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8 de noviembre de 2000


Tribuna de opini�n

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ALBERTO G�MEZ FONT
Internet: Un nuevo lenguaje t�cnico

Los vocablos especializados son insustituibles
Mensajes para unos y mensajes para otros
Los intercambios tecnol�gicos son v�lidos
Neologismos que nutren
La ciencia y los neologismos necesarios
El espa�ol como lengua universal
Los cibernautas hispanohablantes
Una actitud servil ante el ingl�s
Agarrando al toro por los cuernos
La responsabilidad de los periodistas

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El adjetivo t�cnico seg�n el diccionario, se aplica a las palabras o expresiones empleadas exclusivamente, y con sentido distinto de lo vulgar, como el lenguaje propio de un arte, una ciencia, un oficio...

Tecnicismo es el conjunto de voces t�cnicas empleadas en el lenguaje de un arte, una ciencia, un oficio..., o cada una de estas voces.

Tecnolog�a es el tratado de los t�rminos t�cnicos o el lenguaje propio de una ciencia o un arte.

He querido comenzar con esas definiciones porque durante un rato voy a utilizar las expresiones lenguaje cient�fico, lenguaje t�cnico, ciencia, tecnolog�a y t�cnica, ya que el asunto que vamos a tratar es un lenguaje t�cnico, un lenguaje creado por especialistas, y dif�cil de entender para los no iniciados. 

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Si algo caracteriza al lenguaje cient�fico y al lenguaje t�cnico es su l�xico. El l�xico general, el propio de todos los hablantes, puede ser utilizado para transmitir mensajes a todos los que conocen una determinada lengua, y el grado de comprensi�n de esos mensajes depender� del nivel de informaci�n que posea el receptor, sea lector u oyente.

Pero el l�xico de un lenguaje especializado no puede ser dirigido a toda la gente y no admite grados de comprensi�n. Ante un texto escrito en lenguaje cient�fico o t�cnico tiene m�s posibilidades de comprensi�n un novato en el campo correspondiente del saber, que las que tiene un buen conocedor del l�xico de la lengua que no sepa nada de la especialidad de la que trate el texto.

Tomemos un ejemplo esclarecedor, una definici�n tomada del Vocabulario Cient�fico y T�cnico de la Real Academia de Ciencias Exactas, F�sicas y Naturales. Veamos qu� es una charnela desmodonta. 

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Charnela desmodonta es la �charnela propia de los pelec�podos clav�colas, formada por repliegues ligamentarios paralelos al borde de la concha, sin verdaderos dientes�.

Y si miramos la voz charnela, veremos que se trata de la �estructura mediante la cual se articulan las dos valvas que forman el oxeoesqueleto en los pelec�podos, braqui�podos y ostr�codos. Punto de m�xima curvatura que presenta un pliegue geol�gico en un perfil transversal al mismo�.

Cambiemos ahora de diccionario y miremos qu� es una charnela en la lengua general, en el Diccionario de la Real Academia Espa�ola (DRAE): (del franc�s "charni�re".) Bisagra para facilitar el movimiento giratorio de las puertas. Gozne, herraje articulado. (Zool.)Articulaci�n de las dos piezas componentes de una concha bivalva. 

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Los vocablos especializados son insustituibles

En el lenguaje cient�fico y t�cnico los vocablos especializados son absolutamente insustituibles y no pueden ser retirados del texto para colocar otros que act�en como sin�nimos o casi sin�nimos, pues �stos no pueden existir.

La parte esencial de lo que llamamos vocabulario especializado la constituye el l�xico cient�fico y t�cnico. La especializaci�n no se produce por ning�n otro mecanismo que pueda afectar al l�xico sino por la eliminaci�n de cualquier posibilidad significativa que no sea la deseada en la oportuna utilizaci�n del vocablo.

El lenguaje especializado exige un significante propio para cada significado. Un texto cient�fico en el que cada noci�n especializada no tuviera una palabra (un significante) propia ser�a necesariamente un texto confuso. S�lo los especialistas pueden distinguir con precisi�n los t�rminos propios de su ciencia, ya que frecuentemente �stos tienen la forma de una palabra del l�xico general, pero en el texto cient�fico o t�cnico tienen un significado un�voco para su empleo especializado.

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Quien pretenda interpretar el sentido de las voces propias de un campo especializado, sin ser especialista, caer� en una confusi�n total, pues cometer� el error de tratar esos t�rminos como si fueran palabras de la lengua general, y la realidad es que no tienen nada que ver con ellos.

