Agosto de 2000 |
| Tribuna de opini�n | ||
| LAURA
KORNFELD e IN�S KUGUEL Indigenismos en la lexicograf�a monoling�e argentina
| ||
�El romance castellano, al tiempo del Descubrimiento de Am�rica comenzaba a fijar los caracteres que le individualizan en el seno de la neolatinidad. Durante la conquista y pacificaci�n de las tierras trasatl�nticas, adaptando a sus condiciones fon�ticas y morfol�gicas multitud de vocablos derivados de las lenguas ind�genas, enriquec�a su vocabulario con los nombres de �tiles y beneficiosas producciones de la naturaleza, hasta entonces desconocidas, los cuales, a fuer de rastros de antiguo engrandecimiento y poder�o de la naci�n que lo habla, le exhiben con una personalidad hist�rica en cuyos blasones lleva estampada las huellas de haber dado la vuelta al mundo.� La
producci�n lexicogr�fica monoling�e ha estado siempre indisolublemente
ligada a la idea de naci�n. En efecto, el inter�s por caracterizar �lo
propio� en el plano de la lengua surgi� en Am�rica en el siglo XIX a
partir de la necesidad de construir las identidades nacionales. En ese
contexto, el l�xico cobra importancia dado que en �l se manifiestan las
diferencias m�s evidentes respecto del espa�ol peninsular. El objetivo de este trabajo es analizar las distintas concepciones de indigenismo en cuatro obras lexicogr�ficas argentinas del siglo XIX. Nuestra hip�tesis es que el tratamiento de los indigenismos refleja no s�lo una determinada representaci�n de las lenguas sino tambi�n una postura frente al modo en que se relacionan lengua y naci�n. | ||
Llamamos
indigenismo al pr�stamo ling��stico procedente de una lengua
amerindia integrado al espa�ol (por ejemplo, �chocolate�, del nahuatl;
�mate� del quichua; �yacaret�, del guaran�). Un pr�stamo se halla
integrado en una lengua cuando pasa a formar parte de su sistema, lo cual
implica necesariamente una serie de adaptaciones fonol�gicas, morfol�gicas
y sem�nticas. Como caracter�stica general de los indigenismos en el espa�ol
americano, puede mencionarse que la categor�a gramatical predominante es
la del sustantivo y los conceptos m�s recurrentes, los referidos a flora,
fauna y costumbres. Cabe
se�alar que en la lexicograf�a del siglo XIX no se utilizaba la
denominaci�n indigenismo, como tampoco la de argentinismo,
que se refiere a aquellas formas usadas en la Argentina que no existen o
se usan con otro significado en Espa�a. | ||
Antes
de su consolidaci�n en el siglo XIX, el uso de las voces de origen ind�gena
en el espa�ol americano atraves� diversas etapas. En un primer momento,
los conquistadores denominaron los objetos americanos mediante voces espa�olas
que designaban objetos similares en la cultura europea (por ejemplo, �pera�
para designar a la palta). Al
conocer mejor la realidad americana, los espa�oles comenzaron a adoptar
voces ind�genas por necesidad denominativa (por ejemplo, �ma�z� y �canoa�,
que fueron tomados del ta�no ya en el siglo XVI). M�s tarde, y a medida
que se expand�an hacia el Sur, utilizaron para designar los objetos
desconocidos las voces de las lenguas ind�genas que ya estaban
incorporadas en su l�xico. As�,
por ejemplo, prefirieron �sabana�, del ta�no, frente a �pampa�, del
quechua. S�lo recurrieron a la nueva lengua ind�gena de contacto cuando
se encontraban con un nuevo vac�o denominativo. La
Posibilidad de integraci�n definitiva del pr�stamo ind�gena en las
variedades americanas se vio condicionada por ciertos factores. Fue
restringida, por un lado, por la complejidad de la adaptaci�n fon�tica y
morfol�gica y, por otro, por la selecci�n de ciertas lenguas ind�genas
que se utilizaron como lenguas generales en el proceso de colonizaci�n,
lo que influy� en la cantidad de voces que aport� cada lengua. En cuanto
a los factores que favorecieron la integraci�n, resultaron de vital
importancia tanto el mestizaje como el biling�ismo. | ||
En
ambas regiones, la situaci�n de biling�ismo resultante contribuy� a la
adopci�n de numerosos pr�stamos. Adem�s, el quechua y el guaran� fueron
las primeras lenguas en ser descriptas por los misioneros, quienes las
necesitaban para evangelizar a los abor�genes. No es de extra�ar que no se
encuentran obras lexicogr�ficas del siglo XIX centrada en esas lenguas, dada
la gran cantidad de diccionarios y gram�ticas que ya hab�an sido publicados
hasta el siglo XVIII. Por
el contrario, en la zona del Chaco y en el Sur argentino la falta de inter�s
en la explotaci�n econ�mica demor� el contacto con las culturas abor�genes
de esas regiones. Los habitantes de las comunidades del Sur, por ejemplo, no
fueron integradas a la econom�a colonial y la �nica reducci�n jesu�tica
instalada a orillas del r�o Salado en 1740 no lleg� a consolidarse, pues la
orden fue expulsada por la corona espa�ola poco despu�s (1767). | ||
Estas
dificultades explican la ausencia de obras gramaticales y lexicogr�ficas
hasta el siglo XIX. S�lo despu�s de la Independencia, a ra�z de la expansi�n
de la frontera hacia el sur y el empleo de ind�genas como peones en las
estancias de la provincia de Buenos Aires, surgieron los diccionarios pampa
(mapuche)-espa�ol/espa�ol-pampa de Juan Manuel de Rosas y de Federico Barbar�.
