Portada de Comunicathis siteOpini�n
Portal informativo sobre la lengua castellana

25 de abril de 2001


Tribuna de opini�n

Volver al �ndice
Tribunas anteriores
�ndice de autores

Subir

FRANCISCO UMBRAL:
Un hidalgo y un fantoche llenos de sol y viento

Cervantes escribi� El Quijote para liberar su energ�a
Es la primera rebeli�n espa�ola del intelectual aburguesado

Espa�a se inventa pasiones para sobrevivirse a s� misma

Los espa�oles aman la vida por la vida
Admitamos que Espa�a es un pa�s de clases medias  
Cervantes puso a Espa�a patas arriba

Subir

�Yo, como don Quijote, me invento pasiones para ejercitarme�. Esta gentil declaraci�n de Voltaire encierra, me parece a m�, la m�s fina y sutil interpretaci�n de Cervantes.

Porque Don Quijote no est� loco y Cervantes mucho menos, eso lo sabemos desde el principio del libro. Don Quijote es hidalgo cincuent�n y soltero que, llegado a ese �pice de la vida, decide pegar el salto cualitativo y cambiar la realidad de los libros por la irrealidad de la vida, mucho m�s palpitante y vibr�til que lo meramente escrito.

Don Quijote principia, o casi, por hacer realidad una met�fora, los molinos que se parecen a los gigantes, y arremete contra una realidad literaria que le desbarata, como tantas otras le van a desbaratar a lo largo de su nuevo camino. Pero aprendamos esto: que Don Quijote nunca se enfrenta sino contra met�foras del vivir, desface alegor�as y yang�eses, o se reposa en unos duques, de modo que la locura empieza con la realidad y no antes.

Voltaire vio bien que el hombre en madurez o pega ese salto que digo o le coge ya la postura a la vida, que es la muerte, y no dar� m�s de s�. Don Quijote acierta con ese momento en que se cambia de vida, de cabalgadura, de compa��a -Sancho Panza- de curas y bachilleres, de due�as y sobrinas, del mismo sol en las mismas bardas.

Los libros que le�a le estaban hurtando a la poes�a de la acci�n con la poes�a po�tica y mala de la dicci�n. As� que incluso se inventa, entre las pasiones militares y andantes, una nueva pasi�n amorosa, una moza lejana que viera en mercado, dejando que el propio amor la ascienda a princesa.

Subir

Cervantes escribi� El Quijote para liberar su energ�a

Es la primera lecci�n que Cervantes nos da en su libro. La vida tiene una segunda parte que se corresponder�a con la tercera juventud de Arist�teles. Es �l, Cervantes, quien rompe con la mediocridad de su vida, p�lidamente enaltecida de glorias b�licas, para emprender un libro donde est� su rabia por el mundo, su energ�a al fin liberada al servicio de s� mismo, no ya la energ�a dome�ada y servil del alcabalero y otras suertes.

Cervantes es ir�nico por anacr�nico. Ha empezado tarde su aventura y lo sabe.

El Quijote no es el libro que vive sino la vida que no ha vivido, y no nos pone a su personaje como ejemplo de nada ni hidalgu�a de nadie, sino como caso singular de hombre que se decidi� a pegar el salto y ese salto quien lo pega es �l mismo en figura de Quijote, e incluso se lo hace pegar a un pobre borriquero hecho de perezas y conformidades, siendo as� que Sancho nunca pierde el sentido, ese in�til y pobre sentido com�n del pueblo, pero tampoco pierde la iron�a y la distancia para burlarse de su amo con todos los respetos.

Subir

Es la primera rebeli�n espa�ola del intelectual aburguesado

Don Quijote entra en su nueva edad como un esc�ndalo y Sancho pasa todas las aduanas como un saco de centeno. Tenemos, entonces, el salto desdoblado en tres. Cervantes que roba la fama con un libro, Don Quijote que toma por asalto la libertad del vivir m�s all� de la edad y la voluntad. Sancho, que primero a reg�eldo y luego a pleno pulm�n, vive vida de caballero andante sin haber le�do tales libros.

