24 de enero de 2001 |
| Tribuna de opini�n | ||
| FERNANDO
L�ZARO CARRETER El espa�ol brilla en todas sus letras
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| Hay
anudamientos que impone la historia de modo indestructible; as� ocurre
entre las lenguas y ciertos lugares: el buen griego se vincula a Atenas;
el lat�n a Roma; el italiano a Florencia y a Roma; el franc�s a l�Ile
de France, y el espa�ol, no s�lo, pero indudablemente a Salamanca. El
espa�ol, digo, m�s que el castellano, porque la Universidad salmantina
fue el lugar donde confluyeron miles de profesores y alumnos de muy
diferente origen, no s�lo de Castilla. Proced�an de diversas naciones,
como entonces se llamaba a las distintas regiones; y de Am�rica despu�s. Entre
ellos fue creciendo la lengua culta espa�ola, que hac�a a todos los
universitarios miembros de una naci�n que, desde hac�a siglos, se
llamaba Espa�a. Y Salamanca era la Universidad espa�ola por
antonomasia, gracias al designio pol�tico de los Reyes Cat�licos y de
sus inmediatos sucesores, que hab�an logrado independizarla del Papa y
vincularla a la Corona. En
Salamanca empez� a amonedarse el espa�ol No es raro, pues, que en Salamanca empezara a ser amonedada la lengua espa�ola, la lengua de todos para todo el reino, en medio de un ambiente ciudadano muy rural y leonesizado. | ||
En
tal lengua fue eminente la obra de este lebrijano salmanticense: su pasi�n
por la latinidad es manifiesta; pero tiene puestos sus ojos y su
entusiasmo en la lengua castellana, empe�ado en la empresa de darle la
misma dignidad y prestancia literaria y cultural que al idioma de
Horacio. Hab�an
inaugurado aqu�l empe�o, en el mismo siglo, Mena o Santillana, pero lo
hicieron por caminos equivocados. Cuando �l ense�a en Salamanca, se ha
producido ya la condici�n fundamental para que el castellano pueda ser
una gran lengua; los reinos se han hecho un reino, y el castellano se va
sobreponiendo en el uso de las personas cultas de todo lugar, en pugna
victoriosa con las modalidades ling��sticas de cada regi�n. Adem�s, el reino unificado se ha erigido en potencia militar, y cumple, por tanto, con la condici�n indispensable para que una lengua se extienda y se imponga. Era preciso, pues, darle una norma, y a ello acude Nebrija con su Gram�tica que califica de castellana. | ||
No
le gusta la poes�a al uso; detesta las traducciones que, de Virgilio,
ha hecho Encina. Y poco tardar� ya en desaparecer el teatro de �ste y
de su escuela, vigente entre se�ores y estudiantes, a quienes divert�an
unos pastores analfabetos cuyo artificial sayagu�s daba risa al
contrastarlo con el castellano rudo de otros personajes menos rudos. Un
fervor castellanista en P�rez de Oliva Pero por entonces la imprenta, aquella joven invenci�n prontamente implantada en Salamanca, estaba lanzando al comercio libros importantes, y ya circulaban por la ciudad textos escritos en otra clase de castellano admirablemente domado; entre ellos, el primer acto an�nimo de una comedia que cay� en las manos de un escolar de Puebla de Montalb�n, Fernando de Rojas, y en quien nuestra lengua habr�a de alcanzar su primera excelsitud. | ||
Como
es natural, para ganar la plaza en las oposiciones hab�a que discurrir
en el lat�n de las aulas. �l lo hizo, pero juzg� necesario leer al
comienzo de sus ejercicios un Razonamiento �as� lo llam�-
lleno de un fervor castellanista. Fue
mucho m�s lejos que Nebrija, el cual, se recordar� cifraba la utilidad
de su Gram�tica en favorecer la reuni�n de todas las partes de Espa�a,