Ambas obras reflejan la relaci�n con la lengua de las comunidades del Sur en
el siglo XIX, antes de la Campa�a del Desierto. La
obra de Francisco Mu�iz (1845), denominada originariamente Voces usadas
con generalidad en las Rep�blicas del Plata �la Argentina, y la Oriental
del Uruguay (Montevideo)-, puede considerarse el primer diccionario de
argentinismos. La selecci�n de la macroestructura, que consta de 96 entradas,
est� basada en un criterio que combina los ejes diat�cnico y diat�pico. Las
voces incluidas designan objetos y actividades rurales propios del R�o de la
Plata. Debido a este recorte tem�tico, el Vocabulario Rioplantense de
Mu�iz registra pocos indigenismos, en comparaci�n con los diccionarios
posteriores, ya que excluye las voces que designan la flora y, con respecto a
la fauna, s�lo incorpora tipos de ganado. | ||
La
obra de Mu�iz constituye un claro ejemplo de contribuci�n, en el plano de lo
ling��stico, a la construcci�n de una identidad nacional. Esto se advierte,
fundamentalmente, en el car�cter contrastivo del Vocabulario Rioplatense,
lo cual se evidencia tanto extra como intratextualmente. Por
un lado, el autor, en uno de los folios borradores, hace saber que su prop�sito
fue mostrar al gobierno de Buenos Aires, en ese entonces encabezado por Juan
Manuel de Rosas, �c�mo podr�a abordarse la redacci�n de un diccionario de
voces con significado propio en la regi�n platense� (Vignati, 1937). Por
otro lado, el an�lisis de la macro y la microestructuras permite constatar
que las voces consignadas o bien no aparecen
o bien aparecen con otro significado en la novena edici�n del
Diccionario de la Real Academia Espa�ola (1837). Aun en el caso de los
americanismos de origen ind�gena que est�n en el DRAE, su inclusi�n en el Vocabulario
Rioplantese se encuentra justificada porque se registran alteraciones sem�nticas
y/o morfol�gicas. | ||
Vocabulario
Rioplatense (1845): Tambo. El lugar donde atadas las vacas al palenque, se
orde�an, en las Estancias. DRAE
(1837): Vizcacha. F. Especie de liebre indiana mayor que las de Espa�a. Lepus
indicus. Vocabulario
Rioplatense (1845): Cueva q escava la bizca donde se amadriga en comunidad con
una multitud de bocas abiertas en un espacio circular. El
criterio contrastivo respecto del DRAE se advierte en la inclusi�n de
vizcachera (ausente en el diccionario acad�mico) y en la no inclusi�n de
vizcacha, que se usaba en el R�o de la Plata con el mismo significado que le
asignaba el DRAE. En
estos dos ejemplos se advierte, adem�s, que el Vocabulario Rioplatense
carece de marcas de origen que diferencien los pr�stamos de lenguas ind�genas
de las voces de origen espa�ol. Este tipo de tratamiento pone de manifiesto
el grado de integraci�n a la variedad rioplatense que ya ten�an muchos
indigenismos que a mediados del siglo XIX hab�an dejado de sentirse como
voces pertenecientes a otra lengua. | ||
El
Diccionario Filol�gico Comparado de la Lengua Castellana, de Mat�as
Calandrelli, cuyo primer tomo apareci� en 1880, constituy� el �nico
proyecto de diccionario integral publicado en la Argentina. Esta obra se
plante� hacer una descripci�n filol�gica de todas las voces del espa�ol
general, tomando como modelos el Webster para el ingl�s o el Littr� para el
franc�s. Calandrelli,
prototipo del librepensador europeo de fines del siglo XIX, calc� no s�lo la
macroestructura sino tambi�n la definici�n del DRAE de la 11� edici�n
(1869) y s�lo modific� la microestructura para agregar la etimolog�a. El
aspecto m�s interesante de esta obra, que se pretend�a monumental y no pas�
de la letra N (tomo XII, 1916) se encuentra en sus paratextos. En ellos se
reflejan las contradicciones de una intelectualidad que, si bien polemizaba en
lo cultural con Espa�a �al punto de proponer un diccionario ��nico de su
especie en la lengua espa�ola�--, no pon�a en duda en lo fundamental la
autoridad de la Real Academia. Entre
los contenidos enumerados en la portada del Diccionario Filol�gico
Comparado, el punto n�mero 4 es �La explicaci�n de los vocablos
vascuences y americanos aceptados en la lengua castellana�. Vemos aqu� que
la idea de lengua nacional se diluye por el af�n universalista de la obra. | ||
El
origen quichua de la palabra gaucho Gauch-o,
a. m. y f. Etim..- Del quichua cauchu-k, hechicero, el que deshoja, brujo;
derivado del verbo cauchu, hechizar, brujear, y �ste de caucha, deshojar,
coger las hojas de un �rbol. El significado primitivo de cauchu-k es el de
deshojador de una rama de �rbol con el prop�sito de conocer la buenaventura,
la suerte, la dicha de alguno por el n�mero de hojas, etc., de donde el de
hechicero, brujo. Y como estos adivinos eran vagabundos, desocupados, que
recorr�an largas distancias por sitios desiertos, se llam� cauchu-k=gaucho,
al habitante de la campa�a desierta sin ocupaci�n determinada, que no
trabajaba. Cauchu-k es participio activo de cauchu, formado por medio del suf.
