6 de septiembre de 2000 |
Los
viajes del | ||
| Un paseo por los
cerros bolivianos M. Jes�s Herrero Smith | ||
| D�as
antes de finalizar su recorrido por Bolivia, el se�or
Johnson
decidi� visitar algunos pueblos del altiplano y le pidi� asesoramiento a
Gladys, su amiga antrop�loga, quien lo estaba alojando en su casa de La
Paz. �Voy
a avisarle a Pancho. Seguro que tiene tiempo libre y puede hacer de gu�a
tur�stico. Como no est� muy bien de �plata� (dinero), le va a venir bien
una �changa� (trabajo espor�dico de poca retribuci�n), aunque sea para
�tirar� (subsistir) por el momento�, dijo Gladys y llam� a su vecino, un
simp�tico anciano que acept� enseguida la propuesta. Johnson, una vez m�s, se pregunt� qu� quer�a decir su amiga pues su castellano aprendido en un instituto espa�ol en Londres no le alcanzaba para entender lo escuchado, pero como confiaba ciegamente en ella, acept� el plan. | ||
La
dimensi�n de los paisajes, la gente, los colores... todo formaba parte de
un escenario diametralmente opuesto a su Europa natal y nuestro protagonista
se sent�a cada vez m�s fascinado con su viaje. �Mire,
huaris�, se�al� Pancho, mostrando cientos de vicu�as que pastaban por la
zona. �Su pelo es muy codiciado, compre un buen �poncho� (manta
rectangular con un agujero para pasar la cabeza y dejar que cuelgue sobre
los hombros) para sus parientes ingleses�, sugiri�. Johnson pens� que los guantes y las bufandas eran una opci�n mejor para sus amigos brit�nicos. No los imaginaba luciendo los �ponchos� por las calles que rodean al Big Beng. | ||
Seguidamente, decidieron detener el autom�vil y comer algo. Miles de vendedores ambulantes se acercaron a ofrecerles todo tipo de art�culos regionales, dulces y recuerdos. �Compre
una �chupalla�, son muy buenas�, le dijo una mujer, y le mostr� un bolso
hecho con el buche de un avestruz. Johnson, ante la insistencia de los artesanos, se detuvo, adquiri� algunos recuerdos y se dirigi� al bar donde lo esperaba su gu�a. | ||
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Las despedidas son tristes Cuando
lleg� el momento de dejar Bolivia, Johnson ten�a una extra�a sensaci�n
de tristeza y expectativa. Lamentaba dejar ese hermoso pa�s pero iba a
iniciar una nueva escala del viaje: Chile. Prepar�
su equipaje, sin olvidar su sombrero y su paraguas, y se despidi� de Gladys
de forma muy emotiva. Le agradeci� sinceramente su hospitalidad, su
paciencia y su inter�s en hacer su estancia agradable. Ya
en el aeropuerto, Gladys lo salud�, mientras se le escapaba una l�grima, y
le prometi� con voz muy seria: �Te voy a escribir muy pronto�. Nuestro amigo ingl�s, sonriente, le dijo: �No me cuentes el cuento del gallo pelado, que te conozco hace a�os. Ya te escribir� yo con novedades. Gracias por todo y te espero en Londres� y se fue, vestido con un �poncho� de vicu�a. Gladys lo mir� y entendi� que Pancho no s�lo le hab�a mostrado paisajes de Bolivia sino que adem�s le hab�a ense�ado dichos y expresiones. Y como Johnson era un gran alumno, aprendi� que �el cuento del gallo pelado� significa, ni m�s ni menos, una mentira piadosa. | ||
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