El significado de un t�rmino cient�fico debe aprenderse de una sola vez. No se consiguen mayores matizaciones ni se alcanza un mejor conocimiento del significado del t�rmino por el hecho de que el lector lo encuentre repetidas veces, pues en todas ellas esa palabra deber� tener el mismo significado, y si el lector no la conoce antes de leer el texto, no podr� entender ese texto.

Es m�s, dentro de una ciencia determinada, una metodolog�a nueva puede adoptar un significante ya existente con un nuevo significado que resultar� oscuro para el especialista que no conozca esa nueva metodolog�a.

El l�xico cient�fico y t�cnico no puede ser tratado como parte del vocabulario general de la lengua. Lo �nico que el l�xico cient�fico y t�cnico puede tener en com�n con el l�xico general es su forma gramatical. Y eso es f�cil de comprobar hojeando dos diccionarios: el de la Real Academia Espa�ola y el de la Real Academia de Ciencias.

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R�pidamente se da uno cuenta de que no son diccionarios redundantes: las voces que est�n en uno no se encuentran en el otro, y las que parecen repetidas en los dos s�lo lo son en la forma, pues sus significados difieren en uno y otro diccionario. El de la Real Academia Espa�ola s�lo recoge el l�xico general y el de la Real Academia de Ciencias s�lo el l�xico cient�fico y t�cnico.

Si consideramos que lo que caracteriza al l�xico es su condici�n de depositario de significados, el comportamiento de cada uno de estos dos tipos de l�xico es completamente distinto.

Los textos especializados son los que contienen un vocabulario que s�lo puede comprender un grupo muy reducido de hablantes, y todos los textos sobre ciencias o tecnolog�a son as�. Tratar de leer un texto especializado cient�fico o t�cnico sin ser especialista en el campo correspondiente es casi lo mismo que tratar de leer un texto literario en una lengua que no se conoce.

Es posible que el lector no sienta como ajenas a su lengua las palabras que va encontrando, pero finalmente tiene que convencerse de que no est� entendiendo nada de nada. En un texto especializado, el lector no especialista no encuentra ning�n auxilio en la relaci�n gramatical entre las palabras, sino que m�s bien sucede lo contrario. 

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Mensajes para unos y mensajes para otros

Hay, pues, dos tipos de lenguajes, y por lo tanto dos tipos de mensajes: 1) los dirigidos a grupos a los que se supone �nicos receptores posibles del mensaje. �stos deben resultar absolutamente inteligibles para aquellos a quienes van dirigidos y s�lo para ellos.  2) Los mensajes dirigidos a todos los usuarios de la lengua, que no pueden contener ning�n rasgo que pueda ser no inteligible.

Y mientras que todos los receptores de los mensajes del tipo 1) tienen que entender lo mismo, sin que haya diferencias entre lo que entienden unos y lo que entienden otros, los receptores de los mensajes del tipo 2) pueden tener interpretaciones diversas, incluso tantas como receptores del mensaje. En contra de esa this site de interpretaciones admisibles en un texto no especializado, el lector de un texto cient�fico o t�cnico no tiene otra posibilidad que admitir o rechazar el contenido, no puede haber posiciones intermedias.

Para su empleo, el vocabulario cient�fico y t�cnico est� sujeto a las normas sint�cticas generales, pues ya hemos visto que se diferencia por el l�xico, es decir, por los nombres, los verbos, los adjetivos y los adverbios; pero las llamadas partes gramaticales (art�culo, pronombre, preposici�n y conjunci�n) son comunes tanto a textos cient�ficos como no cient�ficos. 

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La exposici�n de un tema cient�fico se lleva a cabo del mismo modo que cualquier otra forma de expresi�n, y su car�cter cient�fico se manifiesta en la presencia de t�rminos especializados; sin estos vocablos especializados un texto cient�fico no quedar�a caracterizado como tal.

Parece, pues, evidente, que el vocabulario cient�fico y t�cnico no tiene nada que ver con el vocabulario general de la lengua. El vocabulario cient�fico y t�cnico forma parte de las ciencias y t�cnicas a cuyos significados representa, y sacarlo de ah� y confundirlo con el l�xico general no est� justificado en ning�n caso.

No es posible unir ambos l�xicos en uno solo, las ramas de la ciencia son muy numerosas y dentro de cada una hay un l�xico especializado cuyos usuarios son poco numerosos; pero aunque es deseable que el l�xico de la lengua no sufra alteraciones por esta v�a, no se pueden rechazar sistem�ticamente las incursiones de vocablos t�cnicos en el l�xico general.

