25 de abril de 2001 |
| Tribuna de opini�n | ||
PILAR
DEL CASTILLO VERA:
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| Miguel
de Cervantes afirmaba en la dedicatoria de la segunda parte del Quijote que el emperador de la China le hab�a pedido su libro para
que con �l se leyese el castellano en un colegio de su imperio. Casi
cinco siglos despu�s, lo que pudo ser una humorada se ha convertido en
la realidad de una obra que ha atravesado todas las fronteras. En el doble mito de Don Quijote y Sancho, la humanidad ha visto reflejados sus sue�os, sus deseos, sus ansias de belleza y justicia para todos, y lo ha convertido en s�mbolo de alcance universal. Libro de la sabidur�a humana, el Quijote es tambi�n el libro de la esperanza y de la melancol�a, de la trascendencia y de las limitaciones, de la suprema e insoslayable dignidad de los hombres. En �el Evangelio del Quijote�, como dijo Unamuno, palpita la buena nueva de libertad y la fraternidad humanas. | ||
No hay libro m�s abierto que El Quijote El
genio de Cervantes atendi� con o�do agudo y compasivo la compleja m�sica
del mundo y supo extraer las notas, tan diversas, de sus expectativas y
de sus anhelos. No hay un libro menos cerrado, m�s abierto que �ste,
lleno de una riqueza casi infinita de significaciones, de una ins�lita
capacidad de sugerencias, que son las que en la inmediatez de su vivir
noble y a veces desamparado capt� su excepcional creador. En los entresijos de su alma despiert�sima quiz� intuy� Cervantes el destino universal de su libro, pero lo que no pudo conjeturar es que la lengua en que estaba compuesto se convertir�a en el idioma de cuatrocientos millones de personas repartidas por todo el mundo, y cada vez m�s pujante en las m�s diversas universidades, escuelas e institutos, donde de manera creciente se ha se ha convertido en veh�culo esencial de comunicaci�n. Esta lengua va asociada al nombre del m�s genial de sus cultivadores, es la lengua de Cervantes, es la lengua de los sue�os m�s altos, pero tambi�n de los impulsos de cada d�a, del acuerdo, del amor y del dolor. | ||
Umbral: autor ineludible de la segunda mitad del siglo XX El
Premio Miguel de Cervantes rinde homenaje al inmerso escritor, pero
tambi�n a un idioma secular y universal y a la gran tradici�n
literaria que lo sustenta. No hay gran lengua sin gran literatura detr�s.
Y se honra un a�o m�s con la presencia de Vuestras Majestades, que
durante veinticinco a�os de reinado han apoyado con sostenido
entusiasmo la expansi�n y el crecimiento del idioma y de la tradici�n
literaria en que �ste halla cauce. El
Premio Cervantes del a�o 2000 ha reca�do en Francisco Umbral, que
protagoniza hoy este solemne acto en la Universidad de la misma y noble
ciudad que vio nacer a nuestro mayor escritor hace m�s de cuatro siglos
y medio. Es Umbral un creador que siempre ha reconocido, proclamado que
m�s que un autor inspirado es una expresi�n de la lengua, un producto
alumbrado por su genio, un hijo verbal del idioma. En �l encontramos a uno de los escritores ineludibles de la segunda mitad del siglo XX. Este autor ha descubierto un nuevo modo de explorar la memoria, ha revelado una nueva manera de hablar del yo personal, ha encontrado en el castellano inesperadas asociaciones y nuevas fulguraciones verbales, ha mezclado y fundido g�neros, ha estampado su sello personal en todas sus creaciones. | ||
Umbral
es tambi�n un cronista imaginario y verdadero de la historia de Espa�a,
lo que le convierte en leg�timo heredero de quienes, como Gald�s,
Baroja y Valle-Incl�n, abordaron tiempo atr�s la misma tarea de
novelar la realidad espa�ola. Pero el mundo de estos libros narrativos
y memoriales trasciende la materia espa�ola y es, en primer lugar, el
universo de los hombres. La materia espa�ola est� exenta de
localismos. Vale como �mbito general de la expresi�n humana. Ha
hecho suya tambi�n Umbral la sensibilidad del siglo: la de los sue�os
y la de los fracasos. Historia de Espa�a y del mundo la de sus textos,
pero historia a la vez de c�mo la literatura vive en los hombres. Y por
eso ha elaborado tambi�n la cr�nica literaria de nuestro tiempo. De ah�
la vigencia de sus ensayos cr�ticos, que alcanzan a situar la obra
comentada en el mundo, en el que de todos y en el del lector. | ||
| Cultivador
de la memoria po�tica Cultivador
de la memoria po�tica, que es la decisiva en literatura, nuestro
escritor ha recreado su infancia y adolescencia de la provincia en
algunos de sus libros m�s decisivos. Descendiente de los grandes
escritores de la memoria, pero hijo asimismo del aire libre de calles,
ha narrado los recuerdos de un ni�o de provincias en nuestra posguerra
en p�ginas que a veces recuerdan ciertos gestos de nuestra picaresca. Y
ha narrado la memoria tambi�n, la memoria y las memorias, de un hombre
dispuesto a afrontar los azares de la vida y la literatura. Por
su atenci�n a la naturaleza humana, el autor de Mortal
y rosa ha sabido llegar a los fondos tr�gicos de nuestra condici�n.
