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4 de abril de 2001


Tribuna de opini�n

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NURIA GREGORI TORADA
SERGIO VALD�S BERNAL

Identidad, uso y actitudes ling��sticas
de la comunidad cubana en Miami
(Segunda y �ltima parte. La primera fue publicada el 28 de marzo)

Medios de difusi�n
Uso del espa�ol y del ingl�s
Actitudes hacia el espa�ol, el ingl�s y el biling�ismo
Una doble confrontaci�n
Conclusiones

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La �cubanizaci�n� del Condado en la d�cada de los a�os 1960-1970, fue el motor impulsor que condujo a la proclamaci�n oficial de Miami como ciudad con estatus biling�e el 15 de abril de 1973.

Esta legitimizaci�n no hizo m�s que reconocer la realidad objetiva de una ciudad que hab�a cambiado bruscamente su fisionom�a �tnica, cultural y ling��stica al acoger en ella a una alta proporci�n de personas que hablaba una lengua diferente al ingl�s. Una encuesta realizada entre 1973-1974 arroj� que el 61% de los cubanos �no hablaba ingl�s�, el 24% �conoc�a algo� y que s�lo el 14% �sab�a hablarla� (Portes Clark, Bach, 1977-24). Es decir, que el 85% no sab�a hablar ingl�s. En 1980, otra encuesta reafirmar�a que m�s del 10% de los hispanos no era capaz de comunicarse en ingl�s.

 La ley favorecer�a, pues, a una parte sustancial de la poblaci�n del Condado que podr�an utilizar el espa�ol en las oficinas p�blicas, hospitales, bancos, servicios telef�nicos, ense�anza. Hospitales, como el Jackson Memorial, comenzaron a ofrecer servicios de int�rpretes a pacientes, mientras que en los barrios con fuerte presencia �tnica hispana, la interacci�n m�dico paciente ya desde hac�a alg�n tiempo se efectuaba casi enteramente en espa�ol. En las oficinas p�blicas se comenz� a brindar los servicios en las dos lenguas, as� como en los juzgados y la polic�a (Cuadernos Cervantes, 1995).

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Las transacciones bancarias se pod�an realizar ya en cualquiera de las dos lenguas, incluso, a trav�s de las modernas cajas autom�ticas (Castellanos, 1990).

El sistema electoral tambi�n es biling�e y las boletas, as� como toda la informaci�n que necesitan los electores est�n en espa�ol y en ingl�s.

En cuanto a la ense�anza, aunque el dominio del ingl�s siempre ha sido incuestionable, desde los primeros a�os de la d�cada del sesenta se crearon en el Condado escuelas parroquiales donde se impart�an clases de espa�ol e ingl�s a los ni�os reci�n llegados de Cuba.

 En 1961, la Administraci�n del Condado estableci� el Cuban Teacher Training Program con el objetivo de preparar maestros para el sur de La Florida. La mayor�a de estos maestros eran mujeres, quienes por el d�a ense�aban y serv�an como int�rpretes, mientras que por las noches perfeccionaban sus conocimientos de ingl�s y recib�an nociones de pedagog�a para poder obtener los certificados de habilitaci�n profesional que les permitir�a tomar posesi�n de sus aulas en las escuelas del Condado. En la d�cada de 1960 muchos cubanos comenzaron a impartir clases en La Florida y en otros estados de la Uni�n, no s�lo a estudiantes hispanos, sino tambi�n a angloamericanos: �Era realmente una proeza enfrentarse a una clase y ense�ar en una lengua que no era la tuya. Los ni�os norteamericanos hac�an bromas con nuestro acento� (Garc�a, 1991: 17-33).

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Hoy en el Condado, adem�s de las escuelas privadas donde se imparten clases de y en espa�ol, as� como de Geograf�a e Historia de Cuba, Literatura Iberoamericana (Harvard Encyclopedia of American Ethnic Grups, 1985), existen tambi�n escuelas p�blicas donde se imparten clases de espa�ol para hablantes nativos hispanos.