No hay ninguna f�rmula para conseguir un equilibrio en el uso de la terminolog�a cient�fico-t�cnica. Todos los significados especializados de un texto cient�fico, aunque a primera vista parezcan parte del vocabulario general, no pertenecen al l�xico de la lengua sino al de la ciencia y la t�cnica. El vocabulario cient�fico y t�cnico es un asunto propio de los cultivadores de sus ramas respectivas; todos los dem�s nos enteramos de la existencia de esos t�rminos cuando aparecen fuera de los textos especializados.

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Los intercambios tecnol�gicos son v�lidos

De todas formas, y aunque en principio sean cosas tan separadas, los intercambios entre el vocabulario com�n y el vocabulario t�cnico o cient�fico son constantes. Palabras comunes y de todos conocidas como la red pasan a ser utilizadas en terrenos tan especializados como el que aqu� nos ocupa: la Internet. Y m�s frecuente a�n es que las voces t�cnicas penetren en el habla com�n.

El cient�fico o el t�cnico escriben para pocas personas, es decir, �nicamente para los que dominan la parcela de la ciencia de la que tratan sus escritos; incluso en las obras de divulgaci�n cient�fica el autor no puede prescindir de los t�rminos propios del lenguaje cient�fico-t�cnico.

Actualmente la exposici�n cient�fica para un p�blico amplio se hace a base de la colaboraci�n entre los cient�ficos y los periodistas especializados de los grandes peri�dicos y las grandes agencias de informaci�n internacionales. Estos �ltimos, los periodistas, deben transformar el lenguaje cient�fico en lenguaje period�stico, prestando atenci�n a los niveles de los receptores de esos mensajes, que pueden ser cient�ficos, personas cultivadas o p�blico en general y que pueden variar seg�n los pa�ses y las sociedades, precisando cada uno de ellos una determinada forma en la exposici�n, en los razonamientos y en el lenguaje.

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El periodismo cient�fico se ocupa de la divulgaci�n de la actividad cient�fica y tecnol�gica y para ello, como ya hemos dicho, emplea un lenguaje period�stico que permite la comprensi�n del p�blico en general.

Y los periodistas dedicados a esa labor de divulgaci�n se topan con la realidad de que la descripci�n de la ciencia o la t�cnica no puede existir sin el uso de la terminolog�a propia, es decir, sin un lenguaje espec�fico correspondiente a la materia tratada.

La profesora espa�ola Mar�a Victoria Romero Gualda, al analizar el lenguaje period�stico, dice que �la presencia de voces t�cnicas de dif�cil descodificaci�n est� justificada cuando el contenido lo exige y el receptor lo permite�. Y a�ade que eso �quiere decir que el periodista tiene dos deberes dif�ciles de concordar respecto al uso de este tipo de voces: no puede banalizar determinados contenidos cient�ficos o t�cnicos y tampoco puede abandonar una cierta labor de divulgaci�n que permita al lector comprender el texto. No hay duda de que en una cr�nica de arquitectura puede aparecer:  'remate de antepecho con merlones embrionarios y g�rgolas en ca��n' o en unas p�ginas de econom�a se hablar� de plus val�a, inflaci�n, encaje bancario, tipos de inter�s, etc. El problema est� en el contagio que pueden sufrir otras informaciones que nada tienen que ver con �mbitos especializados. Y as� se nos habla de que en la pr�xima semana tendremos 'temperaturas a la baja', mezclando el lenguaje t�cnico de la econom�a con el de la informaci�n meteorol�gica�. 

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Visto ya que los cient�ficos est�n obligados a alejarse del lenguaje com�n para dar mayor claridad a sus mensajes, sus informaciones, sus teor�as... parece claro tambi�n que cuando de lo que se trata es de darles nombre a nuevos descubrimientos y a nuevas t�cnicas, hay que inventar nuevos vocablos, hay que usar neologismos.

Neologismos que nutren

El lenguaje cient�fico es especialmente dif�cil precisamente porque se nutre de neologismos y el neologismo, como reci�n llegado que es, resulta extra�o a la lengua, y es tambi�n labor de los periodistas contribuir a su generalizaci�n y su conocimiento.

Hace ya varios a�os, en abril de 1991, se celebr� en Espa�a, en el Monasterio de San Mill�n de la Cogolla, un seminario organizado por la Agencia EFE y la Comunidad Aut�noma de la Rioja, que se titul� �El neologismo necesario�. En las conferencias y en las mesas redondas, un grupo de cient�ficos, especialistas en econom�a, viticultura, rob�tica, f�sica nuclear, armamento militar, ling�istas, periodistas especializados y profesores se dedicaron a estudiar el fen�meno del neologismo y de la necesidad que tienen todas las lenguas, en este caso el espa�ol, de incorporar nuevas voces en su l�xico, sobre todo en los lenguajes especializados, es decir, t�cnicos y cient�ficos. 