Fondos tr�gicos en un tiempo de relativizaciones, de dramas y no de
tragedias, de an�cdotas y no de categor�as. Y, no obstante, Umbral
sabe transportarnos en este libro a los abismos del espanto, al esc�ndalo
que es siempre la muerte de un ni�o, la ruptura del orden de las cosas. Desde
esa misma pesadumbre ha escrito Umbral sus libros negros. Libros donde
suena la ausencia del esp�ritu, donde los hombres palpitan como fieras
y cuya exposici�n constituye en s� mismo una eficaz manera de
denunciar un inaceptable estado de cosas, que es ante todo moral. | ||
| Y
cronista de nuestra historia colectiva Cronista
de nuestra historia colectiva, memorialista, cronista de la literatura,
vocero de la tragedia, buceador de oscuros abismo, el autor ha sabido
auscultar el m�ltiple latido del vivir. Por eso hay tambi�n humor en
sus muchas p�ginas, lo que es un eco, lejano o pr�ximo, del eterno
trueno de Cervantes. Umbral
es asimismo un l�rico. Lo es por la proyecci�n de la experiencia
personal y por las mismas calidades de su lenguaje, que ha aprendido en
los poetas lo m�s duradero del arte expresivo. Umbral le exige al
lenguaje lo mismo que un poeta. De ah� la cadenciosa andadura del
discurso, la constante invenci�n verbal, la novedad de la adjetivaci�n,
la riqueza de las met�foras. Habita la prosa de Umbral una confluencia
de registros, una concurrencia de la precisi�n idiom�tica y de su
alada belleza. Creador de ra�z, se revuelve el autor contra los estereotipos verbales, contra las frases y lugares hechos, fiel al sabio consejo de que no se es escritor por abordar determinados temas sino por haber elegido decirlos de cierta manera. A la vez, el lirismo coexiste y se alterna con la s�tira, nieto leg�timo tambi�n en esto de Francisco de Quevedo, admiraci�n permanente de nuestro autor. Por eso el Umbral contundente se da la mano con el Umbral delicado y ensimismado ante las glorias del mundo. | ||
Sus art�culos forman parte de la mejor prosa espa�ola Novelista,
autor de relatos y ensayos as� como de libros inclasificables, es tambi�n
un gran escritor de peri�dicos, que ha hecho arte del art�culo,
literatura honda y verdadera, como Azor�n, como Ortega, como Eugenio
d�Ors. El escritor es siempre escritor, piensa Umbral, que ha sabido
ser consecuente con esta manera de ver la escritura. Comenta as� la
noticia, hace, pues, periodismo, pero a la vez, saborea dichoso el
placer del texto, la imagen inusual, el adjetivo que deslumbra, el
neologismo agudo y preciso. Por eso muchos art�culos suyos soportan la
edici�n en libro y forman ya parte de la mejor prosa espa�ola del
siglo XX. Trata
Umbral el castellano con fervor, con pasi�n, con unci�n, con trabajo.
Porque la inspiraci�n viene de la mano del mucho laborar con las
palabras y Umbral ha sido un laborador incansable. Pocos escritores tan
atentos como �l al lenguaje de la calle, al idioma coloquial, que
reelabora en su propio estilo, mientras se preocupa a la par de la
palabra culta y refinada. El
texto umbraliano dialoga con la tradici�n, con los sue�os del idioma
de ayer, pues eso son los creadores, hacedores de sue�os con la lengua. Umbral
se ba�a en el r�o del idioma que viene fluyendo desde hace diez
siglos. Un r�o que hoy es torrente grandioso y desatado. Los hablantes
son las gotas que acrecen ese r�o, cuyo rumor adquiere modulaciones
diversas seg�n lugares y territorios. Los grandes escritores tienen
conciencia agud�sima de ser agua de ese r�o. Por eso, son personales
y, a la vez, impersonales: la impersonalidad viene de la historia; la
personalidad la pone el aliento creador.
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| Pilar
del Castillo Vera es Ministra de Educaci�n, Cultura y Deportes,
de Espa�a | ||
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