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26 de julio de 2000


Tribuna de opini�n

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ROBERTO GARC�A y MAR�A TERESA GENISANS
El cerco del prejuicio en ling��stica y educaci�n

Conflictos �tnicos y socio-culturales
Los marginados ling��sticos
Viejas y nuevas concepciones dogm�ticas
�Defensa del idioma?
El itinerario del dogma educativo
Las normas de la innovaci�n

Desde los contenidos m�nimos a los contenidos b�sicos
Choque de intereses en los planes educativos
Una ideolog�a del prejuicio pesa
Hay soluciones, si hay voluntad

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La Argentina se dispone a ingresar en el tercer milenio con una serie de interrogantes que tienen que ver con la pol�tica ling��stica y la pol�tica educativa con las que se vertebra una naci�n que pretende mostrar una identidad propia, comprometida con una tradici�n hist�rica de aspiraciones democr�ticas. Es precisamente esa fisonom�a la que parece desdibujarse en el conjunto de procesos ideol�gicos, socioculturales y econ�micos en los que se encuentra inmerso el pa�s, con desajustes y distorsiones sociales que abren o profundizan grietas inquietantes en los cimientos de nuestra sociedad.

Queremos replantear aqu� la necesidad de que tales pol�ticas, que deben ser convergentes en la acci�n formadora de la escuela de h�bitos fundamentales para el desarrollo de capacidades cognitivas y competencias comunicativas individuales y colectivas, se fortalezcan rec�procamente en la construcci�n de una conciencia nacional esencialmente cr�tica, afirmativa de una voluntad de integraci�n que sea al mismo tiempo respetuosa de la this site.

Con una larga tradici�n de escuela integradora, la Argentina se ha transformado en pa�s que tiende a producir opciones de educaci�n diferenciada y marginadora. Y el punto de partida de esta construcci�n social ideol�gicamente marcada por la contradicci�n se halla en la base misma de la ense�anza de la lengua. La caracterizaci�n de la capacitaci�n lectoescritora del chico como la correcta adecuaci�n a la norma Ling��stica impuesta refleja un proceso que en realidad incrementa la diferenciaci�n de identidades simb�licas a trav�s de la inequitativa asignaci�n de valores a los recursos verbales, entre un segmento social correspondiente a los estratos medio y alto y otro nivel cada vez m�s numeroso, de los sectores pobres de la poblaci�n, incluidos los de zonas rurales y de los populosos cinturones de villas miseria que rodean las ciudades, habitantes de una Argentina interior generalmente descalificados, atra�dos por los centros urbanos y a la vez repelidos en esas fronteras internas del subdesarrollo.  

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Conflictos �tnicos y socio-culturales

En pa�ses con conflictos �tnicos y sociales irresueltos como los de Am�rica Latina, y el nuestro en particular, el proceso escolar de imposici�n de la lengua est�ndar representa por tanto, m�s que una cuesti�n de variaciones dialectales, un problema de conflictos socioculturales que a trav�s del lenguaje encuentra simbolizado el car�cter esencialmente discriminador de la pol�tica socioeducativa. El incremento del analfabetismo, funcional o total, inscrito ya en el marco econ�mico cultural de la globalizaci�n, llevar� a aumentar el n�mero de chicos que quedan excluidos de la estandarizaci�n y de posibilidades de progreso social.

La paradoja de la pol�tica ling��sticoeducativa se transparente en la aproximaci�n de estos dos v�rtices sociales, lenguaje y educaci�n, en momentos en que una de las metas oficiales de la educaci�n argentina parece estar dada por la privatizaci�n del sistema escolar y su transformaci�n en una red de empresas de capitales que no represente costos para el Estado. En parte, es �sta ya una realidad en plena expansi�n.

La construcci�n de este aparato educativo comporta un fuerte componente ideol�gico de discriminaci�n social: la escuela privada y pagada es la escuela de la clase media y alta. Su imposici�n suele impulsar la tentadora estigmatizaci�n de la escuela p�blica, que queda destinada, en ese programa de intenciones-realidades, para el estrato social con menos recursos o de los grupos totalmente carenciados. Este modelo socialmente discriminante se corresponde con la distribuci�n de la legitimaci�n social de las variedades ling��sticas: los sectores sociales medios y altos comparten una variedad est�ndar que es precisamente la que impone el curr�culo oficial para la educaci�n. Es la variedad formalmente reconocida y con un prestigio negado a las variedades vern�culas (no est�ndares). Para afirmar ese prestigio, sin embargo, la ideolog�a discriminante descalifica a estas hablas que utilizan precisamente los chicos de los estratos m�s pobres y desfavorecidos de la sociedad, que son los que m�s requieren el amparo escolar.