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Y si bien se pusieron en evidencia gran cantidad de neologismos innecesarios, tambi�n salieron a la luz las necesidades espec�ficas de distintas ramas del saber y distintas profesiones, en cuanto a la creaci�n de t�rminos nuevos, o la adopci�n de voces de otras lenguas.

Hay que ser realistas y tener presente que la documentaci�n cient�fica producida en espa�ol es muy escasa, y que, por lo tanto, nuestros t�cnicos y nuestros investigadores deben leer casi todo en una lengua extranjera, que casi siempre es el ingl�s.

La termin�loga venezolana Mar�a Eugenia Franceschi explica muy bien esta situaci�n al decirnos que el hecho de dotar de nombre a las nuevas nociones que van apareciendo no es igual en todos los idiomas, pues depende de la posici�n que ocupe cada idioma en particular. En efecto, existen desarrollos tecnol�gicos que se originan en el interior de una sociedad con una lengua determinada y cuya creaci�n tecnol�gica se realiza en esa misma lengua.

Asimismo existen otras lenguas que, para hacer uso de esa tecnolog�a, deben entrar en contacto con la lengua creadora de dicha tecnolog�a y adaptar las nuevas nociones a la suya propia, lo cual significa encontrar equivalencias entre ambos idiomas para determinar el t�rmino correspondiente.

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A�ade la profesora Franceschi algo de todos sabido pero que conviene recordar: �el espa�ol, al entrar en contacto con los desarrollos que se originan en otras lenguas, y muy especialmente en ingl�s, debe adaptar esos conocimientos y los t�rminos utilizados para expresarlos. En muchos casos es posible que en espa�ol exista la expresi�n o el t�rmino correspondiente con la nueva noci�n, pero en otros se ha de crear el t�rmino que llene el vac�o, para lo cual debemos recurrir a los neologismos�.

Achacar al �mbito cient�fico y tecnol�gico la utilizaci�n abusiva de anglicismos no es algo gratuito; ya hemos visto las razones de que esto suceda: gran parte de los conceptos y objetos que pueden aparecer en un texto t�cnico son reci�n llegados al lenguaje y casi siempre han surgido en el mundo anglosaj�n. No ocurr�a as� con los inventos de hace cien a�os, que tuvieron la suerte de ser nombrados con voces sacadas de las lenguas cl�sicas, que en ese tiempo dominaban las ciencias; de ah� el tel�fono, el tel�grafo, la fotograf�a, el gram�fono...

La ciencia y los neologismos necesarios

El desarrollo de las ciencias y de la tecnolog�a va creando una continuada necesidad de crear neologismos. Hay que dotar de nombre a lo que se va inventando y descubriendo, y lo l�gico es que eso lo hagan los mismos que inventan o descubren, y lo m�s normal es que eso ocurra en ambientes de lengua inglesa. Y ante el dilema de intentar traducirlos o crear un neologismo, la mayor parte de las veces se opta por una tercera v�a, la m�s c�moda: usar la palabra en su idioma original. 

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Para quien genera o difunde una innovaci�n es f�cil inventar el t�rmino o tomarlo de la jerga propia de su campo, no necesita poner de acuerdo a nadie pues quienes adopten la innovaci�n adoptar�n tambi�n el nombre, mientras que para traducirlo al espa�ol, una vez ya difundido en ingl�s, hay que conseguir el acuerdo entre un gran n�mero de usuarios en todo el mundo hispanohablante.

En la �ltima d�cada el espa�ol ha sufrido en las comunicaciones y la electr�nica m�s que en cualquier otra �rea. Fax, modem, software, hardware no encuentran, y la mayor parte de las veces ni siquiera buscan, su equivalente en espa�ol. Hasta el ingl�s, el idioma de la computaci�n, ha sido modificado para aceptar acr�nimos y nuevos significados para palabras ya existentes.

El proceso de aparici�n de neologismos en el lenguaje t�cnico de la computaci�n o la inform�tica es siempre igual : la tecnolog�a se env�a desde la casa madre (casi siempre en los Estados Unidos) en ingl�s y llega a manos de un reducido grupo de t�cnicos de alg�n pa�s hispanohablante, normalmente M�xico o Espa�a.

