27 de junio de 2001 |
| Tribuna de opini�n | ||
| SERGIO
MAC�AS: La Casa de las Flores
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| La
Casa de las Flores, sita en el barrio de Arg�elles, donde vivi� el
poeta Pablo Neruda, autor de Espa�a en el coraz�n, es en este mes de
junio (que nombra en su poema �Explico algunas cosas�), por iniciativa
de la Embajada de Chile en Espa�a con el patrocinio de la Fundaci�n
Telef�nica, la colaboraci�n de la Fundaci�n que lleva su nombre y el
Ayuntamiento de Madrid, el centro de una actividad cultural importante
con motivo del treinta aniversario del otorgamiento del Premio Nobel de
Literatura. Sin
duda, los destacados artistas participantes de Chile, Argentina y Espa�a:
el actor Julio Jung, el concertista en guitarra Eulogio D�valos, el
cantautor Paco Ib��ez, el bandoneonista Enrique Teller�as, el actor,
presentador y declamador Rafael Taibo, el cantante Lucho Roa, el poeta y
guionista Rolando Mix, la pianista Gloria D�valos y la soprano Mar�a
Luz Mart�nez, actualizan una parte de la memoria hist�rica y literaria
de Madrid. El
lugar elegido, el jard�n que a�n perdura desde el tiempo en que ah�
estuvo el hogar del poeta, durante los a�os que se desempe�� como C�nsul
de Chile. | ||
La Casa de las Flores constituy� un s�mbolo de la vanguardia arquitect�nica de los a�os 30, cuando fue dise�ada por el arquitecto Secundino Zuazo Ugalde, y realizada tambi�n por los alemanes Miguel Fleischer y Hermann Jansen. Luego pas� a ser una referencia po�tica de gran valor en la obra del chileno, Premio Nobel de Literatura, Pablo Neruda. Y se sigue perpetuando como la m�xima expresi�n arquitect�nica de entonces, y como testimonio del hogar y centro de las tertulias po�ticas que organizaba el vate sure�o con sus amigos de la generaci�n del veintisiete. El
poeta dej� testimonio de su paso por Espa�a en muchas partes de su
obra, pero especialmente de esta casa que para �l fue fundamental, pues
en ella form� su hogar y nace su �nica hija que muere a los ocho a�os
en Par�s. En
el poema Explico algunas cosas, habla de su vida que transcurre en el
barrio de Arg�elles. Le
agradaba confundirse entre la gente, ir al mercado que le atra�a por la
agitaci�n que reinaba entre pescader�as y negocios colmados de mercanc�as.
�l visitaba no lejos de ah� a Rafael Alberti, en la calle de Urquijo
esquina de Ferraz. Al parecer el poeta gaditano fue el que influy� para
que viviera en esa parte de la capital. Incluso en una oportunidad
llegaron a una de las esquinas de la Casa de las Flores, donde
actualmente hay un banco, para entrar a una cervecer�a y decidir en
alquilar. | ||
Ya Espa�a se iba agitando peligrosamente. A Pablo Neruda le hab�an destinado c�nsul de su pa�s, en 1934, despu�s de estar brevemente en Barcelona. En el consulado trabaj� con su compatriota, tambi�n escritor, Luis Enrique D�lano. En Madrid nace el hijo de �ste, Poli D�lano, narrador de prestigio, a quien recuerda Concha Zardoya cuando lo tuvo sentado sobre sus piernas con un impecable traje de marinerito. Tambi�n,
en este Madrid a�n de tertulias, el poeta conoce a la �Hormiguita�,
Delia del Carril, argentina, la que ser� su nueva mujer. Neruda
se impresiona con aquellas calles espl�ndidas y un edificio casi nuevo
que ocupa una manzana, en cuyos balcones cuelgan geranios. Existen
varios locales comerciales y, adem�s, entran por sus diferentes puertas
familias bulliciosas con chiquillos y hasta perros. Se
le produce un inusitado inter�s por tener su morada entre ellos.
Observa el edificio se�orial con caracter�sticas populares. Recorre
con su paso cansino las calles que rodean la casa, y en una de ellas, la
de Gaztambide, ve que en el portal veintiuno est� un aviso de alquiler.
