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04 de julio de 2001


Tribuna de opini�n

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MAR�A TABOADA:
Pol�tica, conciencia y pr�cticas ling��sticas dependientes
(O por qu� la RAE a�n constituye el referente ling��stico
de gran parte de los docentes argentinos)

(Primera Parte � La segunda se publicar� en la edici�n del 11 de julio)

A modo de pr�logo
Nebrija, el art�fice y precursor
La homogeneidad era la base de la concepci�n pol�tica de la lengua
La RAE (Real Academia Espa�ola): la Instituci�n
El dogma cat�lico ha sido el fundamento en la norma ling��stica

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A modo de pr�logo

En este art�culo se analizan los modelos ling��sticos gestados desde la Conquista y Colonizaci�n de Am�rica en una perspectiva que evidencia la interdependencia entre pol�ticas ling��sticas, econ�micas, sociales y culturales.

An�lisis que se perfila desde la necesidad de explicar por qu� hoy, a fines del siglo XX, los programas prescriptivistas de instituciones como la RAE (Real Academia Espa�ola, 1713) y la AAL (Academia Argentina de Letras, 1931) contin�an siendo, de manera expl�cita o impl�cita, los referentes fundamentales de las pr�cticas y la conciencia ling��stica que se promueven, tambi�n de manera expl�cita o solapada, en el Sistema Educativo y que desde all� signan la conciencia y la entidad, no s�lo ling��stica, de los grandes sectores de nuestro pueblo.

A�n hoy el estatuto de enunciaci�n de los sujetos sociales que no han accedido a la tan mentada lengua est�ndar (antes �culta�) es estigmatizado, humillado, cuando no profundamente marginado.

El programa ling��stico de homogeneizaci�n y dominaci�n ling��stica de la RAE, paradigmatizado en el lema: �erradicar, limpiar, purificar�, y avalado durante m�s de medio siglo por la AAL, no ha perdido vigencia en las pr�cticas de ense�anza de la lengua, pero tampoco en otras pr�cticas sociales hegem�nicas.

Pr�cticas sociales y ling��sticas dependientes que se imponen como una malla ideol�gica en la conciencia y en la identidad ling��stico-cultural, gestando procesos de discriminaci�n y de dependencia socio hist�rica.

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En tiempos de la �llamada� globalizaci�n, cuando se exalta la internacionalizaci�n de los mercados, la transnacionalizaci�n y homogeneizaci�n cultural y la desaparici�n de las identidades regionales y nacionales, la vigencia de estos modelos no hace sino reflejar la coherencia de pol�ticas econ�micas, culturales y ling��sticas que no son nuevas, sino que desde hace 505 a�os dejan la margen el protagonismo de la amplia mayor�a de nuestro pa�s en todos los �mbitos del dise�o, la planificaci�n y ejecuci�n de la vida social.

desocultar cr�ticamente las tramas de la dependencia ling��stica, reflejo e instrumento de la dependencia econ�mica, social y cultural, desde un enfoque cient�fico interdisciplinario es la propuesta y el compromiso que este trabajo pone a discusi�n.

Nebrija, el art�fice y precursor

En 1942 se edita en Espa�a la primera Gram�tica de la Lengua Castellana de Antonio de Nebrija. La coincidencia de fechas con el inicio de la Conquista de Am�rica, meramente casual, se transforma en hist�rica y hasta determinante cuando se analizan desde el presente los contenidos de dicha Gram�tica y se los compara con el modelo de pol�tica ling��stica dominante en nuestro pa�s.

Nebrija no s�lo escribe la primer gram�tica, en el sentido de un intento de organizar, sistematizar y prescribir el uso de la lengua castellana, sino que a su vez fija en la escritura los primeros fundamentos de una concepci�n pol�tica de la lengua en la Pen�nsula, en otras palabras, de un modelo de pol�tica ling��stica.

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La escritura de Nebrija se inscribe en la necesidad de sostener y fortalecer las relaciones entre lenguaje �organizaci�n pol�tica, social y cultural, poder. Un esbozo de tratado del porqu� y c�mo reforzar el colonialismo ling��stico como instrumento de dominaci�n pol�tica. Su objetivo: acrecentar la tarea de unificaci�n pol�tica e ideol�gica de la Corona Espa�ola.

