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10 de Marzo de 2000


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MIGUEL F. ROA
El recurso o el m�todo

El grabador infernal
Alejo y la cultura universal
Una respuesta clave

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Pese a la insistencia de mi central period�stica, yo no quer�a entrevistar a Alejo Carpentier. �l tampoco quer�a que yo lo entrevistara.

De esto hace ya un cuarto de siglo. A la saz�n yo era corresponsal interino de Prensa Latina en Par�s y Alejo ocupaba el cargo de ministro-consejero para Asuntos Culturales en la seductora capital francesa.

Las aprensiones de nuestro novelista mayor eran diferentes a las m�as. Nothing personal, podr�a yo repetir con Don Vito Corleone-Brando.

Debo confesar que siempre me ha molestado-un verdaderp sogmp de deficiencia como periodista- que me indiquen qu� debo escribir y, sobre todo, a qui�n debo entrevistar.

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A ello se un�a que por lo general los temas sobre los que escribo �digamos que en un noventa por ciento- se refieren a la pol�tica internacional y que mis entrevistados han sido en su mayor parte presidentes, cancilleres, ministros y l�deres guerrilleros o pol�ticos.

De ese modo, entrevistar a Alejo Carpentier �alguien a quien admiraba y admiro como a un gran cubano y escritor- me sacaba doblemente del paso.

Las negociaciones �no hay otro modo de definirlas- para entrevistar a Alejo estuvieron a cargo de dos viejos amigos: el embajador Gregorio Ortega y sobre todo, Miguel Brugueras, ministro-consejero para Asuntos Pol�ticos de la Embajada de Cuba en Lutecia, como denominaron los romanos a Par�s y gustaba de decir Alejo.

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Ellos le explicaron mi misi�n: En Cuba quieren hacerte un homenaje con motivo del aniversario 70 de tu nacimiento y la aparici�n de tu m�s reciente novela. Entre otras cosas, han programado una entrevista que ser� publicada en la prensa nacional.

Cuando Brugueras me llam� un d�a de mayo de 1974 y me dijo que Alejo me esperaba en su oficina a las once de la ma�ana siguiente cre� que todo estaba resuelto y podr�a, por fin, cumplir con las persistentes demandas de Gustavo Robre�o y Aroldo Wall, respectivamente director general y jefe de corresponsales de Prensa Latina. Pero nada m�s lejos de la verdad.

El grabador infernal

Despu�s de intercambiar los saludos de rigor y explicarle a Alejo sumariamente cu�les ser�an mis preguntas, coloqu� mi grabadora sobre su bur� y me dispon�a a ponerla en marcha cuando el autor de El Siglo de las luces se levant� de su butaca y, m�s que sugerirme, me espet�: Aparta de ah� ese aparato infernal.

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Fue entonces que me dio a conocer sus aprensiones: �Yo he sido periodista durante casi treinta a�os. Entonces no exist�an las grabadoras y, sin embargo, los entrevistados pod�an estar seguros de que sus palabras iban a ser reproducidas fielmente. Ahora no, debido precisamente a las grabadoras. Si te doy la entrevista, t� le das la cinta a tu secretaria y, ella, que no es periodista, va a confundirse con las cosas que digo y, al final, se publicar� algo con lo que yo tendr� muy poco que ver. Por eso mi renuencia a esta entrevista a la que no le encuentro sentido. No es nada contra ti, por supuesto�.

�Adem�s �continu� diciendo Alejo-, a la hora de la transcripci�n estoy seguro de que tu secretaria se puede confundir, no sabr� de los personajes que estoy hablando, escribir� disparates, cometer� faltas de ortograf�a y el resultado ser� que ni yo mismo me reconocer�.

Si esa es su preocupaci�n, le respond�, olv�dela, porque yo no tengo secretaria y ser� yo mismo quien transcriba la entrevista. Es m�s, y con eso har� una concesi�n, yo le mostrar� la transcripci�n para que usted le d� su visto bueno antes de publicarla.

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Y agregu� no sin cierta iron�a: De esa forma podr� corregir las faltas de ortograf�a en que incurra y arreglar los nombres de los personajes que usted mencione en sus respuestas. �Le parece bien?

�Por supuesto que me parece bien. Si quierres nos vemos ma�ana aqu� a esta misma hora. S�lo te pido que me digas m�s o menos cu�les son las cosas de las que t� quieres que hablemos�.

