15 de enero de 2000 |
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| SEBASTI�N
DI DOM�NICA El castellano a la carta
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| Buenos Aires, una metr�poli
tradicional por la variedad de su cocina, ha visto incrementado ese fen�meno por la
inmigraci�n asi�tica de las �ltimas d�cadas. Los cocineros traen ideas y nociones
nuevas, en tanto que el contexto ayuda, ya que el comercio globalizado inunda los
supermercados con ingredientes que antes no se conoc�an en esta ciudad. "Hoy la gente quiere cocinar m�s, se anima a consumir elementos que antes desconoc�a y eso genera nuevas nociones, t�rminos e ideas", explica la periodista Dora Videla, del suplemento Ollas y Sartenes de Clar�n, el diario en lengua espa�ola de mayor venta en el mundo. | ||
Pero hay palabras castellanas que tienen que ver con la cocina, pero son desconocidas por los no especializados y que tiende a extenderse a p�blicos amplios a partir de la multiplicaci�n de los medios de comunicaci�n que se dedican a este tema "A cocinar en forma profesional se dedica un grupo reducido de gente. Pero en la casa cocina todo el mundo, se�oras, se�ores, chicos, chicas. Este suplemento va dirigido a toda esa gente y por ello hay que decir las cosas de manera que las entiendan", comenta Laura Vilarino, profesora de castellano y periodista de Ollas y Sartenes. Dora Videla insiste en que hay que explicar los t�rminos poco conocidos: "Hay t�rminos t�cnicos que no se pueden reemplazar y los explicamos cada vez que los usamos. Por ejemplo marinado o blanquear. La idea es difundirlos y que la gente los incorpore". | ||
| Por su parte, Amelia Figueiredo, editora de la popular revista femenina M�a, se�ala algo parecido: "Siempre hay que adecuar el lenguaje. Las revistas de gastronom�a muchas veces usan palabras que no se entienden. Y eso no sirve, porque si la cocinera tiene que estar consultando el diccionario, lo deja y se pone a hacer otra cosa". En la actualidad, en Buenos Aires, la gastronom�a se ha convertido en una excusa ideal para la reuni�n de amigos, que se juntan para saborear el plato que elabor� �l o ella de manera indistinta. Platos japoneses de soja, ravioles con salsa tailandesa, la receta espa�ola que dio el cocinero Karlos Argui�ano por la TV o tantas otras variantes. | ||
"Buscamos dar la receta de la misma forma como se transmite de manera oral. Todo se redacta de manera coloquial, con bromas incluidas", agrega Dora Videla. Las palabras en otro idioma tambi�n surgen a partir de la innovaci�n en la cocina. Si comienzan a ser comunes recetas que llegan desde diferentes latitudes, son acompa�adas por t�rminos que designan ingredientes o combinaciones hasta entonces desconocidos. Hay voces muy conocidas que no necesitan traducci�n, como espagueti, �oqui o raviol, que vienen del italiano "spaguetti, gnoqui y ravioli". Pero hay casos menos claros. | ||
Amelia Figueiredo presenta un ejemplo: "Con una cocinera de M�a tenemos un entredicho en relaci�n a la palabra echalote. Ella pone la versi�n castellanizada, que es escalonia, pero cuando la gente va al supermercado no lo pide de esa forma. Por lo tanto, cada vez que se la utiliza hay que decir que es un intermedio entre el ajo y la cebolla. As� le llevamos al lector el conocimiento de algo nuevo que est� mencionado en la nota".
Otro ejemplo lo da Laura Vilarino, quien sostiene que en castellano se deber�a decir broculi (brecol) y en su idioma original broccoli. Pero en la calle nadie lo menciona as�. Nosotros escribimos br�coli, con acento y una sola c, si no la gente no lo entiende". | ||
Adiciona que "Hay otro ejemplo. En el diario nos pusimos de acuerdo en que no se usa champagne ni champa�a y escribimos champ�n, que es la forma que m�s se usa". "Cuando nosotros planteamos estos temas en correcci�n, decimos: adelant�monos a la Real Academia que, tarde o temprano, los va a incorporar. Me parece que el uso es aquello que autoriza", finaliza Vilarino. La gastronom�a tambi�n permite utilizar palabras de dialectos locales, como el lunfardo rioplatense. "En muchas oportunidades nos referimos al escabio, por el vino. Es una palabra muy popular, que todos entienden y que nos permite cambiar y no aburrirnos con la utilizaci�n siempre del mismo t�rmino", se�ala Dora Videla. | ||
"Siempre se incorporan palabras. Por ejemplo, los otros d�as el Gato Dumas, uno de los cocineros m�s famosos de la Argentina, us� la palabra emplatar, que no existe y quiere decir "armar el plato una vez terminada la receta". A m� me encant� y la dejamos, porque es linda y muy clara. Da una imagen, ayuda a matizar, variar y mantener el estilo del cocinero. La gente as� puede decir emplatamos y queda simp�tico", explica Dora Videla. "Usar las palabras apropiadas y sumar t�rminos nuevos y simp�ticos tiene relaci�n con el arte de cocinar y es lo que queremos transmitirle al lector: que cocine con ganas y que se meta en la cocina con alegr�a", concluye Vilarino. (Buenos Aires). | ||
Es periodista argentino. | ||
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