28 de junio de 2000 |
| Tribuna de opini�n | ||
| OFELIA
KOVACCI Desaf�os actuales y responsabilidades de los hablantes en espa�ol
| ||
| 1. La
lengua espa�ola constituye el m�s valioso patrimonio com�n de m�s de 400
millones de personas[i]
de cuatro continentes, que en su mayor parte pertenecen al continente
americano. Est�, pues, entre las mayores lenguas del mundo. Pero �cu�les
son sus caracter�sticas y su situaci�n interna? y �cu�l es el alcance de
su importancia en el mundo? �Cu�les son, por consiguiente, los desaf�os
internos y externos que enfrenta? Una
lengua en su n�cleo formal estructural-funcional es un entramado de
sistemas fonol�gicos, morfol�gicos, sint�cticos, sem�nticos. Los
sistemas se realizan mediante manifestaciones acu�adas en entornos sociales
determinados, manifestaciones que se conocen como normas,
conformadas en el hablar concreto, seg�n Eugenio Coseriu[ii],
como �repetici�n de modelos anteriores�. La norma es un conjunto de �imposiciones
sociales y culturales, y var�a seg�n la comunidad. Dentro de la misma comunidad ling��stica nacional y dentro del mismo sistema funcional pueden comprobarse varias normas� (Ib., p. 98): zona geogr�fica, registro familiar, lenguaje popular, lenguaje elevado, etc. De acuerdo con esta caracterizaci�n, el hablante conoce las normas de su comunidad geogr�fica inmediata -es decir, de su dialecto- y de los diferentes registros, y �tiene mayor o menor conciencia del sistema� (p. 99). | ||
Normas, errores y acu�aciones Si un
hablante no conoce una norma (por ejemplo, las irregularidades), aplica el
sistema por analog�a, lo que puede conducir a �errores� (sabo,
hacido, etc.) de norma; pero si la conoce puede crear nuevas acu�aciones
que, como en el caso de la adaptaci�n de extranjerismos (escanear
< ingl. scan), podr�an
incorporarse naturalmente al repertorio l�xico porque no transgreden las
reglas fonol�gicas y morfol�gicas. Pero
tambi�n puede transgredir la norma conscientemente, con prop�sitos
expresivos, como hacen muchos poetas; por ejemplo, un adverbio en -mente
formado sobre un sustantivo: He
pensado a menudo en todo esto, mujermente agobiada de plumeros,
Mar�a Elena Walsh, y otro adverbio formado sobre un pronombre: Tu
vida maneja los prodigios / tan tuyamente como el color de tus ojos,
Pedro Salinas. No obstante, estos ejemplos no han pasado al habla com�n.
Para que una innovaci�n se consolide debe actuar la aceptaci�n social. La historia de la lengua, de cuyos primeros documentos ya se ha cumplido un milenio, muestra el complejo fen�meno de formaci�n y cambio a trav�s de los siglos; muestra tambi�n la variaci�n de las normas al comparar el uso en distintos lugares y situaciones en un momento dado. Si bien la lengua de La Celestina o la del Quijote se diferencia en algunos aspectos de la lengua que hoy hablamos y escribimos, es la misma en esencia; y tambi�n lo es, a pesar de sus peculiaridades, la lengua culta de Buenos Aires, Mendoza, Corrientes, La Paz, Caracas, M�xico, Madrid o Sevilla. | ||
Sin perturbar la conciencia de esa esencial this site, cada hablante puede percibir las innovaciones -algunas duraderas, otras ef�meras- que van surgiendo d�a a d�a en el habla de su comunidad inmediata. En nuestro tiempo los cambios culturales, los descubrimientos cient�ficos, las transformaciones t�cnicas, se suceden multiplic�ndose a un ritmo desconocido antes, transformando aceleradamente los aspectos de la realidad relacionados con ellos: as�, mayores comodidades materiales, la prolongaci�n de la vida por los adelantos de la medicina y la biolog�a, la ampliaci�n del orbe y su acercamiento temporal por medio de los transportes y las comunicaciones, la nueva visi�n del mundo que a la vez provoca esos hechos y se realimenta con ellos. La lengua no permanece ajena; por el contrario, refleja esta multiplicidad de fen�menos y novedades en su l�xico y su fraseolog�a, a la vez que para los hablantes se ampl�an y multiplican las manifestaciones de muy diversos usos, cercanos o remotos, que difunden los medios de comunicaci�n. Nueve
