Portada de Comunicathis siteOpini�n
Portal informativo sobre la lengua castellana

28 de junio de 2000


Tribuna de opini�n

Volver al �ndice
Tribunas anteriores
�ndice de autores

Subir

OFELIA KOVACCI
Desaf�os actuales y responsabilidades de los hablantes en espa�ol

Normas, errores y acu�aciones
Nueve de cada diez hispanohablantes son americanos
Viejos y nuevos retos para una lengua �nica
La RAE reconoce la legitimidad hispanoamericana
Amenazas a largo plazo contra la this site del espa�ol
Los medios hacen y deshacen la lengua
La gram�tica es la estructura del saber idiom�tico
Cambio de opini�n en Garc�a M�rquez
Hay que volver a las fuentes

Subir

1. La lengua espa�ola constituye el m�s valioso patrimonio com�n de m�s de 400 millones de personas[i] de cuatro continentes, que en su mayor parte pertenecen al continente americano. Est�, pues, entre las mayores lenguas del mundo. Pero �cu�les son sus caracter�sticas y su situaci�n interna? y �cu�l es el alcance de su importancia en el mundo? �Cu�les son, por consiguiente, los desaf�os internos y externos que enfrenta?

Una lengua en su n�cleo formal estructural-funcional es un entramado de sistemas fonol�gicos, morfol�gicos, sint�cticos, sem�nticos. Los sistemas se realizan mediante manifestaciones acu�adas en entornos sociales determinados, manifestaciones que se conocen como normas, conformadas en el hablar concreto, seg�n Eugenio Coseriu[ii], como �repetici�n de modelos anteriores�. La norma es un conjunto de �imposiciones sociales y culturales, y var�a seg�n la comunidad.

Dentro de la misma comunidad ling��stica nacional y dentro del mismo sistema funcional pueden comprobarse varias normas� (Ib., p. 98): zona geogr�fica, registro familiar, lenguaje popular, lenguaje elevado, etc. De acuerdo con esta caracterizaci�n, el hablante conoce las normas de su comunidad geogr�fica inmediata -es decir, de su dialecto- y de los diferentes registros, y �tiene mayor o menor conciencia del sistema� (p. 99). 

Subir


Normas, errores y acu�aciones

Si un hablante no conoce una norma (por ejemplo, las irregularidades), aplica el sistema por analog�a, lo que puede conducir a �errores� (sabo, hacido, etc.) de norma; pero si la conoce puede crear nuevas acu�aciones que, como en el caso de la adaptaci�n de extranjerismos (escanear < ingl. scan), podr�an incorporarse naturalmente al repertorio l�xico porque no transgreden las reglas fonol�gicas y morfol�gicas.

Pero tambi�n puede transgredir la norma conscientemente, con prop�sitos expresivos, como hacen muchos poetas; por ejemplo, un adverbio en -mente formado sobre un sustantivo: He pensado a menudo en todo esto, mujermente agobiada de plumeros, Mar�a Elena Walsh, y otro adverbio formado sobre un pronombre: Tu vida maneja los prodigios / tan tuyamente como el color de tus ojos, Pedro Salinas. No obstante, estos ejemplos no han pasado al habla com�n. Para que una innovaci�n se consolide debe actuar la aceptaci�n social.

La historia de la lengua, de cuyos primeros documentos ya se ha cumplido un milenio, muestra el complejo fen�meno de formaci�n y cambio a trav�s de los siglos; muestra tambi�n la variaci�n de las normas al comparar el uso en distintos lugares y situaciones en un momento dado. Si bien la lengua de La Celestina o la del Quijote se diferencia en algunos aspectos de la lengua que hoy hablamos y escribimos, es la misma en esencia; y tambi�n lo es, a pesar de sus peculiaridades, la lengua culta de Buenos Aires, Mendoza, Corrientes, La Paz, Caracas, M�xico,  Madrid o Sevilla.

