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10 de enero de 2001


Los viajes del 
se�or Johnson

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El ingl�s descubre los tesoros del Museo del Oro
M. Jes�s Herrero Smith

 

Un poporo quimbaya inici� la colecci�n del museo

Est� prohibido guaquear en Colombia

 

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El se�or Johnson, nuestro amigo ingl�s de viaje por Am�rica Latina, estaba disfrutando de su primer d�a de estancia en Bogot�, capital de Colombia. Despu�s de probar algunos platos t�picos de la cocina de este pa�s se dispon�a a dormir la siesta, una de las costumbres m�s sanas que, seg�n �l, tienen los latinos.

Cuando lleg� al hotel, le pidi� a la recepcionista las llaves de su habitaci�n y le dijo que pensaba dormir una hora, para aprovechar luego la tarde. La joven tom� nota del pedido y, mientras le daba la llave, le sugiri�:

- No deje de ir Museo del Oro. Est� bastante cerca del hotel, en la carrera 6, sobre el Parque de Santander. Le dejo un plano de la ciudad y un folleto del museo. Ver� que no se arrepiente de seguir mi consejo.

Nuestro protagonista recibi� entusiasmado la propuesta y apenas comenz� a leer el texto informativo desisti� de la idea de la siesta... �Un museo con m�s de treinta mil piezas de orfebrer�a! Deb�a de ser realmente impresionante y el descanso pod�a esperar.

Entonces tom� su cuaderno rojo, su sombrero y su infaltable paraguas y se dirigi� al lugar, que quedaba a unos minutos del hotel.

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Al llegar al sitio vio a un numeroso grupo de ni�os, acompa�ados por dos maestras, que se dispon�a a entrar para realizar una visita guiada. Johnson se coloc� detr�s de ellos, pensando que deb�a hacer una fila para ingresar, pero el guardia del museo lo confundi� con un profesor de la escuela y lo invit� a entrar.

- Pase, maestro. La gu�a est� por llegar.

El ingl�s no entend�a por qu� le dec�a maestro, pero como en Buenos Aires lo hab�an llamado as�, pens� que igual que en Argentina significaba un trato amable o afectuoso y le acerc� el dinero de la entrada.

- Pero no, se�or. Est� todo incluido en el paquete de la escuela. Pase, no m�s. Esta tarjeta es su entrada, no la pierda, dijo el joven, pinchando un cart�n en la solapa de Johnson que dec�a: Grupo escolar, docente.

Johnson cada d�a se sorprend�a m�s de ciertas actitudes de los latinoamericanos. Estaba seguro de que en el Museo Brit�nico de Londres nadie entraba gratis sin motivo, pero de todas formas ingres� en el museo detr�s de una veintena de peque�os curiosos y alegres.

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Un poporo quimbaya inici� la colecci�n del museo

Una vez dentro, el ingl�s comenz� a buscar con la mirada alg�n libro o cat�logo que le permitiera idear un recorrido por las galer�as para observar las piezas m�s importantes. Como no encontraba lo que necesitaba, se acerc� a una joven y le pidi� asesoramiento:

- Puede consultar las gu�as impresas o las electr�nicas, que le van dando, mientras recorre, una explicaci�n completa y amena de las vitrinas. Hay en espa�ol, ingl�s y franc�s.

- Prefiero en espa�ol, gracias, respondi�, feliz de iniciar su visita.

- �Pero si usted es un maestro!, exclam� la empleada, vi�ndole la credencial �Qu�dese tranquilo, ya viene mi compa�ero para explicar todo a los ni�os!

La joven se fue y regres� enseguida con un muchacho de su misma edad, que llam� al grupo del cual el ingl�s, sin quererlo, formaba parte.

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- Buenos d�as a todos, �qu� hubo, ni�os? Nos vamos a divertir mucho hoy. Vamos a visitar juntos el Museo del Oro del Banco de la Rep�blica de Colombia que preserva, investiga y da a conocer una magn�fica colecci�n de m�s de 33.600 piezas de orfebrer�a prehisp�nica, legado de los pueblos y culturas que habitaron nuestro territorio hace miles de a�os.

Resignado, el ingl�s comenz� a escuchar la explicaci�n del gu�a. Por lo menos, recibir�a una informaci�n bien en detalle sobre las llamadas �culturas del oro�.

- Este museo fue creado en 1939 porque desde 1936 se hab�an comenzado a adquirir algunas piezas de oro precolombino y se las hab�a salvado de ser sometidas al proceso de fundici�n.

Casi todos ni�os escuchaban atentos la explicaci�n, excepto dos nenas que se acercaron al ingl�s y le preguntaron:

- �Eres maestro de los ni�os mayores? �C�mo te llamas?

