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se�or Johnson
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3 de enero de 2001


Los viajes del 
se�or Johnson

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En Colombia se comen a las presas
M. Jes�s Herrero Smith

Es preciso ordenar los ch�cheres
Jugar al trique es divertido

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Robert Johnson, nuestro amigo ingl�s de viaje por Am�rica Latina, hab�a recorrido la ciudad de Cusco en su �ltimo d�a en el Per� y, a la ma�ana siguiente, se dirigi� al aeropuerto de Lima para tomar el avi�n y trasladarse a su siguiente destino: Colombia.

En sus a�os de estudio de lengua castellana en el Don Quijote Institute de Londres hab�a le�do fragmentos de cuentos y novelas y quer�a recorrer el pa�s de Gabriel Garc�a M�rquez, descubrir en sus ciudades y sus paisajes ese clima de realismo m�gico que describi� en sus textos el Premio Nobel colombiano.

Con su particular diccionario espa�ol-ingl�s; ingl�s-espa�ol, su paraguas, su sombrero y su equipaje lleg� una ma�ana a Bogot�, primera escala de su nueva ruta y se dirigi� a un hotel de la zona c�ntrica de la ciudad.

Como ya hab�a pasado la hora del almuerzo y estaba sin comer, el ingl�s dej� r�pidamente sus valijas en la habitaci�n y se encamin� al bar, con tanta mala suerte que ya estaba cerrado.

- Lo siento, se�or, el horario es de 12 a 14. Si lo desea, puede ir a un restaurante cercano, es un lugar t�pico, un tanto humilde, pero con muy buena comida, sugiri� el conserje.

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Johnson no lo pens� dos veces y, luego de cambiar dinero, fue a probar algunas exquisiteces de la cocina colombiana.

- �Qu� hubo? �Le sirvo algo, don?, le dijo un joven sonriente, apenas nuestro protagonista lleg� al lugar.

- Buenas tardes, quisiera comer alg�n plato tradicional de Colombia, respondi� el ingl�s, que no comprendi� el sentido de la primera pregunta del camarero.

- Le puedo ofrecer una viuda o una presa, est�n muy buenas...

- Perdone, �c�mo dice? pregunt� anonadado el ingl�s.

- Con ch�colo quedan riqu�simas, agreg� el joven. Ya se las traigo, para que las pruebe.

Johnson no sab�a qu� decir ni qu� hacer pero la idea de comerse a una viuda o a una presa lo horrorizaba... ��Se tratar�a de un caso de canibalismo en pleno siglo XX?!

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Es preciso ordenar los ch�cheres

El camarero se acerc� a la mesa con dos platos de muy buen aspecto y le dijo al ingl�s que decidiera cu�l quer�a comer. Elegir entre una viuda y una presa no era tarea f�cil y Johnson, un poco aturdido, miraba al joven sin emitir sonido. Ante la falta de respuestas, le explic� de qu� estaban hechas ambas comidas.

- Mire, la viuda es un cocido con pescado fresco, muy sabroso. La presa es carne de vaca a la parrilla, tambi�n gustosa, pero le dejo la viuda, que hoy est� mejor preparada. El camarero le devolvi� el color al ingl�s, p�lido ante la posibilidad de ingerir vaya a saber qu� alimento y dej� a la viuda en la mesa.

Como hab�a dicho el joven el cocido era muy bueno y tambi�n el ch�colo o choclo, ma�z hervido y condimentado con manteca y sal. El ingl�s comi� todo y antes de pedir el postre llam� nuevamente al camarero.

- �Tiene un palillo?, pidi�.

- Disculpe, no entiendo qu� necesita...

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- Un palillo, para los dientes...

- �Un pajuelo! Ya le traigo...

El ingl�s anot� viuda, presa y pajuelo en su cuaderno rojo �Eran palabras que nunca hab�a escuchado para referirse a productos culinarios!

Cuando termin� de almorzar, un grupo de personas se acerc� al restaurante:

- �Qu� hubo, Andr�s! A ver si vienes ma�ana a la iglesia...dijo uno de los muchachos.

- Claro que voy, no me pierdo el bautismo por nada...

- Pon las cervezas en el refrigerador, ordena todos los ch�cheres temprano, cierra el bar y vente a la ceremonia, coment� otro, mientras se alejaba.

- Hasta ma�ana, nos vemos, dijeron todos, y se fueron del lugar. En ese momento, el camarero se acerc� a Johnson y le pregunt� si quer�a postre. El ingl�s, que hab�a comido mucho, le dijo que s�lo iba a tomar alg�n t� digestivo pero cuando regres� con la infusi�n, le pregunt�:

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- �Los �ch�cheres� son dulces colombianos? Me gustar�a probarlos.

- �Dulces colombianos? �No, se�or, son los trastos! Mi amigo me dijo que deje las cosas acomodadas para disfrutar de la fiesta.

- Perdone, no sab�a, como hablaba de las bebidas, pens� que era algo comestible...

- No, pero si quiere le ofrezco un postre...

- No, gracias, ya me voy, dijo un tanto sonrojado el ingl�s, que pag� la cuenta y se march� r�pidamente al hotel.

Jugar al trique es divertido

Johnson lleg� a su habitaci�n y se qued� un momento mirando el jard�n del hotel. Hab�a todo tipo de flores y plantas, de colores muy vivos, que nunca hab�a visto antes y mucho menos en su pa�s natal.

De pronto, cuatro ni�os llegaron y comenzaron a jugar a las escondidas, hasta que el m�s grande sugiri� al grupo:

- Juguemos al trique.

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El ingl�s ten�a un poco de sue�o y quer�a descansar, pero al escuchar esta nueva palabra, decidi� esperar para descifrar de qu� clase de juego se trataba.

Una ni�a trajo una tiza, un ni�o una piedra y otro comenz� a dibujar una escalera num�rica, en cuyos extremos estaban escritas las palabras �cielo� y �tierra�.

- Claro, la rayuela, se dijo a s� mismo Johnson, y escribi� trique en su diccionario personal.

Con el murmullo y las risas de los ni�os como m�sica de fondo, el ingl�s se qued� dormido. Sus primeras horas en Colombia hab�an sido muy interesantes, porque estaba conociendo muchas palabras del espa�ol de Am�rica.

A la noche, despu�s de su siesta, tratar�a de descubrir por qu� todos los colombianos se preguntaban ��Qu� hubo?�. (Bogot�).


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