K. Cft.cauchu-cu, caucha-cu, deshojarse el �rbol, caucha-y, cauchu-y,
deshojadura; caucha-chi, permitir, hacer que otro deshoje, etc. Este
origen humilde, nacido de una especie de superstici�n religiosa, fue
dignificado por el Gaucho, al incorporarse � la vida social activa,
contribuyendo con sus esfuerzos � la independencia de la patria. Sign.-
1. Hombre de color, que llevaba vida errante y aventurera en las dilatadas
campi�as de la Confederaci�n Argentina y del Uruguay. | ||
Como
consecuencia de su posici�n en la jerarqu�a, ciertas culturas ten�an m�s
posibilidades de supervivencia que otras.
Las ideas organicistas sirvieron de fundamento a la representaci�n de
las lenguas ind�genas como lenguas primitivas destinadas a morir. Esta
representaci�n, que en la Argentina termin� de consolidarse despu�s de la
Campa�a del Desierto, explica el tratamiento de los indigenismos como
testimonios arqueol�gicos de lenguas que habr�an de extinguirse en poco
tiempo. Argentinismos
razonados, con indigenismos y espa�olismos El
Vocabulario Rioplatense Razonado (1890), de Daniel Granada, es sin duda
el diccionario de argentinismos m�s importante del siglo XIX. La obra de
Granada no s�lo trasluce un criterio lexicogr�fico riguroso sino tambi�n un
conocimiento detallado de la evoluci�n de las lenguas ind�genas que m�s
influyeron en el espa�ol de la Argentina: el quichua, en Jujuy y Santiago del
Estero; el guaran�, en Corrientes, y el mapuche, en la zona patag�nica. | ||
Su
legitimaci�n surg�a de su valor designativo como �t�rminos geogr�ficos,
nombres de animales y plantas ind�genas, y los que dan a conocer usos,
costumbres, industrias, tradiciones, creencias y mitos de las generaciones
abor�genes� (Granada, 1919). Por ejemplo. CHOCLO,
m.- Mazorca de ma�z tierno o todav�a en leche. Lo propio en Chile y en el
Per� (Rodr�guez, Paz-Sold�n). Prov. De Am�r. (Salv�). Es
transformaci�n de chogllo, voz de antiguo usada en Quito, de donde
seguramente pas�, modific�ndose, al Per�, Bolivia, Chile y R�o de la
Plata. �Cuando
est� tierno el ma�z, o en leche, que llaman chogllos (en Quito), se vende en
mazorcas y se disponen con �l variedad de comidas diferentes, muy gustosas,
de las cuales usan generalmente todos aquellos habitantes por especie de
regalo� (Ulloa, Viaj. Etc.). | ||
�Dile
(a una india) un poco de bizcocho y unas cintas, y, generosas, echando mano a
sus mochila, me regal� todos los choclos y zapallos que tra�a� (Fr.
Francisco Morillo, Viaj. Al r�o Bermejo, en Ang.).