Uno de los barrios con aspecto m�s t�picamente cubano es �La Peque�a Habana� (Little Habana) en cuya avenida principal, desde la Calle 8 y Flager, hay m�s de 2000 peque�os comercios cubanos cuyos propietarios proveen de una amplia gama de productos y servicios a la comunidad. Todo es en espa�ol, comercios que repiten los nombres de otros que exist�an en Cuba en la d�cada de los a�os cincuenta al sesenta, de ciudades o barrios de Cuba como �La Esquina de Toyo�, �La Esquina de Tejas�, �El Encanto�, �La Cubanita�, etc�tera. Carteles donde se informa parad�jicamente, que all� tambi�n �se habla ingl�s�. Cines y teatros donde se exhiben filmes y se representan obras en espa�ol. Centros nocturnos con comida cubana. M�s de 400 restaurantes de comida cubana y 700 tiendas de comestibles y peque�os caf�s donde se puede tomar caf� �a la cubana�, todo lo que,

unido al hablar de sus gentes, le ofrece al reci�n llegado la imagen de un barrio habanero.

Medios de difusi�n

Ninguna otra lengua, despu�s del ingl�s, ha llegado a tener una presencia tan significativa en los medios de difusi�n de los Estados Unidos como la espa�ola. Actualmente hay m�s de 100 estaciones de televisi�n con programaci�n en espa�ol, m�s de 600 radioemisoras, as� como 150 peri�dicos no diarios, 125 revistas y 13 peri�dicos diarios (Alc�ntara, 1963-169).

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Solamente en el Condado de Dade hay dos canales de televisi�n en espa�ol y numeros�simas emisoras radiales. En Miami se edita toda la informaci�n del Noticiero Nacional de la Cadena Hispana que enlaza mediante sat�lite a m�s de 350 estaciones comerciales afiliadas con programas las 24 horas del d�a.

En los momentos de alerta cicl�nica y tomando en consideraci�n el �rea que puede ser afectada el Canal Meteorol�gico transmite todos los pares en espa�ol y en ingl�s.

Cada d�a crece m�s la presencia del espa�ol en los medios anglos del Condado. Se transmiten comerciales en espa�ol y se emplean palabras espa�olas dentro de reportajes en inlg�s, lo cual no hace m�s que reflejar la realidad socio-ling��stica de esta zona biling�e-bicultural que por su configuraci�n social difiere de otras zonas biling�es en muchos aspectos: biling�ismo reciente y masivo, fuerte poder econ�mico y pol�tico de la �minor�a�. distribuci�n de la �minor�a� cubana a todo lo largo y ancho del Condado y no en un barrio, etc�tera.

Las grandes concentraciones de hispanos en las ciudades, las sucesivas oleadas migratorias y el hecho de que no hayan podido ser asimilados totalmente a la cultura norteamericana anglo, han hecho posible que los medios de difusi�n en espa�ol no s�lo no hayan disminuido, sino que hayan ido en aumento hasta alcanzar las proporciones actuales, incomparables con otras lenguas de �minor�as� residentes en los Estados Unidos.

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Uso del espa�ol y del ingl�s

Los cubanos presentan el mayor �ndice de monoling�ismo espa�ol entre los hispanos, s�lo superados por los dominicanos de m�s reciente incorporaci�n a la sociedad norteamericana.

En la d�cada de 1980, el 80% de la poblaci�n cubana residente en el Condado era monoling�e espa�ol. Las causas de este alto monoling�ismo espa�ol se deben a que el 85% de los cubanos pertenecen a la primera generaci�n de inmigrantes, es decir, nacieron en Cuba, as� como a la existencia de un fuerte enclave �tnico econ�mico con fuentes de empleo que les permite trabajar y vivir en espa�ol en el sentido m�s amplio de la palabra.

En lo que se refiere al espa�ol que se habla y escribe en Miami, a pesar de que los datos que disponemos son escasos, no obstante ser �ste uno de los puntos m�s estudiados de la geograf�a ling��stica estadounidense, la gran concentraci�n de cubanos procedentes en su inmensa mayor�a de las provincias de La Habana y Ciudad de La Habana, as� como los altos niveles educaciones que poseen, nos permite afirmar que el espa�ol que se habla en Miami tiene una base dialectal cubana, habanera, urbana, y que la calidad de la lengua debe ser alta, tomando en consideraci�n que han adquirido los conocimientos de la lengua espa�ola culta a trav�s de la ense�anza, lo que en correspondencia debe reflejarse en su actuaci�n ling��stica.