Esos t�cnicos son los primeros en traducir y van creando as� una jerga con la que podr�n entenderse entre s� y transmitir lo traducido a los clientes m�s especializados. M�s adelante, cuando ya se produce la distribuci�n del nuevo producto al gran p�blico, aparece la figura del traductor, que debe encontrar el punto intermedio entre las traducciones llenas de anglicismos de los t�cnicos y el inter�s de utilizar un espa�ol correcto y libre de barbarismos.

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Aqu� quiz�s convenga hacer un inciso para hablar de un asunto que tiene mucho que ver con los programas inform�ticos y poco con el lenguaje t�cnico, pero merece la pena que nos detengamos un minuto para recordar el esc�ndalo, muy reciente, del diccionario de sin�nimos del programa de proceso de textos Microsoft Word.

Tal fue el esc�ndalo que la empresa Microsoft pidi� p�blicamente perd�n por sus sin�nimos, que resultaban ofensivos para las mujeres, los indios, los homosexuales, los andaluces y otros, pues pod�an encontrarse cosas como que los sin�nimos de andaluz eran �ca��, agitanado, gitano, flamenco y cal�, y los de ind�gena eran �salvaje, nativo, aborigen, b�rbaro, antrop�fago, can�bal, cafre, indio y beduino�.

El espa�ol como lengua universal

Pero tambi�n hay que recalcar lo bueno, y es de ley recordar que la misma empresa Microsoft, en la introducci�n de la versi�n espa�ola de los manuales para el usuario, dice lo siguiente: �Hagamos entre todos del espa�ol una lengua universal, tratando de aunar esfuerzos con el objetivo de evitar, en la medida de lo posible, por una parte los vac�os existentes en el lenguaje t�cnico y por otra el surgimiento y adopci�n de nuevos t�rminos en ingl�s sin su correspondiente adaptaci�n al espa�ol. Somos 300 millones de hablantes que compartimos la misma lengua y todos tenemos que sentirnos orgullosos y responsables de ella�.

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Estos buenos prop�sitos de la casa Microsoft nos interesan hoy aqu� porque esa famosa marca de procesadores de textos tambi�n ha desarrollado un programa para la Internet y el correo electr�nico.

Y si con la llegada de las computadoras se introdujeron en nuestra lengua m�ltiples t�rminos inform�ticos anglosajones de dif�cil traducci�n, con la actual expansi�n de la Internet y del correo electr�nico el espa�ol pierde a�n m�s terreno ante un spanglish imparable.

Internet ha elegido de manera casi natural el ingl�s como idioma oficial y la mayor parte de la informaci�n circula en esa lengua.  Internet es, como su nombre indica, una red internacional, una red de datos que se presentan en forma de texto y de im�genes, y su uso est� produciendo un lenguaje propio que podemos incluir dentro de los lenguajes t�cnicos: el lenguaje de los cibernautas, donde, ya de entrada, nos encontramos con una serie de voces formadas por composici�n de la ra�z �ciber� y otras palabras: ciberespacio, que es como conocemos a ese mundo et�reo creado por las comunicaciones instant�neas entre computadoras; cibernauta, que es el que navega por el ciberespacio; ciberteca, para referirnos a las bibliotecas electr�nicas; cibersexo, para los contactos sexuales a trav�s de la Internet, etc, etc.

Y ese nuevo lenguaje que va surgiendo es, en un principio, en ingl�s, y es ya tan extenso su l�xico que es necesario el uso de glosarios y vocabularios especializados.

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M�s del setenta por ciento de los usuarios de la Internet son anglohablantes, luego, si la red, la telara�a, crece y se desarrolla en un �mbito de lengua inglesa, �en qu� lugar queda el espa�ol en el mundo de la cibern�tica?

El primer problema que se plantea es quiz�s el m�s importante: las traducciones al espa�ol de los manuales de funcionamiento de los programas inform�ticos , incluyendo los de las redes de comunicaci�n. Y el problema es que esas traducciones, en muchas ocasiones, est�n redactadas m�s en spanglish que en espa�ol. La tarea de poner de acuerdo a todos los usuarios hispanohablantes sobre la terminolog�a de las redes de comunicaci�n es ardua y ello hace que se usen traducciones literales, calcos, o que se opte por los t�rminos ingleses.

Los cibernautas hispanohablantes

En la jerga de los iniciados en la Internet que usan el espa�ol como lengua de comunicaci�n, ya es conocido el t�rmino �ciberspanglish�, creado y difundido por la cibernauta peruana Yolanda Rivas, profesora del departamento de Pol�tica y Tecnolog�a de la Comunicaci�n de la Universidad de Texas, en Austin, que ha distribuido con ese t�tulo, a trav�s de la red, un glosario de t�rminos ingleses y su correspondiente traducci�n en espa�ol, traducci�n que, como veremos en algunos ejemplos, dista mucho de lo que hasta ahora se entend�a por espa�ol. 