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Los marginados ling��sticos

El proceso escolar de la ense�anza de la lengua, desde la alfabetizaci�n, deriva en un gran porcentaje de marginados ling��sticos que seg�n los socioling�istas contraen �un habla miedosa�, alimentada por una conciencia dialectal culpable que los inhibe para la libre expresi�n y el enriquecimiento verbal que debe ser el principal objetivo de la ense�anza de la lengua (A. Hurtado, 1984).

Es posible que en la manutenci�n de estas variedades estigmatizadas socialmente, en la renuencia a apropiarse plenamente de la llamada lengua est�ndar, como se ha buscado explicar tambi�n desde el �mbito de la socioling��stica, haya, aunque sea parcialmente, la manifestaci�n de principios de solidaridad e identidad del grupo.

Pero esa interpretaci�n no desfigura la realidad de la intensa presi�n que ejerce la ideolog�a del prejuicio subyacente en la sociedad y en la comunidad educativa, y que permite a los denominados �guardianes del lenguaje�, como portavoces del purismo ling��stico a ultranza, diagnosticar en los hablantes no est�ndares formas de �perversi�n� o �deficiencias cognitivas� para aprender los �usos correctos� de la lengua (J. Y L. Milroy, 1991).

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Nuestro pa�s ha mostrado en este �ltimo siglo tendencias recurrentes a caracterizaciones dogm�ticas en materia de pol�tica ling��stica y de pol�tica educativa. En algunos casos, esas actitudes institucionales (de la Academia Argentina de Letras y del Ministerio de Educaci�n, fundamentalmente) se correspondieron con etapas pol�ticas militaristas. No extra�a, en consecuencia, el cerrado corte verticalista que revelan. Sin embargo, una suerte de adherencias ideol�gicas alineadas con una orientaci�n muy semejante resurge en etapas de gobierno democr�tico y entonces se hace necesario inferir componentes puristas y autoritarios estructuralmente incorporados a la mentalidad de los sectores hegem�nicos de la Naci�n, que s�lo puede desterrar una efectiva pol�tica de la lengua para la democracia.

Viejas y nuevas concepciones dogm�ticas

Es ilustrativo observar de cerca y con cierto detenimiento algunos tramos del discurso oficial argentino del �ltimo cuarto de siglo para reconocer la fuerte persistencia del prejuicio centrado en el concepto ideol�gico nuclear de la �correcci�n�, que funciona como una isotop�a expl�cita o subyacente, pero siempre determinante.

As�, recorriendo documentaci�n del Ministerio de Cultura y Educaci�n, elegimos como punto de partida el a�o 1971 en el que la Administraci�n Nacional de Educaci�n Media y Superior hizo llegar a todas las escuelas medias del pa�s el texto de la Disposici�n N� 135 por la que se modificaban los contenidos de gram�tica difundidos hasta entonces en el Fasc�culo N� 5 �Planeamiento de la tarea escolar y evaluaci�n de la tarea escolar� (1969). Esta disposici�n de 1971 compara el texto a reemplazar y el nuevo texto que se prescribe:

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�Primer A�o. Nuevo texto.

A.      1.- 1. Enunciaciones, preguntas, exclamaciones, ruegos y mandatos. El alumno deber� reconocerlos en textos y en expresiones orales breves y sencillas de la lengua culta. La raci�n.

B.      A. 1.- Someras nociones acerca de la comunicaci�n ling��stica: emisor, mensaje, receptor. Clasificaci�n y reconocimiento de enunciaciones, preguntas, exclamaciones, ruegos y mandatos. Ejercicios de reconocimiento en expresiones de la lengua culta oral (literaria y cient�fica). Noci�n de lo correcto. Criterios para juzgar el hecho ling��stico: sem�ntico, morfol�gico, sint�ctico; lo normativo�.

En ambas disposiciones ministeriales advertimos que la lengua por ser ense�ada es la denominada �lengua culta�, lo que marca una primera se�al en el itinerario propuesto; se�al especialmente significativa si advertimos que el texto del a�o 1971, que se present� como innovador con relaci�n al paradigma gramatical vigente hasta fines de la d�cada de los a�os 60, prescribe ejercicios en �lengua culta oral literaria y cient�fica�.

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�Defensa del idioma?

