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se�or Johnson
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29 de noviembre de 2000


Los viajes del 
se�or Johnson

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El curaca sube y baja admirando los andenes
M. Jes�s Herrero Smith

S�lo un potentado puede hacer un viaje as�
Los incas cultivaban en terrazas
 
Para comer, lech�n, timpo y chasque

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Fiel a su respeto de la puntualidad, Robert Johnson esper� desde las seis y media de la ma�ana en el vest�bulo del hotel a que se completara el grupo tur�stico del que formaba parte. Pasadas las siete y siempre dirigidos por Luis, el gu�a, se dirigieron a la estaci�n del ferrocarril para trasladarse hasta Machu Picchu, la ciudad sagrada de los incas.

La noche anterior, en su breve recorrido por las calles de Cusco, Luis les inform� de que el viaje en tren les ocupar�a como cuatro horas, a pesar de que la distancia es de apenas 112 kil�metros. Pero, explic� el joven gu�a, el tren ir�a despacio subiendo hasta unos 4.000 metros de altura y descendiendo despu�s hasta los 2.500 de la estaci�n de llegada. Desde all� un microb�s emplear�a veinte minutos para subirlos a Machu Picchu, monta�a vieja en lengua quechua.

Johnson, previsor, al subir al tren se sent� junto a Nicasio, el argentino que conoci� el d�a anterior, seguro de que conversando con �l seguir�a incorporando vocablos al castellano que aprendi� en el instituto de su Londres natal.

- �Qu� tal, amigo, se tom� un t� de coca antes de salir?, pregunt� Nicasio.

- S�, claro. Pero tambi�n he comprado en la farmacia unas pastillas que producen el mismo efecto. Es duro esto de pasar en poco m�s de 24 horas de Lima, que est� al nivel del mar, a 3.400 metros en Cusco, subir a m�s de 4.000 con el tren, bajar a 2.500 y volver a elevarnos a 2.700 en Machu Picchu.

Tras su comentario, el ingl�s se acomod� en el asiento junto a la ventanilla, palp� el paquete de pastillas que llevaba en el bolsillo del saco y, adem�s, comprob� que no se hab�a olvidado de su diccionario y su libreta de apuntes. Enfrente se ubic� Luis.

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S�lo un potentado puede hacer un viaje as�

El gu�a, parado ante su asiento, elev� la voz y explic� al grupo tur�stico que despu�s de subir y bajar la monta�a, por el lado opuesto bordear�an el r�o Urubamba y podr�an apreciar las bellezas naturales. A continuaci�n se sent� y, curioso, interrog� a Johnson:

- �Est� usted haciendo este recorrido por Am�rica Latina por un trabajo, para escribir o algo as�? �Enviado por una empresa?

- No, no... es un viaje de placer, personal. Mi mayor inter�s es conocer y mejorar el espa�ol, idioma que aprend� en un curso intensivo en Londres. No me env�a nadie... y, por el contrario, tuve que dejar a alguien a cargo de mi empresa para poder viajar.

- �Ya entiendo... usted es un curaca! Nos vendr�a bien alguien as� en mi barrio, para llevar el pandero...

A su regreso a Cusco el ingl�s consult� un diccionario de regionalismos y pudo comprobar que su intuici�n no lo enga�o cuando supuso que curaca es sin�nimo de potentado, de se�or. Pero en el tren no aguant� y pregunt� qu� era eso de llevar el pandero.

- Es ahorrar entre muchos, ahorrar para hacer algo en el barrio que sea �til para todos.

- Ahorrar colectivamente.

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- Eso, eso, ahorrar colectivamente. En mi barrio lo dirige un pata m�o, Jos�, replic� Luis. Y viendo la cara de intriga de Johnson, intervino Nicasio, buen conocedor del Per�:

- Un pata es un amigo, un buen amigo, un compinche, un cuate, como dicen en M�xico.
 