Es la primera rebeli�n espa�ola del intelectual aburguesado, la primera revoluci�n burguesa del hidalgo antecedente y el primer mot�n del castellano pueblo, un mot�n de uno solo, Sancho, que vale por todos los que vendr�n. A�n hoy, y hoy m�s que nunca, el hombre que no hace esa revoluci�n interior, que no pega ese salto vecinal, ser� comido por el poder, amortajado por lo establecido y muerto de asco.

Subir

Espa�a se inventa pasiones para sobrevivirse a s� misma

Espa�a dio el salto quijotesco, porque Don Quijote es la met�fora de Espa�a, s�, pero no en el sentido festival y dominical en que lo dicen quienes suelen. Espa�a se inventa pasiones para sobrevivirse a s� misma, para ser algo m�s que una majada bien regida y una provincia del lat�n que llamaremos castellano.

La pasi�n de Am�rica, la pasi�n del Imperio, la pasi�n de Europa, la pasi�n del mundo mueven Espa�as y nos ponen a la cabeza del siglo, de los siglos. Hay una luz mon�rquica y difusa alumbrando las batallas, y hay una luz popular y ambiciosa embriagando a las gentes. Espa�a todav�a no tiene agujetas de Imperio sino que quiere llegar a Carlos V, quiere escorializarse en Felipe II, quiere parir su gran Barroco, del que viene pre�ada, porque la pasi�n de Espa�a, antes que m�stica o ambiciosa es una pasi�n creadora, un movimiento de plebes y reyes hacia la expresi�n tect�nica y violenta de eso que Stendhal definir�a como el �ltimo pueblo con car�cter propio que le queda a Europa.

Subir

Los espa�oles aman la vida por la vida

Espa�a no es un compromiso burgu�s, como Sartre nos dice del hombre mismo y como lo son Francia y otros estados. Espa�a es un compromiso guerrero por afirmarse, por difundirse, por existir, por cumplir sus pasiones imposibles y, en suma, por ejercitarse. Los espa�oles aman la vida por la vida, no por la m�stica ni el decoro, y varias generaciones y tres siglos viven enamorados de Aldonza Lorenzo, la r�spida y dulce Dulcinea, que a cada uno espera a la vuelta, como el peque�o Ulises que es.

Hay tres razones para ser h�roe, como dir�a Salvador Dal�. En Cervantes, estas razones son el inventarse pasiones, la capacidad de ejercitarse contra el tiempo y el haber roto con el compromiso burgu�s de la novela y de la vida. El hombre que se inventa pasiones es tan h�roe o m�s como el que las vive. El hombre que se ejercita a diario, no sabemos si para la vida o para la muerte, es el que quiere agotarlo todo aqu� y, como dec�a Juan Ram�n Jim�nez, que la muerte cuando llegue, s�lo encuentre un pellejo vac�o, porque nuestra sementera humana la hemos esparcido fecundamente.

Por aclarar un poco las cosas, diremos que Don Quijote, efectivamente, es un personaje de novela, pero donde veo yo al hombre metaf�rico es en Cervantes, que nos da el nivel medio del hombre espa�ol, siempre de santo laico, de h�roe doblado o de comunero entre el pueblo. Queremos a Cervantes no tanto por ilustre como por hombre medio que roza ir�nicamente el fracaso para triunfar de la Espa�a oficial con su Espa�a real, habitada de mozas y domadores, de explotadores y manteadores, de duques aleves y amores imposibles. 


Admitamos que Espa�a es un pa�s de clases medias

La novela de caballer�as era un compromiso burgu�s con los burgueses de entonces, que se llamaban hidalgos. Compromiso econ�mico, literario, cultural, mercado de fantas�as, toma y daca de sue�os anacr�nicos. Siempre ha habido en estos pa�ses europeos una cultura de p�caros que ha tenido como reh�n al buen burgu�s perezoso.

Esta continuidad en lo mediocre la rompe el barroco, la rompe Cervantes, la rompe el 98, la rompe el 27, la rompe siempre una juventud venidera, y el hero�smo ir�nico de Cervantes est� en hacer �l solo la revoluci�n de los j�venes cuando ya es un viejo.