Entre las caracter�sticas f�nicas m�s importantes del espa�ol de Miami se se�alan: la aspiraci�n de la /s/ final de s�laba, la aspiraci�n de /x/ y la velarizaci�n de la /n/ (Alba, 1993).

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Otro de los aspectos que m�s ha llamado la atenci�n del espa�ol cubano miamense es el l�xico. El condado directo y cotidiano con el ingl�s hizo que poco a poco los cubanos fueron incorporando palabras y frases en ingl�s en el discurso espa�ol. En un primer momento fueron palabras aisladas dentro del discurso. En los casos de los que llegaron adultos y con un buen dominio del espa�ol estas interferencias tardaron en aparecer lo que, quiz� ha hecho afirmar a algunos estudiosos que �despu�s de 25 a�os el habla de los cubanos conserva las mismas caracter�sticas que el espa�ol de Cuba y de otros pa�ses hispanoamericanos� (Varela, 1984).

No existen, pues, m�s interferencias del ingl�s en el espa�ol miamense �seg�n esta afirmaci�n- que las que pueden existir en M�xico, La Habana, Caracas, algo que no deja de sorprender, pues se trata de situaciones ling��sticas muy distintas. Seg�n esta aseveraci�n el spanglish queda para los puertorrique�os en sus barrios neoyorquinos. Sin embargo esto ya es historia, y el spanglish, como era de esperar, ha hecho su aparici�n en Miami entre la nueva generaci�n de los cubanoamericanos �los yacas- quienes se �divierten� hablando esta variedad de lengua �en parte espa�ol anglosajonizado, en parte ingl�s hispanizado, y en parte giros sint�cticos, que usan ni�os y adultos, a veces casi sin darse cuenta�. Pero, no es s�lo la incorporaci�n de vocablos y el cambio inconsciente del espa�ol hacia el ingl�s, sino que tambi�n se trata, seg�n ha se�alado Castellanos (1990) de que un considerable n�mero de j�venes cubanoamericanos desconoce el uso correcto de los pronombres t�/usted, debido a que en ingl�s s�lo existe el pronombre you, mientras que en espa�ol el uso de las formas t�/usted depende del grado de amistad entre los hablantes, la situaci�n oficial/no oficial de la conversaci�n; la relaci�n de igualdad, desigualdad, es decir, relaci�n jefe/subordinado, alumno/profesor, etc�tera, as� como diferencias de edad joven/anciano, entre otras produci�ndose en Miami con frecuencia que al utilizar el espa�ol en actos oficiales se dan casos como los siguientes: �Se�or Alcalde, �T� podr�as decir unas palabras�..�

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Actitudes hacia el espa�ol, el ingl�s y el biling�ismo

El alto monoling�ismo espa�ol de la primera generaci�n no presupone en ning�n modo rechazo hacia el ingl�s, sino simplemente que cuando estos inmigrantes llegaron a Miami con muy pocos conocimientos, o ninguno, de ingl�s, y pudieron hallar trabajo entre sus compatriotas, aunque quiz�s, recibieran una remuneraci�n menor, decidieron seguir trabajando y viviendo en espa�ol y dejar el aprendizaje del ingl�s para m�s adelante, un m�s adelante que en muchos casos nunca lleg�.

Sin embargo, el conocimiento del ingl�s se encuentra entre las preocupaciones fundamentales de esa primera generaci�n de inmigrantes que s� reclaman para sus hijos esa posibilidad que ellos decidieron dejar a un lado.

Existen diferencias en el uso de una u otra lengua entre la primera y la segunda generaci�n de inmigrantes. Mientras los cubanos de la primera generaci�n son esencialmente monoling�es espa�ol, en los cubanos de la segunda generaci�n �los cubanoamericanos (nacidos en EE.UU. o que arribaron a ese pa�s siendo muy ni�os) se observa un desplazamiento hacia el ingl�s. As� lo demuestra una encuesta realizada a 214 cubanos de las dos generaciones residentes en la ciudad de Miami (Castellanos, 1980).

