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5 de febrero de 2000


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TITO DRAGO
Los cien nombres de nuestra Am�rica

Los tiempos de Am�rica
Otros nombres con fundamentos
Lo mismo, pero diferente
Iberoam�rica, una doble acepci�n
Nuestra Am�rica

 

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A pesar de las solemnes declaraciones espa�olas de hermandad con los pa�ses de habla espa�ola y portuguesa de Am�rica, en Espa�a todav�a existe una confusi�n acerca de c�mo se debe denominar a la regi�n latinoamericana. En algunos medios de comunicaci�n, pero fundamentalmente en esferas oficiales, predomina la expresi�n de Iberoam�rica, con una inocultable pretensi�n de hegemon�a. Otros sectores, minoritarios pero nost�lgicos y recalcitrantes, hablan lisa y llanamente de Hispanoam�rica.

Muchas definiciones nacieron y murieron desde que los primeros cronistas de Indias, como Pedro Cieza de Le�n, denominaron Nuevo Mundo de Indias o Indias del Mar Oc�ano a aquellos territorios, hasta que sus habitantes resolvieron denominarse a s� mismos latinoamericanos, y a su regi�n Am�rica Latina, Latinoam�rica o, en la expresi�n oficial de sus Estados, Am�rica Latina y el Caribe.

El eurodiputado espa�ol Enrique Bar�n reconoce como leg�tima esa expresi�n bajo un argumento incontestable: "En Am�rica Latina, sus habitantes denominan as� a la regi�n, y a la gente, para tratarla con respeto, hay que reconocerle su propio nombre".

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En rigor, ninguna de las denominaciones que pueden historiarse resiste un an�lisis cient�fico.

Se suelen invocar expresiones con las que los ind�genas designaban a la tierra, como Abia Ayala, en Panam�; Ne tunan talteche, en El Salvador, o Pacha Mama, en ciertas zonas de Am�rica del Sur. Todas ellas se refieren a la madre tierra, pero como algo cercano, propio, que da y sostiene la vida, y que distan de abarcar a la totalidad de un territorio o regi�n, con criterio geogr�fico o geopol�tico. No obstante, la principal objeci�n para adoptar cualquiera de ellas es que su uso como sin�nimo de Am�rica ni siquiera se ha generalizado entre los pueblos ind�genas.


Los tiempos de Am�rica

En lo que no se manifiestan dudas, es que Am�rica es la designaci�n del continente que va desde Alaska hasta Tierra del Fuego, para gloria de un italiano nacionalizado espa�ol, Am�rico Vespucio. Las discusiones aparecen a la hora de agregarle s�labas que permitan diferenciar a la Am�rica meridional de la sajona.

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Un argumento que se suele esgrimir para rechazar la denominaci�n de Am�rica Latina es atribuirle su paternidad a los franceses. En rigor, el primero que utiliz� esa denominaci�n y el gentilicio latinoamericano fue el chileno Francisco de Bilbao, quien lo hizo en 1856. Bilbao public� varios trabajos propugnando la this site de Am�rica Latina para oponerse a Estados Unidos, un Estado que, dec�a, "cree en su imperio como Roma crey� en el suyo".

Es cierto que Francia recibi� con alborozo el neologismo, y se apresur� a propagarlo como una manera de afirmar su presencia colonialista en Am�rica. Hay quienes en Espa�a niegan la denominaci�n de Am�rica Latina con el argumento de que aceptarla ser�a reconocer una hegemon�a francesa, como si se tratara de optar por uno u otro amo, aunque m�s no fuera en el plano cultural. Una posici�n, esa, que de s�lo plantearse se convierte en un insulto para los latinoamericanos, lo suficientemente adultos como para rechazar cualquier hegemon�a.


Otros nombres con fundamentos

Todas las dem�s denominaciones que surgieron tienen alguna raz�n de ser, pero son incompletas y carecen de la legitimidad dada por los interesados directos a trav�s del uso.

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Indoam�rica, es una expresi�n indigenista acu�ada en 1930 por el peruano V�ctor Ra�l Haya de la Torre, y retomada despu�s con un contenido socialista por su connacional Jos� Carlos Mari�tegui. Pero tambi�n es parcial, pues deja de lado el ingrediente africano que, en mayor o menor medida, est� presente en toda Am�rica.

El t�rmino Afroam�rica naci� por la misma �poca y logr� afirmarse en el campo cultural pero, al igual que Indoam�rica, no resisti� la prueba del uso para abarcar a la globalidad de Am�rica Latina.

La denominaci�n de Hispanoam�rica tiene a su vez varios tiempos. La primera, que domin� en todo el siglo XIX, fue dise�ada por el libertador Sim�n Bol�var, apuntaba a la uni�n de las rep�blicas reci�n liberadas y, parad�jicamente, era muy antihisp�nica.

La segunda apareci� en 1898, durante la guerra de Cuba, tiene un car�cter proespa�ol y resume un discurso de hegemon�a con respecto a la regi�n, cimentado en torno a las ideas de Ramiro de Maeztu.

