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12 de julio de 2000


Tribuna de opini�n

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NEIDE T. MAIA GONZ�LEZ
La lengua espa�ola en Brasil
La lengua espa�ola para los brasile�os
Intervenci�n de en el coloquio interatl�ntico

Se supone conocer algo desconocido
Los gobiernos tambi�n son responsables

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Saludo la iniciativa de Comunica de poner en debate el tema de �la actualidad del idioma espa�ol� y la felicito por la fina sensibilidad de haber incluido a Brasil en esas reflexiones. Es muy oportuno hacerlo en este momento en que justamente se discute la obligatoriedad de su ense�anza en nuestras escuelas y aclaro que mi intervenci�n mantendr� la perspectiva de una hablante brasile�a del espa�ol, profesora e investigadora en el campo � no did�ctico � del E/LE.

Celada, en un trabajo in�dito, muestra que el espa�ol en Brasil es �una lengua singularmente extranjera�. Singularmente es sin duda un adverbio perfecto para referirse al modo como se establece la relaci�n del brasile�o con esa lengua y entender c�mo se construye en su imaginario la poca estudiada distancia � no siempre la misma, incluso para un mismo aprendiz � entre el espa�ol y el portugu�s. De hecho, los estudiantes brasile�os de E/LE en general circulan al menos por tres escenarios: el que los lleva a suponer que la proximidad se traduce en facilidad; el que les revela que ni la proximidad � ling��stica � es tan grande ni la facilidad � psicol�gica � se confirma; y el que los hace construir una lengua ex�tica para no correr el riesgo de instalarse en el llamado portu�ol, lo que no es exactamente una ventaja.

Ahora bien, en un momento tan importante como el que vive el espa�ol hoy en Brasil, cabe preguntarnos si hemos estudiado suficientemente esa compleja relaci�n, que la mayor parte del tiempo se ha reducido a un aspecto: el del contraste t�rmino a t�rmino para diagramar las diferencias, lo que parecer�a ser la f�rmula m�gica para solucionar todos lo problemas.

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Se tard� mucho, en Brasil, para que las lenguas extranjeras � por razones que se encuentran tanto en la historia de la ling��stica como en la historia de nuestras universidades � constituyeran un objeto de estudio en s� mismas. Por mucho tiempo, �stas no pasaron de un instrumento, el veh�culo que le permit�a a uno acceder a otros nobles campos, como la literatura. Y el espa�ol era, por esa al mismo tiempo c�moda y enga�osa proximidad con el portugu�s, el instrumento m�s a mano, el que abr�a m�s r�pidamente las puertas a un mundo que no estaba dicho o escrito en portugu�s. Esa proximidad, que incentiva una pr�ctica espont�nea tan com�n entre nosotros, explica de cierto modo el que no se creara una tradici�n de investigaci�n que pudiera sostener lo que est� sucediendo con el espa�ol hoy, cuando por un conjunto de factores, el espa�ol se ha transformado en la segunda lengua en importancia y demanda en Brasil.

Se supone conocer algo desconocido

Esa pr�ctica espont�nea � que afecta tanto la utilizaci�n de la lengua para la comunicaci�n como su ense�anza � se apoya, entonces, en un vac�o de reflexi�n, o por lo menos, en un conjunto peque�o de reflexiones fragmentarias, con lo que se ven estimuladas la improvisaci�n y la precariedad. As�, entre otras cosas, se queman etapas y se anticipa la reflexi�n acerca de c�mo se ense�a la lengua sobre la reflexi�n ling��stica, c�mo se ense�a una lengua que se presupone conocida sin que de hecho lo sea, al menos suficientemente, tanto de parte de los brasile�os, hablantes siempre extranjeros, como de los muchos hablantes nativos que por alguna raz�n se instalaron en Brasil.