Subir


Sin perturbar la conciencia de esa esencial this site, cada hablante puede percibir las innovaciones -algunas duraderas, otras ef�meras- que van surgiendo d�a a d�a en el habla de su comunidad inmediata. En nuestro tiempo los cambios culturales, los descubrimientos cient�ficos, las transformaciones t�cnicas, se suceden multiplic�ndose a un ritmo desconocido antes, transformando aceleradamente los aspectos de la realidad relacionados con ellos: as�, mayores comodidades materiales, la prolongaci�n de la vida por los adelantos de la medicina y la biolog�a, la ampliaci�n del orbe y su acercamiento temporal por medio de los transportes y las comunicaciones, la nueva visi�n del mundo que a la vez provoca esos hechos y se realimenta con ellos. La lengua no permanece ajena; por el contrario, refleja esta multiplicidad de fen�menos y novedades en su l�xico y su fraseolog�a, a la vez que para los hablantes se ampl�an y multiplican las manifestaciones de muy diversos usos, cercanos o remotos, que difunden los medios de comunicaci�n.

Nueve de cada diez hispanohablantes son americanos

2. Se estima que casi el 90 % de los hispanohablantes son americanos. Por esta realidad y por otros factores, desde hace tiempo escritores y ling�istas peninsulares reconocen que los espa�oles no son �los amos de la lengua�, que el futuro del espa�ol es el de nuestro Continente.[iii] Creen tambi�n que existe un mayor cuidado en su uso de este lado del Atl�ntico, una mayor preocupaci�n que los peninsulares por la correcci�n en el hablar; mencionan al respecto leyes de protecci�n del idioma en Colombia y M�xico.[iv] No olvidan, adem�s, que los  cl�sicos hispanoamericanos -Dar�o, Vallejos, Huidobro, G�iraldes, Borges, O. Paz, Vargas Llosa y muchos otros- son, junto con sus m�s notables pares espa�oles contempor�neos, sucesores de los cl�sicos espa�oles de todos los tiempos;  muchos autores hispanoamericanos ya figuran como autoridades en el Esbozo de una nueva gram�tica de la lengua espa�ola, de la Real Academia Espa�ola (1973). Por otra parte, y as� lo han ido mostrando estudiosos como �ngel Rosenblat, Amado Alonso, Manuel Alvar, Gregorio Salvador, entre otros, dif�cilmente haya rasgos en el espa�ol, fuera de las diferencias l�xicas regionales, que no sean comunes a Espa�a y Am�rica o no provengan de tendencias evolutivas latentes. Extendi�ndola a todo el �mbito de Hispanoam�rica, podemos citar la situaci�n de la lengua en M�xico, descripta por Juan M. Lope Blanch:[v]

Subir


Gran n�mero de sus peculiaridades son resultado del cumplimiento de tendencias  �ntimamente espa�olas, por lo que, en la mayor�a de  los casos, coinciden con los resultados de otras muchas zonas hisp�nicas.

Viejos y nuevos retos para una lengua �nica

3. Las lenguas son instrumentos de comunicaci�n, de pensamiento, de creaci�n literaria y cient�fica. En el caso del espa�ol, por su extensi�n geogr�fica, por su car�cter multinacional, por el n�mero de su hablantes nativos (que la colocan entre las cuatro mayores lenguas del mundo) y porque su this site es notable, puede considerarse, como dijo Andr�s Bello,[vi] �un medio providencial de comunicaci�n� que, como tal, ofrece �inapreciables ventajas�. Cuidar este patrimonio es deber de sus hablantes, quienes tienen ante s� m�ltiples desaf�os.