Avanzando al a�o 1978, la Circular N� 86 tambi�n del Ministerio de Cultura y Educaci�n de la Naci�n, difunde el documento titulado Ense�anza de la Lengua. Lineamientos generales. La nota de presentaci�n del citado documento declara lo siguiente:

�Estos lineamientos y la Circular N� 23/78 constituyen los puntos de partida de los cursos de acci�n que esta Direcci�n Nacional desarrollar� durante el corriente a�o lectivo. Para ello se ha proyectado el Programa Por la defensa de nuestro idioma�.

De ese documento transcribimos lo siguiente:

�A trav�s de la ense�anza primaria y secundaria se tendr� que lograr que el alumno se exprese oralmente y por escrito con correcci�n (p�g. 1).

Contrariamente a lo que ocurre en otras disciplinas, el ni�o que ingresa a la escuela primaria aborda el contenido de esta materia con un largo ejercicio instrumental previo. Trae seis a�os de aprendizaje y como resultado un producto que la escuela debe aceptar. As� el habla imprecisa, incorrecta, popular o regional a veces, ser� el punto de partida del di�logo mediante el cual el maestro llegar� a conocer al ni�o interlocutor y a sentar las bases de una correcta relaci�n educando-educador, b�sica en el proceso de comunicaci�n (p�g. 3).

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Liberada mediante ella la espontaneidad y la creatividad, podr� iniciar la tarea tendiente a enriquecer y depurar el idioma (p�g. 3).

Es importante destacar la necesidad de que en todas las asignaturas los profesores exijan en sus alumnos la correcci�n y el decoro idiom�tico (p�g. 7).�

Ese referido Programa concret� cursos, seminarios y otros encuentros en los que los docentes de todos los niveles eran los receptores de las normativas discriminatorias, enmascaradas en acciones de actualizaci�n. Tales normativas fueron perfilando los contenidos que entraron en vigencia a partir de 1983, en que los establecimientos de nivel medio �nos referimos a la provincia de Tucum�n�recibieron los documentos denominados �contenidos m�nimos�.

El itinerario del dogma educativo

Otro material para el an�lisis de este itinerario dogm�tico que se va se�alando es el documento que difundi� la Direcci�n Nacional de Ense�anza Privada con fecha 30 de julio de 1981 en el que se dice que:

�Visto: Las carencias importantes que se observan en la expresi�n oral y escrita de los estudiantes de nivel medio, y considerando: Que posibilitar al adolescente la adquisici�n completa y el buen uso de la lengua implica:

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  • formarlo human�sticamente,
  • dotarlo del instrumento m�s apropiado para el intercambio de significados y el desarrollo del pensamiento,
  • proporcionarle el medio m�s eficaz para la incorporaci�n de los aprendizajes, y
  • disponerlo para la protecci�n del factor de this site cultural y de consolidaci�n de la identidad nacional por excelencia.

Que la escuela es el �mbito institucionalizado para la prevenci�n y correcci�n de las deficiencias que se advierten en la capacitaci�n de los alumnos. Por ello, el Director Nacional de la Ense�anza Privada dispone:

Art. 1�: Aprobar los contenidos de la Campa�a para el mejoramiento de la expresi�n oral y escrita de los alumnos, que como Anexo, forma parte de la presente.�

Del referido Anexo citamos lo siguiente:

�La escuela media, afianzadora de la evoluci�n personal y social del adolescente, debe considerar objetivo preferente el aprendizaje completo y el empleo correcto de la lengua�.

A partir de un conjunto de �deficiencias� que se nombran se dispone que:

�La escuela, instituci�n espec�fica para la prevenci�n de estas deficiencias, debe emprender acciones inmediatas y efectivas para su superaci�n�.

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A continuaci�n, un minucioso cronograma denominado �calendario operativo� prescribe las acciones de esa campa�a, a la que se incorpora a todo el personal de los establecimientos del Servicio Nacional de Ense�anza Privada.

Las normas de la innovaci�n

Avanzando en el sentido de este recorrido retomamos para su an�lisis, en el marco de este trabajo, el documento que se difundi� con el nombre de Contenidos M�nimos Comunes, de aplicaci�n obligatoria en la provincia de Tucum�n a partir de su recepci�n a comienzos del a�o 1983.