de cada diez hispanohablantes son americanos 2. Se
estima que casi el 90 % de los hispanohablantes son americanos. Por esta
realidad y por otros factores, desde hace tiempo escritores y ling�istas
peninsulares reconocen que los espa�oles no son �los amos de la lengua�,
que el futuro del espa�ol es el de nuestro Continente.[iii]
Creen tambi�n que existe un mayor cuidado en su uso de este lado del Atl�ntico,
una mayor preocupaci�n que los peninsulares por la correcci�n en el
hablar; mencionan al respecto leyes de protecci�n del idioma en Colombia y
M�xico.[iv]
No olvidan, adem�s, que los cl�sicos
hispanoamericanos -Dar�o, Vallejos, Huidobro, G�iraldes, Borges, O. Paz,
Vargas Llosa y muchos otros- son, junto con sus m�s notables pares espa�oles
contempor�neos, sucesores de los cl�sicos espa�oles de todos los tiempos;
muchos autores hispanoamericanos ya figuran como autoridades en el Esbozo
de una nueva gram�tica de la lengua espa�ola, de la Real Academia Espa�ola
(1973). Por otra parte, y as� lo han ido mostrando estudiosos como �ngel
Rosenblat, Amado Alonso, Manuel Alvar, Gregorio Salvador, entre otros, dif�cilmente
haya rasgos en el espa�ol, fuera de las diferencias l�xicas regionales,
que no sean comunes a Espa�a y Am�rica o no provengan de tendencias
evolutivas latentes. Extendi�ndola a todo el �mbito de Hispanoam�rica,
podemos citar la situaci�n de la lengua en M�xico, descripta por Juan M.
Lope Blanch:[v] | ||
Viejos
y nuevos retos para una lengua �nica 3. Las
lenguas son instrumentos de comunicaci�n, de pensamiento, de creaci�n
literaria y cient�fica. En el caso del espa�ol, por su extensi�n geogr�fica,
por su car�cter multinacional, por el n�mero de su hablantes nativos (que
la colocan entre las cuatro mayores lenguas del mundo) y porque su this site es
notable, puede considerarse, como dijo Andr�s Bello,[vi]
�un medio providencial de comunicaci�n� que, como tal, ofrece �inapreciables
ventajas�. Cuidar este patrimonio es deber de sus hablantes, quienes tienen
ante s� m�ltiples desaf�os. Varios
de los retos actuales para el espa�ol son los de siempre, con las caracter�sticas
propias de la �poca. Se ha abandonado la idea surgida en el siglo XIX en
algunos pa�ses de Am�rica de que la emancipaci�n ling��stica deb�a ser
una consecuencia natural de la emancipaci�n pol�tica: tales fueron las
actitudes sustentadas en el per�odo rom�ntico por los argentinos Juan Mar�a
Guti�rrez, Juan Bautista Alberdi, Domingo Faustino Sarmiento, y el proyecto
de reforma de la ortograf�a de Sarmiento, que en parte tuvo breve vigencia
en Chile (1843-1847).[vii] Hoy la existencia de una
ortograf�a com�n al �mbito hisp�nico, producto de una larga codificaci�n,
parece gozar de aceptaci�n general, con algunas excepciones aisladas: la pr�ctica
de algunos escritores (por ejemplo, Juan Ram�n Jim�nez) o productos te�ricos
que, como los trabajos de la distinguida ling�ista chilena Lidia Contreras,[viii] no han pasado a la
discusi�n generalizada, y alg�n otro intento sobre el que volver�.