Los incas cultivaban en terrazas

Bordeando ya el Urubamba, en las laderas de los cerros se pueden observar unas terrazas, sostenidas a lo largo por muros de piedras.

- �Y eso, qu� es?

- Son andenes, fueron construidos por pueblos de la cultura Huarpa, que habitaron esta zona entre 200 y 600 a�os despu�s de Cristo, para sus cultivos agr�colas. Esos muros de piedra, de tres o cuatro metros de altura, contienen el relleno de tierra f�rtil. Tengan presente que cuando los espa�oles llegaron al Per� se encontraron con una agricultura m�s desarrollada que la de Europa entonces y que los indios hasta contaban con acueductos subterr�neos construidos por ellos y que todav�a se conservan.

- �Y qu� cultivaban?

- Lo mismo que ahora, ma�z, papas y algod�n..., cultivos que demandan mucho trabajo... pero la naturaleza tambi�n nos premia, f�jese que naturalmente se cr�an y florecen por aqu� m�s de 90 clases de orqu�deas, entre otra gran cantidad de especies.

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- Este pibe sabe, ch�, le dice Nicasio a Johnson, d�ndole un codazo suave.

- Y no es paporreta, porque sabe de qu� habla, no repite de memoria como los loros, intervino una mujer que iba sentada al lado de Luis, ataviada con un colorido poncho incaico y que se aprestaba a alimentar con un biber�n al bebe que lleva en brazos.

- �La mamadera, no? Pregunt� Johnson, recordando lo aprendido en Argentina y dando a entender que ya sab�a como se llama al biber�n por esos lados.

Para sorpresa suya, la mujer puso cara de enojo y le respondi�:

- De mamadera nada, porque buen trabajo lleva preparar la leche y hacer que se la tome toda, sin volcar nada...

- No se enoje, do�a, el amigo Bob no quiso decir que est� usted haciendo un trabajo f�cil, sino que le est� dando a su hijo una mamadera, como le dicen en Argentina al biber�n, interrumpi�, conciliador, Nicasio.

- No, si no me enojo y menos con este se�or, que podr�a ser mi tata...

- Eso, eso, un padre ingl�s, concluy� Nicasio entre carcajadas que terminaron de distender el ambiente mientras Johnson anotaba mentalmente: Mamadera en Per� quiere decir hacer un trabajo f�cil.

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Para comer, lech�n, timpo y chasque

As�, charlando, por momentos consultando la gu�a tur�stica, observando el paisaje y tomando notas en su libreta, fue pasando el tiempo y prontos a llegar, aguijoneado por su est�mago, Johnson le pregunt� a Luis d�nde y que comer�an.

- Subiremos a Machu Picchu. All�, al lado de la ciudad inca hay un buen hotel. Comeremos en su restaurante.

- �Qu� comeremos?

- Podremos elegir entre timpo o lech�n...

El ingl�s ya hab�a aprendido en Argentina que el lech�n es un cerdo peque�o, al que en Espa�a denominan cochinillo, pero lo de timpo no lo entendi�, por lo que acudi� a Nicasio quien, r�pidamente, lo puso al tanto:

- Es un puchero.

- �Ah!... ya, eso que en Espa�a llaman cocido...

- Pero si eso no le gusta tambi�n podr�a comer un plato de charqui...

- �Charqui? �Chasqui?

- No, amigo, no es la misma cosa. Charqui es un tasajo, carne seca salada. Chasqui o chasque es un mensajero. As� llamaban ac�, en el Cusco, a los indios que llevaban mensajes de los incas, corriendo kil�metros y kil�metros y pas�ndoselos unos a otros, como en las modernas carreras de postas, hasta llegar a destino.

Listos para subir al microb�s, salieron de la estaci�n de tren y pudieron observar, a lo lejos, las monta�as hacia las que se dirigir�an momentos despu�s. Johnson no tuvo tiempo de anotar las �ltimas palabras aprendidas, tarea que cumplir�a en el restaurante del hotel mientras esperaba que le sirvieran la comida. (Lima).


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