Para el �rea de la lengua y la literatura, como ya se ha advertido, toda una campa�a previa prepar� el terreno para el sostenimiento de una fundamentaci�n construida desde la consideraci�n de una norma culta que sanciona como �incorrecto� todo lo que no se ajuste a tal norma. En este contexto la actitud normativa fue tan fuerte que margin� otras maneras de hablar, etiquet�ndolas de incorrectas, impuras, etc. Algunos ejemplos:

�La permanente correcci�n de los errores permitir� al estudiante adquirir adecuados h�bitos ling��sticos. El conocimiento de lo correcto servir� para desterrar usos defectuosos y todo tipo de vulgarismos en la expresi�n oral y escrita de los alumnos (p�g. 25).

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El primer momento de la ense�anza corresponde a la expresi�n oral, que se practicar� con ejercicios de conversaci�n, exposici�n e interrogaci�n� Esta actividad tender� a dotar a los alumnos de los recursos para elevar la calidad de su conversaci�n, es decir, para verter a un lenguaje oral culto contenidos que generalmente se aprenden a trav�s de textos escritos, adapt�ndolos a las necesidades de una situaci�n comunicativa particular (p�g. 26)�.

La toma de posici�n implicada en estos enunciados se revela, entre otras, en esta instrucci�n para el docente: �Toda la tarea debe realizarse a partir de la expresi�n oral y del texto literario, porque all� se manifiesta la verdadera this site que es la lengua�.

En un art�culo publicado en el diario P�gina 12, James Neilson sosten�a que: �Entre los temas predilectos de los fascistas est� la defensa del idioma. Creen que la lengua es el alma del pueblo, el repositorio de las creencias de la estirpe�. La comparaci�n resulta inevitable.

Si una caracter�stica inalienable de la cultura, de acuerdo con Iuri Lotman (1996), es la divisi�n del espacio en culto e inculto, sagrado-profano, propio-ajeno, sin peligro-amenazante, y la idea de que a cada espacio le corresponden sus habitantes --dioses, hombres, una fuerza maligna o sus sin�nimos culturales�entonces la imposici�n del purismo ling��stico represent� en nuestras escuelas la expl�cita determinaci�n de erradicar manifestaciones del �mal�. De acuerdo con Michael J. Shapiro (�A political approach to language purism�, en Jernold y Shapiro, 1988) los grupos que sostienen la �pureza� ling��stica se adjudican una posici�n de superioridad moral y de superioridad social.

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Desde los contenidos m�nimos a los contenidos b�sicos

La Ley Federal de Educaci�n, sancionada en abril de 1993, dispone en su art�culo 56 que el Consejo de Cultura y Educaci�n deber� �concertar dentro de los lineamientos de la pol�tica educativa nacional los Contenidos B�sicos Comunes, los dise�os curriculares, las modalidades y las formas de evaluaci�n de los ciclos, niveles y reg�menes especiales que componen el sistema (educativo)�. Estos contenidos b�sicos comienzan a ser difundidos en los establecimientos educativos desde sus primeras versiones borrador, en lo que respecta, al menos, a la provincia de Tucum�n. A partir del per�odo lectivo 1997 se dispone de los dise�os curriculares para el Nivel Inicial y para EGB 1 y 2.

Para el �rea de Lengua estos contenidos, cuya fundamentaci�n aparece sostenida por versiones actualizadas de las ciencia del lenguaje, argumentan:

�Si bien la this site ling��stica es el proyecto educativo de la escuela, la vigencia y la extensi�n de una lengua �en nuestro caso, el espa�ol como lengua nacional�no debe suponer la subestimaci�n y la desaparici�n de otras lenguas o variedades, pues se ha de construir la identidad cultural del pa�s a partir del respeto y valoraci�n de la this site y con el aporte enriquecedor de distintos grupos y comunidades�.

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Sin embargo, tras esa caracterizaci�n positiva de respeto por la this site ling��stica, se dispone �la adquisici�n de la lengua nacional, en aquellos registros y variedades estandarizados�, defini�ndose a pie de p�gina que �en el contexto de este documento se entiende por lengua est�ndar la difundida en los medios de informaci�n masivos (televisi�n, radio y peri�dicos), formalizada sobre la base de la norma de la lengua escrita�. (p�g. 31).

En una escuela que form� durante tantos a�os a los ciudadanos en la convicci�n de alcanzar el dominio de la norma 74culta� como bien deseado y probadamente estigmatiz� a los hablantes despose�dos de tal bien, es dif�cil imaginar que las nuevas disposiciones educativas transformen una pr�ctica que las propias disposiciones no contribuyen a esclarecer. Resulta significativa la denominaci�n de lengua est�ndar a una de las variedades de la lengua. �Seguir� siendo esta variedad la lengua por antonomasia?