Varios de los retos actuales para el espa�ol son los de siempre, con las caracter�sticas propias de la �poca. Se ha abandonado la idea surgida en el siglo XIX en algunos pa�ses de Am�rica de que la emancipaci�n ling��stica deb�a ser una consecuencia natural de la emancipaci�n pol�tica: tales fueron las actitudes sustentadas en el per�odo rom�ntico por los argentinos Juan Mar�a Guti�rrez, Juan Bautista Alberdi, Domingo Faustino Sarmiento, y el proyecto de reforma de la ortograf�a de Sarmiento, que en parte tuvo breve vigencia en Chile (1843-1847).[vii] Hoy la existencia de una ortograf�a com�n al �mbito hisp�nico, producto de una larga codificaci�n, parece gozar de aceptaci�n general, con algunas excepciones aisladas: la pr�ctica de algunos escritores (por ejemplo, Juan Ram�n Jim�nez) o productos te�ricos que, como los trabajos de la distinguida ling�ista chilena Lidia Contreras,[viii] no han pasado a la discusi�n generalizada, y alg�n otro intento sobre el que volver�. Tampoco se ha cumplido hasta el presente la alarmante posibilidad que llev� al venezolano Andr�s Bello a componer su Gram�tica de la lengua castellana destinada al uso de los americanos, y que el colombiano Rufino Jos� Cuervo crey� factible: la de una hipot�tica fragmentaci�n del espa�ol, sin la this site y la presencia mundial que ha tenido esta lengua desde la mitad del milenio.[ix]

La Real Academia Espa�ola de la Lengua, establecida en 1713,[x] con el lema �limpia, fija y da esplendor� se propon�a fijar en un Diccionario y una Gram�tica las normas m�s apreciadas de la lengua, apoyadas en la autoridad de los escritores. La lengua escrita era el modelo de limpieza, estabilizaci�n y posibilidades expresivas (�perfecci�n�) del idioma; era oportuno, entonces:[xi]

Subir


Fjar la lengua que [...] se hav�a pulido y adornado en el transcurso de los tiempos, hasta llegar a su �ltima perfecci�n en el siglo passado: y no era decente a nosotros, que logrando la fortuna de encontrarla en nuestros d�as tan perfecta, no eternizassemos en las prensas su memoria formando un Diccionario al exemplo de las dos celebrad�ssimas Academias de Par�s y Florencia.

La RAE reconoce la legitimidad hispanoamericana

El t�pico de la perfecci�n de la propia lengua, que ya aparec�a en el Pr�logo de la Gram�tica de Nebrija, de 1492, fue com�n desde el Humanismo, con el surgimiento de los estados nacionales y la valoraci�n de las lenguas vulgares; por ello, el trabajo �primero y principal� de la Academia -el Diccionario-, ser�a adem�s �trabajo �til a la Naci�n, porque se manifestar�a con evidencia a las dem�s, que nuestra lengua Castellana no era inferior a ninguna de las m�s cultivadas de Europa�.

En 1870 la Real Academia, que ya ten�a miembros correspondientes en Hispanoam�rica, ofreci� la posibilidad de establecer en cada pa�s una Academia correspondiente. Hoy las rep�blicas de Hispanoam�rica, las Filipinas y los Estados Unidos de Norteam�rica tienen la suya, y todas, junto con la Corporaci�n de Madrid, forman desde 1951 la Asociaci�n de Academias de la Lengua Espa�ola. Las principales actividades de la Asociaci�n son el estudio de las peculiaridades de cada pa�s, de cada regi�n, la consulta permanente, el reconocimiento de estas peculiaridades por la RAE, enriqueciendo el patrimonio com�n al mostrar la this site de normas dentro de la esencial this site del l�xico general. Tambi�n en el Esbozo de una nueva gram�tica de la lengua espa�ola (1973) la Real Academia Espa�ola, al ampliar el registro de autoridades, reconoce la legitimidad del uso fonol�gico, morfol�gico y sint�ctico de escritores hispanoamericanos. En 1998-1999 consult� con las dem�s Academias el texto de la Ortograf�a de la lengua espa�ola (Madrid, 1999). En suma, la lengua es una, las normas cultas son varias,[xii] y cada variedad tiene su propia dignidad.