Admitamos prudentemente que Espa�a es un pa�s de clases medias, tambi�n en lo intelectual, y con ellas pacta el escritor o el artista por conveniencia, supervivencia y acomodo. Este pacto es lo que explica la tardanza de nuestro pa�s en algunos momentos de la historia, pero ya vemos que esa tardanza se resuelve de pronto con un libro, con una espada, con un caballero andante. Cervantes, s�, viene a romper el compromiso burgu�s de la novela de caballer�as, abriendo brecha para una nueva literatura, que es la de Quevedo, Torres Villarroel, etc. El p�blico de Lope era la plebe de los corrales de comedias.

El p�blico del novelista eran los hidalgos o feudales en decadencia que ten�an letras y le�an malos libros. Despu�s de Cervantes, no siendo �l barroco sino renacentista, el barroquismo no es ya s�lo una figura sino tambi�n una corriente, y en ella est�n G�ngora, los citados Quevedo y Torres, el teatro de Calder�n y la imaginer�a religiosa que levanta una Contrarreforma tard�a hist�ricamente, pero madura y oto�al en Berruguete y en toda la lujuria cat�lica de un ritualismo que se ha quedado vac�o y por eso puede dedicarse gratuitamente a la forma por la forma, cosa que ya no podemos sino llamar modernidad.

 

Subir

Cervantes puso a Espa�a patas arriba

He ah� la herencia de Cervantes, el hombre que puso Espa�a patas arriba, vio arder la cultura vieja y muri� con sol en las bardas como su personaje. Cervantes es la modernidad por todo lo que se ha dicho y por sus dos m�quinas de guerra: un hidalgo y un fantoche llenos de sol y viento.

Con s�lo esa artiller�a pone en p�e las Espa�as, deja la revoluci�n por donde pasa, un rastro de justicia, de ley, de reinado, que servir�a de regocijo a los lectores, pero ese regocijo es curativo y predispone, como vemos, a mayores mudanzas. El hombre que se inventa pasiones para ejercitarse, encuentra luego en la vida que esas pasiones son reales, que Dulcinea existe, siquiera como Aldonza, y que la renovaci�n personal y total hay que hacerla en serio.

Cervantes empez� ejercit�ndose contra s� mismo y acaba por ejercitarse contra los dem�s, trastornando todas las vidas por donde pasa e incluso escribiendo una segunda parte de su libro porque follones y malandrines se lo piratean y porque la Espa�a oficial u oficinesca le resta el prestigio ganado e ignora la validez de su reforma.

El autor se inventa un segundo libro sobre el que ya escribiera, como se inventa una segunda vida erguida y atroz, por sobre su vida de soldado, alcabalero, palaciego frustrado y pobre hidalgo manchego. Antes que los grandes de su siglo rompe con el compromiso burgu�s de la literatura y saca una novela que Unamuno llam� Biblia de Espa�a.

Cervantes es vanguardia, como vanguardia es rebeld�a y como rebelde deja herencia. Nadie en nuestra entra�a progresista ha renegado de �l, aunque muchos lo hayan utilizado como tintero de oro de sus escriban�as inquisitoriales.
S�lo tenemos el presente, los hombres templados, y presente pur�simo, activ�simo, es la vida de Cervantes, Don Quijote y Sancho Panza, con sus caballos y rucios. S�lo a eso hemos venido hoy aqu�. A conquistar el presente para todos. (Alcal� de Henares/Discurso pronunciado el 23/04/01)


Subir

Francisco Umbral es escritor y periodista espa�ol, ganador del Premio Cervantes 2001

Leer art�culo


- Volver al �ndice - Tribunas anteriores - �ndice de autores - 


- Portada de this site -
-  Breves - Agenda - Enlaces de la semana - Opini�n -  El Mural - Gu�a  - Actualidad -


�Quiere enviarnos un mensaje? �Pulse aqu�! Un sitio realizado con 
la colaboraci�n de...


� Comunica Press (www.comunica.es) 1999 - 2006 Reservados todos los derechos - www.comunicaonline.net