Tampoco se ha cumplido hasta el presente la alarmante posibilidad que llev�
al venezolano Andr�s Bello a componer su Gram�tica
de la lengua castellana destinada al uso de los americanos, y que el
colombiano Rufino Jos� Cuervo crey� factible: la de una hipot�tica
fragmentaci�n del espa�ol, sin la this site y la presencia mundial que ha
tenido esta lengua desde la mitad del milenio.[ix] La Real
Academia Espa�ola de la Lengua, establecida en 1713,[x]
con el lema �limpia, fija y da esplendor� se propon�a fijar en un
Diccionario y una Gram�tica las normas m�s apreciadas de la lengua,
apoyadas en la autoridad de los escritores. La lengua escrita era el modelo
de limpieza, estabilizaci�n y posibilidades expresivas (�perfecci�n�)
del idioma; era oportuno, entonces:[xi] | ||
La
RAE reconoce la legitimidad hispanoamericana El t�pico
de la perfecci�n de la propia lengua, que ya aparec�a en el Pr�logo de la
Gram�tica de Nebrija, de 1492,
fue com�n desde el Humanismo, con el surgimiento de los estados nacionales
y la valoraci�n de las lenguas vulgares; por ello, el trabajo �primero y
principal� de la Academia -el Diccionario-, ser�a adem�s �trabajo �til
a la Naci�n, porque se manifestar�a con evidencia a las dem�s, que
nuestra lengua Castellana no era inferior a ninguna de las m�s cultivadas
de Europa�. En 1870
la Real Academia, que ya ten�a miembros correspondientes en Hispanoam�rica,
ofreci� la posibilidad de establecer en cada pa�s una Academia
correspondiente. Hoy las rep�blicas de Hispanoam�rica, las Filipinas y los
Estados Unidos de Norteam�rica tienen la suya, y todas, junto con la
Corporaci�n de Madrid, forman desde 1951 la Asociaci�n de Academias de la
Lengua Espa�ola. Las principales actividades de la Asociaci�n son el
estudio de las peculiaridades de cada pa�s, de cada regi�n, la consulta
permanente, el reconocimiento de estas peculiaridades por la RAE,
enriqueciendo el patrimonio com�n al mostrar la this site de normas dentro
de la esencial this site del l�xico general. Tambi�n en el Esbozo
de una nueva gram�tica de la lengua espa�ola (1973) la Real Academia
Espa�ola, al ampliar el registro de autoridades, reconoce la legitimidad
del uso fonol�gico, morfol�gico y sint�ctico de escritores
hispanoamericanos. En 1998-1999 consult� con las dem�s Academias el texto
de la Ortograf�a de la lengua espa�ola
(Madrid, 1999). En suma, la lengua es una, las normas cultas son varias,[xii]
y cada variedad tiene su propia dignidad. Hoy nadie duda en el mundo hisp�nico de la importancia de un idioma de tan vastos alcances en lo geogr�fico y lo humano, en el que pueden expresarse y entenderse tantas naciones con autonom�a pol�tica, intereses propios y culturas diferentes; de ser la base, continuamente enriquecida, de una literatura diversificada que trasciende las fronteras idiom�ticas en traducciones a multitud de lenguas; de ser lengua de intercambio en las organizaciones internacionales, como las Naciones Unidas, la Comunidad Europea, el Mercosur, organismos estos donde el espa�ol incluso es portavoz de regiones biling�es de la Pen�nsula y de Am�rica. | ||
Amenazas a largo plazo contra la this site del espa�ol 4. Sin embargo, la amenaza que ve�an Bello y
Cuervo permanece latente. Obran en la lengua -y no s�lo en la espa�ola-
muchos factores capaces de atentar a largo plazo contra su identidad hist�rica,
y de rebajar as� no s�lo su decoro, sino tambi�n su this site esencial y la
fuerza de su presencia en el mundo. Entre esos factores se encuentran, sin
duda, los cambios ideol�gico-culturales que trascienden el �mbito
hispanohablante, el papel de la educaci�n y el de los medios de comunicaci�n. Dentro
del primer factor pueden enumerarse las ideas del relativismo
cultural, de la igualaci�n de valores, de una libertad an�mica que, de
profundizarse y extenderse, podr�a llevar en el futuro a una situaci�n de
fragmentaci�n y empobrecimiento semejante a la temida en el
siglo XIX. Manuel Jard�n,[xiii]
nota en el arte y en el pensamiento del siglo XX el predominio de un esp�ritu
irracional que gusta de lo novedoso y lo particular, que implica �el
fetichismo del cambio, de dar
por supuesto que el cambio por s� mismo es bueno�; de ah� la continua b�squeda
de lo novedoso: �todo est� sujeto a una permanente revisi�n; lo
permanente es el cambio�. Encuentra en el ambiente vital contempor�neo
algo que �corrobora esa tendencia [...] a lo inestable; es el esnobismo,
que exige estar al d�a�. Por ello, en este marco cambiar