All� en su tierno capullo En
el ejemplo se advierte claramente la profusi�n de citas de ge�grafos e
historiadores espa�oles que ten�an como funci�n justificar la legitimidad
de las voces. En
contraposici�n a los indigenismos, los pr�stamos de lenguas europeas, como
el franc�s o el italiano, constitu�an para Granada un �impuro aluvi�n de
voces ex�ticas, malsonantes y superfluas� que pod�a provocar �el naufragio
de la lengua castellana en el caos de un exotismo cosmopolita�. | ||
Fuerzas
revolucionarias en el idioma nacional Sin
embargo, esta defensa de los indigenismos no alcanz� para eliminar la
representaci�n de las lenguas ind�genas como lenguas primitivas destinadas a
desaparecer que est� presente de manera expl�cita en los paratextos. En
el juicio cr�tico al Vocabulario R�o-platense Razonado, Juan Valera,
individuo de n�mero de la Academia Espa�ola, advert�a al autor: �Lo que yo
censuro (�) es que usted se deje llevar del afecto al idioma que hablan ah�
los ind�genas, hasta el extremo de querer desentra�ar del seno de los
vocablos filosof�as y sutilezas que, antes de la llegada de los europeos, no
pod�an estar en la mente de los salvajes�. El
mismo Granada, por su parte, consideraba que las lenguas abor�genes estaban
�en la precaria condici�n de dialectos destinados a desaparecer por completo
en no larga serie de a�os�, aunque permanecer�an en la �memoria del idioma
castellano del R�o de la Plata�. El
Idioma Nacional de los Argentinos (1900), de Luciano Abeille, es un
ensayo que incluye un repertorio de 273 voces usadas en la Argentina. | ||
Una
lengua que deb�a ser diferente de la espa�ola Para
Abeille, la lengua nacional no s�lo era sino que deb�a ser
diferente de la espa�ola. En efecto, �las fuerzas revolucionarias� se
manifestaban, en el plano, ling��stico, tanto en la fon�tica y la sintaxis
como en la creaci�n de nuevas voces en el l�xico. En
el Idioma Nacional de los Argentinos se establec�an tres tipos de
neologismos: por derivaci�n, como acriollarse (de criollo); por analog�a
(neologismos sem�nticos), como aparte con el significado de �operaci�n
que consiste en separar los animales que pertenecen a otro due�o�, y
vocablos extranjeros (neologismos por pr�stamo), entre los que aparec�an
tanto pr�stamos de lenguas europeas como indigenismos. | ||
Si
bien el Idioma Nacional de los Argentinos tambi�n postula la
representaci�n de las lenguas ind�genas como lenguas destinadas a
desaparecer propone con una actitud fuertemente voluntarista e inclusive
intervensionista, estudiar y �rescatar� numerosas palabras del guaran� y
del quichua para �dar al idioma argentino en formaci�n un car�cter original
a la vez que nacional�. Del
an�lisis de estas cuatro obras se desprende que el tratamiento de los
indigenismos en la lexicograf�a del siglo XIX est� orientado tanto por una
determinada representaci�n de las lenguas ind�genas como por una toma de
posici�n frente a la relaci�n lengua-naci�n. Francisco
Mu�iz demuestra tempranamente la voluntad de registrar el l�xico propio de
nuestro pa�s sin distinguir el origen de las voces. | ||
El
Diccionario Filol�gico Comparado asume una postura universalista
centrada en el espa�ol general. No discute la autoridad de la Real Academia
Espa�ola en cuanto a los criterios para la inclusi�n de americanismos en el Diccionario
y, en relaci�n con el tratamiento de los indigenismos, se limita a la
determinaci�n de su etimolog�a. El
Vocabulario Rioplatense Razonado, de neto corte americanista, resalta
la importancia de los vocablos ind�genas dentro de las variedades americanas.
Los indigenismos deben registrarse y estudiarse para delimitar su zona de
influencia y decidir si forman parte del �espa�ol americano�, en cuyo caso
deber�a incluirse en el DRAE. As�, las variedades nacionales quedan
subordinadas a la gran variedad americana. | ||
De
estas tres posturas, la americanista y la nacionalista son las que pueden
reconocerse en las obras lexicogr�ficas posteriores. Los diccionarios de
argentinismos del siglo XX siguen la l�nea de Granada en dos aspectos: por un
lado, la preocupaci�n presente en los pr�logos por preservar la this site de la
lengua espa�ola y, por el otro, el criterio contrastivo con respecto al DRAE
que se advierte en la macroestructura y que los reduce al papel de obras
complementarias de diccionarios integrales. La
influencia de Abeille se observa no s�lo en la relaci�n que establecen entre
Nuevo Mundo y �nueva lengua� los diccionarios de la �poca del Centenario
sino tambi�n en la amplitud de criterio para registrar argentinismos de
diversos or�genes. (Buenos Aires). | ||
| Laura Kornfeld e In�s
Kuguel. Son profesoras e investigadoras de la Facultad de Filosof�a y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires, Argentina. | ||
- Volver al �ndice - Tribunas anteriores - �ndice de autores - | ||
-
Portada de this site - |
� Comunica Press (www.comunica.es) 1999 - 2007 Reservados todos los derechos - www.comunicaonline.net |