De los cubanos de la primera generaci�n encuestados el 80.1% respondi� que se �sent�an mejor hablando espa�ol�; el 21.75% consideraba al espa�ol �su lengua preferida� y en �la que pod�an expresa mejor sus ideas�, mientras que el 66.7% de los cubanoamericanos respondi� que �se sent�an mejor hablando ingl�s�; el 64.3% dijo que �el ingl�s era su lengua preferida�, y el 63.3% expresaron que �en ingl�s pod�an expresar mejor sus ideas�.

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Este desplazamiento hacia el ingl�s de los cubanoamericanos se considera, con frecuencia, como demostraci�n de la asimilaci�n cultural de la nueva generaci�n a la sociedad angloamericana. Sin embargo, en el caso de los cubanoamericanos, este desplazamiento hacia el ingl�s no representa un abandono de la lengua espa�ola, pues tampoco existe un rechazo hacia su uso.

La minor�a cubana ante la presi�n que ejerce la sociedad anglo dominante, no puede mantener de manera indefinida el conjunto de elementos que componen su identidad. En casos como �ste, la identidad suele redefinirse como se pueda, y se introducen las modificaciones necesarias para la supervivencia del grupo minoritario.

En el caso de los cubanoamericanos ese desplazamiento hacia el ingl�s va acompa�ado de una actitud muy positiva hacia el biling�ismo ingl�s/espa�ol, quiz�s, como una de las formas m�s evidentes de expresar su nueva identidad cubanoamericana.

As� el total de los encuestados respondieron que �prefer�an vivir en una sociedad biling�e�, as� como que les gustar�a que sus hijos fueran biling�es, en tanto que el 90% dijo que de hecho lo eran.

Todos consideraron a las dos lenguas como �importantes�, aunque el ingl�s recibi� una mayor puntuaci�n. Para el 80% el conocimiento del ingl�s es �esencial� y el 17,3% lo considera como �muy importante�; en tanto que el 50% consider� el conocimiento del espa�ol �esencial� y el 36.5% �muy importante�. Todo lo que demuestra el alto prestigio que gozan ambas lenguas y el biling�ismo. Por otra parte, es significativo tambi�n el hecho de que la mayor�a de los encuestados reconoce al ingl�s como �la lengua del pa�s�, �the language of the land� (Castellanos, 1990), a pesar de que el espa�ol es lengua cooficial junto con el ingl�s, y que se utiliza extensamente en la vida p�blica de Miami, fundamentalmente, en la salud p�blica, las oficinas del gobierno, los bancos, los medios de difusi�n, etc�tera.

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La comunidad cubana del Condado mayoritariamente monoling�e depende casi exclusivamente de los medios de comunicaci�n �tnicos, prefiriendo escuchar y ver los programas en espa�ol, as� como leer la prensa.

En 1980, el 82% de los cubanos residentes en Miami dijeron preferir leer la prensa en espa�ol, mientras que s�lo el 9.3% le�a la prensa en ingl�s y el 8.9% dijo leer ambas. Lo que le da una amplia preferencia a la prensa en espa�ol.

En cuanto a los programas radiales, el 69% de los encuestados dijo escuchar las emisoras en espa�ol y s�lo el 4,1% escuchaba emisoras angloamericanas lo que diferencia a esta comunidad de la comunidad cubana de Nueva York que prefiere ver y o�r los programas en ingl�s porque �son de mejor calidad� (Garc�a y Evangelista, 1988).

Esta actitud de los cubanos y de los cubanoamericanos hacia el biling�ismo contrasta notablemente con la pol�tica ling��stica oficial aplicada en los Estados Unidos durante toda su historia, siempre orientada a la americanizaci�n de las minor�as, las cuales siempre han ocupado una posici�n marginal en la cultura angloamericana y sus lenguas, por lo tanto, siempre han sido marginadas.

