Los
viajes del | ||
|
Un d�a en una construcci�n bubi
| ||
|
- �Te gustar�a conocer un t�pica casa de los bubis? - Mira, Bob, no s� muy bien qu� ser�, �hay alg�n gu�a que nos lleve? - En realidad, se ofreci� uno de los empleados del hotel� Me dijo que por una propina nos mostraba c�mo vive este pueblo. - Bueno, si no es muy lejos� Respondi� Luc�a, un poco resignada ante las excentricidades de su marido. A la media hora, junto con Fernando, el joven empleado, sal�an a visitar a este grupo originario de Guinea Ecuatorial que a�n conserva su lengua y que seg�n los expertos pertenece al tronco ling�istico bant�. Para ello ten�an que llegar a la isla de Bioko, en la que habitan unos 60.000 bubis. - Espero que le guste el paseo, se�ora. Piense que nos quedaremos s�lo una noche y podemos dormir en una t�pica casa de los bubis� Dijo Fernando, ante la sonrisa complaciente del ingl�s. - Perdone, �y c�mo son esas casas? - Est�n hechas de nipa y calabo� Quiero decir, de hoja de palmera y �rbol. - Ser� muy interesante la experiencia, �verdad, Luc�a? Pregunt� Robert, mientras su mujer se preguntaba por qu� no se hab�a quedado en el hotel. | ||
|
Las casas actuales no son como las de antes
Las casas actuales de los bubis son de cemento y tejados de zinc, pero Fernando se las arregl� para llevar a Bob y a Luc�a a algunos poblados, como Moka y Ureka, donde a�n se conservan las antiguas y t�picas construcciones bubis. - Los bubis conoc�an el fuego y asaban sobre las brasas tub�rculos como el �ame, la malanga y el pl�tano. - Me gustar�a probar la malanga� El �ame y el pl�tano ya los comimos. - Pues yo prefiero algo m�s occidental, si me disculpas, acot� Luc�a, que ten�a ganas de regresar a su habitaci�n del hotel. Fernando los llev� a una casa t�pica y all� les sirvieron delicias muy tradicionales. Los bubis originarios descubrieron el uso de la arcilla y la utilizaron para la fabricaci�n de cazuelas; por eso com�an ciertos alimentos cocidos, a los que condimentaban con aceite de palma y agua de mar, que empleaban en lugar de la sal.
Luc�a escuchaba interesada, mientras el ingl�s anotaba en su
cuaderno palabras como malanga, que acrecentaba su diccionario
particular. De todas formas, la mujer de nuestro amigo ingl�s pensaba que la
excursi�n deb�a llegar a su fin, porque no quer�a resignar la comodidad de
su hotel con las viviendas milenarias de los bubis. | ||
|
Despu�s de la comida, la pareja y Fernando, su gu�a tur�stico, se dedicaron a recorrer el poblado, formado por agrupaciones de casas. Cada poblado tiene unas 20 o 30 agrupaciones de chozas y para acceder a ellos se debe atravesar una avenida larga rodeada de �rboles sagrados. - Es curiosa esa forma que tienen los troncos, coment� Luc�a. - Son los �rboles sagrados� All� se cuelgan amuletos para proteger al poblado de los malos esp�ritus y hacia el final del los arcos vamos a ver una gran plaza. All� se encuentra la casa de la palabra, donde se re�nen los hombres del poblado cuando acaban con sus tareas. Luc�a sonri� y observ� la casa de la palabra� y lleg� a la conclusi�n de que bubis, colombianos, ingleses o espa�oles, en todas las culturas los hombres se buscan sus espacios para conversar y divertirse.
Al atardecer, la pareja decidi� alojarse en una casa cercana
al poblado de los bubis, pero de tipo occidental. Bob opt� por hacer un poco
de caso a su esposa, ya que al fin y al cabo estaban de luna de miel.
(Comunica. 16-02-05). | ||
| ||
|
|
|
|
-
Portada de this site
- |
� Comunica Press (www.comunica.es) 1999 - 2007 Reservados todos los derechos - www.comunicaonline.net |