en permitir la this site de la lengua, en hacer m�s accesible el estudio
del lat�n, y tambi�n el del castellano a los extranjeros. P�rez
de Oliva a�adi� algo importante a estos prop�sitos; dijo
literalmente: �Vuestras mercedes han visto si s� hablar en romance,
que no estimo yo por peque�a parte el fruto que ha de hacer en el
pueblo con su disciplina�. Nadie hasta entonces, si no me enga�o, hab�a
ca�do en la importancia que, para la educaci�n de las gentes, del
pueblo como �l dice, tiene la posesi�n disciplinada de su propia
lengua. Y
el maestro P�rez de Oliva lo proclama en el momento comprometido de sus
ejercicios universitarios; porque no todos los jueces �estudiantes y,
sobre todo, catedr�ticos- compart�an tan alto concepto del vulgar. | ||
As�,
pues, a lo largo del quinientos van creciendo juntas en Salamanca dos
renacientes maravillas: su Universidad y la lengua espa�ola, esta �ltima
en un r�pido aumento de aptitudes. Y, por supuesto, de respeto. Un gran
maestro salmanticense �y europeo-, Francisco S�nchez el Brocense,
que ha editado y anotado a Horacio, Virgilio o Persio, anheloso de poner
a la altura de ellos a alg�n poeta en lengua vulgar, da a la imprenta
unos comentarios de Gracilazo de la Vega, en 1574, y otros de Juan de
Mena en 1582, confiriendo as� a dos romancistas insignes el privilegio
que tuvieron los griegos y romanos. Los famosos comentarios de Herrera
vendr�n s�lo seis a�os despu�s. De
este modo, en la Universidad salmantina va cuajando el ideal nebrisense
de conceder al castellano las prerrogativas que ten�an el lat�n o el
griego: como ellos, tambi�n nuestra lengua contar� con cl�sicos que,
en cuanto tales, habr�n de ser no s�lo le�dos sino eruditamente
elucidados. Es muy plausible suponer que el desconocido autor del Lazarillo hab�a sido salmantino o salmanticense. Por lo pronto, el protagonista, en el primer rengl�n de su biograf�a, afirma ser de Tejares. All�, pues, a las orillas del Tormes nac�a la segunda de las obras maestras espa�olas y la primera en trascendencia. | ||
Porque
al ponerse en marcha aquel muchachillo desventurado hacia Toledo (otro
gran foco de la lengua nuestra, por cierto), abr�a el camino de la que
iba a ser la m�xima aportaci�n de Espa�a a las letras de Europa: el Lazarillo
era la matriz de la novela moderna, en ruptura abrupta con el relato
antiguo y medieval. Y
lo hac�a en un idioma deliberadamente llano, para contar por primera
vez en la historia de Occidente sucesos cotidianos del mundo en torno. Aquella
lengua conversacional era cosa muy distinta de la artificiosa habla
villanesca que serv�a para caracterizar a la gente de baja condici�n:
era la de un autor que desciende al habla natural y sin artificios de
calles y caminos: el sermo quotidianus o vulgaris de las
Ret�ricas. Con
ello, el desconocido autor no abajaba el castellano, sino que lo pon�a
en contraste que habr�a de ser literariamente fecundo con las formas
elevadas de la expresi�n. Y �stas iban a encontrar, tambi�n en Salamanca y en su Universidad, el rumbo que habr� de llevar a la lengua art�stica del Siglo de Oro, principalmente por acci�n de aquel que Lope de Vega llam� �fuerte Le�n en la defensa de la lengua castellana�, el agustino Fray Luis. | ||
Fray
Luis hab�a aprendido en Garcilazo y en los cl�sicos y neocl�sicos
latinos las posibilidades de una nueva lengua po�tica, de importante
repercusi�n posterior, pero no era la l�rica, sino la prosa su
preocupaci�n fundamental; si el castellano hab�a de alcanzar la
preeminencia del lat�n, era preciso un sistema de realzar sus