Durante muchos a�os el dominio del ingl�s en la ense�anza p�blica de los Estados Unidos fue absoluto, hasta que en la d�cada de 1960-1970, debido al recrudecimiento de a lucha por los derechos civiles de las minor�as, la Administraci�n norteamericana se vio precisada a realizar una serie de concesiones. Una de ellas fue la introducci�n en la ense�anza p�blica de algunas de las lenguas habladas por las minor�as, lo cual se logr� con la aprobaci�n por el Congreso en 1963, de la Ley de Educaci�n Biling�e (Bilingual Educational Act).

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Sin embargo, mientras para las minor�as la educaci�n binacional y de sus culturas, al mismo tiempo que aprend�an el ingl�s esto no era lo que pensaban, ni piensan los Congresistas angloamericanos, pues para ellos supone solamente el aprendizaje del ingl�s, ya que siempre se ha visto el biling�ismo como lago perjudicial y amenazante para la cultura norteamericana. Es por ello que muy poco tiempo despu�s de aprobada la Ley de Educaci�n Biling�e comenzaron a aparecer acciones dirigidas contra ella.

Una de las acciones m�s importantes contra el biling�ismo fue la creaci�n del Movimiento ultraconservador y reaccionario denominado �English only� (Solamente ingl�s), que apareci� como �reacci�n a la preocupante ola de inmigrantes hispanos en el suroeste del pa�s, la cual podr�a traer consigo el surgimiento de un movimiento secesionista�, as� como �una forma de proteger la pureza de la gran naci�n americana, pues el ingl�s y solamente el ingl�s es el v�nculo que une al pueblo norteamericano�.

Los objetivos de este movimiento son convertir al ingl�s en la �nica lengua oficial y excluyente de los Estados Unidos.

Desde entonces, peri�dicamente han aparecido acciones antibiling�es que exhortan a la prohibici�n de utilizar los fondos p�blicos para subvencionar cualquiera otra lengua que no sea el ingl�s, o promover otra cultura que no sea la norteamericana (Miami Herald, 1980).

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Es significativo que todas esas acciones hayan tenido la respuesta adecuada de los hispanos, sobre todo de los puertorrique�os y los cubanos que constituyen una apreciable fuerza electoral.

En 1995 se present� un nuevo Proyecto Antibiling�e en el Congreso Federal que pretend�a eliminar autom�ticamente las subvenciones a los diversos programas que promocionan el biling�ismo en los Estados Unidos, argumentando que �adem�s de recargar al contribuyente norteamericano quitan incentivos a los inmigrantes para aprender ingl�s y, por lo tanto, colocan a los inmigrantes hispanos en una posici�n de desventaja econ�mica� (Cuadernos Cervantes, 1995).

El proyecto ha recibido, como todos los anteriores, la adecuada respuesta de los hispanos, quienes han refutado los argumentos por contradictorios, pues el hecho de ser biling�es les �ofrece ventajas sobre los hablantes monoling�es, ya que no s�lo la calidad de la vida es mucho mayor cuando se pueden tener referencias culturales en dos idiomas, en dos mundos� (Portes y Rombaut, 1990). Este antibiling�ismo contradice, adem�s, e l esp�ritu de la Constituci�n de

Los Estados Unidos y viola los derechos ling��sticos de los millones de hispanos residentes en el pa�s.

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Contra esa nueva acci�n antibiling�e, los congresistas hispanos �puertorrique�os y cubanos- presetnaron el Contraproyecto English Plus que pretende asegurar el aprendizaje y la continuidad de las diferentes lenguas que habla la poblaci�n norteamericana, en defensa del biling�ismo y en contra de los sentimientos anti-inmigrantes y anti-hispanos, que han resurgido con fuerza en los �ltimos tiempos en Estados Unidos.

No hay duda de que el espa�ol  goza hoy de un alto prestigio en los Estados Unidos. Esto lo demuestra, entre otros, el hecho de que mientras en la d�cada de 1960-1970 el franc�s y el alem�n eran las lenguas que m�s se estudiaban en los Estados Unidos, actualmente es el espa�ol con alrededor de 3 millones de estudiantes de ense�anza media y 700.000 universitarios (Cuadernos Cervantes, 1995).