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Dice Yolanda Rivas que hay una falta de reflejos por parte de los hispanohablantes, a quienes acusa de exceso de celo al pretender no usar t�rminos o construcciones ajenos al espa�ol, mientras que los anglohablantes no tienen ese tipo de reparos al crear, por ejemplo, el verbo to email, derivado de e.mail o electronic mail.

Y as� se atreve a defender algunos usos que a ning�n hispanohablante con un m�nimo de sensibilidad idiom�tica pueden parecerle aceptables, como el traducir exit por hacer un exit cuando en espa�ol eso es salir, o el horrible printear en lugar de imprimir como equivalente al ingl�s print, o deletear, de "delete", por borrar...

Pretender que verbos tan espa�oles como salir, borrar o imprimir dejen de usarse s�lo por estar relacionados con una computadora es, esa es mi opini�n, actuar contra la this site y la correcci�n del idioma.

Y el parecer de la doctora Rivas es compartido por muchos usuarios hispanohablantes de la Internet, especialmente, como es l�gico, los que viven y trabajan en los Estados Unidos, y tambi�n, desgraciadamente, algunos de otros pa�ses entre los que debo decir que se encuentra Espa�a. Y ello hace que ya sean aceptado como v�lidos en espa�ol mensajes como el siguiente:

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�Querido Jes�s: ya que hemos decidido emailearnos, te env�o un archivo para que lo downloadees a tu ordenador. Lo he encontrado surfeando en el Web, cliqueando de site en site. Lo puedes pasar a un floppy o printearlo, y si no te interesa salvarlo lo deleteas...�.

Tambi�n Jos� �ngel Martos, director de una prestigiosa revista especializada en las redes de comunicaci�n, defiende esa jerga llamada ciberspanglish en un art�culo publicado en su revista en el que no duda en afirmar que linkar es la �nica forma de decir en espa�ol lo que en ingl�s es to link, y rechaza de plano el uso del verbo enlazar, que ser�a la traducci�n correcta para cualquier hispanohablante.

Dice el se�or Martos que �l defiende la �amplitud de miras y de vocabulario y la subversi�n de lo s valores establecidos, sacudi�ndose sin m�s las dictaduras econ�micas, culturales y dem�s historias�.

Vemos con este ejemplo qu� tipo de personas est�n influyendo en la forma de usar el espa�ol en la Internet, aunque por suerte no todo es as�.

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Una actitud servil ante el ingl�s

Menos mal que hay quien reacciona ante esos desprop�sitos y defiende p�blicamente la necesidad del buen uso del espa�ol. Leticia Molinero, directora de la revista Apuntes, dedicada a cuestiones de traducci�n, dice lo siguiente en relaci�n con la p�gina de Internet de Yolanda Rivas : �Esa postura de defensa del spanglish se basa no s�lo en una crasa ignorancia de las posibilidades del espa�ol, sino en una actitud f�ctil y servil ante el idioma ingl�s. Adem�s, la propuesta de espa�olizar los sustantivos y verbos del l�xico inform�tico del ingl�s con ejemplos como uplodear los files, en vez de enviar los archivos, s�lo ser� v�lida para aquellas personas que no s�lo conocen los dos idiomas, sino tambi�n la tecnolog�a. Es decir, por un lado es una actitud servil ante el ingl�s y, por el otro, arrogante ante el resto de los hispanohablantes monoling�es�.

Y entre los usuarios de Internet tambi�n hay que mencionar la reacci�n del traductor espa�ol Xos� Castro Roig, quien, en una carta abierta titulada ciberidioteces , contestaba as� al se�or Martos: �La inform�tica, Internet y otra serie de tecnolog�as pasan ahora por un proceso por el que han pasado ya todas anteriormente, y es la fase en la que se mezclan t�rminos en ingl�s y en castellano hasta que se encuentra un t�rmino que pueda comprender la mayor�a de los destinatarios. Por esa misma fase pas� la televisi�n, las batidoras y los secadores de pelo.... Perdone, pero es que linking en ingl�s significa enlazar o vincular y los angloparlantes no se sorprenden de que signifique eso�. 

