12 de julio de 2000 |
| Tribuna de opini�n | ||
| MAITE
CELADA Actualidad y memoria del espa�ol en Brasil Intervenci�n en el coloquio interatl�ntico | ||
Es
nuestro prop�sito hablar del espa�ol en Brasil contraponiendo su
actualidad a su memoria. Para ello, creemos productivo evocar constataciones
como la de que llegamos a una clase de lengua extranjera movidos por la
convicci�n de que conocerla y dominarla nos dar� acceso al �xito
profesional o a un saber cient�fico y riguroso; en otros casos, la ilusi�n
consiste en creer que el solo hecho de pronunciarla nos convertir� en
personas cultas y refinadas. Pero
a�n es posible esgrimir motivaciones m�s �ntimas: estudio una lengua
fascinado por su dulce musicalidad, �estudio espa�ol porque mi abuelo era
espa�ol� o, simplemente, porque �amo esa lengua�. Creo
que la mejor formulaci�n del juego de funciones y pasiones que concentran
tales im�genes la podemos encontrar en el cuadro articulado por Henri
Gobard, que Deleuze e Guattari denominan �modelo tetraling��stico�. Seg�n
�ste, en el horizonte de toda comunidad hay cuatro lenguas: en primer
lugar, la vern�cula, es decir, la
materna, primera y fundadora. Alrededor de ella se organizan la vehicular,
una especie de �lengua de comunicaci�n�; la referencial,
com�nmente conocida como de cultura y la m�tica,
que promete reterritorializarnos espiritual y religiosamente. | ||
El modelo del cual nos acabamos de servir para sintetizar la historia del espa�ol en Brasil expresa el juego de una especie de �ilusi�n de plenitud� o de �totalizaci�n� que las lenguas ofrecer�an en conjunto: cada una apunta a algo que no puede ser alcanzado por ninguna de ellas aisladamente, sino por la totalidad de sus intenciones rec�procamente complementarias. Encontramos la voluntad de satisfacer tal ilusi�n en las pol�ticas pluriling�istas de ense�anza de lenguas y tambi�n en la figura emblem�tica del pol�glota. En este sentido, considerando la actual discusi�n de la ley que impondr�a la obligatoriedad del espa�ol en el nivel medio del sistema educativo brasile�o, podemos decir que su aprobaci�n e implementaci�n encorsetar�an la posibilidad de una pol�tica que tienda a satisfacer el abanico de aspiraciones que nos imponen las diversas formas de amor por la lengua; a�n m�s en medio del actual proceso de globalizaci�n que, desde nuestra perspectiva, no debe necesariamente pensarse vinculado a una lengua �universal�; al contrario, puede entrar leg�timamente en otra metonimia: la de ser visto como un espacio privilegiado para cultivar el pluriling�ismo. | ||
En
funci�n de interpretar tal resultado, desde un punto de vista hist�rico,
podemos se�alar que, a partir de los estudios acad�micos realizados en
el a�o 30, se fue configurando en Brasil una �forma de ver� la lengua
espa�ola que si, en aquel
momento, respond�a a h�bitos intelectuales adecuados, con el tiempo, se
convirti� en un obst�culo que bloquea la investigaci�n y el aprendizaje
al punto que, actualmente, por el poder de evidencia que tal visi�n
encierra, circula social y acad�micamente como un �lugar com�n�. �ste
consiste en reducir el espa�ol y el portugu�s brasile�o a dos stocks
lexicales muy semejantes, de
cuya comparaci�n resulta que la
diferencia est� en algunas palabras que, cuando se las desconoce, se
prestan a malentendidos y equ�vocos. La diferencia entre esas lenguas
llega, as�, a encontrar su expresi�n en un �diccionario de
bolsillo�. Explotando la productiva formulaci�n de Silvana Serrani,
podemos decir que tal reducci�n opera en el plano de la this site o variedad, plano en el
que se individualizan unidades por contraste, sin que su an�lisis
considere el nivel de la alteridad
discursiva, que implica reconocer
la determinaci�n social e hist�rica del decir. | ||
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| Maite
Celada. Es
profesora de la Universidad
de S�o Paulo, Brasil | ||
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