11 de abril de 2001 |
| Tribuna de opini�n | ||
| LIA
VARELA Mi nombre es nadie La pol�tica ling��stica del Estado Argentino
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Uno
de los tres objetivos fundamentales del proyecto de Ley
del Idioma que el diputado Vanossi presentara a la legislatura en
diciembre de 1991 era �propiciar la generaci�n de una pol�tica ling��stica
de orden nacional�. En junio de 1997, los ministros de Educaci�n de
los pa�ses del Mercosur deciden entre otras cosas �crear un Grupo de
Trabajo de especialistas para elaborar propuestas orientadas hacia el
desarrollo de una pol�tica de lenguas para la regi�n� (Acta de la XII�
Reuni�n de Ministros de Educaci�n de los pa�ses signatarios del
tratado del Mercado Com�n del Sur, 11/6/97). El McyE convoca a equipos
t�cnicos y funcionarios de la Naci�n y las provincias, acad�micos
especialistas en ling��stica y afines, y a directivos y docentes �que
atienden poblaci�n multiling�e� al seminario Multiling�ismo,
planificaci�n ling��stica y equidad (Buenos Aires, 2 y 3 de
diciembre de 1997). El primer objetivo del seminario es �promover �en
el marco de la transformaci�n educativa- un espacio de reflexi�n que
facilite la toma de decisiones en cuanto a pol�ticas ling��sticas
apropiadas a contextos regionales espec�ficos�. Estos enunciados tienen puntos en com�n: los tres sit�an la posibilidad de una pol�tica ling��stica oficial (o tal vez varias, seg�n el �ltimo ejemplo) en un futuro m�s o menos posible o lejano. Los tres suponen, entonces, que tal entidad a�n no existe en el espacio nacional o regional. | ||
El
ex secretario de cultura Jorge As�s crey� tambi�n obrar con total
originalidad cuando en 1994 lanz� un fallido proyecto
de ley de preservaci�n de la lengua castellana.
�Es la primera vez dice en su exposici�n
de motivos, que se plantea una iniciativa como la expuesta en el
dilatado �mbito del idioma castellano�. Su intervenci�n origin� un
amplio debate en los medios, que determin� la suerte del proyecto y de
su autor. A�n desde diversos lugares de enunciaci�n, los argumentos m�s
recurrentes coincid�an en atribuirle a la lengua las propiedades de un
organismo vivo, que �evoluciona naturalmente� (La Naci�n, 7/9/94). �Las
lenguas tienen un sistema que podr�amos llamar inmunol�gico para
rechazar lo que no necesitan�, se�al� una fil�loga, autoridad en la
materia (Clar�n, 11/9/94); �nuestro idioma sigue vivo y goza de buena
salud�, apunt� Adolfo Bioy Casares (La Naci�n 11/9/94); �Es in�til
querer modificar una lengua puesto que se trata de un organismo vivo que
se nutre en y desde todos los �mbitos�, coincidi� la escritora Alicia
Steimberg (Ibid.). Como cierre de una discusi�n que se hab�a resuelto
en un pl�cido consenso, desde el diario con mayor autoridad ling��stica
sonaron sentencias como �stas: �Querer imponer un idioma por ley es
tan disparatado como ignorar que los usos y las costumbres van
descartando aquello que s�lo tiene la fugacidad de la moda�, y m�s
lejos, �El idioma es un
bien cuya preservaci�n est� ampliamente justificada, Pero es absurdo
pensar en una ley o en una imposici�n para garantizarla� (La Naci�n,
7/9/94). Incluso se asombraba de la repercusi�n y los efectos �del
principal debate de la semana�: ��Por qu� �se preguntaba-, si las
pol�ticas sobre el idioma s�lo deber�an interesarle a acad�micos y
escritores?� (La Naci�n, 11/7/94). La opini�n p�blica, entonces, es
ajena por esencia a los problemas de pol�tica ling��stica, y la
lengua, una entidad con vida propia, refractaria a la intervenci�n
humana. | ||
En
todos estos fragmentos de discursos sobre la lengua en la Argentina de
hoy podemos leer una concepci�n difundida �y consagrada por los
medios- sobre la lengua y su din�mica, seg�n la cual el Estado no
tendr�a derecho o capacidad de intervenir. Y tal vez sea esa misma
concepci�n la que lleva a abortar -o a situar en un improbable futuro-
las iniciativas estatales en esta materia, si bien, por otro lado,
algunos documentos oficiales referidos
a las lenguas han comenzado t�midamente a hablar de pol�tica ling��stica, sobre todo aquellos que se establecen en
acuerdos con otros Estados. Pero hay datos de la historia argentina que vienen a desmentir esta representaci�n. Los analistas siempre han coincidido en atribuir el perfil ling��stico pretendidamente homog�neo de la Argentina a la acci�n de una pol�tica de asimilaci�n asumida desde fines del siglo pasado por los gobiernos que se propusieron construir un Estado nacional centralista. A la distancia vemos que esa pol�tica se llev� a cabo mediante una cuidada planificaci�n, fundamentalmente a trav�s del apartado escolar. El Estado argentino, entonces, ha intervenido decididamente en el espacio de la lengua en otros momentos de su historia. | ||
Y
si ahora tomamos como referencia aquella �identidad ling��stica
argentina�, caracterizada por tradicionales h�bitos monoling�es, o la
persistente actitud de respeto temeroso, generador de inseguridad,