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Tambi�n hay otros que se toman en serio la labor de traducci�n y divulgaci�n de la terminolog�a de la Internet, y ese es el caso del Glosario B�sico Ingl�s-Espa�ol para usuarios de Internet de Rafael Fern�ndez Calvo, que, seg�n el autor, es �un modesto folleto de consulta, elemental y sin pretensiones�, y est� pensado para �ser �til en las navegaciones de ocio y negocio por Internet�, pero, en verdad, se trata de un trabajo serio, concienzudo y muy respetuoso con el espa�ol, y el autor no duda en traducir el link y el to link ingl�s como enlace y enlazar.

Otra labor muy importante es la que desarrolla la Academia Norteamericana de la Lengua Espa�ola, cuya comisi�n de traducciones edita un bolet�n titulado Glosas, dirigido por el acad�mico Joaqu�n Segura, en el que, en la secci�n dedicada a los neologismos norteamericanos con equivalentes propuestos por la comisi�n de traductores, encontramos listas de t�rminos propios de la Internet con la forma inglesa, su traducci�n y la correspondiente definici�n.

Ram�n Abad, encargado de la creaci�n de una p�gina en la Internet para el Instituto Cervantes de Nueva York, opina que la responsabilidad de crear algo parecido a un modelo de utilizaci�n del espa�ol en el ciberespacio recae m�s en los medios de comunicaci�n que en los organismos de la administraci�n, y dice que la gente que utiliza ese lenguaje es la que debe comprometerse a esa vigilancia del idioma.

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Agarrando al toro por los cuernos

Manuel Gamella Bacete, miembro de un foro de debate sobre la terminolog�a computacional en espa�ol, dec�a en uno de sus mensajes electr�nicos que �hay que coger el toro por los cuernos y promover acuerdos entre los miles de usuarios a ambos lados del Atl�ntico, pues de lo contrario s�lo nos quedar� la soluci�n de rendirnos al t�rmino ingl�s o acudir a traducciones demasiado largas y poco pr�cticas"�

En el mismo foro apareci� un mensaje de Francisco Javier D�ez, profesor del Departamento de Inform�tica y Autom�tica de la Universidad de Educaci�n a Distancia, en el que �ste afirmaba que �la actual degradaci�n del castellano en el mundo de la inform�tica se podr�a haber evitado o al menos paliado si todo el mundo hubiera puesto un poco de su parte. Por un lado hace falta que algunas personas asuman el liderazgo de este esfuerzo y, por otro, que toda la comunidad cient�fica tome conciencia de que el idioma es un bien cultural que debemos proteger�.

Y la propuesta de Francisco Javier Diez es que se sumen los esfuerzos de muchos profesores, de las principales casas comerciales y de las Academias de la Lengua, para, con esos recursos y esa autoridad, actuar en favor de una �evoluci�n armoniosa del idioma�. 

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Otro de los mensajes dedicados a reflexionar sobre esta cuesti�n fue el de Jorge Tamayo, director de la editorial Enigma S.A. de Barquisimeto, Venezuela, quien con el t�tulo de El Cervantes inform�tico, hablaba de la necesidad de alg�n organismo que �de una vez por todas ejerza su mandato y le ordene al ordenador aceptar el m�s castizo nombre de computadora, o viceversa; que trabaje con archivos y se olvide de los ficheros, o viceversa; que deje las ristras para los ajos (en la cocina) y utilice cadena para los caracteres del lenguaje binario de la computaci�n, o viceversa. En s�ntesis, un Cervantes que al fin logre llegar a Am�rica a trav�s de Internet para definir el vocabulario fundamental de la inform�tica castellana�.

De todo esto debemos sacar una conclusi�n y una actitud: debemos ser conscientes, y actuar en consecuencia, de que somos una gran comunidad de hablantes de una misma lengua, y de que en cada pa�s hay diversas actitudes ante la creciente presencia del ingl�s.

Debemos ser conscientes de nuestra gran responsabilidad ante el idioma, y aunque los periodistas, los ling�istas, los traductores y los termin�logos seamos una minor�a, nuestra forma de usar el espa�ol repercute directamente en toda la sociedad, en todos los hablantes de nuestra lengua. 

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La responsabilidad de los periodistas

En una reuni�n como esta, dedicada al lenguaje y la comunicaci�n, hay que recalcar la responsabilidad de los periodistas en la defensa del buen uso de la lengua. Es ya casi un lugar com�n afirmar que los periodistas utilizan mal el espa�ol; no es cierto, la verdad es que la mayor�a lo utilizan bien o incluso muy bien; pero basta con que unos pocos lo descuiden para que sus errores y sus desv�os de la norma lleguen a much�simas personas.

