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23 de mayo de 2001


Tribuna de opini�n

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ANUNCIACI�N FERN�NDEZ ANT�N *
La prosa de Luis Mateo D�ez rebosa ritmo

El �molde r�tmico� no es siempre el mismo
El ritmo es interno y depende de c�mo lo siente el autor

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Siempre que Luis Mateo D�ez me dedica uno de sus libros, escribe as�: �Para la que m�s sabe de mi gram�tica�. Pero yo prefiero hablar del ritmo de la prosa, tema central de la tesis que le� en la Universidad Complutense en mayo del 95 y que ahora resumo:

Es indudable que en la prosa de Luis Mateo D�ez se percibe una gran musicalidad. Esta sensaci�n se acent�a en los inicios de cap�tulo, y de modo especial en los que encabezan cada novela, precisamente por tratarse de los fragmentos m�s trabajados, aquellos a los que el autor ha tenido que volver una y otra vez hasta conseguir dar con la forma definitiva que sirva de arranque a todo el relato.

Ve�moslo en el fragmento que inicia La fuente de la edad donde la disposici�n de los grupos de acento: 3-5-4-6-5-4-3 permite ver de una clara simetr�a:

Bajo esa sombra � primeriza � del oscurecer-3

que parece � una cortina � granate � en el relumbre � de junio- 5

Jacinto � se evade � con el gesto � de la sabandija � 4.

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Tiene � la atm�sfera- un vago � esplendor � de flores- cautivas � 6

yerbas- quemadas- alientos- lejanos � de pinar �5

r�fagas � inocentes � que expanden � sobre la ciudad � 4

el aroma � de la arboleda � y de las vegas �3.

Mi hip�tesis es que el ritmo se logra por medio de un molde f�nico, pero un molde que bien pudiera ser anterior a la letra y que, por consiguiente, al escritor le estuviera martilleando en la cabeza en un tiempo previo al acto de escribir.

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El �molde r�tmico� no es siempre el mismo

Adem�s, este �molde r�tmico� no tiene por qu� ser siempre el mismo: De hecho, la medida en cl�usula r�tmicas que aplicamos siguiendo a Canellada y Madsen, revel� una gran regularidad en el comienzo del cuento titulado �Mi t�o C�sar�[1], un prodigio de equilibrio de forma y fondo:

Si de/ todos/ mis parientes// 4

guardo/ yo un re / cuerdo bas / tante/ deta / llado// 6

-porque / dicen que/ no hay me/ moria/ fami/ liar/ m�s codi/ 7

ciosa que/ la del/ hu�rfano// 3

tan/ dado a/ afe /rrarse/ a lo/ poco que/ tiene// 7

 pues/ serlo su/ pone// 3

 entre/ otras / cosas// 3

 es/ tar pri/ vado/ de lo/ m�s/ impor / tante-// 7

del que me/ queda/ m�s in / tenso/ es// 5

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sin/ duda// 2

 de mi/ t�o/ C�sar//3

 y eso/ que pa/ s� por mi/ vida// 5

-y no di/ gamos por/ la de mi/ t�a/ Bria-//6

 como/ una/ nube/ de ve/ rano// 5 

La regularidad es sorprendente: los grupos f�nicos, uni�ndose de dos en dos �o de tres en tres- van formando ramas de 10 pies, si exceptuamos la pen�ltima que presenta una diferencia m�nima. �nicamente queda suelto el �ltimo grupo, que forma as� un ap�ndice con los anteriores: 10,10, 10, 10, 10, 11, 5. Pero �sta que podemos llamar alteraci�n m�nima, no hace m�s que confirmar la armon�a existente entre la forma y el fondo, pues este final tajante e inesperado, llama as� la atenci�n sobre su contenido, que ejerce una funci�n anticipadora, y que desde aqu� va a posarse como una sombra sobre todo el resto de la narraci�n. Es incuestionable que dentro del p�rrafo se da una apabullante regularidad.