Dos son los argumentos fuertes que Nebrija esgrime:

a) La necesaria interdependencia entre lengua e imperio en la instituci�n pol�tica de poder:

b) El modo en que ha de normarse una lengua, es decir, la forma que debe asumir la gram�tica para afianzar la ideolog�a colonial.

Nebrija fundamenta la this site lengua-imperio recurriendo a tres estrategias b�sicas de legalizaci�n ideol�gica propias de �rdenes sociales imperialistas: naturalizar lo social, eternizar lo hist�rico y generalizar lo particular (Quiroga, A: 1989). Uniformizar una sola versi�n, homogeneizar una sola mirada y una praxis social como �nica posible.

  �Siempre la lengua fue compa�era del imperio, y de tal manera lo sigui� que junta mente comen�aron crecieron y florecieron y despu�s junta mente fue la ca�da de entreambas�. (Nebrija: 1926)

Pero Nebrija va m�s all�: la naturalizaci�n del orden social se sustenta en el argumento de la �necesidad� de los dominados de recibir las leyes y la lengua del dominador. Curiosa inversi�n (aristot�lica) por la que los dominados no vienen a ser sometidos por el poder hegem�nico sino gestores y hasta propulsores de su condici�n de tales.

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�Despu�s que vuestra alteza metiesse de su iugo a muchos pueblos barbaros y nacionales de peregrinas lenguas y con el vencimiento aquellos tenian necesidad de recibir las leies quel vencedor pone al vencido y con ellas nuestra lengua; entonces que por esta mi Arte podr�an venir en conocimiento della�

La homogeneidad era la base de la concepci�n pol�tica de la lengua

En tiempos de esta nueva vuelta de tuerca del imperialismo. hoy llamada �globalizaci�n�, cualquier similitud de este discurso con los que a diario recibimos los pa�ses dependientes, no es mera coincidencia.

Gram�tica con Arte al servicio de la ideolog�a dominante; sistematizaci�n, organizaci�n y normativa de la lengua para la discriminaci�n de clases sociales y unificaci�n con miras a legitimar la dominaci�n pol�tica. Nebrija, el precursor, no descuida un detalle. Gram�tica e ideolog�a se complementan mutuamente para mostrar como natural lo que en s� es una representaci�n social e hist�rica. Y para ello, el universo sem�ntico del cristianismo resulta otra estrategia de una l�gica incuestionable.

�Entre algunas partes dela oraci�n ai cierta orden casi natural y mui conforme ala razon, en la cual las cosas que por naturaleza son primeras o de maior dignidad, se an de anteponer alas menos dignas� y assi diremos por consiguiente �el cielo y la tierra�, �el d�a y la noche�, �la luz y las tinieblas�, y no por el contrario �la tierra y el cielo�, �la noche y el d�a�, �las tinieblas y la luz� �

Naturalidad, homogeneidad, uniformidad como bases de una concepci�n pol�tica de la lengua destinada a la dominaci�n. Dos praxis aseguran el modelo: la escritura y la norma.

�acord� ante todas las otras cosas reduzir en artifizio nuestro lenguaje, para lo que agora y de aqu� en adelante en el se escriviere pueda quedar en un tenor y entenderse en toda la duraci�n de los tiempos que est�n por venir�

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�Cinco siglos igual? �Pol�ticas ling��sticas dependientes expl�citas o impl�citas?

Conviene recordar que en el texto de los CBC (Contenidos B�sicos Comunes) de la lengua para la EGB (Educaci�n General B�sica) se prioriza �la adquisici�n de la lengua nacional en aquellos registros y variedades estandarizadas� entendi�ndose por lengua est�ndar la difundida en los medios de informaci�n masivos, formalizada sobre la base de la norma de la lengua escrita (el entrecomillado es nuestro).

Norma-escritura, par�metros de legalizaci�n que, a pesar de los siglos transcurridos, siguen en pie en la definici�n no de lo que es, de lo que somos en nuestra compleja y riqu�sima trama de producciones ling��sticas, sociales y culturales, sino de lo que debe ser. Par�metros que, como afianzan los CBC �permiten la inserci�n social positiva en la comunidad ling��stica nacional�.

