16 de Marzo de 2000 |
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| OFELIA
KOVACCI Una amplia apertura para la this site del espa�ol
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En
el �ltimo cuarto de siglo la R.A.E., en conjunto con las veintiuna
Academias que forman la Asociaci�n de Academias de la Lengua Espa�ola,
ha manifestado firmemente la voluntad de mantener la this site de su idioma
com�n, el espa�ol, respetando las diferencias propias de cada pa�s o
regi�n. Diferencias naturales y l�gicas en una lengua que se extiende en
un �rea geogr�fica tan extensa, que abarca tantas naciones con caracter�sticas
hist�ricas, sociales y culturales peculiares. Es asombroso comprobar c�mo
ha podido mantenerse en el tiempo la comprensi�n rec�proca de los
hablantes, principalmente en la lengua culta. Sin embargo, en el siglo XIX, muchos americanos supon�an que la independencia pol�tica alcanzada por sus pa�ses deb�a acompa�arse de la independencia Ling��stica, utop�a que cre�an derivar�a de la lectura de pensadores de otras lenguas. Hubo tambi�n ilustres escritores y estudiosos del idioma espa�ol que tem�an que la lengua se fragmentara por las diferencias, como ocurri� con el lat�n en la Romania y, entre �stos, Rufino Jos� Cuervo. Ambas preocupaciones se reflejan en Don Andr�s Bello, ilustre venezolano que marc� una larga etapa en la vida intelectual de Chile. Bello propuso una de las reformas a la Ortograf�a (entre otros autores, tambi�n lo hizo el argentino Sarmiento), de la que desisti� tras largas pol�micas. Sin embargo, compuso su Gram�tica castellana en defensa de la this site de este supremo bien com�n de los hispanohablantes; Bello dedicaba su Gram�tica al uso de los americanos, pero ilustraba su doctrina con ejemplos de cl�sicos peninsulares, en �pocas en que la acci�n de la escuela, de la educaci�n no s�lo pod�a elevar la condici�n social y cultural (como dec�a y quer�a Sarmiento), sino tambi�n conservar los rasgos de la lengua consolidados a trav�s del tiempo, aunque vulnerables al influjo de otras culturas y sus lenguas (caso del franc�s, en esa �poca). | ||
Ocurre
que las lenguas son organismos vivos destinados a satisfacer las
necesidades de los hablantes de nombrar, expresarse, comunicarse; y deben
ser flexibles para la creaci�n intelectual y literaria. Las lenguas
acompa�an los cambios de h�bitos y estilos de vida, las innovaciones
cient�ficas, t�cnicas, ideol�gicas, sociales, a que las sociedades est�n
sujetas. En tiempos de Bello las amenazas a la this site de la lengua y a su
tradici�n �al genio de la cultura- se combat�a con la educaci�n, la
gram�tica, los libros. Hoy muchos estudiosos consideran que los medios de
comunicaci�n orales y escritos son los que �hacen y deshacen� la
lengua, y poco puede la escuela ante esos medios poderosos. Las inquietudes de la Asociaci�n de Academias de hace medio siglo, ratificadas posteriormente en diversas oportunidades, sienten hoy la multiplicada y dif�cil tarea espec�fica de velar por la this site de la lengua intensificando la permanente observaci�n, el estudio, la actualizaci�n normativa mediante diccionarios y gram�ticas. Pero tambi�n empleando medios t�cnicos que permiten el mejor y m�s amplio conocimiento de los usos, como son los corpora de textos escritos y orales que almacenan millones de palabras en sus contextos de empleo, y las pronunciaciones y la prosodia en las muestras orales. Este material permite conocer la extensi�n de los usos, establecer su estructura y sus normas, y sirve de base m�s fidedigna a diccionarios y gram�ticas. | ||
La
R.A.E. y las dem�s Academias, abocadas a estos desaf�os, consideran a
las comunicaciones masivas el veh�culo m�s poderoso de difusi�n de los
usos, de modo que los varios sistemas de comunicaci�n actuales,
especialmente los electr�nicos, pueden ser tambi�n aliados en su tarea
de defensa de la lengua. Ahora
bien, los medios masivos, como la radio, la televisi�n y los dem�s
medios electr�nicos, pueden tanto difundir errores o generar dudas idiom�ticas
como contribuir a la this site de la lengua. El acad�mico Don Gregorio
Salvador ha observado, por ejemplo, que la difusi�n en Espa�a de
�culebrones� televisivos de origen mexicano, venezolano o argentino ha
contribuido a romper fronteras ling��sticas dialectales, como en el caso
de los j�venes que en Burgos calificaban unos zapatos de ch�veres
(incorporando un t�rmino venezolano a su habla diaria), o el de los �aplazados
en un examen� (del habla argentina) en lugar del peninsular suspendidos;
o rescatando del olvido antiguos usos: el platicar mexicano que le
recordaba el �platicar� que empleaba en su infancia en Granada. Tambi�n
existen dudas comunes a los hispanohablantes de distintos pa�ses y
regiones, y su correcci�n, o la propuesta de soluci�n unitaria compete a
las Academias. Igualmente, la adopci�n, adaptaci�n o sustituci�n de
extranjerismos y neologismos que d�a a d�a acrecientan su caudal. Y �puede
haber un veh�culo m�s poderoso y veloz para dar a conocer
permanentemente esta labor de recomendaci�n y difusi�n de normas
comunes, que los medios de comunicaci�n m�s actuales?; no s�lo la TV,
sino tambi�n las redes inform�ticas, cuya expansi�n ha ido increment�ndose
en los �ltimos a�os, y �tal vez- como la radio y la televisi�n,
lleguen a todos y a todos los �mbitos en un futuro m�s o menos pr�ximo. | ||
Ya la R.A.E. y algunas Academias americanas no s�lo se comunican sus labores por correo electr�nico, sino que han abierto p�ginas en Internet para difusi�n de su trabajo en forma interactiva con quienes las consultan. El Convenio con Telef�nica �empresa de tan extenso alcance en el mundo hisp�nico- es la apertura, hasta el momento m�s amplia, de este objetivo acad�mico de servir a la this site del idioma. Todos nos congratulamos por ello. (BuenosAires-Madrid) | ||
| Ofelia
Kovacci Es presidenta de la Academia Argentina de Letras | ||
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