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El ritmo es interno y depende de c�mo lo siente el autor

El ritmo tiene que ver con el tema, depende de la naturaleza del contenido �de hecho, se da sobre todo en los fragmentos narrativos y descriptivos- y ya �ntimamente ligado al tempo del narrador. O sea que, seg�n cu�les sean en cada caso estos elementos, al autor se la puede �martillear� en el o�do de una forma u otra completamente distinta, la distribuci�n no tiene por qu� ser la misma. Se tratar�a en cada caso de descubrir c�mo ha vivido �l ese ritmo, su ritmo interno.

En Ap�crifo del clavel y la espina, libro en el que este �molde� f�nico es m�s claro que en ning�n otro, por afectar a un n�mero mayor de fragmentos, el narrador declara, ya en la primera p�gina, que es un anciano que espera la muerte en un asilo:

�Los labios no pudieron atarme el secreto doloroso de tantos sucesos porque esta cr�nica es como la miel agridulce que todav�a puede aliviarlos de su reseco escozor, y porque ahora son m�s largas las estaciones, m�s reposadas las palabras que el mismo gusto del amanuense me inclina a confesar, y m�s lentos los d�as que s�lo divide la campana para la colaci�n y las oraciones, en este Asilo de San Bernardo de Valdera�.

Ap�crifo del clavel y la espina, p�g. 15.

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El texto, solidario de fondo y forma, est� plagado de alusiones a un tempo lento que va a regir el talante del narrador y, por tanto, el ritmo de su escritura: hay una enumeraci�n de tres elementos: m�s largas las estaciones, m�s reposadas las palabras..., m�s lentos los d�as... en los que la longitud va aumentando en una progresi�n que bien podr�amos llamar, en t�rminos globales, geom�trica, hacia el final del per�odo �algo a lo que ya nos tiene muy acostumbrados este autor- y que redunda en una lentitud tambi�n progresiva. Pero sobre todo es el segundo miembro, m�s reposadas las palabras..., el que advierte claramente al destinatario de la cr�nica de lo que se va a encontrar.

Y en p�ginas sucesivas se sigue explayando con una minuciosidad y una delectaci�n en los detalles que habla bien a las claras de que el narrador no tiene�entre otras cosas- ninguna prisa: �Sin demasiado convencimiento tom� un d�a la pluma para escribir esta cr�nica que acaso quede en alg�n ba�il de la enfermer�a, bordda en sepia y en ceniza, lacrada en un sobre de papel amarillo, con sus ronchas de humedad y sus huellas de olvido�, �dem, 16.

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Y que acaso quede en alg�n lugar de la enfermer�a [...] // 15 con sus ronchas de humedad y sus huellas de olvido // 14
 

el significado quedar�a completo y, adem�s, los dos miden lo mismo, las mismas s�labas, lo que, volviendo a la cuesti�n del ritmo f�nico, nos da pie para pensar que los grupos f�nicos intermedios vienen a ser como un relleno con el que completar el �molde� que pide mayor �expansi�n� antes de llegar al final.

Tempo lento, pues, de amplios per�odos, de oraciones largas y de grupos f�nicos tambi�n largos.

Los ejemplos son escasos pero muy significativos. Por otra parte, Luis Mateo D�ez ha mostrado su total acuerdo con mi toer�a del molde o cors� f�nico. No hay duda de que, aunque �ste se produzca de forma espont�nea, tiene sus ra�ces en la formaci�n literaria oral y se fragua posteriormente en el esfuerzo del autor por corregir una y mil veces determinados fragmentos hasta dar con la forma deseada. De hecho, �l mismo me ha confesado que, mientras escrib�a,Ap�crifo del clavel y la espina, el m�s deudor de sus libros con lo oral, los metros se le impon�an de tal modo, que ten�a que esforzarse por evitarlos, cosa que tambi�n he podido comprobar.


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Anunciaci�n Fern�ndez Ant�n
       
 
Es doctora por la Universidad Complutense de Madrid, Espa�a.

[1]
Publicado en Cuento Espa�ol Contempor�neo, C�tedra, 1993, pp. 97-105

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