacaron l�quido raqu�deo sin ninguna anestesia. Pero los necios triunfan. No me mor�, como se ve, y un d�a, yo que pasaba las tardes leyendo en mi antigua cama de soltero y las ma�anas escribiendo, sent� entre las piernas la presencia de Clarisa, la bella gata negra que me hab�a regalado Mich�le.

Se lo dije con alborozo. No s� por qu� ocurri�. Augusto Fern�ndez Guardiola dice que eso es imposible; pero pas�. Despu�s escrib� La invitaci�n y Uni�n, publiqu� Encuentros, formado por los relatos �El gato�, �La plaza�, y �La gaviota� (este libro mereci� el honor de que Octavio Paz escribiese sobre �l una nota explicando su sentido); Thomas Mann vivo (el origen de este ensayo puede tener algo humor�stico. En el Instituto Goethe me pidieron una conferencia sobre Thomas Mann y cuando yo les pregunt� qu� parte de Thomas Mann, ellos me dijeron �Todo lo que sepa�. Di una conferencia que dur� cuatro horas. La mayor�a del p�blico se aguant� todo el tiempo e incluso me aplaudieron. Para que aprendan los alemanes lo que un mexicano puede saber de sus autores.)

Publiqu� el libro sobre Vicente Rojo; �El gato� se convirti� en novela; Trazos, una colecci�n de ensayos; un libro con el interminable t�tulo Teolog�a y pornograf�a. Pierre Klossowski en su obra: una descripci�n y mis libros de cr�tica de arte Rufino Tamayo, Manuel Felguerez y Leonora Carrington.

Cr�nica de la intervenci�n incluye 
variedad de estilos y formas literarias

Si yo ya estoy cansado de tanta enumeraci�n, ustedes deben estar hartos; pero mi vida est� hecha s�lo de literatura.

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Lo importante es que fue Mich�le la que logr� que le dictara cuando mi enfermedad avanz� a�n m�s y ya no pod�a mover los brazos. As� hice mi novela m�s larga, que yo considero mi obra m�s importante, Cr�nica de la intervenci�n publicada en dos tomos por imitar a Musil y que tiene 1562 p�ginas alimentadas por una variedad de estilos y de formas literarias: el mon�logo interior, la cr�nica objetiva y muchas m�s; pensando en Cr�nica de la intervenci�n me doy cuenta de que mis temas obsesivos son el amor, el erotismo, la muerte, la locura y la identidad.

Esos temas usados por separado est�n inscritos tambi�n en las obras que he enumerado y en las posteriores. Pero explicar esto con cada obra har�a su menci�n a�n m�s interminable. Escrib� otra novela, De �nima. En silla de ruedas di muchas conferencias y daba clases. Al cumplirse cien a�os del nacimiento de Robert Musil particip� en una mesa redonda infinitamente larga.

Yo fui el �ltimo en hablar y mi intervenci�n s�lo dur� diez minutos. El agregado cultural de la Embajada de Austria estaba ah� y me dijo que iba a tratar de conseguirme una condecoraci�n de la Rep�blica de Austria. Triunf� en su empe�o y me dieron la Cruz de Honor por Ciencias y Artes de Primera Clase. Pero al empezar a hablar en esa mesa redonda me di cuenta de que no ten�a voz y le ped� a mi hijo Juan que estaba junto a m� que me metiera casi el micr�fono en la boca. �sa fue la �ltima conferencia que pude dar. Me gusta que su tema fuese Musil.

Despu�s que tuve pulmon�a por primera vez, me di cuenta que para Mich�le ya era una liberaci�n dejar de estar conmigo, le ped� que se fuera y se fue. De todas maneras le estoy muy agradecido y recuerdo como un tiempo muy importante el que estuvimos juntos.

M�s adelante tuve varios secretarios. Entre ellos el ahora famoso poeta Jos� Luis Rivas al que le dict� otro libro de cuentos, Figuraciones.

Con diferentes secretarios escrib� mi �ltima obra de teatro, Cat�logo razonado; mis libros de ensayos La errancia sin fin, Las huellas de la voz e Im�genes y visiones; mis libros de cr�tica de arte Diferencia y continuidad, que es un libro sobre Manuel Felguerez, y Una lectura pseudogn�stica de la pintura de Balthus.

Con otra secretaria, Graciela Mart�nez-Zalce, escrib� la novela Inmaculada o los placeres de la inocencia, francamente pornogr�fica y que por eso tal vez tuvo mucho �xito de ventas, y tuve la �ltima y m�s grave pulmon�a, al grado de que me entubaron y estuve en terapia intensiva; lo que fue terrible.

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Luego afortunadamente apareci� Mar�a Luisa Herrera, mi ayudante desde hace once a�os. A ella le he dictado Pasado presente, mi �ltima novela hasta ahora; los cuentos que forman Cinco mujeres; Ante los demonios, un muy largo ensayo dedicado a la figura de Heimito von Doderer; mi libro Personas, lugares y anexas, en el que est� incluida una declaraci�n de amor al lugar donde nac�, M�rida, Yucat�n y a otros lugares y amigos, entre ellos Juan Vicente Melo, quien fue hasta su muerte un gran amigo m�o; otro libro de ensayos De viejos y nuevos amores y mis libros de cr�tica de arte Manuel Felguerez y Las formas de la imaginaci�n. Vicente Rojo en su pintura.

Juan Rulfo, un nombre inmortal dentro de la literatura

Es todo. Mi hija Mercedes tiene cuarenta y un a�os, vive en Oxford, Inglaterra y tiene una hija y un hijo. Mi hijo Juan ya cumpli� treinta y nueve a�os, vive en Madrid y tiene dos hijas. Meche sigue viniendo a visitarme todos los d�as que puede y comemos juntos todos los domingos. Afortunadamente volvi� a casarse con mi amigo Manuel Felguerez.

Yo sigo tratando de hacer nuevos libros, a pesar de que la enfermedad sigue avanzando y me ha deteriorado tanto que necesito sostener el cuello con una tela agregada a mi silla de ruedas; un invento que le debo a Manuel Felguerez, y s�lo Mar�a Luisa entiende bien mi voz, de manera que siempre que vienen a hacerme una entrevista, antes de contestar le digo a ella: �Trad�ceme�.

Ahora s�lo me queda recordar que en alguna ocasi�n, para pedirle su firma de apoyo por alg�n l�o burocr�tico, llam� a Juan Rulfo y despu�s de darme permiso para utilizar su nombre, me coment� con una mal disimulada nostalgia: �Y t� escribe que'te escribe�. Le contest� que s� y pienso que deb� haber agregado: �Pero nada comparable a El llano en llamas y Pedro P�ramo�.

Ahora, si pudiera hablarle por tel�fono, le dir�a: �S�, sigo escribe que'te escribe y gracias a ello hasta he ganado el premio que muy merecidamente lleva tu nombre, un nombre inmortal dentro de la literatura�.


Discurso pronunciado el 24 de noviembre de 2001, con motivo de la entrega del Premio Juan Rulfo.

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Juan Garc�a Ponce Es escritor mexicano.

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