Le entregu� no exactamente un cuestionario, sino un apunte con los temas de los que podr�amos conversar. �l los acept�, aunque debo decir que yo me guard� en el bolsillo una pregunta que me hab�an sugerido porque no estaba de acuerdo con ella.

Casi todo march� sobre ruedas, salvo que Alejo detect� dos nombres que no estaban debidamente escritos en mi transcripci�n de la entrevista: el de Holofernes (no el general de Nabucodonosor, sino el caballo del general boliviano Mariano Melgarejo) e, incre�blemente (�incre�blemente?), el de nuestro Emilio Roig de Leuchsenring, que a estas alturas no s� si estoy escribiendo bien.

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Alejo y la cultura universal

Inmediatamente despu�s de nuestro encuentro me di cuenta de dos cosas: de que Alejo pose�a una cultura mucho m�s universal que lo que yo imaginaba y era una persona mucho m�s asequible, maravillosa y sencilla que lo que pod�a suponer. Para m� era impensable que el fabuloso autor de aquellas novelas, ensayos y art�culos que yo hab�a le�do con deleite durante tantos a�os pudiera ser un ser (valga la repetici�n) tan comprensivo y agradable.

Nunca m�s lo vi. Despu�s, por supuesto, segu� sabiendo de �l: el Premio Cervantes, sus nuevas novelas, sus conferencias en distintos pa�ses y, desgraciadamente, su muerte, que a m� me pareci� temprana trat�ndose de un hombre como �l.

De aquella entrevista, mutuamente indeseable por las razones expuestas, yo conservo un muy grato recuerdo.

Seg�n la bibliograf�a pasiva de Carpentier, adem�s del diario Granma y la revista Cuba Internacional, unas quince publicaciones de varias partes del mundo la dieron a conocer. Nada semejante hab�a logrado con personalidades que, dada mi especializaci�n, me resultaron mucho m�s atractivas profesionalmente: Agostinho Neto, Vasco Gon�alves, Alvaro Cunhal, Abou Iyad, Nayef Hawatmeh, Mengistu Haile Mariam, Jos� Eduardo dos Santos, Marcelino dos Santos, Fran�ois Mitterrand o Mat�u Kerekou, por citar algunos de mi quehacer period�stico.

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Una respuesta clave

Esta evocaci�n de Alejo Carpentier, ahora que se cumplieron 95 a�os de su nacimiento, me parecer�a incompleta si no incluyo, para finalizar, una pregunta, y la correspondiente respuesta de Alejo �ya que ayudan a configurar su condici�n de escritor- en la entrevista que inspir� estas l�neas.

Pregunta: En general, cuando la gente se entera del t�tulo de su nueva novela (El recurso del m�todo), lo primero que hace es preguntarse qu� tiene que ver Descartes con ella. Yo tambi�n me he sentido intrigado y es por eso que ahora aprovecho y le hago la interrogante.

AC: Cuando yo publiqu� El Siglo de las Luces mis editores se llevaron las manos a la cabeza y me dijeron: Pero esto parece un ensayo sobre el Siglo XVIII, esto no parece novela. S� se�or, el libro se llama as� porque el Siglo de las Luces, que se ha dado como el ejemplo de la cordura, del pensamiento filos�fico, de la paz y de la calma y todo lo que usted quiera, es uno de los siglos m�s sangrientos �econom�a basada en la esclavitud, represiones, castigos, hechicer�as, matanzas de protestantes, etc�tera- que se han visto en la Historia. Por lo tanto, hay juego de palabras en el t�tulo.

Y en lo que se refiera a El Recurso del m�todo, es El discurso del m�todo de Descartes puesto al rev�s, porque creo que Am�rica Latina es el continente menos cartesiano que pueda imaginarse. Y entonces se me vuelve Le discours de la m�thode/Le recours de la m�thode en El discurso del m�todo/El recurso del m�todo, porque todos los cap�tulos �son veintid�s- aparecen enlazados entre s�, de una manera imperturbable, por reflexiones de Descartes tomadas del Discurso, las Meditaciones Filos�ficas, y el Tratado de las Pasiones que, a pesar de su rigidez de pensamiento, vienen a justificar unos actos completamente delirantes. (La Habana)

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Miguel F. Roa

Es periodista de la agencia Prensa Latina

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