respecto de los dict�menes de la RAE (a la cual ser�a sacr�lego
reconocerle un car�cter pol�tico), es forzoso reconocer hoy una
transformaci�n notable en el plano del lenguaje, coherente en sus
efectos, que no podr�amos sino atribuir a un cambio de rumbo en la pol�tica
del Estado. Dicho en forma de hip�tesis: los
cambios socioling��sticos en marcha son en gran medida efecto de la
pol�tica ling��stica estatal. Esta
afirmaci�n parece ir en contra de las citas referidas poco antes, y sin
duda ser�a discutida por profesionales iniciados en la reflexi�n pol�tico-ling��stica,
o por los mismos funcionarios responsables de las decisiones que afectan
la/s lengua/s. Y sin embargo, �puede un Estado no tener pol�tica ling��stica?
Dicho de otro modo, �puede un Estado abstenerse de decidir? O en todo
caso, �no ser�a ya una decisi�n el optar por no asumir una
responsabilidad indelegable? Adelantando las respuestas, quisiera demostrar
que el Estado ha decidido y que, tal vez, la eficacia de su pol�tica
resida en la estrategia de nunca revelarse como tal. Es por eso que,
para emprender una caracterizaci�n, resulta improductivo (e incluso
funcional a la estrategia oficial) precipitarse a la b�squeda de
testimonios expl�citos de la pol�tica ling��stica del Estado, o de
la acci�n de instituciones que se asuman como responsables de ese campo
de decisiones. Intentaremos entonces un recorrido inverso: de los
efectos a los principios, limitando nuestro an�lisis, por razones de
espacio, al �mbito de las lenguas extranjeras y al de la determinaci�n
de la norma ling��stica. | ||
Considerando
el destino que le hab�a reservado a las lenguas extranjeras una pol�tica
casi centenaria, que tuvo como efecto m�s duradero reforzar la imagen y
la pr�ctica monoling�e, la situaci�n actual de estas lenguas presenta
cambios verdaderamente impactantes. El
ingl�s ha ido ocupando espacios cada vez m�s amplios, no s�lo ha
salido de los tradicionales centros de formaci�n como �la cultura
inglesa�, o las escuelas p�blicas, donde se impart�an rudimentos de
gram�tica respetando siempre la norma brit�nica. Su aprendizaje se ha
extendido, sobre todo en el �mbito privado, al punto de que �biling�e�
refiere hoy, sin m�s aclaraciones (cf. por ejemplo
secretaria biling�e, colegio
biling�e, etc.) a cierto grado de conocimiento de un tipo de ingl�s:
una lengua cuya norma se establece en t�rminos de eficacia comunicativa
y cuyo repertorio (l�xico fundamentalmente) parece definirse
estrictamente por dominios de actividad (empresario, t�cnico, cultura
masiva). En cuanto al portugu�s, las transformaciones resultan evidentes. Tres a�os atr�s eran contadas las instituciones que lo ense�aban, y escas�simos aquellos que decid�an emprender un estudio formal: s�lo algunos exc�ntricos movidos por amor a la cultura del Brasil. El resto, y me refiero particularmente a la clase media que desde los a�os 80 se volc� masivamente a las costas brasile�as, consideraba suficiente unos d�as de vacaciones para �aprender el idioma�; y para los m�s empecinados monoling�es, bastaba con pronunciar con �nfasis el rioplatense universal. | ||
El
portugu�s es actualmente, despu�s del ingl�s, la lengua extranjera m�s
solicitada. Por todas partes florecen institutos que ofrecen cursos de
una nueva variedad, el portugu�s
Mercosur, con rasgos similares a los del ingl�s
internacional (parentesco que confirma el hecho de que varias
academias o colegios biling�es
hayan agregado ahora cursos de portugu�s), dictados por docentes con
escasa o nula formaci�n espec�fica. Varias universidades nacionales
han reaccionado abriendo recientemente carreras de formaci�n docente en
portugu�s, la m�s antigua, la del IESL, abierta en 1954, contaba hasta
1994 con cincuenta profesores egresados. En 1995, la matr�cula de
primer a�o fue de 120 alumnos, cifra que se ha mantenido en los a�os
siguientes. Remito al an�lisis que Patricia Franzoni hace de su
experiencia como formadora de docentes en el �mbito p�blico. Seg�n su
testimonio, la cuidada formaci�n que proponen estas instituciones p�blicas
defrauda las ambiciones de los nuevos contingentes de alumnos, ansiosos
por insertarse en un mercado cada vez m�s competitivo. Las
lenguas extranjeras constituyen una tabla de salvaci�n Y
es que, con toda evidencia, la demanda de cursos de idiomas, breves,
eficaces, a medida del cliente, ha crecido enormemente: para el argentino medio,
de vocaci�n monoling�e hasta hace no mucho tiempo y hoy amenazado por
el desempleo, las lenguas extranjeras constituyen una imaginaria tabla
de salvaci�n, o aquel bien cuya definitiva desposesi�n lo condena a la
marginalidad. Estos
y otros cambios podr�an explicarse como meros efectos de procesos
socioecon�micos (globalizaci�n e integraci�n regional, movimientos
migratorios recientes), del desarrollo tecnol�gico en el campo de las
comunicaciones, de la movilidad creciente de un sector de la poblaci�n.