Karmele Rotaetxe (1982) sostiene que �el que la socioling��stica recurra a �variedad� como t�rmino objetivo y desprovisto de emotividad muestra ya que el t�rmino �lengua� conlleva un juicio, manifiesta una opini�n o una emoci�n. De entre las variedades existentes en una comunidad ling��stica �todas ellas susceptibles de extensi�n y de modificaci�n--, aquella que representa la lengua re�ne ciertos rasgos que responden a actitudes sociales de los hablantes, entre los que interesa aqu� la estandarizaci�n y normalizaci�n�.

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Esta estandarizaci�n, en palabras de Fishman (1982), �no es una propiedad de la lengua en s�, sino un tratamiento t�picamente social que una comunidad emprende cuando, estando suficientemente diversificada, siente la necesidad de una elaboraci�n simb�lica m�s extendida�. �La normalizaci�n �agrega Rotetxe citando a R. I. Wagner�conlleva la censura social de otras variedades, por cuanto una actitud normativa implica que se hayan discernido niveles entre distintas maneras de expresi�n, que se hayan jerarquizado tales niveles y conferido a uno de ellos la dignidad de modelo�.

Si retomamos los Contenidos B�sicos Comunes para la EGB, la Introducci�n del �rea de lenguaje precisa: �la Ley Federal de Educaci�n se�ala como uno de los objetivos prioritarios de la EGB lograr la adquisici�n y el dominio instrumental de los saberes considerados socialmente significativos�. Preguntamos: �Lo socialmente significativo, impuesto o negociado?

Choque de intereses en los planes educativos

No hay planteamiento educativo que no suscite confrontaci�n de intereses. Mediante la ense�anza se transmiten visiones culturales, as� como valores y normas. El mismo sistema educativo juega un papel decisivo en la creaci�n o restricci�n de oportunidades culturales y sociales, o al menos en la legitimaci�n de las mismas (Contreras Domingo, 1997).

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La instituci�n educativa representa, por lo tanto, un espacio sobre el que se proyectan, de forma contradictoria y conflictiva, distintas intenciones y aspiraciones, tanto culturales, como econ�micas y sociales.

La determinaci�n cada vez m�s detallada del curr�culo que hay que ense�ar en las escuelas, la extensi�n de todo tipo de t�cnicas de diagn�stico y evaluaci�n del alumnado, los libros de texto y gu�as did�cticas que enumeran el repertorio de actividades que deben hacer profesores y alumnos, todo refleja tal determinaci�n de racionalizaci�n tecnol�gica que deja a las instituciones educativas y en ellas a sus docentes, la limitada funci�n de cumplimiento de las prescripciones externamente determinadas.

En consecuencia, la tarea docente no puede entenderse al margen de las condiciones sociopol�ticas que perfilan la propia naturaleza de la instituci�n escolar.

Sin embargo, y siguiendo las reflexiones de Contreras Domingo no se debe pretender el sometimiento de la sociedad a quienes se autoerigen en �lite cultural, decidiendo unilateralmente el contenido de la ense�anza y su direcci�n moral y pol�tica. Ni siquiera la supuesta posesi�n de un contenido cient�fico podr�a dar aval a la pretensi�n de exclusi�n de sectores de la copmunidad y de sus miembros en las decisiones de su vida individual y colectiva.

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Como se observa, a la ideolog�a del prejuicio que impregna muchas formas de valoraci�n en la vida social, se debe a�adir, para comprender algunas actitudes que a menudo desv�an de su finalidad creativa la acci�n educadora del docente, la sobrecarga de instrucciones bastante espec�ficas referidas al tratamiento de la lengua materna en el aula.

En otras palabras, no se puede desconocer cierta coherencia en el maestro o el profesor que a�n hoy contribuye a la circulaci�n del prejuicio que lleva a descalificar el uso ling��stico que se aparta del filo de la norma, y a los propios usuarios de variedades no oficiales, cuando se prescribe desde la instituci�n �una� variedad, con una sustituci�n de denominaci�n, no de actitudes.

Una ideolog�a del prejuicio pesa

El peso de las consignas de acciones �en defensa del idioma�, con la presupuesta aceptaci�n de que los chicos y adolescentes, sobre todo aquellos de nivel social m�s bajo, conspirativamente �atacan� a la lengua que usan, es todav�a muy fuerte.

