23 de mayo de 2001 |
| Tribuna de opini�n | ||
ANUNCIACI�N
FERN�NDEZ ANT�N *
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Es
indudable que en la prosa de Luis Mateo D�ez se percibe una gran
musicalidad. Esta sensaci�n se acent�a en los inicios de cap�tulo, y
de modo especial en los que encabezan cada novela, precisamente por
tratarse de los fragmentos m�s trabajados, aquellos a los que el autor
ha tenido que volver una y otra vez hasta conseguir dar con la forma
definitiva que sirva de arranque a todo el relato. Ve�moslo
en el fragmento que inicia La
fuente de la edad donde la disposici�n de los grupos de acento:
3-5-4-6-5-4-3 permite ver de una clara simetr�a: Bajo
esa sombra � primeriza � del oscurecer-3 que
parece � una cortina � granate � en el relumbre � de junio- 5 Jacinto � se evade � con el gesto � de la sabandija � 4. | ||
yerbas-
quemadas- alientos- lejanos � de pinar �5 r�fagas
� inocentes � que expanden � sobre la ciudad � 4 el
aroma � de la arboleda � y de las vegas �3. Mi hip�tesis es que el ritmo se logra por medio de un molde f�nico, pero un molde que bien pudiera ser anterior a la letra y que, por consiguiente, al escritor le estuviera martilleando en la cabeza en un tiempo previo al acto de escribir. | ||
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de
mi/ t�o/ C�sar//3 y
eso/ que pa/ s� por mi/ vida// 5 -y
no di/ gamos por/ la de mi/ t�a/ Bria-//6 como/
una/ nube/ de ve/ rano// 5 La regularidad es sorprendente: los grupos f�nicos, uni�ndose de dos en dos �o de tres en tres- van formando ramas de 10 pies, si exceptuamos la pen�ltima que presenta una diferencia m�nima. �nicamente queda suelto el �ltimo grupo, que forma as� un ap�ndice con los anteriores: 10,10, 10, 10, 10, 11, 5. Pero �sta que podemos llamar alteraci�n m�nima, no hace m�s que confirmar la armon�a existente entre la forma y el fondo, pues este final tajante e inesperado, llama as� la atenci�n sobre su contenido, que ejerce una funci�n anticipadora, y que desde aqu� va a posarse como una sombra sobre todo el resto de la narraci�n. Es incuestionable que dentro del p�rrafo se da una apabullante regularidad. | ||
El
ritmo tiene que ver con el tema, depende de la naturaleza del contenido
�de hecho, se da sobre todo en los fragmentos narrativos y
descriptivos- y ya �ntimamente ligado al tempo del narrador. O sea que,
seg�n cu�les sean en cada caso estos elementos, al autor se la puede
�martillear� en el o�do de una forma u otra completamente distinta,
la distribuci�n no tiene por qu� ser la misma. Se tratar�a en cada
caso de descubrir c�mo ha vivido �l ese ritmo, su ritmo interno. En
Ap�crifo del clavel y la espina,
libro en el que este �molde� f�nico es m�s claro que en ning�n
otro, por afectar a un n�mero mayor de fragmentos, el narrador declara,
ya en la primera p�gina, que es un anciano que espera la muerte en un
asilo: �Los
labios no pudieron atarme el secreto doloroso de tantos sucesos porque
esta cr�nica es como la miel agridulce que todav�a puede aliviarlos de
su reseco escozor, y porque ahora son m�s largas las estaciones, m�s
reposadas las palabras que el mismo gusto del amanuense me inclina a
confesar, y m�s lentos los d�as que s�lo divide la campana para la
colaci�n y las oraciones, en este Asilo de San Bernardo de Valdera�. Ap�crifo del clavel y la espina, p�g. 15. | ||
Y en p�ginas sucesivas se sigue explayando con una minuciosidad y una delectaci�n en los detalles que habla bien a las claras de que el narrador no tiene�entre otras cosas- ninguna prisa: �Sin demasiado convencimiento tom� un d�a la pluma para escribir esta cr�nica que acaso quede en alg�n ba�il de la enfermer�a, bordda en sepia y en ceniza, lacrada en un sobre de papel amarillo, con sus ronchas de humedad y sus huellas de olvido�, �dem, 16. | ||
el
significado quedar�a completo y, adem�s, los dos miden lo mismo, las
mismas s�labas, lo que, volviendo a la cuesti�n del ritmo f�nico, nos
da pie para pensar que los grupos f�nicos intermedios vienen a ser como
un relleno con el que completar el �molde� que pide mayor �expansi�n�
antes de llegar al final. Tempo
lento,
pues, de amplios per�odos, de
oraciones largas y de grupos f�nicos tambi�n largos. Los ejemplos son escasos pero muy significativos. Por otra parte, Luis Mateo D�ez ha mostrado su total acuerdo con mi toer�a del molde o cors� f�nico. No hay duda de que, aunque �ste se produzca de forma espont�nea, tiene sus ra�ces en la formaci�n literaria oral y se fragua posteriormente en el esfuerzo del autor por corregir una y mil veces determinados fragmentos hasta dar con la forma deseada. De hecho, �l mismo me ha confesado que, mientras escrib�a,Ap�crifo del clavel y la espina, el m�s deudor de sus libros con lo oral, los metros se le impon�an de tal modo, que ten�a que esforzarse por evitarlos, cosa que tambi�n he podido comprobar. | ||
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