Habr� que preguntarse una vez m�s qu� profundos y certeros modelos de internalizaci�n de la dependencia y dominaci�n ling��sticas han operado en nosotros, para que a�n hoy se acepte la norma y la escritura como criterios sine que non de �inserci�n social positiva�.

Qu� mecanismos de naturalizaci�n ideol�gica siguen operando para que aceptemos sin m�s la discriminaci�n en inserciones sociales positivas o negativas en funci�n de esa norma.

Qu� procesos de desmentida de la percepci�n recargan el peso de la exclusi�n social en la norma, borrando los factores econ�micos, sociales y pol�ticos y la compacta malla que �stos conforman para que las mayor�as americanas sean marginadas de los procesos de protagonismo hist�rico.

�O ser� que la falta de norma, as� como �el trabajo en negro� seg�n versa la propaganda oficial que empapela los muros de la ciudad de Tucum�n -�nos deja fuera de las encuestas�? �Seremos nosotros �como dec�a Nebrija quienes necesitamos las leyes y la lengua de los vencedores? �A qui�nes beneficia este modelo?

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Hoy, a quinientos a�os, en una encuesta realizada a docentes y estudiantes de cuatro Facultades de la UNT por alumnos de la C�tedra de Socioling��stica, la opini�n generalizada es que no es posible hablar correctamente sin ajustarse a las reglas gramaticales. Datos a tener en cuenta:

a) Los �nicos que no avalan mayoritariamente esta postura son los docentes y alumnos de la Escuela Universitaria de Educaci�n F�sica.

b) Los docentes y estudiantes de Filosof�a y Letras (incluidos los de la Carrera de Letras), hoy llamada �instituci�n formadora de formadores�, acuerdan en su mayor parte. Estos son los j�venes que habr�n de insertarse como docentes en el Sistema Educativo en los Niveles Medio y Terciario.

c) Entre las condiciones que estipulan para poder hablar correctamente o con propiedad, est�n: vocabulario correcto y fluido, correcta pronunciaci�n y dicci�n, descarte de �vulgarismos�, sintaxis ordenada, empleo correcto de los verbos (por esto entienden el uso del �t�� y del �vosotros�), buena educaci�n y preparaci�n intelectual, escolaridad primaria y secundaria.

Hasta aqu�, Nebrija, el comienzo. Pero habr� de correr mucha agua bajo el puente para que los modelos imperialistas, en su versi�n ling��stica, condensados en la Gram�tica puedan llegar casi inc�lumes a fijarse en el psiquismo de una buena parte de los argentinos contempor�neos.

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La RAE (Real Academia Espa�ola): la Instituci�n

1713: dos siglos despu�s de Nebrija, de la Conquista de Am�rica, un grupo de nobles y eclesi�sticos espa�oles de alta jerarqu�a comienzan a reunirse en Madrid con el �justo� objetivo de �fijar la lengua�. Lo hacen a instancias de Juan Manuel Fern�ndez Pacheco, mayordomo del Rey y de su Consejo en el Real y Supremo de Indias. Consiguen el acuerdo del Rey u fundan la Real Academia Espa�ola de la Lengua, sostenida en �la empresa y sello propio� de �limpiar, fijar y dar esplendor�.

Trece a�os despu�s, en 1726, editan el �Diccionario de la lengua castellana en que se explica el verdadero sentido de las voces, su naturaleza y calidad, con las frases y modos de hablar, los proverbios y refranes y otras cosas convenientes al uso de la lengua�, debidamente aprobado y con la licencia y censura del Inquisidor Ordinario y Vicario de Madrid. Los desvelos de Nebrija habr�n de encontrar cuerpo definitivo.

El surgimiento de la RAE en esta fecha ya no es casual. Es el resultado que corona dos siglos de una praxis concreta de imperialismo econ�mico, social, cultural, religioso y ling��stico realizado en el m�s vasto campo experimental que pudiera so�arse: los 90.000.000 de pobladores americanos originarios.