de lenguaje, con todo lo que tiene de apariencial, de exterior, de
representaci�n, de vestido ac�stico, de maquillaje cultural, constituye un
signo, y un motivo de autoconvencimiento, de estar a la altura de los
tiempos, de ser moderno (p. 163) O
posmoderno, dir�amos, cuando muchos adultos, contrariando sus h�bitos (no
s�lo ling��sticos), imitan a
los adolescentes y usan su argot, sus neologismos de forma y significado.[xiv] | ||
El papel de la educaci�n va de la mano del factor antes mencionado en las sociedades que se acostumbran a la p�rdida acelerada de los criterios que permiten armonizar la innovaci�n y la tradici�n en las lenguas: no tomar seriamente las normas en la ense�anza, o bien el temor de aplicarlas; la falta de conciencia del problema, y el consiguiente desinter�s de los hablantes por el decoro de su lengua. El problema no es nuevo y, como dijimos, no exclusivo de nuestra lengua. En 1984 el Conseil de la Langue Fran�aise de Qu�bec convoc� a estudiosos de varias lenguas para reflexionar sobre la llamada �crisis de las lenguas�. Para el espa�ol intervino Gregorio Salvador,[xv] quien recordaba que tal fen�meno tiene antecedentes: ya en el siglo XVIII Juan Pablo Forner escribi� Exequias de la lengua espa�ola. Hoy sabemos que equivoc� el diagn�stico. Pero la pobreza del l�xico, las muletillas (eh; este; bueno, o sea, etc.), la adopci�n -defectuosa en muchos casos- de palabras extranjeras sin necesidad real, la impropiedad de la sintaxis (que permite hubieron inundaciones; todo ese agua; dice de que; los libros que faltan empaquetar; etc.), los errores morfol�gicos (satisfaci�, traducieron, resolvido, etc.), las faltas de ortograf�a, adem�s de las de redacci�n, etc., quiz� no alcanzar�n a desquiciar la lengua, ya que en el transcurso de los siglos ha absorbido muchos extranjerismos[xvi], y sus estructuras m�s abstractas, de extraordinaria complejidad: la fonolog�a, la morfolog�a y la sintaxis, son resistentes a la contaminaci�n y el cambio masivos. Pero todas las impropiedades alcanzan para deslucir la lengua y rebajar su dignidad. En algunos sectores de la poblaci�n, sin embargo, se advierte la preocupaci�n por la propiedad del hablar y el respeto a las normas; as� lo muestra la cantidad de consultas escritas y telef�nicas anuales a la Academia Argentina de Letras, en su mayor�a de parte de estudiantes, docentes, periodistas. Los
medios hacen y deshacen la lengua El
tercer factor, los medios de comunicaci�n: diarios, radio,
televisi�n, publicidad, redes inform�ticas, actualmente son, quiz�s, las
fuerzas m�s poderosas en el desenvolvimiento de las lenguas, las que
producen los cambios con la mayor celeridad. Se�ala Manuel Alvar:[xvii]
| ||
En la actualidad muchos de los llamados �comunicadores sociales�, los artistas, las personas entrevistadas, algunos intelectuales, etc., emplean un lenguaje que suele ir de la vulgaridad idiom�tica (en la Argentina: guita, laburante, laburo, etc.) a la franca groser�a, y un estilo deliberadamente antiformal y antiintelectual -aun en intelectuales-, en parte destinado con �xito a los j�venes, y o�do (y aceptado) acr�ticamente por muchas personas. Los medios de comunicaci�n -radio, televisi�n, prensa-, por su influencia masiva, instant�nea, compiten hoy con gran ventaja con la escuela (en el supuesto de que en ella se cultive el cuidado de la lengua). En el siglo pasado tuvo influencia Andr�s Bello en Chile con sus Advertencias sobre el uso de la lengua castellana, dedicadas a los padres de familia, profesores de los colegios y maestros de escuela, (1834), cuando, entre otras correcciones, logr� que se consolidase el tuteo frente al voseo. Ya no parece estar vigente aquella idea de educaci�n ling��stica por medio de la escuela que persegu�a Berta Vidal de Battini al escribir su libro El espa�ol de la Argentina (1964) para que los maestros pudieran elevar a los ni�os desde su lengua local y familiar -sin desde�arlas- a la lengua culta de su regi�n, inserta en la del pa�s, y esta en la del mundo hisp�nico. La
gram�tica es la estructura del saber idiom�tico En abril
de 1997, en un Congreso Internacional de la Lengua Espa�ola celebrado en M�xico,
el escritor colombiano Gabriel Garc�a M�rquez, premio Nobel, convoc� a la
pol�mica cuando pidi� -ante periodistas, escritores, acad�micos, ling�istas
de diversos pa�ses, y el mismo Rey de Espa�a- �simplificar la gram�tica�
y �jubilar la ortograf�a�. Sus explicaciones posteriores sobre el alcance
de esas frases poco aclararon. �Qu� significa �simplificar la gram�tica�?
