1 de noviembre de 2000 |
Los
viajes del | ||
| El
ingl�s canta serenatas en Lima M. Jes�s Herrero Smith | ||
| Robert
Johnson,
nuestro
amigo ingl�s en viaje tur�stico-ling��stico por Am�rica Latina,
comenz� su estancia en el Per� una soleada ma�ana de primavera. Desde
el aeropuerto se dirigi� al centro de Lima, donde lo esperaba su prima
Harriet, una profesora de ingl�s que desde hac�a mucho tiempo
trabajaba en el pa�s. Su
pariente lo recibi� con mucha alegr�a y, feliz por volver a conversar
en su idioma materno, comenz� a hablarle en la lengua de Shakespeare y
a preguntarle por su familia, sus amigos y su Londres natal. El reci�n llegado, en forma muy cort�s, le pidi� por favor que hablara en espa�ol: �Mi viaje a estas tierras se debe, en parte, a que quiero perfeccionar mi dominio de la lengua�, le explic�. | ||
La inglesa se sorprendi� al escuchar estas palabras pero, ante la solicitud de su primo, accedi� a cambiar de idioma. Le explic� detalles de su vida en Am�rica, de sus alumnos, de su trabajo y le coment� que sus dos hijos, que hab�an dejado el Reino Unido siendo muy peque�os, ya estaban por empezar la Universidad. -
Bob, prepar�te un t� mientras voy a comprar unos guindones. Si
golpean, abre por favor. Estoy esperando al gasfitero, le indic� su
prima, y sali�, dejando al ingl�s solo en la casa. Johnson
crey� que Harriet quer�a hacerle probar la guindilla,
un condimento muy picante que hab�a comido en Argentina, y anot� ambas
palabras en su cuaderno. M�s tarde se dar�a cuenta de su error. Mientras
esperaba a Harriet, deshizo su equipaje y separ� las cartas y regalos
que sus parientes enviaban desde Londres y, cuando estaba colgando su
paraguas en el armario, son� el timbre. �El gasfitero�,
se dijo y se dirigi� a la puerta sin saber a ciencia cierta a qui�n
deb�a abrir. | ||
- Buen d�a, �el problema es en el ba�o, no?, dijo un joven delgado que miraba a Johnson, esperando una respuesta precisa. -
Buenos d�as, se�or. Disculpe, pero no s� de qu� me habla,
respondi�. -
Me llamaron por una filtraci�n de agua en el ba�o, �no?, volvi�
a preguntar el muchacho, que estaba de pie, en la puerta, con una pesada
caja de herramientas. En
el momento de m�xima confusi�n lleg� la due�a de la casa y en un
instante puso orden: el joven fue al ba�o con todo lo necesario para la
reparaci�n de los ca�os y Johnson se dirigi� a la cocina. El gasfitero,
tambi�n llamado plomero en
Argentina o fontanero en Espa�a,
deb�a arreglar una fuga de agua en la ducha. El
operario termin� el trabajo y se despidi�, dejando todas las ca�er�as
en perfecto estado. Harriet le dijo a su primo que ahora s� pod�a
darse un ba�o, mientras ella cocinaba un chupe
muy sabroso. El
ingl�s decidi� que era una buena idea darse una ducha r�pida para
probar cuanto antes un plato peruano. | ||
Un almuerzo en familia Cuando
sali� del ba�o, nuestro protagonista se acerc� a la cocina, guiado
por un delicioso aroma a comida casera. Su prima hab�a preparado un
guiso con carne, papas y varios ingredientes con tan buen aspecto que
con s�lo mirarlo se le hac�a agua la boca. -
T�mate un pisco mientras esperamos a mis hijos. Mi esposo no almuerza
en casa, seguro que lo ves a la noche,
dijo Harriet, y le acerc� una copa de aguardiente. El
ingl�s, que ya hab�a probado ese trago en Chile, acept� gustoso el
ofrecimiento y coment�: -
�As� que aqu� tambi�n toman esta tradicional copa, que es la bebida
nacional de Chile? | ||
- Es una discusi�n de nunca acabar si el pisco es chileno o peruano,... pero por aqu� ni se te ocurra poner en duda su peruanidad, replic� la prima y a�adi�: Adem�s, no te olvides que lleva el nombre de la peruana ciudad de Pisco, donde se comenz� a elaborar siglos atr�s y se sigue produciendo ahora. En
ese momento llegaron Nic y Laura, los hijos de Harriet. -
T� eres el t�o Robert, �no? Bienvenido a casa. Mi nombre es Laura
y �ste es mi hermano Nic. -�C�mo
han crecido! La �ltima vez que los vi eran tan peque�os.... -
�Qu� te parece el Per�? ��Muy distinto a Inglaterra,
seguramente!!, le dijo Nic. - Claro que es muy diferente, aunque s�lo conoc� el trayecto que separa tu casa del aeropuerto. | ||
-
Hoy te voy a llevar al albazo que le da mi amigo Juanito a su novia
Susana, propuso Nic. Te va a gustar
mucho, vas a ver. -
Claro, t� s� que puedes acoplarte, a m�, en cambio, no me dejan,
se quej� Laura. El
t�o Bob asinti� con la cabeza por temor a desairar la (aparentemente)
interesante propuesta de su sobrino. Por supuesto, no ten�a idea de qu�
era eso de un albazo y tampoco
en qu� consist�a acoplarse,
pero, como en tantas ocasiones, sigui� conversando y esperando el
momento oportuno para preguntar. Una
vez que dieron buena cuenta del guiso, Harriet ofreci� guindones. Johnson no entendi� por qu� le ofrec�an el condimento
ahora que hab�an terminado el plato, pero se dio cuenta de su error
cuando lleg� como postre una fuente con manzanas, peras y ciruelas o guindones,
muy apetitosas. | ||
Terminada
la comida, el ingl�s se dirigi� a su habitaci�n y se dispuso a
disfrutar de una costumbre muy latina que hab�a adquirido los primeros
d�as de su estancia en Am�rica Latina: la siesta. As�,
descans� un par de horas para recuperarse del viaje y luego acompa��
a su prima a comprar alimentos. A las ocho de la noche lleg� su sobrino
y partieron juntos al albazo.
Johnson ni siquiera sospechaba qu� era lo que iban a hacer, pero le
gustaba la idea de compartir una experiencia nueva con el jovencito. -
Ahora vamos a la casa de Juanito, mi amigo. Ah� tomamos algo y
esperamos a que se acople el resto del grupo y de paso ensayamos un poco
mientras llega la hora de la serenata. Seguro que te vas a divertir,
coment� Nic. Ya
ve�a todo m�s claro: albazo
era un sin�nimo de esa bella costumbre de cantar a las damas, que a�n
se mantiene en algunas comunidades, y el ingl�s iba a participar de ese
acontecimiento tan entra�able. Y acoplarse,
evidentemente, era unirse, sumarse a un grupo. | ||
Entre
cervezas, vinos, pisco y m�sica, se iba haciendo de madrugada y Johnson,
si bien ya hab�a asimilado ciertas costumbres, todav�a se preguntaba
por qu� los latinos se iban a dormir tan tarde. - Aspira de la lisura que da la flor de canela, escuch� atentamente. Las estrofas de la canci�n de Chabuca Granda inundaron la sala: ya era hora de partir hacia la casa de Susana y ver qu� tal recib�a el albazo de su novio Juanito. (Lima). | ||
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