Una tercera variante, leg�tima, es la que acepta ese t�rmino para definir al conjunto de pa�ses que reconocen al espa�ol o castellano como su propia lengua. As�, se puede hablar de una literatura hispanoamericana para referirse a lo escrito en espa�ol y sin menoscabo de que existan tambi�n la literatura latinoamericana, espa�ola, argentina, brasile�a, mexicana o de cualquier otra naci�n.

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Lo mismo, pero diferente

Adem�s del sentido que le confiri� Francisco de Bilbao, la noci�n de Am�rica Latina reconoce otros tiempos. En la segunda d�cada de este siglo fue reivindicada por los impulsores de la reforma universitaria. Despu�s llegaron los desarrollistas, nucleados en torno a Ra�l Prebisch en la Comisi�n Econ�mica para Am�rica Latina (CEPAL). M�s tarde, con el triunfo de la Revoluci�n Cubana (1959) el latinoamericanismo se convirti� en la bandera de los movimientos de liberaci�n nacional y social, armados o no, y unida a la reivindicaci�n del desarrollismo, adquiri� una carta de existencia definitiva como se�al de identidad de una regi�n que se niega a ser colonia de los Estados Unidos de (norte) Am�rica.

En la actualidad, superada esa etapa, el concepto de Am�rica Latina aparece ligado al reconocimiento de la necesidad de la integraci�n como una condici�n indispensable para que se integre en la globalizaci�n en condiciones competitivas. Hoy m�s que nunca, los habitantes de la Am�rica de habla hispana y portuguesa se sienten identificados con el nombre de Latinoam�rica.


Iberoam�rica, una doble acepci�n

La noci�n iberoamericana fue tambi�n un producto de la guerra de Cuba y apuntaba a recuperar en lo cultural el imperio desaparecido, y sus defensores, a partir de 1904, la utilizaron en contra del latinoamericanismo. Desde entonces, quienes dentro o fuera del aparato de Estado espa�ol sustentan una concepci�n hegem�nica sobre las ex colonias, aunque m�s no sea en el plano cultural, usan Iberoam�rica en lugar de Latinoam�rica. Ello se nota en algunos discursos oficiales, en la denominaci�n de reparticiones p�blicas y, de vez en cuando, en alg�n funcionario latinoamericano de visita que viene a gestionar cr�ditos o cooperaci�n y habla de Iberoam�rica en forma impropia, dando la ingrata impresi�n del siervo que quiere congraciarse con su amo.

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No obstante, Iberoam�rica y el iberoamericanismo tienen una acepci�n correcta, cuya m�xima expresi�n se materializa en las Conferencias Iberoamericanas de Jefes de Estado y de Gobierno. En ellas, desde la primera celebrada en 1991 en la ciudad mexicana de Guadalajara, participan los mandatarios de los 19 pa�ses de habla hispana y portuguesa de Am�rica y los dos de Europa. Esos 21 pa�ses crearon en noviembre de 1999, en la Cumbre de La Habana, la Secretar�a Permanente de Cooperaci�n Iberoamericana y todos ellos, adem�s, son miembros de la intergubernamental Organizaci�n de Estados Iberoamericanos para la Educaci�n, la Ciencia y la Cultura (OEI).

Con esa acepci�n, es decir englobando a Espa�a, Portugal y los pa�ses de Am�rica Latina y el Caribe de habla espa�ola y portuguesa, no deber�an existir motivos de rechazo al t�rmino Iberoam�rica, ya que designa a algo distinto que Am�rica Latina y, si se quiere, m�s amplio.

Las autoridades espa�olas deber�an ser consecuentes con esa interpretaci�n y utilizar Am�rica Latina para referirse a la regi�n del otro lado del Atl�ntico e Iberoam�rica para la comunidad de habla espa�ola y portuguesa de ambas orillas. Y en un plano de igualdad. Lo contrario s�lo ser�n supervivencias de un esp�ritu colonialista, impropio de la �poca actual y de la Espa�a democr�tica.

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Nuestra Am�rica

Queda para los latinoamericanos, mientras tanto, la posibilidad de recuperar el uso del nombre de Am�rica y el gentilicio americanos para designarse a s� mismos, sin m�s agregados. Algo de lo que est�n imposibilitados, por ahora, en virtud de la apropiaci�n indebida y realizada unilateralmente por los todav�a poderosos vecinos del norte.

Alg�n d�a ser�n ellos quienes tendr�n que inventarse un gentilicio (�usamericanos?) para diferenciarse del resto de los habitantes del continente.

Mientras, hay que recordar que "Nuestra Am�rica", como la llam� Jos� Mart�, tiene cien nombres y que, hoy por hoy, el reconocido por los propios interesados es el de Am�rica Latina. (Madrid, 5/2/2000).


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Tito Drago

Es escritor y periodista hispanoargentino..

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