Por otra parte, el hecho de no contar con una descripci�n sistem�tica coordinada de las normas que configuran la caracterizaci�n polic�ntrica regional del castellano en la Argentina dificulta la labor de los docentes que a veces optan por refugiarse en la versi�n acad�mica de la gram�tica espa�ola, si es que, como tambi�n ocurre, no extienden esa actitud a la pr�ctica casi excluyente de la lectura de obras de la literatura espa�ola, como la forma m�s adecuada de no salirse de los m�rgenes de la correcci�n, convertida en el para qu� de la educaci�n y la formaci�n ling��stica, aunque muchos de sus alumnos (chicos o adultos) hayan perdido ya todo inter�s por la expresi�n creativa, oral o escrita.

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Cuando se plantea la necesidad de que la pol�tica ling��stica y la pol�tica educativa elaboren fundamentos de convergencia sistem�tica para afrontar el desaf�o de una formaci�n ling��stica sin limitaciones ni censuras, se est� sosteniendo aqu� la convicci�n de que pueden darse propuesta que no involucren la estigmatizaci�n del habla materna no est�ndar y la marginaci�n de sus hablantes, que por el contrario sea capaz de romper el circuito de transmisi�n de prejuicios ideol�gicos socialmente desautorizantes.

Hay soluciones, si hay voluntad

Entendemos que ese objetivo puede alcanzarse con una pol�tica que proporcione principios claros y firmes: Consignamos, entre ellos, los referidos a:

1)       El derecho a una this site ling��stica por lo menos tan leg�tima como la norma est�ndar, y representativa de comunidades �tnicas con repertorios biling�es, as� como de aqu�llas que en el territorio nacional registran en el uso de la lengua castellana diferentes variedades regionales, sociales y funcionales.

2)       La concepci�n de normas como modelos que orienten a la comunidad de hablantes con un �ensanchamiento de banda� (entendido, por ejemplo, como una descripci�n del diasistema regionalizado del castellano), que la haga m�s integradora de las variedades vigentes en la comunidad ling��stica, y por tanto m�s amplia tambi�n en la legitimaci�n de variedades y menos estigmatizadora y marginadora.

3)       Un curr�culo ministerial para el tratamiento y ense�anza de la lengua materna en la escuela caracterizado por un esp�ritu abierto y presidido por un principio de monitoreo que asegure la finalidad esencial de enriquecimiento del manejo ling��stico por parte del chico, en lugar de la obtenci�n de una �correcci�n� que desplaza las metas educativas y deforma la valorizaci�n que necesita orientar al educador y al alumno.

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4)       Como parte de esa pol�tica, la formaci�n o el fortalecimiento de una conciencia socioling��stica del docente que lo habilite para ese monitoreo y lo haga suficientemente aut�nomo para ser consciente de que s�lo a partir de una actitud cr�tica, centrada en el reconocimiento del contexto sociocultural y el respeto por las variedades ling��sticas, se puede estimular una disposici�n para la pr�ctica social de la comunicaci�n y la interacci�n y para la ampliaci�n de las posibilidades expresivas por parte del estudiante. Tal autonom�a del docente, sustentada en una b�sica informaci�n socioling��stica que encuadre su acci�n orientadora en el aula, puede ser el instrumento m�s eficaz para poner freno a la presi�n ideol�gica (auto) discriminante que circule en la sociedad y, por lo tanto, entre los propios alumnos que son portadores inconscientes de esas actitudes.

A lo largo de la historia del pa�s, una visi�n integradora (como Naci�n) de la escuela y de la lengua fue suplantada por otra, de la escuela y de la lengua discriminadoras y potenciadoras de diferencias sociales.

Se hace necesario rescatar un esp�ritu democr�tico como pr�ctica social sin marginaciones institucionalizadas, por lo que, en s�ntesis, se requiere de pol�ticas que:

* desactiven la ideolog�a del prejuicio, neutralizando los efectos perniciosos de la imposici�n de una �lengua est�ndar� excluyente desde los propios dispositivos institucionales,

    * prioricen la formaci�n de la competencia comunicativa de los chicos, y 
    *preparen al docente con capacidad para actuar con mentalidad cr�tica aut�noma,   sensibilizado con el marco contextual de su acci�n.

(Pol�ticas Ling��stica para Am�rica Latina. Instituto de Ling��stica, Universidad de Buenos Aires).


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Roberto Garc�a y Mar�a Teresa Genisans

Son profesores del Centro de Estudios sobre Pol�ticas Ling��sticas de la Facultad de Filosof�a y Letras, Universidad de Tucum�n, Argentina.

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