Hoy nadie duda en el  mundo hisp�nico de la importancia de un idioma de tan vastos alcances en lo geogr�fico y lo humano, en el que pueden expresarse y entenderse tantas naciones con autonom�a pol�tica, intereses propios y culturas diferentes; de ser la base, continuamente enriquecida, de una literatura diversificada que trasciende las fronteras idiom�ticas en traducciones a multitud de lenguas; de ser lengua de intercambio en las organizaciones internacionales, como las Naciones Unidas, la Comunidad Europea, el Mercosur, organismos estos donde el espa�ol incluso es portavoz de regiones biling�es de la Pen�nsula y de Am�rica.

Subir


Amenazas a largo plazo contra la this site del espa�ol

4. Sin embargo, la amenaza que ve�an Bello y Cuervo permanece latente. Obran en la lengua -y no s�lo en la espa�ola- muchos factores capaces de atentar a largo plazo contra su identidad hist�rica, y de rebajar as� no s�lo su decoro, sino tambi�n su this site esencial y la fuerza de su presencia en el mundo. Entre esos factores se encuentran, sin duda, los cambios ideol�gico-culturales que trascienden el �mbito hispanohablante, el papel de la educaci�n y el de los medios de comunicaci�n.

Dentro del primer factor pueden enumerarse las ideas del relativismo cultural, de la igualaci�n de valores, de una libertad an�mica que, de profundizarse y extenderse, podr�a llevar en el futuro a una situaci�n de fragmentaci�n y empobrecimiento semejante a la temida en el  siglo XIX. Manuel Jard�n,[xiii] nota en el arte y en el pensamiento del siglo XX el predominio de un esp�ritu irracional que gusta de lo novedoso y lo particular, que implica �el fetichismo del  cambio, de dar por supuesto que el cambio por s� mismo es bueno�; de ah� la continua b�squeda  de lo novedoso: �todo est� sujeto a una permanente revisi�n; lo permanente es el cambio�. Encuentra en el ambiente vital contempor�neo algo que �corrobora esa tendencia [...] a lo inestable; es el esnobismo, que exige estar al d�a�. Por ello, en este marco cambiar de lenguaje, con todo lo que tiene de apariencial, de exterior, de representaci�n, de vestido ac�stico, de maquillaje cultural, constituye un signo, y un motivo de autoconvencimiento, de estar a la altura de los tiempos, de ser moderno (p. 163)

O posmoderno, dir�amos, cuando muchos adultos, contrariando sus h�bitos (no s�lo ling��sticos),  imitan a los adolescentes y usan su argot, sus neologismos de forma y significado.[xiv]

Subir


El papel de la educaci�n va de la mano del factor antes mencionado en las sociedades que se acostumbran a la p�rdida acelerada de los criterios que permiten armonizar la innovaci�n y la tradici�n en las lenguas: no tomar seriamente las normas en la ense�anza, o bien el temor de aplicarlas; la falta de conciencia del problema, y el consiguiente desinter�s de los hablantes por el decoro de su lengua. El problema no es nuevo y, como dijimos, no exclusivo de nuestra lengua. En 1984 el Conseil de la Langue Fran�aise de Qu�bec convoc� a estudiosos de varias lenguas para reflexionar sobre la llamada �crisis de las lenguas�. Para el espa�ol intervino Gregorio Salvador,[xv] quien recordaba que tal fen�meno tiene antecedentes: ya en el siglo XVIII Juan Pablo Forner escribi� Exequias de la lengua espa�ola. Hoy sabemos que equivoc� el diagn�stico. Pero la pobreza del l�xico, las muletillas (eh; este; bueno, o sea, etc.), la adopci�n  -defectuosa en muchos casos- de palabras extranjeras sin necesidad real, la impropiedad de la sintaxis (que permite hubieron inundaciones; todo ese agua; dice de que; los libros que faltan empaquetar; etc.), los errores morfol�gicos (satisfaci�, traducieron, resolvido, etc.), las faltas de ortograf�a, adem�s de las de redacci�n, etc., quiz� no alcanzar�n a desquiciar la lengua, ya que en el transcurso de los siglos ha absorbido muchos extranjerismos[xvi], y sus estructuras m�s abstractas, de extraordinaria complejidad: la fonolog�a, la morfolog�a y la sintaxis, son resistentes a la contaminaci�n y el cambio masivos. Pero todas las impropiedades alcanzan para deslucir la lengua y rebajar su dignidad. En algunos sectores de la poblaci�n, sin embargo, se advierte la preocupaci�n por la propiedad del hablar y el respeto a las normas; as� lo muestra la cantidad de consultas escritas y telef�nicas anuales a la Academia Argentina de Letras, en su mayor�a de parte de estudiantes, docentes, periodistas.