Pero la coincidencia entre este cuadro general y el horizonte de
expectativas que construyen los documentos de la Reforma Educativa en
curso invitan a leerlo como el resultado esperado de una pol�tica en
marcha. | ||
Nos
remitimos entonces a los textos de la Reforma referidos a las lenguas
extranjeras (Ley Federal de Educaci�n, CBC para EGB, Polimodal, Formaci�n
Docente, documentos de trabajo sobre el cap�tulo de Lenguas Extranjeras
para EGB, Polimodal y FD, textos de divulgaci�n en la revista Zona
Educativa). A partir de este corpus, intentaremos reconstruir un sinuoso
recorrido argumentativo. Los
primeros textos oficializados (CBC EGB) proponen para la ense�anza de
LE �cap�tulo de Lengua- la �oferta pluriling�e y multicultural�,
esto es, la ense�anza de m�s de una lengua extranjera a partir del
cuarto a�o de escolaridad, debido a �la necesidad creciente de
participar activamente en un mundo pluriling�e� y otros argumentos que
parecen apuntar al car�cter formativo del aprendizaje de lenguas y
culturas extranjeras. Se adjudica luego a la ense�anza de la lengua
extranjera la finalidad instrumental: �En todos los casos, se ense�a
la lengua para la (subrayado
en el original) comunicaci�n�, tomada �sta en un sentido amplio. No
se trata s�lo de la comunicaci�n interpersonal, �tambi�n hay
interacci�n en el proceso de decodificaci�n de textos orales y
escritos, para resolver problemas y tareas comunicativas� (Documento
amarillo, 1996, p. 4). El conocimiento de una LE parece tener aqu� el
valor de un instrumento que permite descifrar objetos opacos, abstra�dos
de todo contexto social. El
ingl�s comienza a ser sin�nimo de lingua
franca Los �ltimos documentos ubican la problem�tica de la LE en un cap�tulo aparte, separado del cap�tulo general de Lengua, para lo cual se define la LE por oposici�n a la lengua materna y la lengua segunda. Aparece entonces una categor�a superadora: la lingua franca, sin�nimo de ingl�s: �la lengua de comunicaci�n internacional, que hermana e integra a una comunidad universal de usuarios (sic) sin fronteras geogr�ficas ni pol�ticas, que escucha, habla, lee y escribe en ingl�s. Es la lengua de la m�sica, la computaci�n y la comunicaci�n planetaria a trav�s de Internet y el correo electr�nico; la lengua de la bibliograf�a t�cnica que tiende redes de conocimiento cient�fico; la lengua a la que recurren los hablantes de lenguas diferentes para resolver sus problemas de comunicaci�n.� Y remata: �El ingl�s se ha ido transformando en la lingua franca natural (�sic!) y, al hacerlo, se ha ido alejando de sus ra�ces culturales� (ibid). De esta declaraci�n de principios se deriva una serie de prescripciones did�cticas, aplicables a todos los alumnos a partir del cuarto a�o de estudios. El Estado se ha decidido finalmente por la ense�anza instrumental, obligatoria y generalizada �aun con recursos insuficientes, de un bien sobrevalorado, el ingl�s, dejando en un inc�modo lugar marginal a la lengua extranjera seleccionada, objeto dif�cilmente formulable e integrable en este nuevo discurso. Respecto de la concepci�n de lengua dominante, instrumento de decodificaci�n que sirve a objetivos pr�cticos particulares, aislado de su origen y funcionamiento social, ha perdido todo sentido aquel ideal de oferta pluriling�e multicultural. | ||
La
consistencia de esta estrategia vuelve a aparecer si analizamos la pol�tica
seguida con el portugu�s. Desde el protocolo de intenciones firmado en
diciembre de 1991, y luego en las sucesivas reuniones de ministros del
Mercosur, se ha ido delineando el Programa
Aprendizaje de los idiomas oficiales del Mercosur, que tiene como
objetivo �implementar la ense�anza del espa�ol y del portugu�s en