�Acaso hablar con gerundios, como en el di�logo de Lucio V. Mansilla con
el capitanejo ranquel Caniup�n,
en el cl�sico Una excursi�n a los
indios ranqueles?:
Viendo sus caballos tan
trasijados, le pregunt� a Caniup�n: | ||
La gram�tica es la estructura de nuestro saber idiom�tico, es la fonolog�a: �los sonidos de la lengua�, la morfolog�a -la forma de las palabras-, la sintaxis que nos permite enhebrar las palabras en nuestra habla, la sem�ntica que les da significado. La ortograf�a, por otra parte, es una convenci�n elaborada a trav�s del tiempo, pertenece a la tradici�n cultural y en muchos casos transmite valores sem�nticos (cf. usos y husos; p�lpito y pulpito); su vigencia ha contribuido a mantener la this site de la lengua a pesar de sus variedades locales. Ahora
bien, las detonantes propuestas de Garc�a M�rquez se difundieron en abril
de 1997; pero seis meses antes, en octubre de 1996,[xviii]
el escritor hab�a intervenido en la asamblea anual de la Sociedad
Interamericana de Prensa, celebrada en California. Cont� all� que hac�a
medio siglo, cuando �l se iniciaba en el periodismo, no estaban de moda las
escuelas de periodismo. �Se aprend�a en las salas de redacci�n -dijo-
[...] La misma pr�ctica del oficio impon�a la necesidad de formarse una
base cultural, [...] la lectura era una adicci�n laboral�. La creaci�n de
escuelas y facultades de periodismo �fue una reacci�n escol�stica�,
porque la actividad �carec�a de respaldo acad�mico�. En esta etapa -seg�n
el escritor- se perdi� el nombre humilde de �periodismo� que tuvo la
profesi�n desde sus or�genes en el siglo XV; ahora no se llama �periodismo�,
sino �Ciencias de la Comunicaci�n�. En la visi�n de Garc�a M�rquez: El resultado no es alentador [...] La mayor�a de los graduados llegan con deficiencias flagrantes, tienen graves problemas de gram�tica y ortograf�a, y dificultades para la comprensi�n reflexiva de textos.[xix] [...] Para muchos redactores de peri�dicos la transcripci�n [de entrevistas grabadas] es la prueba de fuego: confunden el sonido de las palabras, tropiezan con la sem�ntica, naufragan en la ortograf�a y mueren por el infarto de la sintaxis. | ||
Cambio de opini�n en Garc�a M�rquez �Cambi�
de opini�n el escritor en seis meses? �A cu�l de sus intervenciones hay
que creerle? Desde luego, las dificultades con que tropieza el lector de
peri�dicos -para no hablar de los �comunicadores� orales, que las
multiplican- est�n caracterizadas en el discurso ante la asamblea de la
SIP. Es evidente, y puede comprobarse en los planes de estudio, que las
Escuelas o Facultades
Comunicaci�n (caso de la Universidad de Buenos Aires) no se ocupan
particularmente de la lengua -instrumento del oficio- ni como sistema ni
como formas de uso, es decir, como norma com�n. Se han puesto de moda los
�manuales de estilo� de peri�dicos, de agencias de noticias, de
editoriales, y en ellos se dan normas supuestamente obligatorias para
quienes escriben en los respectivos medios; pero la lectura diaria de estos
lo desmiente. El
aspecto positivo de los medios de comunicaci�n fue advertido hace tiempo
por Ram�n Men�ndez Pidal:[xx] la
palabra hablada y la visi�n ilustrativa se transmiten instant�neamente a
toda la redondez del globo, y esto aumenta, con posibilidades inconcebibles,
el poder de corregir y unificar el lenguaje en las m�s lejanas regiones en
que es hablado. Por