Los medios hacen y deshacen la lengua

El tercer factor, los medios de comunicaci�n: diarios, radio, televisi�n, publicidad, redes inform�ticas, actualmente son, quiz�s, las fuerzas m�s poderosas en el desenvolvimiento de las lenguas, las que producen los cambios con la mayor celeridad. Se�ala Manuel Alvar:[xvii]

En el mundo de hoy, los medios de comunicaci�n hacen y deshacen la lengua, [...] son los periodistas de todo tipo quienes vienen a conformar la lengua, que tal es su dilatada influencia. [...] �a cu�ntos oyentes llegan las palabras de un maestro? En cambio, �podr�amos decir lo que influye un locutor de radio o de televisi�n? Pensemos en ello: la lengua se forma cada d�a en los noticiarios, los anuncios, las informaciones traducidas, los programas doblados.

Subir


En la actualidad muchos de los llamados �comunicadores sociales�, los artistas, las personas entrevistadas, algunos intelectuales, etc., emplean un lenguaje que suele ir de la vulgaridad idiom�tica (en la Argentina: guita, laburante, laburo, etc.) a la franca groser�a, y un estilo deliberadamente antiformal y antiintelectual -aun en intelectuales-, en parte destinado con �xito a los j�venes, y o�do (y aceptado) acr�ticamente por muchas personas. Los medios de comunicaci�n -radio, televisi�n, prensa-, por su influencia masiva, instant�nea, compiten hoy con gran ventaja con la escuela (en el supuesto de que en ella se cultive el cuidado de la lengua).  En el siglo pasado tuvo influencia Andr�s Bello en Chile con sus Advertencias sobre el uso de la lengua castellana, dedicadas a los padres de familia, profesores de los colegios y maestros de escuela, (1834), cuando, entre otras correcciones, logr� que se consolidase el tuteo frente al voseo. Ya no parece estar vigente aquella idea de educaci�n ling��stica por medio de la escuela que persegu�a Berta Vidal de Battini al escribir su libro El espa�ol de la Argentina (1964) para que los maestros pudieran elevar a los ni�os desde su lengua local y familiar -sin desde�arlas- a la lengua culta de su regi�n, inserta en la del pa�s, y esta en la del mundo hisp�nico.

La gram�tica es la estructura del saber idiom�tico

En abril de 1997, en un Congreso Internacional de la Lengua Espa�ola celebrado en M�xico, el escritor colombiano Gabriel Garc�a M�rquez, premio Nobel, convoc� a la pol�mica cuando pidi� -ante periodistas, escritores, acad�micos, ling�istas de diversos pa�ses, y el mismo Rey de Espa�a- �simplificar la gram�tica� y �jubilar la ortograf�a�. Sus explicaciones posteriores sobre el alcance de esas frases poco aclararon. �Qu� significa �simplificar la gram�tica�? �Acaso hablar con gerundios, como en el di�logo de Lucio V. Mansilla con el capitanejo ranquel  Caniup�n, en el cl�sico Una excursi�n a los indios ranqueles?:

            Viendo sus caballos tan trasijados, le pregunt� a Caniup�n:
            ��De d�nde vienen estos?�
            �Estos viniendo de afuera, boleando� me contest�.
            ��Qu� habiendo por los campos, hermano? -le agregu�.
            �Muy silencio estando Cuero, Bagual y Tres Lagunas�.
            ��Entonces, indios no desconfiando ya de m�? [...]�
                                                                                            