instituciones de los diferentes niveles y modalidades del sistema
educativo, para mejor la comunicaci�n entre los pa�ses que conforman
el Mercosur�. El gobierno argentino ha firmado, pues, un compromiso
internacional de difundir el portugu�s en su sistema educativo, y en
ese marco se ubica el anuncio del gobernador de Buenos Ares (marzo de
1995) sobre la obligatoriedad de la ense�anza del portugu�s en las
escuelas secundarias. El anuncio no tuvo m�s efecto inmediato que el de
confirmar la inviabilidad de la medida: sin profesores ni materiales
suficientes era imposible llevarla a la pr�ctica. Y sin embargo, como
en el caso del ingl�s, el sector privado tom� debida nota de la se�al:
una nueva necesidad se abr�a en el mercado que el Estado era incapaz de
satisfacer. Con el s�lido respaldo del discurso pol�tico-ling��stico
estatal, se inici� la �poca dorada del negocio del ingl�s y el
portugu�s. Estos ejemplos revelan un funcionamiento complementario entre el Estado y el sector privado; podr�a decirse incluso que la pol�tica del Estado es llevada adelante por agentes privados. Veamos ahora c�mo est�n las cosas fuera del �mbito educativo. | ||
Hemos
asistido a otro fen�meno interesante que podr�a insertarse en esta
serie: la puesta en circulaci�n de dos manuales
de estilo aparecidos simult�neamente, el de las empresas Grupo
Clar�n y La Naci�n, S.A.,
responsables de los diarios hom�nimos. En este caso sorprende, m�s que
el �xito editorial de ambos emprendimientos, el hecho de que estas
empresas � m�s notoriamente La Naci�n- se atribuyan funciones intr�nsecamente
estatales como la de velar por el respeto de la norma ling��stica
�disputando y aceptando a la vez la autoridad de a RAE en este
terreno-, o a�n, la de �contribuir a la this site idiom�tica,
responsabilidad primordial del periodismo, en su inexcusable vocaci�n
cultural y docente, puesta a LA NACI�N por su fundador, Bartolom�
Mitre�. Y aqu� la homonimia puede dar lugar a confusi�n. No se trata
de la naci�n argentina y su primer presidente, sino de la empresa
period�stica y su primer director. El mismo enunciador que poco tiempo
atr�s se escandalizaba ante la posibilidad de que el Estado asumiera
alg�n tipo de control sobre la lengua. Una
vez m�s, entonces, empresa y Estado se unen para borrar las huellas de
la intervenci�n pol�tica sobre la lengua. El Estado da de s� la
imagen democr�tica y pluralista de quien abre un espacio y luego deja
hacer, gracias a un discurso que integra, por mera yuxtaposici�n,
fragmentos de procedencias muy diversas (cf. Bein y Varela, 1996), logra
hacer coexistir l�neas de acci�n incompatibles entre s�
(obligatoriedad del portugu�s, o del ingl�s lingua
franca y la oferta pluriling�e
y multicultural) mientras alienta a trav�s de la propaganda una
orientaci�n bien definida: ingl�s
y computaci�n, seg�n lo han sancionado la naturaleza y las leyes
del mercado. Como lo ha hecho en otros �mbitos, el Estado ha optado por
la privatizaci�n. En el dominio de las lenguas esto implica que las
empresas imprimen su propio sentido
al desarrollo �y a la representaci�n- de las lenguas, ahora sometidas
a la ley de la oferta y la demanda, instrumento deshistorizado, bien que
se adquiere en el mercado y crea diferencia. Pol�tica
liberal, o neoliberal, o privatista, que a veces se quiere pura t�cnica,
otras, inocente naturaleza; es, en definitiva, la
pol�tica que tenemos y tratar de darle un nombre ya es todo un
desaf�o para la teor�a y la acci�n pol�tico ling��stica. (Buenos
Aires, Congreso Internacional de Pol�ticas Ling��sticas). | ||
| L�a
Varela es
profesora del Instituto de Ling��stica de la Universidad de Buenos
Aires | ||
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