�Qu� significa conocer una lengua al punto de poder ense�arla, y m�s, de ense�arla en la perspectiva de lengua extranjera? Esa respuesta s�lo se da por el camino de la investigaci�n te�ricamente fundamentada, un camino que por la misma necesidad que sienten los actuales profesores viene imponi�ndose poco a poco y traduci�ndose en gestos como el aumento de la demanda por cursos de grado y posgrado en las universidades, la creciente producci�n de tesinas y tesis, la expansi�n de las asociaciones de profesores y el �xito de las actividades que organizan, la oportuna instalaci�n del Instituto Cervantes en S�o Paulo, la creaci�n de la revista electr�nica Hispanista y su inmediata aceptaci�n, la creaci�n de una Asociaci�n Brasile�a de Hispanistas, �ste un gesto que, seg�n Mario Gonz�lez, representa la superaci�n de la noci�n, m�s bien ideol�gica, de �hispanidad�, atravesada por factores m�s emotivos y pol�ticos que cient�ficos. El hispanismo se impone, por fin, sobre la hispanidad que hasta hace poco prevalec�a por aqu�.

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Aun as�, tardar� alg�n tiempo hasta que se nos ofrezcan las condiciones ideales. Pero cada d�a el espa�ol se impone en Brasil y ello nos obliga a no perder tiempo. Las universidades tienen que cumplir su papel para que la ense�anza del espa�ol tenga �xito, porque no nos interesa simplemente hacer de cuenta que ense�amos el espa�ol y ver fracasar nuestra empresa. 

Los gobiernos tambi�n son responsables

Tambi�n tienen que cumplir su papel los gobiernos y las instancias responsables por las pol�ticas educativas: apoyando las instituciones formadoras y creando buenas condiciones de trabajo para los profesores.

Aprovecho el gancho para tocar brevemente el tema de la ense�anza obligatoria del espa�ol. Empiezo por recordar, como lo hace Kulikowski, la pluralidad cultural de Brasil y la this site de sus necesidades. Y sigo recordando la ya antigua opci�n por una pol�tica pluriling��stica por parte de las asociaciones de profesores de diversas lenguas, un gesto de reacci�n a lo que en otro texto he clasificado como �la perversa metonimia, consagrada en los tiempos negros del arbitrio expl�cito, que llev� a la sustituci�n de la designaci�n �Lengua Extranjera Moderna� [la que desde hace mucho existe en la legislaci�n educacional brasile�a] por �Ingl�s� o a emplear �Ingl�s� como la expresi�n completa o exclusiva de �LEM��.

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En ese cuadro se empieza a discutir la obligatoriedad del espa�ol en Brasil y se crea con ello una inc�moda animosidad, sobre todo cuando los argumentos privilegiados por los medios de comunicaci�n se concentran en cuestiones de mercado. No tengo c�mo entrar en detalles, pero me pregunto si el espa�ol necesita que se lo intente imponer por decreto o si no puede imponerse, como de hecho se est� imponiendo, por s� mismo. Pol�ticamente, me parecer�a m�s h�bil incluso invertir en que se cumpla la ley existente, que presupone la diversificaci�n de la oferta de lenguas, y seguramente el espa�ol se consolidar�a, aunque no ser�a la �nica lengua de opci�n de los estudiantes brasile�os.

Por otro lado, como brasile�a, me cabe decir que la aprobaci�n de la ley de implantaci�n obligatoria del espa�ol no necesariamente se traducir�a en una efectiva implantaci�n. Lamentablemente, podr�a darse el caso de que, como se dice por aqu�, essa lei n�o vingasse (esa ley no cuajara), como otras tantas, incluso una que determina que el espa�ol se ense�e en las escuelas p�blicas del municipio de S�o Paulo, que nunca se ha reglamentado e implantado.

El espa�ol puede y va a implantarse en las escuelas por opci�n, pero su �xito depende, m�s que de decretos, de c�mo lo hagamos.

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Neide T. Maia Gonz�lez.

Es profesora e investigadora de la Universidad de San Pablo.

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