(Cap�tulo XX)

Subir


La gram�tica es la estructura de nuestro saber idiom�tico, es la fonolog�a: �los sonidos de la lengua�, la morfolog�a -la forma de las palabras-, la sintaxis que nos permite enhebrar las palabras en nuestra habla, la sem�ntica que les da significado. La ortograf�a, por otra parte, es una convenci�n elaborada a trav�s del tiempo, pertenece a la tradici�n cultural y en muchos casos transmite valores sem�nticos (cf. usos y husos; p�lpito y pulpito); su vigencia ha contribuido a mantener la this site de la lengua a pesar de sus variedades locales.

Ahora bien, las detonantes propuestas de Garc�a M�rquez se difundieron en abril de 1997; pero seis meses antes, en octubre de 1996,[xviii] el escritor hab�a intervenido en la asamblea anual de la Sociedad Interamericana de Prensa, celebrada en California. Cont� all� que hac�a medio siglo, cuando �l se iniciaba en el periodismo, no estaban de moda las escuelas de periodismo. �Se aprend�a en las salas de redacci�n -dijo- [...] La misma pr�ctica del oficio impon�a la necesidad de formarse una base cultural, [...] la lectura era una adicci�n laboral�. La creaci�n de escuelas y facultades de periodismo �fue una reacci�n escol�stica�, porque la actividad �carec�a de respaldo acad�mico�. En esta etapa -seg�n el escritor- se perdi� el nombre humilde de �periodismo� que tuvo la profesi�n desde sus or�genes en el siglo XV; ahora no se llama �periodismo�, sino �Ciencias de la Comunicaci�n�. En la visi�n de Garc�a M�rquez:

El resultado no es alentador [...] La mayor�a de los graduados llegan con deficiencias flagrantes, tienen graves problemas de gram�tica y ortograf�a, y dificultades para la comprensi�n reflexiva de textos.[xix] [...] Para muchos redactores de peri�dicos la transcripci�n [de entrevistas grabadas] es la prueba de fuego: confunden el sonido de las palabras, tropiezan con la sem�ntica, naufragan en la ortograf�a y mueren por el infarto de la sintaxis.

Subir


Cambio de opini�n en Garc�a M�rquez

�Cambi� de opini�n el escritor en seis meses? �A cu�l de sus intervenciones hay que creerle? Desde luego, las dificultades con que tropieza el lector de peri�dicos -para no hablar de los �comunicadores� orales, que las multiplican- est�n caracterizadas en el discurso ante la asamblea de la SIP. Es evidente, y puede comprobarse en los planes de estudio, que las Escuelas  o Facultades Comunicaci�n (caso de la Universidad de Buenos Aires) no se ocupan particularmente de la lengua -instrumento del oficio- ni como sistema ni como formas de uso, es decir, como norma com�n. Se han puesto de moda los �manuales de estilo� de peri�dicos, de agencias de noticias, de editoriales, y en ellos se dan normas supuestamente obligatorias para quienes escriben en los respectivos medios; pero la lectura diaria de estos lo desmiente.

El aspecto positivo de los medios de comunicaci�n fue advertido hace tiempo por Ram�n Men�ndez Pidal:[xx]

la palabra hablada y la visi�n ilustrativa se transmiten instant�neamente a toda la redondez del globo, y esto aumenta, con posibilidades inconcebibles, el poder de corregir y unificar el lenguaje en las m�s lejanas regiones en que es hablado.

