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��Sab�a usted que en el camino de la Ruta 197 vieja y el Acceso Norte fueron atropellados tres cartoneros por falta de alumbrado y de una senda especial para circular?�. Denuncias, en medio de poes�as, graffitis, testimonios de vida y juegos, aparecen en el bolet�n Historias de cartoneros, que se vende con valor solidario en los trenes de Buenos Aires. Con el advenimiento de la crisis econ�mica y social de la Argentina, las principales ciudades del pa�s, y en especial Buenos Aires, vieron desarrollar una nueva actividad que emprendieron cientos de miles de ciudadanos. Desde 2001, familias enteras de desempleados, con ni�os y abuelos incluidos, se volcaron a las calles para rescatar de las bolsas y contendedores de basura todo aquello que tuviera valor de reventa, en especial vidrios, papel y cartones. De all� el nombre cartoneros. Del otro lado del R�o de la Plata, en Montevideo, la realidad es parecida, pero la actividad llamada cartoneo la realizan los hurgadores. Sobre la marcha se cre� una log�stica para el funcionamiento de la actividad. El castellano no fue ajeno a esta impronta social de Buenos Aires y aparecieron verbos nuevos como cartonear, que en tiempos en que se trataba de una actividad menos masiva se la conoc�a como cirujear, y no hab�a cartoneros, sino botelleros.
Surgieron tambi�n los trenes blancos o cartoneros, precarias
formaciones que transportan inmensos carros con lo recolectado en una noche
para ser trasladado a barrios perif�ricos, en donde se realiza la cadena de
comercializaci�n.
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Entre mates, surgi� la idea de escribir Un grupo que form� una Asamblea de vecinos se acerc� en actitud solidaria hace varios a�os a las inmediaciones de la estaci�n de trenes de Olivos, un barrio de clase media alta del norte de la capital argentina, para compartir mate y charlas con los cartoneros que all� se reun�an mientras esperaban el tren. De aquellas tertulias surgi� la idea de escribir un cuaderno rodante, en el que los cartoneros expusieran sobre sus experiencias. En otros encuentros, como los del taller El armadero, tambi�n surgi� un bolet�n que act�a como gu�a de servicios para los hurgadores. �Lo escrito era tanto que el bolet�n como se lo conoce ahora naci� naturalmente, jugando con la idea. Un d�a de enero de 2004 apareci� el n�mero uno. Naci� en la propia estaci�n, en la calle, nuestro lugar�, indica en una noche del incipiente verano porte�o Marta Ghio, quien, aunque aclara que no hay �responsables� del proyecto, se encarga de recopilar las escrituras.
Ghio explica que volcarse a la escritura no es f�cil para muchos cartoneros.
�No hay un h�bito de escritura en otros sectores sociales y en este caso se
complica a�n m�s, ya que trabajan durante 10 o 12 horas diarias, caminado,
empujando un carro que cada vez es m�s pesado, teniendo, en la mayor�a de
los casos, varias horas m�s para llegar a sus hogares�.
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Poes�a y denuncias Una poes�a publicada en Historias de Cartoneros, escrita por Norma del barrio de Gar�n, dice: �Cuida tu car�cter/ porque formar� tu destino/ y tu destino ser� tu vida/ y alg�n d�a dejaremos de ser cartoneros�. Unas l�neas m�s abajo aparece una queja por la falta de cumplimiento de la empresa de trenes TBA y una seria denuncia sobre acoso sexual a cartoneras por encargados de edificios, en contraste con la actitud de otros porteros, que dividen la basura para facilitar la tarea. En general, explica Ghio, antes de ir a encontrarse con vecinos y cartoneros, los hombres tienden a escribir sobre las dificultades con las que se encuentran para trabajar, mientras a las mujeres �definitivamente les gusta la poes�a�. �Muchos textos fueron escritos en la propia estaci�n mientras descansan y esperan el tren cartonero�, agrega. El bolet�n tambi�n es una fuente de denuncia de la discriminaci�n que sufren los cartoneros. A lo largo de la historia argentina, los pobres recibieron nombres despectivos como gronchos, negros, cabecitas negras, pardos, grasas, bolitas (por bolivianos), perucas (peruanos), chilotes (chilenos) o paraguas (paraguayos). Los �ltimos cuatro vocablos, referidos a ciudadanos de pa�ses vecinos, marca la fuerte discriminaci�n que existe en la Argentina con la inmigraci�n de otros pa�ses de Am�rica Latina . �Lo que m�s molesta es que cuando lo ven pasar muchos se meten adentro de sus casas con miedo y cuando acontece alg�n hecho delictivo, siempre aparece un cartonero o pobre acusado�, denuncia Historias��. Marta cuenta que algunos cartoneros se acostumbraron a leer mientras esperan el tren o que alg�n encargado de edificio les entregue papeles. Entre los preferidos est�n los autores argentinos Alejandro Dolina (Cr�nicas del �ngel Gris) y Horacio Quiroga (Cuentos de la Selva) y hasta el italiano Umberto Eco, autor de la c�lebre novela El nombre de la rosa. El
fen�meno de los cartoneros ha sido analizado en publicaciones como
La protesta social en la Argentina, de Juan Suriano y Mirta Lobato, y
Cartoneros, recuperadores de desechos y causas perdidas, de Eduardo
Anguita. (Comunica. 15-12-04). | ||
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