Praxis llevada a cabo a trav�s de la estrecha articulaci�n entre conquista militar o, m�s espec�ficamente, genocidio apropiaci�n y expropiaci�n de la tierra y de los recursos econ�micos; desvastaci�n cultural; imposici�n religiosa; enmudecimiento o silenciamiento de las lenguas maternas; unificaci�n y homogeneizaci�n ling��stica-cultural-religiosa y pol�tica.

Praxis no azarosa; en cada etapa, rectificada, ratificada, comprobada por los te�ricos de la evangelizaci�n que la organizan y sistematiza, que aseguran los fundamentos pol�ticos, culturales, religiosos y ling��sticos que habr�n de avalar su continuidad �en un solo tenor�.

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Estos te�ricos se constituyen en los aut�nticos gestores del modelo de pol�tica y planificaci�n ling��stica dependiente que habr� de extenderse hasta nuestros d�as, a pesar de la ca�da del imperio espa�ol, porque logra operar en el modelado de un psiquismo dominado, que constituye el caldo de cultivo necesario para los imperialismos posteriores.

La solidez y la pervivencia de ese modelo, forjado hace 500 a�os, s�lo puede entenderse si tomamos conciencia de que �ste surge de:

a) una pr�ctica en terreno: la de doctrineros y p�rrocos, unida a la de maestros de Colegios para Hijos de Caciques y Principales, que abordaron concretamente la tarea,

b) articulada a una sistematizaci�n te�rica permanente llevada a cabo por ide�logos de la talla de Jos� de Acosta en el Per�, Sahag�n o De la Pe�a Montenegro en Nueva Espa�a.

No me detendr� en el an�lisis de este punto, ya realizado en otro trabajo (Taboada: 1994), pero s� me importa recalcar algunas de las representaciones que forjan estos ide�logos acerca de las identidades culturales y ling��sticas de los pueblos americanos y los fundamentos metaf�sicos, �ticos, pol�ticos y ling��sticos que sostienen para el genocidio ling��stico. Nuevamente: cualquier parecido con las representaciones actuales no es mera coincidencia ni inocencia.

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�No hay duda de que es conviniente que domine el idioma el que se encarga de ense�ar � depende pues, la salvaci�n de las naciones de la palabra de Dios � � que la lengua de los indios no le llega a cien leguas en dificultad a la hebrea y la caldea, y se queda muy atr�s del griego y del lat�n en riqueza de vocabulario, variado y dif�cil de aprender, es mucho m�s sencilla y tiene poqu�simas inflexiones gramaticales y puede reducirse a muy pocas reglas � La pronunciaci�n es ciertamente b�rbara en gran parte, pero tiene con la castellana mayor afinidad que con ning�n otro idioma, de suerte que� estas gentes parec�an destinadas por su Dios a la naci�n espa�ola�

(�La lengua de los indios? �Las mil quinientas lenguas de los indios? Enorme capacidad de s�ntesis la de Acosta.)

  � como b�rbaros que son, igual que carec�an casi siempre del conocimiento de las cosas espirituales y filos�ficas, es asimismo grand�sima su penuria de palabras indias�

� el entendimiento y el discurso muy corto y poco ejercitado. Los indios son comunmente ignorantes que ni saben sacar por discursos ni conocer por sus efectos la Divinidad apartada de los sentidos corporales. (Acosta: 1987)

Esta larga pr�dica y praxis concluye con la imposici�n definitiva del espa�ol por Real C�dula de 1691, que refuerza la dictada en 1596. Los fundamentos de las C�dulas son elocuentes: en t�rminos de la �poca refieren lo que hoy se denomina �Inserci�n social positiva�, claro que con menos ambig�edades.

No menos elocuentes son los castigos con los que se amenaza a los �indios� que no cumplan las ordenanzas en un t�rmino de cuatro a�os a partir de la C�dula de 1691: perder los oficios de la rep�blica.

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� por haber entendido que es gran estorbo, para la buena instituci�n, doctrina y ense�anza de los indios y para encaminarlos en las buenas costumbres y vida pol�tica con que es justo que vivan, que conserven su propia lengua con que aprenden las idolatr�as y supersticiones pasadas de sus mayores y carecen no s�lo de la abundancia que tendr�an de m�s ministros del evangelio� pero tambi�n de la lectura de los libros que est�n escritos en lengua espa�ola� ley�ndolos o entendi�ndolos, aprender�a y sabr�an muchas cosas importantes para su edificaci�n y para saberse regir y gobernar como hombres de raz�n
(Konetze, R: 1962).