Por ello, estos medios pueden contribuir a afianzar la this site, e incluso a borrar la variedad regional (lo cual puede interpretarse tambi�n como una p�rdida de la riqueza de las identidades regionales). Una investigaci�n de Gregorio Salvador hecha en Espa�a sobre los culebrones[xxi] -las telenovelas venezolanas, mexicanas y argentinas- muestra que los espectadores entienden y hasta adoptan sus normas regionales. En el Burgo de Osma, en Castilla la Vieja, el autor oy� decir a una joven espa�ola: ��Qu� ch�veres estos zapatos!�, con un adjetivo del habla venezolana; en otros lugares de la Pen�nsula, remedios por �medicinas�, alacena por �despensa�, �(una materia) aplazada�, del habla argentina; y el mexicano platicar por �charlar� en Granada, aunque el verbo charlar d�cadas atr�s justamente hab�a desplazado en esta regi�n a platicar, releg�ndolo a arca�smo. Tal vez, sin dejar de conservar las peculiaridades locales, esta sea la manera como se reforzar� la this site entre el espa�ol peninsular y el espa�ol de Am�rica: �Es lo que se nos impone en tiempos de progresiva uniformidad en todos los �rdenes de la vida�.[xxii]

Subir


Hay que volver a las fuentes

5. �Qu� acciones pueden llevarse a cabo -con gran paciencia y perseverancia- para el cuidado y la defensa de la lengua como manifestaci�n de nuestro nivel cultural? Desde mi punto de vista, hay que volver a las fuentes. La primera, la educaci�n que llegue a todos, incluidos especialmente los �comunicadores�, es una ardua empresa, que requiere en primer lugar la formaci�n adecuada de los maestros y profesores. No es, por ello, un remedio de eficacia r�pida; pero hay algunos indicios de que podr�a revitalizarse. Anualmente la Academia Argentina de Letras, que tiene entre sus finalidades el asesoramiento a instituciones oficiales y privadas y a particulares en materia de normativa, recibe alrededor de nueve mil consultas telef�nicas anuales sobre problemas del idioma, y una buena parte de ellas -como hemos dicho- pertenece a maestros, profesores, periodistas. Asimismo, se agotan las ediciones de los fasc�culos Dudas idiom�ticas frecuentes y Verbos en la Feria del Libro anual de Buenos Aires, en manos de maestros, escolares y estudiantes secundarios. Existen en ellos, pues, reservas de respeto por la lengua, que deber�n ir increment�ndose. Por otra parte, desde un �mbito oficial argentino, la Procuraci�n del Tesoro, ha surgido la preocupaci�n por la lengua, y en 1998 se present� el Manual de estilo de la Procuraci�n del Tesoro, elaborado por abogados con el asesoramiento de una especialista en ling��stica. Es de esperar que esta iniciativa se extienda a toda la administraci�n p�blica, y llame la atenci�n de la ciudadan�a sobre el cuidado de la lengua.

Ante estas realidades y estos desaf�os, potenciados en los umbrales del nuevo siglo, nos queda a todos: autoridades, escuelas, comunicadores, escritores, cient�ficos o personas comunes, la reflexi�n, la toma de conciencia y la oportuna reacci�n para valorar a la lengua como la manifestaci�n de nuestro grado de cultura. 

Subir


[i] Alfredo Matus Olivier consigna �casi 500 millones�, en Alfredo Matus y Mario A. Salazar (eds.), La lengua, un patrimonio cultural plural, Santiago, Academia Chilena de la Lengua y DIBAN, 1998, p. 15.

[ii] Cf. Eugenio Coseriu, �Sistema, norma y habla�, en su Teor�a del lenguaje y ling��stica general, Madrid, Gredos, 1953; p. 97.

[iii] Cf. Gregorio Salvador, en su Lengua espa�ola y lenguas de Espa�a, Barcelona, Ariel, 1987, p. 82; Rafael Lapesa, en su El espa�ol moderno y contempor�neo, Barcelona, Cr�tica (Grijalbo Mondadori), 1996, pp. 339, 462; Fernando L�zaro Carreter, en su El dardo en la palabra, Barcelona, C�rculo de Lectores, 1997, p. 168.

[iv]  Hace tres lustros Gregorio Salvador mencionaba una ley reciente de M�xico (loc. cit.); Humberto L�pez Morales cita otra, anterior (1960), de Colombia (�Las Academias americanas�, en La lengua espa�ola, hoy, vol. coordinado por Manuel Seco y Gregorio Salvador, Madrid, Fundaci�n Juan March; p. 284).