Ese es el poder de la prensa: lo que escribe un periodista llega a cientos de miles, a millones de personas, muchas de las cuales tienden a tomar como modelo el lenguaje de la prensa, y si ese modelo no es bueno, si esconde errores o malos usos, los resultados pueden ser muy negativos.

Y esa responsabilidad ya se extiende a la Internet, pues cada vez son m�s los peri�dicos y las revistas en espa�ol que tienen edici�n electr�nica, edici�n on line, para usar el t�rmino ingl�s espec�fico, y pueden leerse en cualquier parte del mundo en la pantalla de una simple computadora, el ABC de Madrid, el Clar�n de Buenos Aires, El Tiempo de Bogot� o El Nacional de Caracas, entre otros. 

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Quiero terminar aclarando un poco el panorama, que no es tan sombr�o como puede parecer en un principio, pues gracias al gran desarrollo de los medios de comunicaci�n podemos lograr algo que hace poco tiempo era imposible: podemos estar en contacto r�pido y permanente con nuestros colegas de todo el mundo hispanohablante, recabar informaci�n, compartir opiniones, y tomar las decisiones entre todos, evitando as� que en cada pa�s se den distintas soluciones a los mismos problemas de lenguaje.

Y en la Internet ya est�n presentes algunos de los organismos cuyo fin es la defensa del espa�ol, como la Academia Norteamericana de la Lengua Espa�ola, con su bolet�n Glosas; la Agencia EFE, con su Departamento de Espa�ol Urgente y su foro de debate llamado Apuntes. Y muy pronto tambi�n tendr�n sus p�ginas en la red la Real Academia Espa�ola y un servicio de consulta del Instituto Cervantes.

Hasta ah�, de momento, las instituciones m�s o menos oficiales, pero tambi�n hay particulares que se preocupan por el buen uso del espa�ol en la Internet y crean p�ginas que ponen a disposici�n de los navegantes en las que se informa sobre todo lo que hay en la red relacionado con la lengua espa�ola. Un buen ejemplo, digno de encomio, es La p�gina del espa�ol, editada por Ricardo Soca, periodista uruguayo que vive en R�o de Janeiro, y que, desde all�, env�a a trav�s de la Internet informaci�n actualizada sobre los recursos disponibles en la red relacionados con nuestra lengua: diccionarios electr�nicos, correctores ortogr�ficos, reglas de espa�ol actual, consultas gramaticales, peri�dicos con edici�n electr�nica, seminarios, congresos, traducciones, y ha comenzado la redacci�n de un �manual de estilo period�stico�, cuyas primeras p�ginas tambi�n est�n en la red a la disposici�n de los navegantes y esperando sus cr�ticas y comentarios.

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En otras p�ginas, creadas por otros cibernautas amantes del espa�ol, podemos encontrar hasta el texto �ntegro de la gram�tica de la Real Academia.

Hay que mencionar tambi�n la excelente labor de �ngel �lvarez, quien, adem�s de confeccionar y distribuir en la red un diccionario con los errores m�s comunes en la traducci�n de terminolog�a de computadoras del ingl�s al espa�ol , ha creado y es el moderador de un foro de discusi�n llamado Spanglish, en el que se plantean problemas de traducci�n y se discute sobre las diferentes posibilidades, con la intenci�n �ltima de llegar a acuerdos que eviten la dispersi�n terminol�gica.

Termino ya con un ejemplo de esa dispersi�n, con un ejemplo de c�mo, por pereza, se crea un neologismo producto de la adaptaci�n de una voz inglesa al espa�ol, una espa�olizaci�n sin m�s, la del verbo ingl�s to chat, que significa charlar.

Pues bien, entre los usuarios hispanohablantes de la Internet, especialmente los americanos, es habitual utilizar el verbo chatear para referirse al hecho de to chat, es decir, de charlar a trav�s de la red. Pero resulta que en Espa�a chatear es algo muy distinto, y el usuario espa�ol reci�n llegado a Internet que oiga que los cibernautas dedican mucho tiempo a chatear, pensar� que son todos unos borrachines, pues para �l, y para el Diccionario de la Real Academia, en las tabernas y entre sus parroquianos, un chato es un vaso bajo y ancho de vino, y chatear es nada m�s ni nada menos que ejercitar el chateo, que no es la charla, sino ir de taberna en taberna bebiendo chatos, cosa que, de todas formas, facilita las ganas de charlar. (Texto de la conferencia pronunciada en Caracas, en el III Coloquio sobre Lengua y Comunicaci�n).


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Alberto G�mez Font

Periodista y ling�ista, responsable del Departamento de Espa�ol Urgente de la Agencia Efe, de Espa�a.

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