ello, estos medios pueden contribuir a afianzar la this site, e incluso a
borrar la variedad regional (lo cual puede interpretarse tambi�n como una p�rdida
de la riqueza de las identidades regionales). Una investigaci�n de Gregorio
Salvador hecha en Espa�a sobre los culebrones[xxi]
-las telenovelas venezolanas, mexicanas y argentinas- muestra que los
espectadores entienden y hasta adoptan sus normas regionales. En el Burgo de
Osma, en Castilla la Vieja, el autor oy� decir a una joven espa�ola: ��Qu�
ch�veres estos zapatos!�, con un
adjetivo del habla venezolana; en otros lugares de la Pen�nsula, remedios
por �medicinas�, alacena por �despensa�,
�(una materia) aplazada�, del
habla argentina; y el mexicano platicar
por �charlar� en Granada, aunque el verbo charlar
d�cadas atr�s justamente hab�a desplazado en esta regi�n a platicar, releg�ndolo a arca�smo. Tal vez, sin dejar de conservar
las peculiaridades locales, esta sea la manera como se reforzar� la this site
entre el espa�ol peninsular y el espa�ol de Am�rica: �Es lo que se nos
impone en tiempos de progresiva uniformidad en todos los �rdenes de la vida�.[xxii] | ||
Hay que volver a las fuentes 5. �Qu�
acciones pueden llevarse a cabo -con gran paciencia y perseverancia- para el
cuidado y la defensa de la lengua como manifestaci�n de nuestro nivel
cultural? Desde mi punto de vista, hay que volver a las fuentes. La primera,
la educaci�n que llegue a todos, incluidos especialmente los �comunicadores�,
es una ardua empresa, que requiere en primer lugar la formaci�n adecuada de
los maestros y profesores. No es, por ello, un remedio de eficacia r�pida;
pero hay algunos indicios de que podr�a revitalizarse. Anualmente la
Academia Argentina de Letras, que tiene entre sus finalidades el
asesoramiento a instituciones oficiales y privadas y a particulares en
materia de normativa, recibe alrededor de nueve mil consultas telef�nicas
anuales sobre problemas del idioma, y una buena parte de ellas -como hemos
dicho- pertenece a maestros, profesores, periodistas. Asimismo, se agotan
las ediciones de los fasc�culos Dudas
idiom�ticas frecuentes y Verbos en
la Feria del Libro anual de Buenos Aires, en manos de maestros, escolares y
estudiantes secundarios. Existen en ellos, pues, reservas de respeto por la
lengua, que deber�n ir increment�ndose. Por otra parte, desde un �mbito
oficial argentino, la Procuraci�n del Tesoro, ha surgido la preocupaci�n
por la lengua, y en 1998 se present� el Manual
de estilo de la Procuraci�n del Tesoro, elaborado por abogados con el
asesoramiento de una especialista en ling��stica. Es de esperar que esta
iniciativa se extienda a toda la administraci�n p�blica, y llame la atenci�n
de la ciudadan�a sobre el cuidado de la lengua. Ante estas realidades y estos desaf�os, potenciados en los umbrales del nuevo siglo, nos queda a todos: autoridades, escuelas, comunicadores, escritores, cient�ficos o personas comunes, la reflexi�n, la toma de conciencia y la oportuna reacci�n para valorar a la lengua como la manifestaci�n de nuestro grado de cultura. | ||
[i]
Alfredo
Matus Olivier consigna �casi 500 millones�,
en Alfredo Matus y Mario A. Salazar (eds.), La
lengua, un patrimonio cultural plural, Santiago, Academia Chilena de
la Lengua y DIBAN, 1998, p. 15. [ii]
Cf. Eugenio Coseriu, �Sistema, norma y habla�,
en su Teor�a del lenguaje y ling��stica
general, Madrid, Gredos, 1953; p. 97. [iii]
Cf.