Se trata de un piso desocupado en el bajo B, que consta de tres
dormitorios, un hall relativamente amplio, un cuarto de ba�o, pero que
no da a la fachada exterior, sino al interior. En uno de los costados
sus ventanas colindan con un amplio jard�n. All� vive unos meses, en
1934, pero busca otro en el mismo edificio al que le llegue el sol. Su nueva morada, como lo afirma en sus Memorias, est� ubicada en el quinto piso de las calles que quedan al otro extremo de la anterior: Hilari�n Eslava y Rodr�guez Sampedro. �sta le agrada m�s porque est� en altura y tiene un balc�n en el que coloca una mesa con sillas para compartir el vino, el queso y el jam�n que acostumbraba con los poetas Federico Garc�a Lorca, Rafael Alberti, Ra�l Gonz�lez Tu��n, Manuel Altolaguirre, Acario Cotapos, Serrano Plaja, Jos� Caballero, Antonio Aparicio, etc. En el poema mencionado recuerda que la luz de junio se derramaba sobre su terraza iluminando el pan de la poes�a. | ||
Los
arquitectos aprovechan extraordinariamente el espacio, la luz, patios,
pasillos para a su vez dar mucha aireaci�n. Existe en ello un objetivo
social, edificar viviendas confortables a un precio asequible. A
Neruda le dol�a la guerra entre espa�oles A
causa de la guerra civil abandona Espa�a. En Par�s, como C�nsul para
la inmigraci�n espa�ola, se dedica a organizar el viaje de dos mil
refugiados espa�oles en el Winipeg (viejo barco de carga franc�s con
nombre canadiense que s�lo pod�a transportar una docena pasajeros). Su poes�a cambia totalmente como lo afirma en la parte final del poema Explico algunas cosas, porque se empapa de los avatares sociales y pol�ticos. En marzo de 1939, cuando escribe Tercera Residencia, en Las Furias y las Penas, expresa como breve introducci�n que le duele la guerra entre espa�oles y, por eso, su creaci�n se ha transformado: �El mundo ha cambiado y mi poes�a ha cambiado�. | ||
Cuando regresa a Madrid, lo primero que hace es visitar el piso que tuvo que dejar abandonado, le acompa�a su otro gran amigo, Miguel Hern�ndez. Encuentra su casa da�ada por el fuego de la artiller�a. Sus libros desparramados por el suelo, con manchas de sangre y algunas m�scaras de su colecci�n destruidas. Las hab�a tra�do desde Asia, las otras seguramente se las llevaron los milicianos o los mercenarios o los soldados para caminar con ellas y asustar al enemigo. La
crueldad y el dolor hacen de poes�a un arma por la libertad Con
respecto a la guerra civil y a su creaci�n, en Confieso que he vivido,
en el cap�tulo seis, vuelve a reiterar que el dolor, la crueldad, la
tragedia le lleva a considerar que su poes�a debe ser tambi�n un arma
en la lucha por la libertad. La
Casa de las Flores fue refugio y proyecci�n para su nueva actitud est�tica.
En ella entabl� amistad con el escultor Alberto S�nchez, quien a�os
despu�s expuso sus esculturas en el pabell�n de Espa�a, en 1937,
junto a Picasso y Mir�. Un
d�a que Neruda estaba enfermo en cama, lleg� el artista a contarle que
estaba muy dolido por la actitud de muchos madrile�os que rechazaban el
realismo de sus obras. Neruda, entonces se levant� de su lecho y fue
con �l a la sala de exposiciones donde �ste expon�a. Estaba
totalmente desierta, sin pensarlo m�s tomaron la determinaci�n de
desmontar inmediatamente las esculturas. Luego para pasar la pena
entraron a una taberna a beber un �spero vino de Valdepe�as. El
escritor otorga a sus casas un sentido humano En esa casa, as� como sucedieron muchas historias, unas cuantas ediciones hermosas fueron llenando sus estanter�as, como la de Garcilaso, del a�o 1549, o la de G�ngora del siglo XVII que la compr� por mensualidades en la Librer�a de Garc�a Rico al precio de cien pesetas. | ||
En el a�o 1976 se public� una ponencia del autor de este art�culo, sobre La �Casa� como s�mbolo po�tico en la obra de Pablo Neruda, por la Academia de Ciencias de Hungr�a, en la cual se demuestra que el s�mbolo se adentra en su ser, se posesiona, se identifica con las cosas y el devenir. Se impregna de la misma substancia coherente y sonora del creador. La casa es poetizada con intenci�n hist�rica. Es una de las im�genes en su poes�a que no tiene ruptura. Hay una trayectoria, una continuidad dial�ctica. Una constancia. Al
poeta le acompa�a siempre este s�mbolo en forma pat�tica y est�
unida a su trayectoria vital, solidaria y tr�gica. A todas sus casas,
desde la infancia hasta las que alquila en diferentes lugares, y las que
luego levanta tabla a tabla, les da un sentido humano porque pasan a ser
parte de la persona: �La casa / sigue subiendo / y algo pasa, un latido
circula en sus arterias�. La casa late porque hay coraz�n, arterias,
cuerpo en movimiento: �La casa crece y habla, / se sostiene en sus pies�. Finalmente
construye su morada en la poes�a para que todo el mundo viva en ella.
De las casas que habit�, la de Arg�elles tiene como hemos visto una
trascendencia esencial. Volvemos a comprobarlo ahora, con la realizaci�n
de una actividad literaria y art�stica en el mismo sitio donde vivi� y
proyect� su vida. �ste es el lugar amado y tambi�n dolido, en que da
un nuevo contenido a su creaci�n tel�rica, oce�nica, cordillerana, �pica,
nost�lgica, amorosa y c�smica. El edificio desde que se construy� no ha perdido su vigencia y admiraci�n. Los alumnos de arquitectura siempre est�n viendo la posibilidad de entrar en alg�n portal para tomar notas de su edificaci�n por dentro. Los porteros tratan de mantener cerradas las puertas para no acceder a los ruegos de los estudiantes y tener que mostrar a cada rato su interior. | ||
La Casa de las Flores fue elegido como el tercer edificio madrile�o representativo del siglo XX, seg�n una valoraci�n que hizo hace algunos a�os la Escuela T�cnica Superior de Arquitectura. En
1981, el Ayuntamiento a trav�s de Alcalde, don Enrique Tierno Galv�n y
con la presencia de su gran amigo Rafael Alberti, coloc� una placa en
el edificio que da a la calle Hilari�n Eslava, esquina Rodr�guez
Sampedro. As� Madrid recuerda al poeta del amor, de las ra�ces
ind�genas de su continente, de la lluvia de Temuco y de Espa�a en el
Coraz�n. | ||
| Sergio
Mac�as: Es poeta y asesor de Cultura de la Embajada de Chile en Espa�a. | ||
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