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6 de junio de 2001


Los viajes del 
se�or Johnson

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El ingl�s qued� arrecho en Medell�n
Por M. Jes�s Herrero Smith 

En ciertos bonches es preciso colearse
La recuperaci�n del cuaderno rojo

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El se�or Johnson, un personaje ingl�s bien conocido por los lectores de this site, hab�a soportado una desagradable situaci�n a su llegada a M�rida, una nueva escala en su recorrido por Venezuela, porque en el aeropuerto lo hab�an confundido con un ladr�n. Afortunadamente, el mal rato dur� poco tiempo y a las pocas horas estaba en la parada de taxis, dispuesto a abandonar el lugar en direcci�n a su hotel.

- Buenas tardes, al hotel Maracaibo, dijo Robert, con cara de pocos amigos.

- Enseguida se�or, �acaba de llegar a Venezuela? Pregunt� el conductor, tratando de iniciar la conversaci�n.

- No, estuve en Caracas� Pero hace unas horas que llegu� a esta ciudad.

- Estuvo esperando a alguien en el aeropuerto, �verdad?

- No exactamente� Es que me confundieron con otra persona y me detuvieron hasta que todo se aclar�.

- ��Ya entiendo porqu� est� arrecho!! Me di cuenta r�pidamente de que algo le suced�a�

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- �Arrecho? �Qu� es eso? Exclam� el ingl�s, que hasta hab�a perdido el inter�s por la ling��stica y las variedades regionales latinoamericanas.

- No es nada malo, significa malhumorado, con poca paciencia�

- S�, entonces estoy arrecho� Coment� Johnson, recuperando su habitual buen humor.

- Bueno, vaya a comer a un restaurante y disfrute de M�rida� Va a ver como todo estar� mejor despu�s de una buena comida, sugiri� el taxista.

- Tiene raz�n, voy a olvidar lo sucedido�

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Nuestro amigo sac� su cuaderno rojo y escribi� la palabra arrecho, una adquisici�n nueva para su particular diccionario espa�ol-ingl�s; ingl�s-espa�ol. Hab�a decidido poner punto final a su mala experiencia y comenz� a pensar que en s�lo dos d�as se encontrar�a con Luc�a, una bella dama colombiana con la que hab�a entablado una amistad. Estaba meditando sobre todo esto cuando el taxista interrumpe sus pensamientos y le dice:

- Hemos llegado, se�or, �se es su hotel.

- Claro, gracias. S�rvase y qu�dese con el cambio.

- Fue un placer, feliz estad�a.

Johnson se baj� del taxi tan r�pido que olvid� su cuaderno� Muy pronto se dar�a cuenta de ello

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En ciertos bonches es preciso colearse

Robert se registr� en el hotel y pregunt� al recepcionista donde pod�a comer alg�n plato t�pico de la ciudad. El joven le indic� dos restaurantes cercanos y Johnson, despu�s de acomodar su equipaje, sali� dispuesto a probar nuevos manjares.

Cuando lleg� al primer sitio, observ� que el ingreso estaba restringido. Otro se�or, que tambi�n esperaba para entrar, le coment�

- Hay un tremendo bonche, seg�n parece� Vamos a tener que buscar otro lugar� ��o podemos colearnos en la fiesta!!

El ingl�s no entendi� nada de lo que dijo este hombre y, con su habitual cortes�a, le pregunt� qu� quer�a decir exactamente.

- Que hay un bonche, una reuni�n, agasajo, boda, bautizo� ��Una fiesta!! Y s�lo pueden entrar los invitados, por eso no nos queda m�s que colearnos, entrar sin permiso, �usted es extranjero?

- S�, soy ingl�s, me llamo Robert Johnson, encantado

- Paulino Mart�nez, un gusto� ��Pero qu� bien habla espa�ol!!

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- Gracias, es que aprend� en Londres y ahora viajo para perfeccionarlo.

- Bueno, muy bien, conversemos a ver si usted aprende castellano y yo practico ingl�s� Ahora busquemos otro restaurante, propuso Paulino, y ambos se dirigieron al otro lugar recomendado por el conserje del hotel. 

La recuperaci�n del cuaderno rojo

Robert y Paulino encontraron un lugar agradable y compartieron una buena comida con deliciosos vinos venezolanos. De postre pidieron helados, una de las especialidades de M�rida, y continuaron la sobremesa con una copa de licor.

- As� que es su primer d�a� Bueno, le sugiero que visite el taller de algunos artesanos de la zona. En la ruta del p�ramo, en San Rafael de Mucuchies, puede ver el trabajo de uno de los artistas m�s importantes de la regi�n, Juan F�lix S�nchez� �hasta ha sido patrocinado por la Unesco. Se especializa en tallas de madera y piedra y su principal trabajo est� ubicado en su pueblo natal, una peque�a capilla de piedra, dedicada a la Virgen de Coromoto.

- Muy interesante, quiz�s la visite ma�ana�

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- Orasss� Es que no s� el horario de atenci�n�

- �C�mo dijo? �Horas? �Quiere saber la hora?

- No, no� Es una expresi�n, una  llamada de atenci�n� Adem�s se escribe sin H, aunque suena como las horas del reloj�

En ese preciso instante Robert se dio cuenta de que no llevaba consigo su cuaderno rojo y que no lo hab�a visto desde su llegada al hotel.

- Disculpe, Paulino� Olvid� algo que debo buscar. Le dejo la tarjeta de mi hotel, ma�ana podemos encontrarnos para seguir la charla�

- De pinga, lo llamo a la tarde, que encuentre lo que se le haya perdido.

El ingl�s sali� pr�cticamente corriendo del restaurante y cuando estaba a punto de llegar a su residencia escuch� una voz que le gritaba:

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- ��Se�or, se�or, su cuaderno!!

Johnson reconoci� al taxista que lo hab�a llevado del aeropuerto a su hotel y se dirigi� a �l.

- �No sabe c�mo le agradezco que me lo haya tra�do!

 - Un pasajero se dio cuenta de que su cuaderno estaba en el asiento y antes de irme a mi casa decid� pasar a tra�rselo.

- Muchas gracias, por favor, acepte este dinero como agradecimiento�

- No, de ninguna manera. Tome mi tarjeta, si necesita un viaje me llama�

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- Claro que lo llamar�, gracias de nuevo�

- Muy interesante todo lo que est� escrito, puede hasta publicar un libro�

- �Le parece? Mire, si publico alg�n d�a mis escritos, no dude que lo tendr� en cuenta para los agradecimientos�

- Wilson Hern�ndez, le tomo la palabra.

- Gracias, Wilson, no lo olvidar�.

Johnson regres� al hotel con su precioso diccionario entre las manos� Quer�a dormir y olvidar los problemas de este d�a tan largo� Pero antes de irse a la cama anot� nuevas palabras, porque pese a todos los malos tragos, hab�a aprendido mucho en sus primeras horas en M�rida. (Caracas).


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