[v] �Estado actual del espa�ol en M�xico�, en Presente y futuro de la lengua espa�ola, Madrid, OFINES, Ediciones Cultura Hisp�nica, 1964, vol. I, p.91.

[vi] Pr�logo de su Gram�tica de la lengua castellana (primera edici�n, 1847). 

Subir

[vii] Apoyado por Andr�s Bello, quien desde dos d�cadas antes propugnaba en Chile una reforma ortogr�fica basada en el criterio (que se remonta a Quintiliano, y en nuestra lengua a Nebrija) de escribir las palabras seg�n su  pronunciaci�n, y en algunos principios ortogr�ficos adoptados por la Real Academia Espa�ola.

[viii] Lidia Contreras, Ortograf�a y graf�mica, Madrid, Visor Libros, 1994.

[ix] Bello enumeraba entre los procesos peligrosos los neologismos y extranjerismos l�xicos innecesarios y las locuciones afrancesadas, y agregaba:

Pero el mayor mal de todos, y el que, si no se ataja, va a privarnos de las inapreciables ventajas de un lenguaje com�n, es la avenida de neologismos de construcci�n, que (...) alterando la estructura del idioma, tiende a convertirlo en una multitud de dialectos irregulares, licenciosos b�rbaros; embriones de idiomas futuros, que durante una larga elaboraci�n reproducir�an en Am�rica lo que fue la Europa en el tenebroso per�odo de la corrupci�n del lat�n. (Gram�tica, �Pr�logo�)

[x] La Acad�mie Fran�aise (Par�s) hab�a sido fundada en 1631, mientras que en Italia la Accademia della Crusca (Florencia) se remontaba a 1582.

[xi]  �Historia de la Real Academia Espa�ola�, en su Diccionario de la Lengua Castellana, Madrid, 6 vols., 1726-1739 (llamado tambi�n Diccionario de Autoridades).

[xii] �ngel Rosenblat, El criterio de correcci�n ling��stica. this site o pluralidad de normas en el espa�ol de Espa�a y de Am�rica, Bogot�, 1967.

Subir

[xiii] Manuel Jard�n, La normalizaci�n ling��stica, una anormalidad democr�tica. El caso gallego, Madrid, Siglo XXi, 1993; pp.162-163.

[xiv] Cf. Editorial de La Naci�n, Buenos Aires, 9-2-92.

[xv] Cf. Lengua espa�ola y lenguas de Espa�a, p. 117.

[xvi] Por ejemplo, del franc�s: departamento, carpeta, jard�n, jefe, malla, jalea, petardo, jam�n, merengue, usina.

[xvii] Manuel Alvar, �La lengua y los medios de comunicaci�n�, en su La lengua de..., Universidad de Alcal� de Henares, 1993; p. 175.

[xviii] V�ase La Naci�n, 8 y 9 de octubre de 1996.

[xix] Subrayados m�os.

Subir

[xx] Rafael Lapesa, loc. cit., p. 252.xx] Pr�logo de Presente y futuro de la lengua espa�ola, Madrid, Ediciones Cultura Hisp�nica, 1964.

[xxi] Gregorio Salvador, Un veh�culo para la cohesi�n ling��stica: el espa�ol hablado en los culebrones, Burgos, 1994.

[xxii] Rafael Lapesa, loc. cit., p. 252.


Subir

Ofelia Kovacci

Es presidenta de la Academia Argentina de Letras.

Leer art�culo


- Volver al �ndice - Tribunas anteriores - �ndice de autores - 


- Portada de this site -
-  Breves - Agenda - Enlaces de la semana - Opini�n -  El Mural - Gu�a  - Actualidad -


�Quiere enviarnos un mensaje? �Pulse aqu�! Un sitio realizado con 
la colaboraci�n de...


� Comunica Press (www.comunica.es) 1999 - 2007 Reservados todos los derechos - www.comunicaonline.net