posibilidades, como Is�crates hizo entre los griegos, y Cicer�n en
Roma. El
espa�ol, instrumento d�cil y bello para quien tiene algo que decir Sus
Nombres de Cristo, publicados, naturalmente, en Salamanca,
constituyen la prueba triunfal de su obsesi�n por convertir la lengua
espa�ola en instrumento d�cil, pero sobre todo bello, para quien, sin
ser poeta, tiene algo que decir. Son
muchos los hechos que muestran hasta qu� punto eminente ha estado
Salamanca en la historia de nuestro idioma, sobre todo en el XVI, aquel
siglo cumbre en que �ste irrumpe con br�o en la historia. Luego,
a Salamanca fue o por all� pas� una parte importante de los mejores
humanistas y creadores, y, en el XVIII brill� otra vez su magisterio,
con poetas de relieve en una �poca de poca altura literaria. | ||
Miguel
de Unamuno, campe�n de la causa del espa�ol Fervor
que, durante el siglo pasado, tuvo una manifestaci�n m�s trascendente
en don Miguel de Unamuno, campe�n de la causa del espa�ol ante los
espa�oles que dec�an no sentirlo como parte de su esp�ritu. Durante
muchos a�os, y en torno a la presencia del castellano en Catalu�a, se
mantuvo el noble duelo dial�ctico, atemperado por la amistad y la
inteligencia, entre el Rector salmantino por antonomasia y el gran poeta
Maragall. Todos los ojos cultos del pa�s, durante decenios, estuvieron pendientes de aqu�l enfrentamiento, que, siendo en principio epistolar, se transparentaba y aun se exhib�a en los escritos que ambos daban a la prensa. Otra vez, se volv�a misional en Espa�a, desde Salamanca, la causa del espa�ol. | ||
Ahora,
una instituci�n �ntimamente enraizada en ella, Caja Duero, como
deseando aportar un eslab�n m�s a la larga cadena de amor que vincula
su comarca y, en realidad, toda la cuenca del gran r�o castellano-leon�s
al espa�ol, ha deseado tributar un homenaje a nuestro idioma,
simbolizado �ste por la Real Academia. Un
libro escrito al pie de la letra Y
ha querido adem�s, para que la trabaz�n amorosa fuera m�s �ntima,
que la ofrenda consistiera en un libro compuesto por todos los Acad�micos.
Se llamar�a Al pie de la letra, ya que de letras se trataba; y
hab�amos de escribir sobre la del sill�n que ocupamos. El resultado habr�a de ser disperso, dada la libertad que a todos se nos dio para encarar el asunto; pero el resultado no es tan heterog�neo como cabe suponer, si para disculparlo traemos a maltraer el t�tulo de un cap�tulo de Nebrija que, dado el parentesco de las letras, tambi�n ser�n parientes nuestras glosas, y que, por tanto, es libro y no glosario el espl�ndido volumen que, por munificencia de Caja Duero, presentamos en sociedad. | ||
Lo
que no dijo Morales es cu�n dif�cil resulta escribir sobre esas mol�culas
de la escritura que son las letras. Lo hemos hecho y, puedo asegurar que
en las p�ginas de nuestro libro, salvo en siete de ellas, lucen el
saber, el ingenio, la gracia y hasta la picard�a de sus autores, con la
brillantez formal esperable en ellos. En
tres de estos escritos se ha interpuesto la muerte entre su redacci�n y
la impresi�n del libro: ha ocurrido en los casos de Claudio Rodr�guez,
Torcuato Luca de Tena y Antonio Buero Vallejo. Leer sus cap�tulos antes
que los dem�s ser� el mejor tributo a quienes tanto honraron nuestras
letras; hoy los traemos con nuestro recuerdo a esta fiesta en honor de
la lengua que tanto amaron. (Madrid, discurso pronunciado en la RAE el
18 de enero de 2001). | ||
| Fernando
L�zaro Carreter. Ling�ista, miembro de n�mero de la Real Academia Espa�ola. | ||
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