Johnson empalideci�, no sab�a qu� decir y se limit� a hacerles un gesto afirmativo con la cabeza y pedirles que hagan silencio.

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-
Despu�s conversamos, ahora debemos escuchar al se�or, dijo Johnson, tratando de alejar a las peque�as curiosas.

El gu�a condujo a todos a una sala donde se encontraba la primera pieza adquirida por el Banco de la Rep�blica de Colombia, en 1939.

- Con la compra del poporo de la cultura Quimbaya se inici� la colecci�n de orfebrer�a. A la Junta Directiva del Banco se le asign� la misi�n de defender los objetos arqueol�gicos de la destrucci�n y evitar su salida al exterior. Desde ese entonces se ha avanzado mucho en la protecci�n del patrimonio cultural, se han aprobado leyes y se han creado institutos y escuelas de Antropolog�a y Arqueolog�a.

El ingl�s escuch� la explicaci�n y anot� en su particular diccionario espa�ol-ingl�s; ingl�s-espa�ol la palabra poporo. Por suerte, esta vez, se develar�a pronto el misterio.

- �Alguien sabe para qu� usaban este recipiente? Pregunt� una de las maestras.

- Para guardar cal, se�orita, dijo uno de los ni�os.

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- Muy bien, era para eso. Se calcula que lo usaron entre el a�o 200 y 1000 despu�s de Cristo. Los quimbayas, como los sinu�s, los urab�, los tairones, los muiscas y el resto de los pueblos consideraban al oro como un metal sagrado, con el brillo y la fertilidad del sol. El oro engalanaba a los l�deres pol�ticos, serv�a de ofrenda a los dioses y acompa�aba a los muertos en sus tumbas, coment� una de las profesoras.

- Se dice que a�n hoy existen guacas por descubrir con piezas tan preciosas y valiosas como �stas, acot� el gu�a, y sigui� explicando el origen y las caracter�sticas de otros objetos.

El ingl�s anot� la palabra guaca en su diccionario. Esta vez no tuvo tanta suerte como antes para comprender su significado.

Est� prohibido guaquear en Colombia

En su calidad de �profesor�, Johnson sigui� visitando el museo, que adem�s de numerosas piezas de oro, contiene 13.000 de cer�mica, 3.000 l�ticos y objetos de concha, hueso y textil, representativos de antiguas culturas.

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La balsa muisca, uno de los objetos expuestos m�s conocidos, impact� al ingl�s, que escuch� atentamente la explicaci�n del gu�a:

- Es una figura votiva, un exvoto, es decir, una ofrenda. Fue elaborada por la cultura muisca, tiene forma de balsa y en su interior hay diversos personajes. Es la �nica pieza de esta forma existente actualmente, aunque es posible que ciertos individuos, que se dedican a guaquear, hayan encontrado otras y las hayan vendido a colecciones privadas, lo cual constituye un delito. Ni�os, deben saber que buscar guacas en procura de objetos arqueol�gicamente valiosos est� penado por la ley. S�lo pueden buscar tesoros escondidos los especialistas, arque�logos y antrop�logos, bajo supervisi�n del Estado.

Johnson comprendi� el significado de guaca �tesoro escondido- y guaquear �buscar guacas-; escribi� la explicaci�n en su cuaderno y continu� escuchando:

- Tradicionalmente se ha interpretado esta balsa como la representaci�n de la ceremonia de investidura del cacique del pueblo de Guatavita. Por los relatos de los conquistadores espa�oles se sabe que cuando mor�a el cacique de este pueblo muisca, su sobrino, que lo suced�a en la jefatura, era reconocido por su pueblo en una ceremonia que se hacia en un lago e inclu�a la navegaci�n en una balsa de maderos y la ofrenda de piezas de oro y esmeraldas a la laguna. La realidad de esta ceremonia se confirm� mediante el hallazgo de esta pieza en forma de balsa ceremonial.

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Cuando finaliz� la visita al Sal�n Dorado del Museo, el gu�a invit� a los ni�os a pasar a una sala para realizar actividades l�dicas y recreativas. Johnson se qued� extasiado, mirando el espect�culo de luz, orfebrer�a y sonido que hac�a revivir la sensaci�n de la ceremonia de El Dorado en un peque�o espacio que sugiere un amanecer en la laguna de Guatavita.

Uno de los empleados, se acerc� y le dijo que el grupo de ni�os ya se hab�a retirado, que deb�a dirigirse por el pasillo, a la izquierda, para encontrarlos. El ingl�s le dio las gracias, contempl� nuevamente el espect�culo y, sin hacer mucho ruido, tom� el camino de la derecha, buscando la salida. (Bogot�).


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