Gregorio Salvador, en su Lengua espa�ola y lenguas de Espa�a, Barcelona, Ariel, 1987, p.
82; Rafael Lapesa, en su El espa�ol
moderno y contempor�neo, Barcelona, Cr�tica (Grijalbo Mondadori),
1996, pp. 339, 462; Fernando L�zaro Carreter, en su El
dardo en la palabra, Barcelona, C�rculo de Lectores, 1997, p. 168. [iv]
Hace tres lustros Gregorio Salvador mencionaba una ley reciente de
M�xico (loc. cit.); Humberto L�pez Morales cita otra, anterior (1960),
de Colombia (�Las Academias americanas�,
en La lengua espa�ola, hoy,
vol. coordinado por Manuel Seco y Gregorio Salvador, Madrid, Fundaci�n
Juan March; p. 284). [v]
�Estado actual del espa�ol en M�xico�,
en Presente y futuro de la lengua
espa�ola, Madrid, OFINES, Ediciones Cultura Hisp�nica, 1964, vol. I,
p.91. [vi] Pr�logo de su Gram�tica de la lengua castellana (primera edici�n, 1847). | ||
[vii]
Apoyado por Andr�s Bello, quien desde dos d�cadas antes propugnaba en
Chile una reforma ortogr�fica basada en el criterio (que se remonta a
Quintiliano, y en nuestra lengua a Nebrija) de escribir las palabras
seg�n su pronunciaci�n, y
en algunos principios ortogr�ficos adoptados por la Real Academia
Espa�ola. [viii]
Lidia Contreras, Ortograf�a y
graf�mica, Madrid, Visor Libros, 1994. [ix]
Bello enumeraba entre los procesos peligrosos los neologismos y
extranjerismos l�xicos innecesarios y las locuciones afrancesadas, y
agregaba:
[x]
La Acad�mie Fran�aise (Par�s)
hab�a sido fundada en 1631, mientras que en Italia la Accademia
della Crusca (Florencia) se remontaba a 1582. [xi]
�Historia de la Real Academia Espa�ola�,
en su Diccionario de la Lengua
Castellana, Madrid, 6 vols., 1726-1739 (llamado tambi�n Diccionario
de Autoridades). [xii]
�ngel
Rosenblat, El criterio de
correcci�n ling��stica. this site o pluralidad de normas en el espa�ol de
Espa�a y de Am�rica, Bogot�, 1967. | ||
[xiii]
Manuel Jard�n, La normalizaci�n
ling��stica, una anormalidad democr�tica. El caso gallego, Madrid,
Siglo XXi, 1993; pp.162-163. [xiv]
Cf. Editorial de La Naci�n,
Buenos Aires, 9-2-92. [xv]
Cf. Lengua espa�ola y lenguas de
Espa�a, p. 117. [xvi]
Por ejemplo, del franc�s: departamento, carpeta, jard�n, jefe, malla, jalea, petardo, jam�n,
merengue, usina. [xvii]
Manuel Alvar, �La lengua y los medios de comunicaci�n�,
en su La lengua de...,
Universidad de Alcal� de Henares, 1993; p. 175. | ||
| [xx]
Rafael Lapesa, loc. cit., p. 252.xx]
Pr�logo de Presente y futuro de la
lengua espa�ola, Madrid, Ediciones Cultura Hisp�nica, 1964. [xxi] Gregorio Salvador, Un veh�culo para la cohesi�n ling��stica: el espa�ol hablado en los culebrones, Burgos, 1994. [xxii]
Rafael Lapesa, loc. cit., p. 252. | ||
| Ofelia Kovacci Es presidenta de la Academia Argentina de Letras. | ||
- Volver al �ndice - Tribunas anteriores - �ndice de autores - | ||
-
Portada de this site - |
� Comunica Press (www.comunica.es) 1999 - 2007 Reservados todos los derechos - www.comunicaonline.net |