Una doble confrontaci�n

Sin embargo, en el caso de los hispanos la cuesti�n de la identidad ling��stica se presenta mediante la doble confrontaci�n espa�ol/ingl�s; espa�ol/ modelo castellano normativo-acad�mico/Variante nacional de origen (dominicana, cubana, mexicana, puertorrique�a, etc.)

Por lo que mientras existe una alta valoraci�n del �espa�ol� como lengua internacional, existe una valoraci�n negativa del espa�ol que se habla en los Estados Unidos, lo cual sustenta, fundamentalmente, en los estereotipos que se tiene sobre sus hablantes, los inmigrantes hispanos a quienes se los considera �pobres�, �incultos�, �ignorantes�, y, por lo tanto, portadores de una lengua espa�ola �incorrecta�, �fea�. A las caracter�sticas propias de las variantes nacionales que son portadores estos hispanos, se a�ade la influencia que el ingl�s ejerce, a trav�s del uso de vocablos en ingl�s, de giros. lo que hace que se reafirme m�s su condici�n de �lengua deteriorada�.

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Esta actitud negativa hacia las formas de hablar de los hispanos ha hecho que muchos de ellos se autodiscriminen y consideren �su� espa�ol de incorrecto, lo que ha llevado, a muchos, al abandono de su lengua materna.

En una encuesta realizada en una colonia de hispanos en la ciudad de Nueva York, tres j�venes dominicanos dijeron preferir hablar el ingl�s, incluso con otros hispanos, porque as� no se les notaba su �acento dominicano� y en consecuencia no se les tomar�a por �incultos� e �ilegales� (Garc�a y Evangelista, 1988), pues cuando hablaban en ingl�s todos los hispanos ten�an el mismo acento: �hispano�. Lo que demuestra que en este caso su autoestigmatizaci�n no es hacia el espa�ol en general, sino hacia su variedad nacional, la dominicana.

En contraposici�n, en diferentes encuestas realizadas los cubanos siempre han valorado positivamente su acento nacional y no sienten ninguna verg�enza cuando hablan espa�ol (Garc�a y Evangelista, 1988; Castellanos, 1980). Hablar espa�ol en Miami no significa pertenecer a la clase baja, ni ser ilegal. Esta actitud de los cubanos sin duda, tambi�n ha favorecido la permanencia del espa�ol.

Un hecho diferente es el que hemos encontrado entre algunos cubanoamericanos intelectuales que no poseen el mismo dominio del ingl�s y del espa�ol, aunque son biling�es, por lo que temen expresarse en espa�ol ante una auditorio cuando deben emplear un estilo culto, por lo que deciden hablar o escribir en la lengua que m�s dominan, en este caso, el ingl�s.

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Conclusiones

Aunque este trabajo constituye s�lo una primera aproximaci�n al estudio socioling��stico de la comunidad cubana de Gran Miami, la situaci�n ling��stica actual objetiva y subjetiva, del Condado de Dado, nos permite afirmar que no existe por el momento el �peligro� de desaparici�n del espa�ol en esta zona de La Florida y que el bajo �ndice del biling�ismo espa�ol/ingl�s que tiene hoy la comunidad cubana de Miami deber� aumentar, pues al igual que otras comunidades hispanas, la comunidad cubana perder� su identidad cultural cubana, sin que quiera decir esto que adquirir� la de la sociedad norteamericana, sino una nueva identidad cultural, sincr�tica, que reunir� elementos de la comunidad �tnica cubana y los de la cultura norteamericana, en la que sus miembros se convertir�n en biling�es ingl�s/espa�ol y en los que el espa�ol miamense, sobre una base dialectal cubana, habananera seguir� su desarrollo aut�nomo. (La Habana)


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Sergio Vald�s Bernal, doctor en roman�stica, es Investigador Titular del Instituto de Literatura y Ling��stica de Cuba.

Nuria Gregori Tobada, doctora en filolog�a, es presidenta del Instituto de Literatura y Ling��stica de La Habana.

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