Aclaraci�n con margen: la identidad cultural y ling��stica, as� como el derecho a la propiedad de la tierra, es reconocida para los �indios� en nuestro pa�s reci�n en la Constituci�n de 1994. Hasta entonces s�lo eran mencionados como aquellos habitantes de las �fronteras� con los que el Congreso deb�a mantener �relaciones pac�ficas�.

No en vano los discursos de la globalizaci�n han aprendido las sutiles estrategias discursivas para decir lo mismo en un tono aparentemente democr�tico e igualitario. Aunque, a pesar de los discursos, miles de j�venes de sectores obreros y campesinos, que han accedido a la lengua est�ndar, tengan como �nico futuro el ser peones de estancia, empleadas dom�sticas o, en el mejor de los casos, cadetes o repositores de supermercados. �Saberse regir y gobernar como hombres de raz�n, perder los oficios de la rep�blica, inserci�n social positiva? �De qu� realidades sociales concretas se hablaba y se habla?

Veinte a�os despu�s de la compulsiva imposici�n del espa�ol en Am�rica surge la RAE. Era necesario darle organicidad y sost�n te�rico, fijaci�n sin fisuras, a una praxis tan bien ejecutada. Asegurar un orden social y ling��stico donde los sectores dominantes se diferenciaran claramente de los populares. Y para dar continuidad a la tarea, crear las bases para que los Diccionarios se reediten cada 20 a�os, �A los fines de introducir las variaciones ling��sticas o de resguardar la homogeneidad  instituida evitando los cambios generacionales o hist�ricos?

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y para cuya estabilidad y permanencia se dedican los trabajos y estudios de la Academia, en medio de que reconoce que nada es estable en las cosas humanas. (RAE: 1726).

El trabajo de la RAE apunta a afianzar el poder pol�tico desde el �mbito de la lengua, garantizando la estabilidad y permanencia de la homogeneidad ling��stica.

El paradigma que define su funci�n: limpiar, purificar, fijar, se apoya en dos ejes: a) desterrar todo aquello que atente contra esa homogeneidad y b) imponer una norma que mantenga inc�lumes los cimientos de la ideolog�a imperial. Se trata de desterrar lo b�rbaro, lo vulgar, lo ex�geno y lo end�geno, lo popular, la variedad y el cambio que puedan socavar o transformar las jerarqu�as ideol�gicas y sociales del Sistema. Ejercer el poder de control y polic�a no s�lo sobre los actos, sino y sobre todo- porque esa es la garant�a que permite perdurar m�s eficazmente a todo sistema de dominaci�n- sobre las mentes, sobre las representaciones, formas de pensar y pensarse, sentir y sentirse. Para ello, desarrollar normas tendientes a garantizar la proyecci�n ideol�gica de la doctrina cat�lica, que adem�s garantiza un fundamento ideal metaf�sico �indiscutible�, y del sistema feudal de organizaci�n social: un patr�n y vasallos que obedecen ciegamente sus dictados.

No en vano los t�rminos que hasta el d�a de hoy caracterizan la evaluaci�n ling��stica de LA NORMA: pureza, limpieza, vicios, corrupci�n, buen uso, vulgarismos, cruzada, propiedad, correcci�n, voces o t�rminos altos y bajos, preceptos, etc�. Todos ellos asimilan la conducta ling��stica a dogmas de comportamiento �tico-religioso.

El dogma cat�lico ha sido el fundamento en la norma ling��stica

Como sostiene Schvartzman (1987) el dogma cat�lico ha sido uno de los fundamentos de la norma ling��stica imperante y le ha trasuntado ese car�cter eterno, ahist�rico, metaf�sico.

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Desterrar las voces nuevas, inventadas, in prudente elecci�n y restituir las antiguas, con su propiedad, hermosura y sonido mejor� calificando de barbarismos las voces nuevas�. Siendo el fin principal de esta Academia cultivar, fijar la pureza y elegancia de la lengua Castellana, desterrando todos los errores que en sus modos de hablar, o en su construcci�n ha introducido la ignorancia, la vana afectaci�n, el descuido y la demasiada libertad de innovar: ser� su empleo distinguir los vocablos, phrases o construcciones extranjeras de las propias, las antiguas de las usadas, las baxas y r�sticas de las cortesanas y levantadas� se anotar�n aquellas voces y phrases que est�n debidamente recibidas por el uso cortesano�. como tambi�n las que fueren baxas, o b�rbaras, observando en todo las reglas y preceptos que est�n puestos en la planta acordada por la Academia (RAE: 1726).

Desterrar-imponer, limpiar-purificar-fijar definen el modelo de pol�tica ling��stica que cimienta el organismo rector de la lengua en el mundo de habla espa�ola hasta ahora: un modelo colonial que bases ideol�gico-ling��sticas tan fuertes (no en vano fija la lengua de un modo, de una vez, para todos igual y para siempre) que atraviesa la historia con un sustrato de homogeneidad atemporal del que todav�a no nos hemos independizado.

Discurso y pr�ctica que adem�s se vale de la ambig�edad, del doble discurso, caracter�stica que habr� tambi�n de mantenerse (y perfeccionarse) hasta el presente. Ya en 1726 la academia no se define como un organismo rector, sino como juez, cuyos veredictos se fundan en la autoridad de quienes mejor definen la lengua: los autores cl�sicos y los sustratos etimol�gicos. Interesante desplazamiento de responsabilidades con el que se soslaya qui�n, por qu� y para qu� se toman las decisiones proscriptivas.

  � porque autorizada la voz por limpia, pura, castiza y espa�ola, por medio de su etimolog�a y autoridades de los escritos y al contrario, castigada por antigua, jocosa, inventada o usada s�lo en estilo libre y no serio, viene a salir al p�blico con notoriedad de hecho que la Academia no es maestra, ni maestros los Acad�micos, sino unos jueces, que con su estilo han juzgado las voces�

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� sin que sea su fin enmendar ni corregir la lengua�, s� solo explicar las voces, phrases y locuciones, desterrar y dar a conocer los abusos introducidos�

  Homogeneidad, atemporalidad, destierro de las historias y de los sujetos en sus pluralidades, naturalizaci�n de las jerarqu�as socio-econ�micas, religiosas y culturales definen el modelo ling��stico de los sectores dominantes de la Pen�nsula, ayer para mantener el imperialismo pol�tico, hoy para no perder el imperialismo ideol�gico-ling��stico y cultural. La pregunta es: �Por qu�, las antiguas colonias, independizadas hace ya casi tres siglos, mantiene la dependencia ling��stica?

Es dif�cil gestar modelos de independencia ling��stica cuando se mantienen vigentes la dependencia econ�mica, social, pol�tica y cultural, cuando los sectores dominantes de nuestros pa�ses siguen siendo testaferros de los pa�ses imperialistas. Pero m�s lo es cuando en nuestros pa�ses existen Academias Nacionales (�nacionales?) que siguen constituyendo empresas subsidiarias del lobby espa�ol.

Academias, pol�ticas inscriptas en el sistema educativo, que responden a intereses hegem�nicos y no a las necesidades de protagonismo plural de las grandes mayor�as.

Han pasado m�s de dos siglos de aquel Diccionario. Los actuales de la RAE, sin embargo siguen prescribiendo y proscribiendo: s�lo aquellos art�culos que �est�n admitidos por el buen uso� (RAE: 1994). Entidades metaf�sicas, pasivas sin agente o con agente desplazado: quienes definen lo que ingresa son el buen uso, el reconocimiento, la admisi�n, gestados per se o en �ltima instancia, para los pa�ses americanos, por las Academias Nacionales. (Tucum�n, Argentina/Instituto de Ling��stica, UBA).


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Mar�a Taboada:

Es Catedr�tica de Ling��stica de la Facultad de Filosof�a y Letras, Universidad Nacional de Tucum�n y directiva del Centro de Rescate y Revalorizaci�n del Patrimonio Cultural, Tucum�n, Argentina.

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